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I amb el somriure, la revolta (Y con la sonrisa, la revuelta)

2017 diciembre 7

En este mundo en el que nos ha tocado depositar nuestro corto caminar existen expertos que dominan cualquier aspecto que podamos imaginar. Todos menos uno: el amor. Nadie sabrá jamás lo suficiente para poder declararse catedrático de una materia que es tan antigua como la vida misma, pero que, por su extrema complejidad, ninguno controlamos. Ninguno. Y si nos encontramos con alguien que exhibe un doctorado sobre el amor, sin duda, habremos topado con un embustero.

Sin embargo, el que esto escribe, ejemplo perfecto de contradicción, se convertirá hoy en uno de esos charlatanes al lanzarse a la aventura de intentar escrutar una canción de amor. Mejor dicho, de desamor, la cara oculta de la luna del sentimiento universal que establece su sede en nuestros corazones. Pero lo hará mínimamente, para dejar a los poetas que avancen sobre veredas con las que alcanzan una simbiosis a la que los mortales jamás podremos aspirar.

Es el caso de Lluís Llach y su canción ‘I amb el somriure, la revolta’, un tema erróneamente atribuido al poeta catalán Miquel Martí i Pol cuando realmente es fruto del ingenio del cantautor ampurdanés de Verges, especialista en poner letra y música a la melancolía.

El gerundense nos habla en esta ocasión del amor como una militancia obligatoria, como una terapia contra la tristeza. Teoriza sobre la imposibilidad de alcanzar la alegría sin la consecución del objetivo máximo, en este caso querer y ser querido. Habla, tal vez, de un enriquecimiento vital al que sólo se puede llegar con un intercambio sentimental y defiende que el amor es un paso para descubrir mucho más.

ravolta

El amor es para él una palanca revolucionaria, una actitud que no sólo debe circunscribirse a la pareja, sino que se debe abrir a la realidad como una experiencia solidaria absoluta, como un autentica revolución que convierte en realidad la utopia. El amor ha nacido como una fuerza transformadora de la realidad social, según recoge el análisis realizado por Luis Torrego Egido en su libro ‘Canción de autor y educación popular’.

Los románticos tendemos a negarlo, pero esta canción puede también ser considerada un híbrido político-amoroso (de hecho se ha convertido en el himno no reconocido del último movimiento independentista catalán), muy en la linea del ampurdanés.

I amb el somriure, la revolta’ se conforma como una obra extraordinaria. Sin duda, una de las mejores entre las que han nacido del cerebro de Llach. Dotada de una estilística tan exquisita como apasionada y una carga lírica sin igual, se introduce en la intraducible temática amorosa con la valentía habitual del cantautor catalán.

Para ello no le fue necesario invocar a recursos efectistas ni grandilocuentes. Le bastó con aferrarse a la táctica del rigor poético y a una musicación sobria, sin lugar a la especulación. «Un canto reflexivamente y serenamente lúcido», como ya dijo el crítico Jordi García-Soler allá por 1982, año en que el disco llegó al mercado tras su grabación en los estudios Perpinyá de Barcelona para la discográfica Ariola.

Colaboraron en el nacimiento de esta obra de arte Jordi Camp, al contrabajo; Lluís Ribalta, en la percusión; y Josep María Durán, a la guitarra, mientras que las notas del piano corrieron a cargo del propio Lluís Llach y Manuel Camp. Todo bajo la dirección del ingeniero J. J. Moreno. El fruto de su trabajo fue presentado a finales de aquel año en el Poliorama de la Ciudad Condal.

Además, como ha demostrado el paso de los años, esta creación mejora a medida que madura. Cada audición, como ocurre cuando vemos repetidas veces las grandes películas, nos sugiere algo nuevo. Quizás sea por sus arreglos, tal vez por el propio preciosismo de la música o por el clasicismo que desprende.

