Fotosíntesis humana, limpiezas energéticas, y perros y gatos veganos: universo de locos
Si usted cree que el espectáculo de Anne Germain es el no va más de la credulidad, es que no sabe lo que hay ahí fuera. Lo de la médium británica es sólo un timo más de los muchos en los que puede caer un crédulo con dinero en cualquier ciudad española. Bilbao, por ejemplo.
Hoy, hay quien ha pagado 30 euros en la capital vizcaína por asistir a una conferencia sobre Fotosíntesis humana, a cargo de Bianca Atwell, quien sostiene que “la melanina es como la clorofila en los vegetales, es capaz de realizar el proceso de la fotosíntesis tomando energía del campo electromagnético, de las radiaciones solares y cósmicas”. Se presenta como artista multimedia y, ¡agárrense!, como divulgadora científica. Además de pseudocientíficas, sus ideas pueden resultar peligrosas cuando se llevan al extremo del respiracionismo, una chifladura cuyos practicantes dicen vivir del aire y de la luz. Así, una mujer suiza ha muerto recientemente de hambre tras dejar de comer voluntariamente siguiendo las enseñanzas santón indio Prahlad Jani, quien dice que lleva 70 años sin comer.
Entre quienes respaldan a Atwell se encuentran los típicos charlatanes -seguidores del guru de los Beatles, homeópatas…-, pero también cuenta con el apoyo de Almudena Ramón, investigadora del CSIC famosa por buscar una cura a las lesiones medulares y cuyo trabajo es objeto de polémica por sus métodos de recaudación de fondos. En la web de la artista, se atribuye a esta científica el haber dicho: “Bianca, sin ser científica, ha encontrado la fórmula correcta para incentivar a la gente a hacerse preguntas, a investigar y a interesarse por la ciencia, utilizando el arte como recurso. Esto facilita la tarea de los científicos para que sus descubrimientos lleguen a una mayor cantidad de personas de una forma amena y entretenida”.
Si de verdad Ramón ha declarado eso, permítanme que ponga su buen juicio en cuarentena, porque Atwell sostiene que, “a cada tormenta solar, que envía plasma a la Tierra, (ésta) se defiende ampliando su campo magnético y sólo deja pasar los rayos que son buenos para los organismos. ¿Cómo lo hace si no tiene un sistema perceptual que le permita sentir el medio ambiente?” y que “la Humanidad y todas las especies vivas formamos un superorganismo, la Tierra, que a su vez está dentro de otro sistema vivo: el sistema solar. Esta todo interrelacionado y unido en lo que llamamos universo”. Amén.
Clarisintiente y clarividente
Horas después de que Pedro Luis Gómez Barrondo, compañero del Círculo Escéptico, me alertara de que había visto en una calle de Bilbao el anuncio de que podemos realizar la fotosíntesis, Lontzo Saiz, periodista responsable de networking de EITB, me avisaba de otra perla que había encontrado en el metro en el gratuito Danok Bizkaia. Resulta que “el Gran Jacoby te ayuda a eliminar tu malestar a través de limpiezas energéticas y del aura”, según reza el titular de un información dedicada en ese medio a este “clarisintiente, clarividente y tarotista” que “trabaja con el campo energético y con la luz”.
Por si fuera poco, este brujo con consulta cerca del Guggenheim “elabora sus propios productos como el baño de despojos, amuletos, talismanes, ambientadores y perfumes atrayentes que él mismo ritualiza y aplica a sus clientes”. Que hay mucho tonto ahí fuera queda claro cuando el Gran Jacoby acumula “más de 24 años de experiencia” en lo suyo. Mi única duda es si estamos ante publicidad pagada encubierta -nada hay que la indique como tal- o ante una muestra más de periodismo gilipollas. Casi, casi, por el tono del texto, me inclino por lo primero, aunque nunca infravaloraré la capacidad de publicar estupideces de algunos medios.
La última demostración matutina de que hay gente que está muy mal llega del otro lado del mundo, donde los colectivos veganos australianos pretenden alimentar a sus mascotas carnívoras -perros y gatos- con productos que no deriven ni de lácteos ni de carnes. Me he enterado de esta demostración de irracionalidad en grado sumo gracias a Vicent Vega. No veo mal que algunos humanos renuncien a la dieta omnívora propia de nuestra especie -allá ellos-, pero me parece intolerable que intenten imponernos sus gustos al resto, como a veces tratan, y un disparate que intenten hacerlo con otras especies indefensas ante sus caprichos.
