Memorias de infancia


Siempre he sido muy buena comedora. Cuando era pequeña, mi madre daba gracias al cielo porque nunca le ponía pegas a nada. Muchos sábados y domingos por la mañana les acompañaba cuando iban a tomarse algo por los bares del barrio antes de comer. Ellos se pedían un trago con la cuadrilla y a mí me sacaban un mosto y algo de picar: así no daba guerra.

Recuerdo dos bares con especial cariño. En uno de ellos ponían caracollilos en cucuruchos de papel de periódico. No recuerdo ni el nombre del bar, de tantos años que hace. Mi aita me sentaba en un taburete a su lado, en la barra, y él pasaba el rato con sus amigos. Y yo comía feliz cual perdiz mis caracolillos. Aún me encantan. Puedo comer kilos mientras miro la tele, como si fuesen pipas o palomitas. Os lo recomiendo a todos, además de estar buenísimos no engordan nada.

También había otro bar, de este sí recuerdo el nombre: se llamaba El Cenicero. De hecho, aún existe, aunque claro, con otros dueños. Creo que tampoco se llama igual. Está en la calle Monte Ízaro, en Bilbao. También era conocido como el Bar de Paco, en honor al hombre que lo regentaba. Hace años que no sé de él. Preparaban unas croquetas realmente deliciosas. No estoy segura de qué eran, pero apostaría por bacalao. Sí las pedías para llevar, también te las metía en un cucurucho de papel. Una docena o media. Eran redondas, redondas, por eso muchos las llamaban pelotillas. No sé si eran caseras (en tal caso mataría por la receta) o compradas (mataría por la marca), pero sí que eran realmente buenas y famosas en todo el barrio.

Estas croquetas tan apetitosas las he tomado prestadas de la web ¿Cómo hacían los pitufos para pagar la hipoteca? Visitadla, está la receta.

Aún las echo de menos los domingos por la mañana. Aunque, ¿quién sabe? Quizá si las pruebo hoy ya no me gusten (aunque lo dudo), como me ha pasado con las espinacas. Hace unos días decidí que, a pesar de llevar toda la vida comiendo espinacas, ahora mismo las ODIO. No me lo explico, sinceramente. Mi madre preparó el otro día una tortilla de patatas con espinacas (la ponen en el bar de abajo de mi casa y está de rechupete) y no fui capaz de comerla.RADIACTIVA. Al día siguiente preparó un pastel de carne. Como le habían sobrado espinacas, las puso en una capita debajo de la carne. HORRIBLE: ¿? Toda la vida me han gustado las espinacas. ¿Cómo puede ser que me levante de la cama y las odie? La única explicación que acierto a plantearme es que quizá no me gustasen porque no eran frescas. Eran de un bote de cristal de esos en conserva. Quizá tengamos que cambiar de marca, no lo sé. ¡Ay!Si Popeye levantara la cabeza…

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