A 11 del 4

Hola hermanos, buceando por los Faacebuques de mis amigos he encontrado estas fotos que me han hecho recordar que todo tiene un principio. Es mi primer grupo de teatro ESCEFRENIA (Javi Merino, Pablo Arocena y yo) Hacíamos humor mudo y fue el detonante de una carrera que me ha llevado hasta escribir estas lineas. Mi edad, 18, un nene con los pantalones grandes.

Además del momento nostálgico, os dejo el artículo de hoy.

Pinchazo

Ya me llega el calor que se desprende del frotamiento de las manos de las empresas farmacéuticas. Para el dos mil doce, o sea, para pasado mañana, se espera la vacuna contra el tabaquismo. Para algunos será el fin del mundo; si es que los aztecas tenían razón. Es cierto que el mundo se acabará en dos mil doce, pero por partes y por barrios, que se lo digan a Zapatero, que cerrará su chiringuito por esas fechas. Pues eso, que dentro de una añito y pico, pico, o mejor dicho pinchazo. Porque, parece ser que la esperada vacuna se administrará en una sola dosis, un picotazo de jeringuilla pasiva y se acabaron las toses, los olores, la fatiga y las discusiones con los fanáticos defensores de los espacios sin humos. Sin entrar a valorar la vacuna a nivel científico, que no es el día, me gustaría contaminar este lunes con algunas reflexiones que brotan con vigor a cerca de este tema, como los capullos de una hortensia. La primera me lleva a la sospecha. Es curioso que para algunas dolencias se necesite estar enganchado a un medicamento, ser dependiente de un fármaco de por vida, y para esta, porque el tabaquismo está considerado como una enfermedad, con un pinchazo baste. Será casualidad, dejémoslo ahí. De ahí, me voy a las posibles amenazas que se nos vienen encima. Si consiguen cambiar nuestros hábitos tan solo dándonos un pinchazo, y permitimos esa manera de actuar, ¿no estamos abriendo la puerta a una manipulación de nuestra salud mental y física? ¿Conoceremos vacunas para cambiar de opinión? Y lo que es más terrorífico, ¿nos las habrán suministrado ya en algún alimento de los que consumimos habitualmente? Y para concluir con mi serie de pronósticos lunáticos, haré la pregunta del millón, o sea de los seis mil euros: Si es cierto que con un pinchazo se quitan las ganas de fumar para siempre, ¿soportará este sistema de educados inquisidores que exista gente que quiera fumar? Me magino a fumadores pasivos cargados de jeringuillas y persiguiendo a los que todavía apuestan por el humo para clavárselas en misión humanitaria. En fin, que cuando está de que sí, acaba siendo que sí. Pasen bue día.

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