Como dice el presidente de la Asociación Australiana de Veterinaria para Animales Pequeños, David Neck, si un vegetariano tiene problemas éticos respecto a alimentar a su mascota con proteínas de origen animal, debería tener un conejo o un cobaya, en lugar de “tomar decisiones éticas en nombre de la mascota”. Me da que una estupidez como la de los vegetarianos australianos no se la habría imaginado ni Jose A. Pérez.
El espectáculo de Anne Germain, y el pensamiento analítico y la incredulidad, en Punto Radio Bizkaia
La ‘sabanasantología’ exige fe y tiene la bendición científica de la Universidad de Valencia
El arzobispo de Valencia, Carlos Osorio, animó el lunes a los participantes en el I Congreso Internacional sobre la Sábana Santa en España a “seguir investigando y dándonos datos importantes para que podamos conocer mejor esta reliquia que nos remite a Nuestro Señor Jesucristo”. El prelado, que clausuró el encuentro en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia, destacó el hecho de que éste se hubiera celebrado “en un ámbito público y universitario, con científicos”. Minutos antes, el presidente de las Cortes Valencianas, Juan Cotino, había hecho su particular profesión de fe diciendo que en ese congreso había hablado “el mundo científico”, felicitándose de que se hubieran podido escucharse “con argumentos científicos realidades” que, para los creyentes, “conducen a Jesucristo”. Alto y claro mensaje a los escépticos: no importa lo que diga la ciencia, nosotros haremos nuestra particular lectura religiosa de los hechos para que acaben diciendo lo que queremos. ¿Porque qué dice la ciencia sobre el sudario de Turín?
A día de hoy, los únicos estudios científicos hechos sobre la sábana santa -los del microanalista forense Walter McCrone y el análisis del radiocarbono de 1989- han resultado devastadores para la sindonología. En 1979 y 1980, McCrone no detectó en la tela ni una gota de sangre y sí muestras de bermellón y rojo de rubia, pinturas utilizadas en la Edad Media, y auguró que, si algún día se hacía la prueba del carbono 14, ésta dictaminaría que había sido confeccionada entre “el 14 de agosto de 1356, diez años más o menos”. Vittorio Pesce, antropólogo de la Universidad de Bari, mantenía meses antes de la datación por radiocarbono que la reliquia había sido fabricada entre 1250 y 1350. Ambos expertos se basaban para dar esas fechas en la iconografía, los materiales y las técnicas empleadas por el artista, y en que nada se sabía de la supuesta reliquia antes de su aparición en Francia a mediados del siglo XIV. Dieron en la diana. La prueba del carbono 14, realizada en 1988 por tres laboratorios independientes de Estados Unidos, Reino Unido y Suiza, fechó “el lino del sudario de Turín entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%”.
Afirmaciones sin pruebas
Desde la publicación de los resultados del radiocarbono en la revista Nature, los sindonólogos han centrado sus esfuerzos en desacreditar dicha prueba en sus congresos y en los medios, aunque no han publicado en ninguna revista científica investigación alguna que invalide la datación de 1988. Y tengan en cuenta que hay muchas otras evidencias que dejan claro que la sábana santa es una falsificación medieval. Afirmaciones como la del químico Robert Villarreal, quien dijo el lunes en Valencia que la muestra empleada para el carbono 14 contenía “algodón, el cual no existe en absoluto en la tela de lino original”, presuponen que los encargados de cortar la pieza hace veintidós años, bajo la supervisión del Vaticano, actuaron de mala fe y que los investigadores de los tres laboratorios implicados estaban compinchados. Conspiranoia en estado puro.
Además, ¿cómo ha llegado Villarreal a esa conclusión -que había algodón- si el método de análisis conllevó la destrucción total de las muestras? Si tiene pruebas de lo que dice, que las presente en una revista científica, que es donde hay que hacerlo. Y lo mismo cabe decir del anuncio de Marzia Boi, bióloga de la Universidad de las Islas Baleares que asegura haber encontrado en la tela restos de “ungüentos y flores que se utilizaban para ritos funerarios hace 2.000 años”. Hasta que no se demuestre lo contrario en una publicación con revisión por pares, el hallazgo de Boi es equiparable al del reverendo Francis Filas, que veía monedas romanas en los ojos de la figura de la sábana, donde nadie más las encuentra, y al de Max Frei, palinólogo suizo que aseguró en su día haber encontrado en el sudario polen de plantas de Oriente Próximo, descubrimiento que tampoco fue corroborado.
