Ceniza

 

 

 

Estaba yo pensando que qué a gusto se habrán quedado los teóricos y los beligerantes militantes del antitabaquismo con la muerte de Carrillo. Algunos de ellos, claro, no se me enfaden. No era normal que un señor que aprovechaba cualquier foto para reivindicar su condición de fumador, estuviera rozando el siglo de vida. No sé si quedarán comunistas, camaradas en activo, pero lo que está claro es que con la muerte de Carrillo ha desaparecido el último fumador bien visto a nivel social. Que sus restos acaben convertidos en ceniza es una metáfora perfecta de su vida. No sólo por haber sido empedernido en el fumar, también en el pensar, algo muy propio del siglo veinte, donde se vestía uno por dentro y por fuera. En el presente siglo, el veintiuno, por si está usted desubicado, se lleva más la fachada bien pintada, o tatuada para siempre, y los adentros en constante adecuación a las fluctuaciones de los mercados. O sea, que ya nadie se casa con sus propias ideas, como mucho mantenemos una convivencia abierta, de pareja liberal, <<nos aguantamos hasta que llegue otra más rentable>>. El “Homo Ambigüenensis” es el gran poblador de las cavernas actuales, con conexión a Internet y tele de plasma, pero cavernas a fin de cuentas. Un homínido capaz de parecer de varias tribus al mismo tiempo para sentirse amparado y protegido. Nadie quiere ser el último mohicano, por muy bonita que sea su banda sonora, en el rebaño es más fácil gritar sin ser visto. Y el reflejo de esta sociedad voluble y asustada lo tenemos en los políticos que nos representan como pueden. Lo bueno sería que lo hicieran “como saben”, pero esa quimera está al alcance de unos pocos privilegiados. Y entre tanta ceniza y polvo de estrellas se nos acaba el verano, querida amiga, hoy le damos la última calada a la estación de los incendios, de las medusas y de las picaduras del IVA. Mañana a las cinco menos diez de la tarde llega el otoño, nos pillará en plena siesta, como la dama de negro a Don Santiago. Y es que con una hoz y un martillo nada se puede hacer contra una guadaña afilada. Pasen buen día y perdonen por la tristeza. Volveré por soleares.

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