Pero no hay duda de que es la LETRA la que produce plusvalía, la que nos introduce en el mundo propio de Llach, salpicado de su intimismo más desolador, de un desamor desgarrador. Aunque siempre dejandola abierta al subjetivismo del oyente, invitado a completar la historia a su gusto o necesidad.

M’agrada el riure dels teus ulls,

on el reflex d’una llum

em sembla un far a la marina

Me gusta el reír de tus ojos,

donde el reflejo de una luz

me parece un faro en la marina

I per la sort d’estar mig foll

jo m’imagino mariner

buscant recer en el teu somriure

Y gracias a mi brizna de locura

me imagino marinero

que busca refugio en tu sonrisa

I així navego pel teu cos

deixant camins en el teu pit

amb la saliva dels meus llavis

Y así navego por tu cuerpo

dejando una estela en tu pecho

con la saliva de mis labios

Per dir-te:

Amb el somriure, la revolta

Així t’espero i t’imagino

i en l’horitzó de la mirada

el gest utòpic que et reclama

Para decirte:

con la sonrisa, la revuelta

así te espero y te imagino

en el horizonte de la mirada

el gesto utópico que te reclama

I em faré au si tu ets el vent

o seré proa de vaixell

si tu ets la dansa de les ones

Y seré ave si eres tú el viento

o seré proa de embarcación

si tú eres la danza de las olas

Que per la sort d’estar mig foll

en la tristor i la soledat

vaig dibuixant la teva forma

Que gracias a mi brizna de locura

en la tristeza y en la soledad

dibujé tu forma

Que vull trobar amb tu el camí dels estels

per llançar els somnis contra el temps.

buscar el coratge perdurant en l’intent

Així t’espero i així em tens

Que quiero encontrar contigo el camino de las estrellas

para lanzar los sueños contra el tiempo

buscar el coraje persistiendo en el intento

Así te espero y así me tienes

I en la bellesa un far per un món més bell,

i en el desig el risc valent.

l’amor un pas per descobrir-me molt més,

així t’espero i així em tens

Y en la belleza un faro para un mundo más bello,

y en el deseo el riesgo valiente

el amor un paso para descubrir mucho más

así te espero y así me tienes

GRA204. BARCELONA, 24/07/2015.- Fotografía de archivo, del 03/04/2013, del cantautor Lluís Llach que será el número uno de la lista independentista Junts pel Sí por la provincia de Girona, según han informado a Efe fuentes de la candidatura. Icono musical de la lucha contra el franquismo gracias en gran parte a su pieza "L'estaca", Llach se ha pronunciado en los últimos tiempos a favor de la independencia y de un giro hacia las políticas de izquierdas. EFE/Archivo/Toni Garriga

Aprovechando la oportunidad que nos ofrece la composición podemos diseñar nuestro propio relato. Una historia con el mar -Llach siempre se ha confesado fascinado por el Mediterráneo- como elemento catalizador que bien podría haber tenido su inicio un día como hoy, un 7 de diciembre, con la partida de un amor desde una isla. En una clara y contundente demostración de su capacidad como creador musical y poético, Llach lo expresa envuelto en una música triste, como el rumor que desprenden las olas cuando se miran con melancolía, cuando se espera que nos devuelvan aquello que nos han arrebatado, confiando que su natural movimiento de ida y vuelta nos permita recuperarlo. Las olas se van, pero siempre vuelven a depositar en la orilla, ya de forma definitiva, todo aquello que ha navegado sobre su cadencia. El mar lo recicla todo, hasta el dolor que provoca la marcha de un ser querido.

El mayor amor es siempre el que hemos perdido después de haberlo tenido. Aquel que nos ha impregnado con un aroma con el que tendremos que convivir el resto de nuestras vidas, disfrutando del recuerdo y al mismo tiempo penando por una ausencia que siempre ansiamos no sea permanente. Esa tristeza tan dolorosa como placentera que nos genera el recordar ese amor sólo entendible en un propio idioma sentimental.