Naturalmente, es mucho más fácil hacer afirmaciones extraordinarias en reuniones de creyentes como la de Valencia, con misa dominical incluida a cargo del arzobispo, que aportar pruebas que las apoyen. Es mucho más fácil utilizar medios de comunicación para seguir mintiendo sobre la vinculación de la NASA con la falsa reliquia, cuando la agencia espacial estadounidense nunca la examinó, que presentar argumentos y evidencias a favor de lo que se sostiene y que dictamine la ciencia. Es mucho más fácil resucitar periódicamente la trola de que Willard Libby, nobel de Química en 1960 por el descubrimiento del método de radiocarbono, dijo en 1989 que el análisis se había hecho mal, cuando había muerto nueve años antes, que demostrar la invalidez de esa prueba. Por cierto, de quien primero escuché esta mentira fue de Celestino Cano, presidente en 1989 del Centro Español de Sindonología (CES), entidad organizadora del congreso valenciano. Es a estos pseudocientíficos a los que ha bendecido estos días, además del Arzobispado de Valencia, la Universidad valenciana con la concesión de dos créditos de libre elección a quienes han acudido al encuentro.
A mediados de los años 90, el productor televisivo Ray Santilli ganó una pasta vendiendo a cadenas de medio mundo una película en blanco y negro de la supuesta autopsia a un alienígena accidentado en Roswell (Nuevo México, Estados Unidos) en 1947. El montaje era muy burdo, pero contó con el entusiasta apoyo de vendedores de misterios como Javier Sierra. Tanto en los artículos de la revista en la que entonces trabajaba, Año Cero, como en su libro Roswell: secreto de Estado (1995), el ahora novelista defendió que la grabación era auténtica, que los extraterrestres estaban vivos cuando los rescataron de entre los restos de su nave y que el caso de Roswell suponía un auténtico “jaque a la ciencia”.
Hace seis años, John Humphreys, animador del protagonista de la película Max Headroom y personajes de la celebre serie Dr. Who, reconoció que él había creado los alienígenas de la cinta de Santilli y que, además, había interpretado a uno de los cirujanos. Los muñecos estaban rellenos con sesos de cordero, entrañas de pollo y jarretes comprados en un mercado, y, cuando acabó el rodaje, fueron descuartizados y sus pedazos se tiraron a la basura.
Las falsedades y medias verdades de la presidenta de los homeópatas vizcaínos en defensa del negocio
Itziar Lezamiz, presidenta de los homeópatas vizcaínos, publicó hace unos días, en las páginas de Opinión de El Correo, una encendida defensa de esa pseudoterapia tan llena de medias verdades y falsedades como vacía de evidencia científica. Información sesgada para atraer incautos al negocio de la venta de pastillas de azúcar a precio de oro, que es de lo que en el fondo se trata cuando hablamos de homeopatía. Esta pseudoterapia se basa en dos principios: que una sustancia que provoca los mismos síntomas que una enfermedad puede curarlos; y que, cuanto más pequeña es la dosis de una sustancia, mayores son sus efectos. Esas falsedades se traducen en unos remedios tan diluidos que no queda en ellos ni una molécula de principio activo y una muy rentable industria de venta de agua y pastillas de azúcar como si fueran medicamentos.
“Homeopatía, tratamiento efectivo en Europa”, se titula el artículo de la médico vizcaína. Está dedicado, sobre todo, a cantar las excelencias de un supuesto informe gubernamental suizo, recientemente publicado en Alemania en forma de libro, que concluye que “la efectividad de la homeopatía está avalada por la evidencia clínica, y que la práctica profesional apropiada de la misma puede considerarse segura”. Todo eso, apunta Lezamiz, después de “la evaluación más completa de la homeopatía realizada por un Gobierno hasta el momento”. Afirmaciones rotundas… y falsas.
