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Guardabarranco – Dale una luz

2017 enero 30

Descubrimos la existencia de la música nicaragüense por el éxito que tuvieron Carlos Mejía Godoy y los de Palacagüina con canciones como ‘Son tus perjúmenes mujer’ o ‘Clodomiro el Najo’. Poco después volvimos a oír hablar de este pequeño país centroamericano con la guerra civil provocada por el levantamiento de los sandinistas contra el régimen de Somoza. Y luego olvidamos. Olvidamos que caído el dictador llegaron los comandantes revolucionarios que, una vez liberado el pueblo, lo volvieron a oprimir con su propio estilo. Pero Nicaragua ha sido siempre fuerte, resurge de sus cenizas cuan Ave Fénix. Ni la guerra ni los terremotos ni los huracanes han logrado doblegar a los nicas, sumidos en una perenne pobreza pero con el sentimiento nacional indomable de los piñoleros, pobladores de una tierra de lagos y volcanes.

«Dale una luz a este pueblo que ha buscado su libertad contra el cielo y contra humanos» cantan los hermanos Katya y Salvador Cardenal, que conforman el dúo Guardabarranco. ‘Dale una luz’, un conglomerado de notas musicales y versos que derrochan sentimiento, se ha convertido en el segundo himno de Nicaragua, el de los emigrantes que han tenido que abandonar su tierra. Algunos lo hicieron para huir de la dictadura y otros para escapar de los sandinistas. ‘Dale una luz’ es una de las propuestas más frescas y poéticas en el escenario de la canción popular latinoamericana.

LETRA

En un lugar llora el cielo de ternura
en un lugar todo el verde esta de fiesta
y en altamar no muy lejos de Corn Island y el Bluff
un hombre niño pesca un saco en el mar

En un lugar quema el cielo las estrellas
en un lugar que me vio jugar de niño
tuve amistad un amigo que no jugará más
pero, la calle, hoy se llama como él

En un lugar llueve tanto que se apaga el sol
y el lodazal besa siempre tus rodillas
un viejo esta aprendiendo sus primeras letras
no tiene anteojos pero sabrá leer

En un lugar donde el agua es a volcanes
y el tiburón hizo nido en agua dulce
el huracán pone un bosque en reverencia mortal
tiembla la tierra, tiembla el mar de este lugar.

Dale una luz a la gente que ha buscado
su libertad contra el cielo y contra humanos
dale una luz a este pueblo que ama tanto vivir
en Nicaragua…

GUARDABARRANCO, nombre del ave nacional nicaragüense, estuvo conformado por Salvador Cardenal (1960-2010) y Katya Cardenal, un dúo fraternal fundado en 1979, en los primeros años del triunfo de la Revolución Popular Sandinista, de la que luego renegaron.

Las poéticas letras de él y la sublime voz y la apasionada interpretación de ella han ofrecido al mundo de la música obras cargadas de amor, fraternidad y búsqueda de la unidad perdida con la naturaleza. Sus creaciones proponen una manera trascendente de sentir la realidad que se opone a la manera pragmática con que el discurso del utilitarismo contemporáneo le impone a los seres humanos relacionarse entre sí y con el entorno. Ofrecen una visión del mundo es que el ser humano está escindido de los otros seres humanos y de la naturaleza por el desamor, el egoísmo y el consumismo desenfrenado.

Además el dúo Guardabarranco ha sido pionero en el trabajo de concenciación de su público para que tome acciones de preservación del ambiente. Sus canciones perciben la naturaleza como el Edén perdido, pero un paraíso, un jardín, que no está en el cielo sino que está en la tierra y que debemos restaurar los seres humanos. En este sentido la naturaleza es el estado de plenitud perdida por el odio y el egoísmo. El regreso a una relación armoniosa con la naturaleza implica cambiar espiritualmente el odio por el amor y el egoísmo por la fraternidad. Todo un llamamiento a la conciencia social y ecológica del ser humano. Para ello, además, crearon una fundación que defendiera iniciativas ecológicas.

El dúo dio fin a su andadura cuando Salvador Cardenal falleció en la primavera de 2010. Dejó un gran legado, como antes lo hizo el poeta Rubén Dario. Este guerrero de amor a la naturaleza, a la música y a la pintura fue víctima de una extraña enfermedad relacionada con la sangre denominada crioglobulinemia. Tenía 50 años cuando dejó de luchar.

elcorreo.com

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