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¡Ni un bebé ni nadie entra en combustión espontánea! ¡Son malos tratos!

2013 agosto 14
por Luis Alfonso Gámez

Imagínese que trabaja en un servicio médico de urgencias y llega un bebé con graves quemaduras. Sus padres dicen que se deben a que el niño ha empezado a arder de repente, sin razón aparente. ¿Qué haría usted? Supongo que poner el caso en conocimiento de la Policía, ¿no? Pues, desgraciadamente, parece que en este mundo hay periodistas que se tragarían el cuento de los padres. Si no, lean estos títulares, procedentes de grandes medios: “Un bebé ingresa cuatro veces en el hospital por entrar en llamas espontáneamente; “Baby treated for spontaneous combustion” (Bebé tratado por combustión espontánea); Human torch baby tests normal, doctor stumped” (Los tests del bebé humano antorcha son normales, dicen los médicos);  “El extraño fenómeno del bebé que se prende fuego”; “Un bebé de la India sufre combustiones espontáneas”

“El pequeño ya ha sido ingresado cuatro veces desde su nacimiento por ponerse en llamas por circunstancias que aún se investigan”  indican en Telecinco. Y añaden: ”Según las primeras hipótesis de aquéllos que creen en la existencia de esta patología [se refiere a la combustión espontánea humana], Rahul podría estar emitiendo sustancias altamente inflamables a través de los poros de su cuerpo, condición que desencadenaría la combustión”. Más adelante, indican que, “sin embargo, diversos expertos se muestran reacios a creer en la existencia de tal enfermedad, a la que asocian más a falsos rumores, leyendas o ciencia ficción, pero nunca al verdadero conocimiento científico”, y que, por eso, hay quienes barajan “si detrás de este suceso se esconde un posible caso de malos tratos u otra causa que dé una explicación lógica al mismo”. La sospecha de maltrato aparece en todas las informaciones, pero sólo después de la combustión espontánea.

Nacido en la ciudad de Tindivanam (Tamil Nadu), Rahul ingresó por primera en un centro médico con quemaduras cuando tenía sólo nueve días. Su madre dijo a los médicos que había visto cómo el bebé empezaba a arder sin causa aparente y sin que hubiera ninguna fuente de fuego en sus proximidades. Desde entonces, en dos meses y medio, ha sido atendido por quemaduras cuatro veces, y algunos médicos han achacado las lesiones a la combustión espontánea humana. En esa extraña enfermedad -así califican el fenómeno algunos medios-, “el cuerpo se quema espontáneamente debido a los gases combustibles que emite, sin ninguna fuente externa de ignición”, ha asegurado Narayana Babu, jefe del Departamento de Pediatría del Hospital Universitario Kilpauk, donde han atendido al pequeño la última vez. Y algunos medios han comprado la exótica explicación y la han llevado a titulares como los citados.

Una leyenda urbana. un mito

Sobrecoge leer cosas así. Sobrecoge que haya en 2013 periodistas tan crédulos. Sobrecoge que, ante un pobre bebé de menos de tres meses que ha sufrido cuatro episodios de quemaduras en su corta vida, haya quien apueste por lo sobrenatural como posible causa. Porque Rahul, como se llama el niño, no arde espontáneamente. Nadie arde ni ha ardido nunca espontáneamente. La combustión espontánea humana es un mito, como las posesiones demoniacas y las hadas. A Rahul alguien de su entorno más próximo le está torturando. Atribuir sus lesiones a la combustión espontánea es tan ridículo como achacar las heridas de arma blanca de alguien a poltergeists que le han lanzado cuchillos o creer en la autoestopista fantasma.

La combustión espontánea humana parte de la idea de que somos una antorcha en potencia que, bajo determinadas circunstancias, empieza a arder inexplicablemente. Aunque hay casos anteriores, debe su popularidad a Bleak house (Casa desolada. 1952-1853), novela de Charles Dickens en la que un personaje muere por “combustión espontánea”. Científicos de la época criticaron en su momento a Dickens por dar pábulo a una imposibilidad científica, una superstición, pero el autor citó en su defensa varios  casos similares ocurridos en la vida real y respaldados por médicos.

Siglo y medio después, el investigador Joe Nickell, miembro del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), y el analista forense John F. Fisher examinaron los treinta mejores casos de combustión espontánea acaecidos desde mediados del siglo XVIII. Tras dos años de pesquisas, no encontraron “ninguna prueba que respalde la realidad del fenómeno” y sí “explicaciones plausibles naturalistas” para aquellos sucesos bien documentados. Los resultados de su trabajo pueden leerse en su libro Secrets of the supernatural. Investigating the world’s occult mysteries (Los secretos de lo sobrenatural. Investigando los misterios ocultos del mundo. 1988), que incluye un apéndice donde dan todos los datos de los treinta casos.

Nickell y Fisher descubrieron que los sucesos más populares en la literatura paranormal se debían a razones mundanas como que la víctima había bebido demasiado, se había acercado imprudentemente a un fuego y sus ropas habían prendido o que había tomado somníferos y se había quedado dormida en un sofá mientras fumaba. “Detectamos que había una cierta correlación entre la embriaguez y los casos de combustión espontánea humana”. Esa correlación, recuerdan, ya la habían detectado en su tiempo algunos teóricos, que erróneamente la habían atribuido a que los tejidos impregnados en alcohol podrían entrar en llamas con facilidad. La ciencia refutó ese supuesto. ”Nosotros determinamos, en cambio, que la correlación se debería a que las personas ebrias son más descuidadas con el fuego y menos capaces de responder adecuadamente a un accidente”.

Como ha dicho Jagan Mohan, especialista en quemaduras del Hospital Universitario Kilpauk, ”la combustión espontánea humana es una teoría falsa. Que un bebé entre en llamas espontáneamente no es posible”. Lo del pequeño Rahul son malos tratos por acción u omisión. ¿Los medios que se han hecho eco de esta estúpida explicación hubieran actuado igual de haber ocurrido los hechos en Madrid, Barcelona, Valencia o Bilbao? Creo que no.

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