Empecemos por el principio. “El informe del Gobierno suizo sobre la homeopatía… no es del Gobierno suizo. No es un informe realizado por expertos del Gobierno, ni encargado por el Gobierno”, como explicaba hace unos días Arturo Quirantes, físico de la Universidad de Granada. Es un texto redactado por homeópatas para respaldar su práctica ante el Ejecutivo helvético. Lezamiz, sin embargo, lo presenta como un “informe del Gobierno suizo sobre la homeopatía” y, además, tiene la desfachatez de decir que estamos ante “una evaluación objetiva y rigurosa”. Supongo que igual de objetiva y rigurosa que un informe de las constructoras españolas que defendiera la necesidad de seguir enladrillando el país para salir de la crisis.
La falacia de la popularidad
“¿Por qué, si Suiza avala la homeopatía como tratamiento médico eficaz, aquí no está incluida en la Seguridad Social?”, pueden haberse preguntado muchos lectores de buena fe que hayan creído lo que cuenta esta homeópata. Todos sabemos que los criterios que mueven a los políticos no son precisamente los científicos. En Suiza, dado que hay mucha gente que quiere homeopatía, el Gobierno ha abierto a ésta las puertas de la Sanidad pública, al igual que ocurre en Francia, hogar de la mayor multinacional del sector, los Laboratorios Boiron. Si mucha gente quiere algo y hay presiones importantes de médicos y farmacéuticos, se da el gusto a los ciudadanos, que ellos ya corresponderán con el voto cuando toque.
En la segunda mitad del artículo, Lezamiz llama la atención sobre la popularidad de la homeopatía, sobre cómo el 10% de los británicos acude a las consultas de médicos como ella, cómo en España hay más de 2.500 homeópatas y el 33% de la población “habría utilizado la homeopatía en alguna ocasión”… Ese mismo tipo de argumento serviría para justificar, por ejemplo, la telebasura, la comida basura, la ingesta excesiva de alcohol… Que mucha gente crea o haga algo no implica necesariamente que ese algo exista, funcione o esté bien y, menos, cuando hablamos de ciencia. ¿Adivinan de lo único de lo que no habla Lezamiz en su artículo? Efectivamente, de ciencia. Ni siquiera cita -¡qué mala memoria la suya!- el reciente informe sobre las mal llamadas terapias alternativas elaborado por un grupo de expertos para el Ministerio de Sanidad español.
En contra de lo que intenta vender a los lectores de El Correo, el trabajo que ella presenta como “la evaluación más completa de la homeopatía realizada por un Gobierno hasta el momento” ni es un informe oficial de un Ejecutivo ni es el más completo análisis científico de la homeopatía hasta la fecha. Curiosamente, esos dos errores de la homeópata vasca son los mismos que comete Dana Ullman, un defensor de esa pseudoterapia, en un artículo publicado en febrero en The Huffington Post que en las últimas semanas ha sido replicado tal cual en multitud de sitios dedicados a la difusión de las mal llamadas medicinas alternativas. Es más, hasta el inicio del artículo de Lezamiz parece estar influido por el de Ullam.
Aquél empieza diciendo: “El Gobierno suizo tiene una larga y muy respetada historia de neutralidad, y por lo tanto, los informes de este Gobierno sobre temas controvertidos deben tomarse más en serio que los de países que están más influidos por las actuales circunstancias económicas y políticas”. Mientras que el texto de la homeópata vizcaína arranca: “Además de por la exactitud de sus relojes y por la solvencia de sus bancos, el pequeño país suizo es un ejemplo de seriedad, equilibrio y rigor también en temas socio-sanitarios. En esta línea, su Gobierno realiza constantemente informes técnicos sobre diversos temas científicos y sociales de gran interés para la población, para ofrecer así resultados objetivos ante las medidas que implanta”. Se me escapa, sinceramente, qué tienen que ver la neutralidad política, la exactitud relojera y la solvencia bancaria con el rigor de un informe científico. ¿Pero qué ha dicho la ciencia hasta ahora de la homeopatía y Lezamiz se ha olvidado de contar en El Correo?