Ese que sólo se ha compartido con él o ella. Ese amor sin igual que, vuelva o no vuelva, siempre será tuyo. El único, el que nunca podrán borrar otros. Tal vez conseguirán difuminarlo, pero nunca eliminarán el recuerdo de lo que pudo ser y no fue, aunque para ti siempre será, quizá sólo en forma de recuerdo.

Tras tanto divagar con dudoso acierto, quizá la mejor forma de describirlo es recurriendo a los poetas. «Las olas vienen y van con su canto, cuántas noches fueron mudos testigos de aquel amor y de mi triste llanto. Pero hay mujeres que siempre te van a esperar con las miradas tristes y otras sonrientes. Sólo esperan por la tarde o por la noche para poder amar o sobre la arena dejar sus cuerpos ardientes». No son palabras mías, pertenecen a Federico Mendo Sánchez y su ‘Amor de marinero’.

Otra maestra de la lírica, la desaparecida MARI TRINI, lo describe asimismo de forma inigualable. «A ti, hombre marinero, a la deriva loca, sin capitán. De duelo se ha vestido una mujer al ver su marinero no regresar».

LLUÍS LLACH (Verges, 1948) es el cantante catalán con trayectoria musical más larga si exceptuamos a Joan Manuel Serrat. Ambos pertenecieron en los años sesenta del pasado siglo al movimiento Els Setze Jutges, que catalizó el relanzamiento de la ‘nova canço’, pero el ampurdanés siempre se negó a cantar en castellano a pesar de que ello minimizó su campo de acción. Desde entonces sigue haciendo canciones con su guitarra para luego vestirlas de un carácter sinfónico. Ello nunca ha frenado su evolución creativa, con una notable mejoría vocal y dominio de las nuevas tecnologías.

Ya desde sus primeros pasos, quizá por la proximidad de Francia, estuvo abierto a tendencias que no se daban en España. Por ejemplo, fue gran admirador de George Brassens, Jacques Brel o Leo Ferré, a los que consideró sus maestros. Tampoco desdeñó las influencia de Mathalia Jackson o Mikis Theodorakis. De todas esas fuentes ha bebido para generar una obra de extrema sensibilidad y cuidadosa elaboración, rompiendo incluso el abismo que existía entre la música clásica y los cantautores.

Catalan singer Lluis Llach performs during the closing meeting of the Catalan pro-independence groups and political parties that campaign for 'Yes' in the upcoming October 1 referendum on self-determination in Catalonia, in Barcelona on September 29, 2017. With two days left until an independence referendum in Catalonia opposed by Madrid, Catalan leaders say they have over 2,000 polling stations ready despite a crackdown on their preparations for the vote. / AFP PHOTO / LLUIS GENE

Su carrera comenzó en 1967, cuando llegó a Barcelona desde su pueblo natal gerundense y pronto compuso canciones hoy emblemáticas como ‘L’Estaca’, convertida en un himno antifranquista y que le conllevó multas y suspensiones de conciertos. Superada la dictadura, se convirtió en uno de los cantautores más representativos, consagrándose con obras como ‘Viatge a Itaca’ (1975) y ‘Campanades a morts’ (1977), dedicada a los cuatro obreros muertos en Vitoria durante una represión policial.

Con la consolidación de la democracia y pasada la época de la canción política, Llach se introdujo en un tipo de canción más poética –aquí podríamos encuadrar a ‘I amb el somriure, la revolta’– y fue incluso capaz de componer la sinfonía ‘Verges 50’ (1980), una revisión de los paisajes de su infancia a través de la música. Fue una década de trabajos más elaborados.

Al final del pasado siglo transitó hacia el sinfonismo y desde entonces ha mantenido una trayectoria fiel a sus raíces, con el mar Mediterráneo como ecosistema creativo. Jamás ha claudicado a las presiones de las discográficas, aferrándose siempre a una línea de calidad y compromiso.

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