Crónica de un derribo anunciado


Esta vez no ha podido ser. Domingo Herrera, más conocido como ‘Mingo’, vio como las excavadoras barrían lo que había sido su hogar y sustento económico desde hace más de treinta años, el pasado 29 de abril, tal y como estaba anunciado desde hace semanas.

Lo curioso de este polémico caso, no es que se haya sentenciado una orden judicial de derribo, que también, más si tenemos en cuenta que era el primer derribo de Cantabria, junto a los que se realizaron esa misma mañana en la playa de La Arena; sino que para que fuera realidad se tuvo que movilizar a casi un centenar de policías. ¿A que tenían miedo? Es obvio que viendo los precedentes, se pudiera esperar que los amigos y vecinos del pueblo bajaran, tal y como ya hicieran el pasado noviembre cuando lo intentaron por primera vez. Pero, ¿a qué creen que se debe que tanta gente bajara a acompañar a este peculiar vecino? A eso se le llama solidaridad y es algo que no se puede comprar. Es como la legitimidad, te la da y te la quita el pueblo. Y en este caso el pueblo de Bareyo ya había hablado, aunque sus representantes políticos se empeñen en no oír.

Al margen de los tejemanejes propios de cada pueblo, es palpable el apoyo que tiene Mingo en esta causa. El Alcalde, máximo responsable del derribo según sus propietarios, prometió en noviembre ayudar en lo que fuera necesario a parar este derribo, pero en sus explicaciones a la prensa, se le olvidó un importante documento en el que el arquitecto municipal reconocía que las deficiencias que tenía este edificio habían sido subsanadas. ¿Qué solución le han dado a esta humilde familia?

Al margen de la legalidad, lo que parece más evidente es que estamos ante un clarísimo caso de envidias entre vecinos. Todo este revuelo empieza en las denuncias de algunos vecinos por las perentorias mejoras del chiringuito. ¿Qué preferían estos demandantes, qué se hubiera quedado como estaba antes de las obras? Algunos alegan que ya existen bares en esta zona, pero es una verdad a medias. Hay bares en verano, pero durante la mayor parte del año no hay ni un triste retrete en toda la zona.

Puede que Mingo cometiera alguna irregularidad, pero la administración los ha cometido también y en ellos la responsabilidad y las leyes deben pesar más. Dichas obras de mejora se hicieron bajo la licencia que le concedió el ahora Presidente de la Comunidad, Revilla, cuando era consejero de Obras Públicas. Posteriormente llegaron las denuncias, la paralización de las obras,…

No voy a entrar a juzgar si es legal o no. Lo que quiero resaltar es la desproporcionalidad. Siendo Cantabria, una de las comunidades donde más ilegalidades se han cometido y donde más derribos pendientes hay, no entiendo que en el primer día de derribos, se decida dejar a este hombre de 70 años en la calle y con lo puesto. ¿Acaso no hay otras cosas más importantes que tirar?

Mientras han llenado nuestra comunidad de campos de golf insostenibles y de abominables puertos deportivos, parece que un chiringuito como el de Mingo molesta a la administración. Pero quiero advertir a los administradores, que la gallina de los huevos de oro ya se ha secado en España, así que o fomentan y apoyan el turismo, es decir impulsando la hostelería y los servicios, y dejando a un lado la construcción indiscriminada de viviendas, o Cantabria lo va tener oscuro en los próximos años. Hasta ahora aquí sólo se ha invertido en casas, pero por el bien de todos ya va siendo hora de que se fomente y se respete a esa otra clase se turismo, que por la calidad de las olas y las playas de aquí, vienen a nuestra costa durante todo el año. Son jóvenes, surferos, hippies y todo lo que quieran, pero están aquí todos los fines de semana y si no tienen ni donde tomarse un café ¿a donde van a ir? Quizás no vuelvan. Para todos los surfers que conocemos Ajo y a Mingo el derribo es más que una sentencia contra una irregularidad, es una sentencia contra una forma de turismo, y de entender la vida. Este chiringuito era el servicio elevado a la máxima potencia, quizá no era muy bonito, pero, sin duda, era donde más a gusto estábamos. Por ello quiero trasmitir mi más sincero agradecimiento a Mingo y a su mujer por todos estos años al pie del cañón y mi más sincera rabia por ver la diligencia con la que han derribado uno de los pilares en los que se apoyaba mi amor por ese rincón del Cantábrico tan especial.

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