El dictamen de la ciencia
“En general, las revisiones realizadas concluyen que la homeopatía no ha probado definitivamente su eficacia en ninguna indicación o situación clínica concreta y los resultados de los ensayos clínicos disponibles son muy contradictorios”, indicaba hace unos meses el muy indulgente comité de expertos español. Digo indulgente porque añadía que, “en cualquier caso, los medicamentos homeopáticos, en diluciones extremadamente altas, utilizados bajo la supervisión de profesionales se consideran seguros” e ignoraba los riesgos que conlleva esta práctica. Unos peligros que no vienen tanto de la ingesta de los compuestos homeopáticos -ya que éstos no suelen contener nada- como del abandono de tratamientos efectivos, lo que puede llevar hasta a la muerte en algunos casos. Lezamiz, por su parte, escamotea a los lectores de El Correo, por ejemplo, el reciente y próximo caso de un hipertenso vizcaíno a quien un médico homeópata, uno de la media docena que ejercen en la provincia, retiró la medicación convencional -la que funciona-, le dio a cambio pastillistas de azúcar y eso hizo que el enfermo acabara ingresando en las Urgencias de un centro sanitario aquejado de una crisis hipertensiva.
Al otro lado del mundo, el Consejo Nacional de Sanidad e Investigación Médica (NHMRC) de Australia considera que “no es ético por parte de los profesionales de la salud tratar a pacientes con homeopatía porque ésta -como medicina o procedimiento- no ha demostrado su eficacia”, según un borrador de una futura declaración institucional filtrado a mediados de marzo, cuyos autores sostienen que “existe suficiente evidencia científica como para concluir que la homeopatía no es más eficaz que el placebo. La homeopatía, aunque no sea dañina por si sola, puede ser un peligro para los pacientes si rechazan o retrasan tratamientos convencionales eficaces y seguros en favor de los homeopáticos”.
En febrero de 2010, el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes británica urgía al Servicio Nacional de Salud (NHS) del país a que dejara de financiar la homeopatía porque “no existe ninguna prueba de que funcione más allá del placebo”. La comisión parlamentaria pedía, además, a la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios (MHRA) que impidiera que las etiquetas de los productos homeopáticos incluyan afirmaciones sobre su uso médico sin que su eficacia haya sido demostrada. “Como no son medicinas, los productos homeopáticos no deberían tener licencia de la MHRA”, decía la nota de prensa. En junio, la Asociación Médica Británica (BMA) acordó pedir al NHS que dejara de financiar los remedios homeopáticos y cuatro hospitales homeopáticos. “La homeopatía es brujería”, había sentenciado un mes antes Tom Dolphin, vicepresidente del comité de médicos jóvenes de la BMA. Al final, según me explicó en su momento el médico Edzard Ernst, primer catedrático de Medicina Complementaria del mundo y ahora escéptico, el príncipe Carlos movió los hilos y consiguió que el Gobierno británico diera la espalda a la ciencia y decidiera dejar las cosas como estaban.
“La capacidad terapéutica de la homeopatía ha sido científica y concluyentemente refutada”, dijo en 2010 el neurólogo Ichiro Kanazawa, presidente del Consejo Científico de Japón (SCJ). Para la máxima autoridad científica japonesa, no hay duda de que, en los remedios homeopáticos que usan agua como disolvente, “sólo hay agua”, y pretender que ésta tiene memoria es algo absurdo y sin base científica. Coincide con el biólogo Francico J. Ayala, para quien “la homeopatía no tiene ningún fundamento científico”. Ya en 2005, la prestigiosa revista The Lancet animó a los médicos a que sean “valientes y honestos con sus pacientes acerca de la ausencia de beneficios de la homeopatía, y consigo mismos acerca de los fallos de la medicina moderna a la hora de cubrir la necesidad del paciente de atención personalizada”.
Por cierto, a Lezamiz también se le ha olvidado contar a sus lectores que Laboratorios Boiron pagará 12 millones de dólares en Estados Unidos para frenar las denuncias por publicidad engañosa y que, además de indemnizar a afectados, tendrá que cambiar el etiquetado de sus productos para incluir en EE UU la advertencia de que la Agencia de Alimentos y Medicamentos (FDA) no ha verificado su efectividad. Vamos, que no curan nada.
¿La presidenta de la Asociación de Médicos Homeópatas del Colegio de Médicos de Vizcaya ignora todo lo aquí expuesto o, simplemente, considera que es mejor para el negocio no contar toda la verdad?
Un concejal del PP de Bilbao y su novia se casarán porque se lo han pedido sus abuelos a través de Anne Germain
Luis Hermosa, concejal del PP en el Ayuntamiento de Bilbao, y su novia, la cantante Susan Laster, van a casarse después de que ayer la médium Anne Germain les dijera que es lo que les piden una abuela de él y un abuelo de ella desde el Más Allá. La pareja se dio un sí informal ante las cerca de 300 personas que asisitmos a una sesión nocturna del show de la médium de Telecinco en el palacio Euskalduna de Bilbao, previo pago de 80 euros por cabeza.
