Pajillas

Buenos días hermandad, joder como está la cosa nuclear, ahora todos somos del GREAMPREACE, eólicos y renovables. Nadie piensa en los productores de uranio ni en sus familias. Claro que sería una manifestación políticamente incorrecta verles por la Gran Vía de Madrid esparciendo uranio gratis por las aceras, como los ganaderos con la leche. En fin, siglo 21, tiempo de cambios; prehistoria del 40; edad media del 30.

Os dejo el artículo.

Pajillas

<<¿Nos hacemos unas…?>> Es la frase de moda esta semana, en lo que se refiere a temas frívolos, clareo está, porque lo de contabilizar reactores que explotan o se fusionan es otro cantar, que mejor lo dejamos para otro momento. Más que nada, porque lo único que podemos hacer al respecto es abrir la boca en actitud de asombro y agarrarnos al <<vivamos cada día con intensidad, como si fuera el último estés donde estés>>. Sí, ya sé que esta filosofía efímera y beduina se da de leches con los planes de pensiones, las políticas de inversión y el medio y largo plazo, pero es que a los hechos me remito, amigos; cuando ves a los japoneses con mascarillas en las fotos, te planteas cosas. Y lo dejamos ahí. Volvamos a las pajillas. Es tan popular la frase de Torrente que, el otro día, una presentadora de informativos, en horario de ejercer, la entonó con gracia y salero como si estuviera dentro del coche con el mismísimo personaje casposo de Santiago Segura. O mejor diríamos: Santiago “Asegura” rentabilidad en el siempre cuestionado mundo del cine español. Sin entrar en valorar la película a nivel artístico, ya que todavía no la he visto, no podemos dejar de comentar algunos aspectos que se ponen de manifiesto después del éxito de la saga Torrente, que en su cuarta entrega, sigue batiendo records de espectadores y de de recaudación. Lo primero, es felicitar al director de la historia y admitir, guste o no, que ha sido capaz de crear un producto que hace que la gente vaya al cine y pague su entrada. O sea, que tira por tierra cualquier argumento en torno a la crisis del cine, de la cultura y de los victimismos varios que acaban por ser consuelo de tontos. Si es cierta esa máxima que dice que el público siempre tiene la razón, pues no hay más que hablar. Otra cosa es que escueza y preocupe a algunos que el éxito y la peregrinación en masa a las salas la provoque un personaje zafio, casposo, capaz de reunir en torno a su persona a un elenco de “dignos de lástima”. Ese es el tema. Seguro que si lo hacen los americanos lo vemos como una genialidad. ¿Dónde está usted Mister Marshall? Pase buen día.

ABAZO DE OSOOOOOOOO

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