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‘Electrosensibles’: el periodismo gilipollas e irresponsable une a TVE y ‘Rebelión’

2013 enero 18

Medios tan distantes, ideológicamente hablando, como TVE y Rebelión han coincidido recientemente en alertar a su público del peligro de la denominada contaminación electromagnética. La cadena pública con una información, emitida el sábado, protagonizada por Minerva Palomar, la mujer a quien en 2011 el Juzgado de lo Social número 24 de Madrid concedió la incapacidad permanente y absoluta por sufrir el síndrome de fatiga crónica y de hipersensibilidad electromagnética y ambiental. La web de izquierdas, con una entrevista a Ángel Martín, cuya madre se suicidó en su casa de Pinto (Madrid) el 28 de noviembre pasado porque no podía aguantar más el sufrimiento que, según ella, le causaban las ondas de radiofrecuencia. Ambos casos son desgraciados; ambos casos no tienen nada que ver con las ondas de radiofrecuencia, sino con la creencia de que éstas son el mal.

La hipersensibilidad electromagnética es una supuesta enfermedad que hace que algunas personas padezcan una gran variedad de síntomas -dolores de cabeza, mareos,  insomnio, erupciones…- debidos, según ellas, a la exposición a las ondas de telefonía y de instalaciones inalámbricas, líneas de alta tensión… Sin embargo, los autores de un metaanálisis titulado “Electromagnetic hypersensitivity: a systematic review of provocation studies” (Hipersensibilidad electromagnética: una revisión sistemática de los estudios de provocación), publicado en 2005 en Psychosomatic Medicine, revista de la Sociedad Americana de Medicina Psicosomática, concluyeron, tras examinar 31 estudios hechos a 725 afectados de hipersensibilidad electromagnética, que la presunta enfermedad “no está relacionada con la presencia de campos electromagnéticos”, aunque quienes dicen padecerla sufran efectos muy reales cuyas causas tendrían un origen psicosomático. Y desde entonces no ha habido ningún estudio que apunte en otro sentido.

Los autores de la pieza de La 1 y la entrevista de Rebelión desprecian toda la evidencia científica para ponerse del lado de los supuestos afectados. Así, la reportera de TVE no duda en afirmar, por ejemplo, que “desde la plataforma de afectados calculan que pueden ser 300.000 en diferentes grados” quienes padecen en nuestro país hipersensibilidad electromagnética. Esa cantidad de electrosensibles es, por supuesto, un invento de quienes hacen negocio del pánico a las ondas mediante la venta de pócimas, protectores mágicos y todo tipo de artilugios, y ofreciendo asesoría legal y medioambiental a incautos. “Hay estudios que avalan los efectos nocivos de las ondas; pero otros dicen que no se puede probar”, asegura la periodista de TVE. ¡Mentira! Por mucho que luego salga un médico corroborándolo -el mismo facultativo que siempre aparece en estos reportajes-, no existe ni un estudio científico que apoye las afirmaciones de los afectados, de él y de otros expertos, en su mayoría zahorís que ahora se hacen llamar geobiólogos porque suena más respetable.

No hay pruebas

Reportaje sobre afectadas de 'hipersensibilidad electromagnética' publicado por 'El Mundo'.“Los resultados de estas investigaciones epidemiológicas (se refieren a las de los últimos veinte años) son muy consistentes y tranquilizadores, y han llevado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y al Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos a decir que no hay evidencia concluyente o consistente de que la radiación no ionizante emitida por los teléfonos celulares esté asociada con un mayor riesgo de cáncer”, sentenciaban en julio de 2011 John D. Boice y Robert E. Tarone, del Instituto Internacional de Epidemiología de Estados Unidos, en un editorial en el Journal of the National Cancer Institute, la revista de investigación contra el cáncer más importante del mundo. La publicación daba a conocer en ese número los resultados del primer estudio epidemiológico sobre móviles y cáncer cerebral en niños, según los cuales los pequeños que usan el celular habitualmente no corren un mayor riesgo de sufrir un tumor que los que no lo hacen. Y Boice y Tarone añadían, sobre la decisión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de incluir los teléfonos móviles entre los posibles agentes cancerígenos, que se basaba en pruebas limitadas e inadecuadas. Recordaban, además, que varios miembros del grupo de trabajo consideraban la evidencia insuficiente para incluir la radiación de los móviles en el grupo de carcinogenicidad 2B, el mismo del café, y concluían que, “visto en este contexto, «posiblemente cancerígenos» no es una señal para abandonar los teléfonos móviles y volver a los fijos. Más bien, es una señal de que hay muy poca evidencia científica en cuanto a la carcinogenicidad del uso del celular”.

Minerva Palomar tiene, evidentemente, un problema muy serio, pero su causa no son las ondas de radiofrecuencia, sino su creencia en que estas son nocivas. Y lo mismo le ocurría a Ángela Jaén, la madre del entrevistado en Rebelión. Entiendo el dolor de este hombre; pero no hay ninguna prueba de lo que dice, barbaridades como que, además del “sangrado de nariz, dolores de cabeza, dificultades para conciliar el sueño o nerviosismo e irritabilidad”, la exposición a las ondas puede provocar “quemazones en garganta, oído y piel; leucemia y otro tipo de cáncer (esto se ve muy claro en los colegios ubicados cerca de antenas de telefonía móvil), así como tumores cerebrales”. Quienes se consideran electrosensibles creen sinceramente que las ondas son la fuente de sus padecimientos y, cuando los médicos y científicos les dicen que no es así, que el origen del mal está en su mente, no lo admiten y acaban cayendo en las garras de quienes han convertido una enfermedad imaginaria en un negocio y urdido una red de fundaciones y asociaciones para rentabilizar este miedo.

Era obligación de los periodistas de TVE y Rebelión informarse debidamente antes de entrevistar a sus protagonistas. No hay que ser ningún lumbreras para dar con expertos de verdad y acceder a toda la información aquí reseñada. Está todo a un clic. Obviamente, no pasará nada por dar pábulo a la mentira de las mujeres burka españolas. Si se tratara de un error en una información de fútbol o de cotilleos, otro gallo cantaría. A fin de cuentas, sólo están alimentando la tecnofobia y la anticiencia, porque la hipersensibilidad electromagnética es tan real como la licantropía y las posesiones demoniacas.

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