El político conservador fue uno de la media docena de elegidos por la vidente para simular que contacta con los muertos. Nada más levantarse de su butaca, él, de traje, indicó que había acudido al espectáculo con su pareja, usando esa palabra y no otra. Anne Germain aseguró entonces que veía el espíritu de una mujer mayor cerca de él. “Parece muy maternal. Parece una madre, una abuela”, especuló. “Mi abuela”, confirmó Hermosa. “Tu abuela -le dijo en un momento al concejal- opina que la falda de tu pareja es un poquito demasiado corta. Preferiría que cubriera sus rodillas”. Y, acto seguido, se dirigió a la cantante y le señaló que veía a su lado “una figura paternal”. “Mi abuelo”, apuntó la mujer.
Después de informar a Laster de que a su abuelo muerto le gusta su actual novio, la médium destacó que los dos espíritus coincidían en que la pareja llevaba tiempo hablando de casarse -ellos asintieron mediante gestos- y que había llegado el momento de que diera ese paso. “Sí”, replicó el concejal bilbaíno desde el patio de butacas. Él y su novia tenían ya los ojos húmedos, estaban emocionados. Y la escena acabó como tenía que acabar: los dos mirándose y asintiendo con la cabeza, con una imagen proyectada en la pantalla gigante de la sala como si se tratara de un almibarado final de película.
Fue uno de los momentos fuertes de la actuación de Anne Germain a la que asistí ayer en Bilbao mezclado entre el público. Durante hora y media, la médium -no digo falsa porque todos los mediums lo son- desplegó los trucos habituales para simular la comunicación con los espíritus: soltaba vaguedades y tópicos, tiraba de la lengua a sus víctimas, leía sus expresiones faciales, hacía afirmaciones ambiguas, se confundía mucho y sonreía más. Fue un espectáculo alucinante y me sentí como un bicho raro, muy raro, en medio de un comunidad de incautos y fervorosos creyentes, pero de eso hablaré otro día.
Prueban experimentalmente que pensar analíticamente fomenta la incredulidad religiosa hasta en los creyentes
Pensar analíticamente fomenta la incredulidad religiosa hasta en los creyentes, según una investigación de dos psicólogos de la Universidad de la Columbia Británica (UBC) cuyos resultados publica hoy la revista Science. “Nuestro estudio se basa en investigaciones previas que vinculan las creencias religiosas con el pensamiento intuitivo. Nuestros hallazgos sugieren que la activación del sistema cognitivo analítico en el cerebro puede socavar el soporte intuitivo para la creencia religiosa, al menos temporalmente”, ha indicado Ara Norenzayan, uno de los autores del artículo.
Will Gervais y Norenzayan parten de la “vieja idea de la psicología” de que podemos procesar la información de dos maneras: una intuitiva, rápida y para la que tomamos atajos mentales; y otra basada en el pensamiento analítico, que exige un mayor esfuerzo intelectual, pararse a pensar. Ambos sistemas funcionan, a veces, en paralelo; y, en ocasiones, el pensamiento analítico se impone al intuitivo, que está demostrado que “facilita y apoya la creencia en lo sobrenatural, el aspecto central de las creencias religiosas”. “Si la creencia religiosa emerge gracias a la convergencia de una serie de procesos intuitivos, y el procesamiento analítico puede inhibir o anular el intuitivo, entonces el pensamiento analítico puede socavar el soporte intuitivo de la creencia religiosa“, apuntaban inicialmente los autores como hipótesis. Para ponerla a prueba, hicieron cinco experimentos.
En el primero, un grupo de universitarios tuvo que resolver tres problemas simples en los que la intuición lleva a una solución rápida y errónea, y responder después a tres series de preguntas sobre sus creencias religiosas. Los problemas eran del estilo de: “Un bate y una pelota cuestan 1,10 dólares. El bate cuesta 1 dolar más que la pelota. ¿Cuánto cuesta la pelota?”. Los investigadores comprobaron que los individuos que aplicaban el pensamiento analítico -que daban con la solución correcta- tendían a mostrarse menos religiosos en el cuestionario subsiguiente. ¿Pero se trataba de una correlación o había una relación causa-efecto entre pensamiento analítico e incredulidad?
