“En Ciudad Juárez, nos matan”

“En Ciudad Juárez, nos matan”. Ya había escuchado esta frase, pero jamás me había movido tanto. Ni por tristeza, ni por miedo, ni por desesperación. Escuché estas palabras por enésima vez la semana pasada. Justo en la cobertura de una entrevista que nos exigía viajar a Ciudad Juárez (nos exigía, aclaro, periodísticamente. Por aquel afán, que tristemente merma cada vez más entre mis colegas, de informar sin importar cómo, cuándo, quién o por qué. Y siendo a la vez, esto mismo, lo primordial).

Aterrizamos en la ciudad chihuahuense para entrevistar a la navarra Judith Torrea, la única periodista extranjera asentada en Ciudad Juárez desde hace más de 14 años -primero, para escribir sobre los feminicidios ocurridos allí; después, para desmenuzar los movimientos del narcotráfico-.
Tras semanas y semanas de desgaste para conseguir la entrevista; problemas para lograr la autorización del viaje, etc. .. despegamos hacia Chihuahua. Realizamos la entrevista al interior de su casa con éxito. Lo que proseguía era realizar algunas tomas de la ciudad.

Tenía todo calculado. Si algún extraño nos preguntaba nuestra procedencia al vernos cámara en mano, diría que grabábamos alguna publicidad turística para la zona; sí algún oficial se acercaba, mostraríamos nuestras acreditaciones de prensa; si algún narco nos intimidaba, entregaríamos una copia de nuestra cinta sin rechistar… Lo que jamás calculé es lo que haría si mis dos camarógrafos se negaban a grabar en exteriores por temor a ser asesinados. Eso sí que nunca lo pensé. Y justamente fue lo que ocurrió.
No profundizaré en su falta de profesionalidad y compromiso periodístico (a veces me planteo si esas cualidades son tomadas en serio en mi país. De momento, concluyo que no -salvo sus honrosas excepciones, claro está-). Lo que más rabia me da, después de haber discutido hasta la saciedad con todo ser viviente en la redacción, por teléfono, vía web y en persona, es la falta de respeto a esta increíble profesión y, más aun, el estado de psicosis que el crimen organizado ha sembrado en nuestra sociedad. Ése que a la gran mayoría no le permite moverse, opinar y mucho menos actuar.
¡Basta ya! ¡Basta del crimen y basta de nuestra cobardía! Si no somos capaces de enfrentar nuestros problemas al menos no estorbemos. Si no vamos a capturar al corrupto, al menos empecemos por no corrompernos a nosotros mismos. Y, si tenemos el privilegio de poder informar a los demás, compañeros periodistas, hagámoslo con respeto y compromiso. Con la responsabilidad de saber que cargamos en nuestros hombros la enorme responsabilidad de comunicar la verdad, de trasmitir a nuestros lectores la realidad y brindarles un análisis profundo, contrastado y documentado de cada uno de los hechos que marcan y definen nuestra actualidad.

Yo acepto ese reto y asumo cada una de sus consecuencias. Sé que hay muchos que piensan como yo. Y muchos más que aún confían en nosotros. El miedo paraliza y lo que menos necesitamos en México es permanecer inertes. Muchos tratan de pararnos. Si los decidimos, ninguno lo conseguirá.
Facebook Twitter Stumbleupon Delicious More More More
elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.