Para responder a esa pregunta, diseñaron otras pruebas en las que recurrieron a estratagemas para inducir a parte de los sujetos a pensar analíticamente. Así, descubrieron que, independientemente de sus creencias iniciales, los individuos pensaban más analíticamente si veían una figura que parecía estar haciéndolo -como El Pensador, de Rodin- que si tenían delante otra que no -como El Discóbolo, de Mirón-; si, en un juego de completar frases, las palabras entre las que podían elegir eran pensar, analizar, racional…; y hasta si se les preguntaba por sus creencias usando en el cuestionario un tipo de letra de más difícil lectura que lo normal. En todas estas pruebas, el grupo inducido a pensar analíticamente mostraba una mayor incredulidad religiosa que el de control.
En el estudio participaron 650 adultos estadounidenses y canadienses. Gervais reconoce que, aunque los resultados son “robustos”, queda por explorar si el aumento de la incredulidad religiosa tras practicar el pensamiento analítico es temporal o se mantiene a largo plazo, y hacer pruebas similares en otras culturas.
Criptozoólogos españoles convierten un rinoceronte prehistórico de Chauvet en un homínido desconocido
Los criptozoólogos son tan ingenuos que siempre están un paso más allá en su credulidad de lo que yo había considerado hasta ese momento el límite. Les traigo la última muestra de la inmensa ignorancia del colectivo de buscadores de bichos raros, a cargo esta vez del responsable de Criptozoología en España. Javier Resines dedica la última entrada de su blog al hallazgo de “un nuevo homínido” entre las pinturas de la cueva de Chauvet (Francia). “Nos encontramos ante la posibilidad de que una raza de babuinos gigantes haya poblado el sur del país vecino en época relativamente reciente, para lo que ha debido de atravesar necesariamente todo el litoral levantino desde su asentamiento africano original hasta el enclave francés”, escribe. La imagen que acompaña a estas entusiastas conclusiones demuestra, sin embargo, que no sabe de lo que habla.
Antes siquiera de saber de qué figura de qué cueva hablaba este criptozoólogo, me ha bastado ver la foto que ilustra su entrada para partirme de risa. ¿Cómo puede ser alguien tan ingenuo? ¿Cómo puede alguien tomar un rinoceronte por un homínido? Porque eso es exactamente lo que hace este experto, como puede comprobar cualquiera que vea la figura con ojos normales, no deformados por el pseudosaber criptozoológico
Resines se hace eco de un artículo de Ángel Morant publicado originalmente en 1995 en la revista criptozoológica Bipedia. El texto se titulaba “Una representación de cercopitécido en las pinturas de la cueva de Chauvet (Vallon-Pon-D’Arc, Ardeche, Francia)” y estaba ilustrado con el mismo dibujo. Morant escribió hace diecisiete años que “cabe identificar sin ningún género de dudas (esa imagen) como un papión de tamaño bastante considerable, por cuanto presenta todas las características anatómicas típicas de estos animales”. A saber: “Marcha cuadrupeda; cuerpo rechondo y macizo; cruz más elevada que la grupa, por lo cual la línea del lomo cae suavemente hacia abajo; antebrazos más largos que los brazos; hocico alargado (característica que ha llevado a los expertos a llamar a los papiones monos cinocéfalos, es decir, cabeza de perro; nariz respingona; orejas pequeñas (en el individuo de la cueva de Chauvet no son visibles ); cola muy corta; parte anterior del cuerpo recubierta de una espesa pelambrera (lo que parece deducirse de la banda más oscura que recorre el tórax del animal), mientras que los cuartos traseros aparecen menos protegidos…”. Y, a partir de la falsa premisa de que el animal retratado es un primate, Morant, que fue secretario de la Sociedad Española de Criptozoología, monta una película que Resines, ahora, remonta hablando de este babuino como de “un homínido”. ¿Desde cuando los babuinos son homínidos?
No me dirán ustedes que no es divertido ver cómo los criptozoólogos son capaces de convertir uno de los muchos rinocerontes de la cueva francesa de Chauvet en un primate y a éste en un homínido con sólo mirar la figura con ojos crédulos. Por cierto, aquí tienen a nuestro misterioso rinoceronte junto a congéneres y otros animales en un panel de la gruta francesa. ¿Qué será lo próximo, que se trata de un astronauta alienígena? Así se fabrican algunos misterios.













