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Estamos rodeados de víctimas del ‘affaire Deusto’

2012 noviembre 30
por Luis Alfonso Gámez

Todos conocemos a víctimas del envío masivo a traves del WhatsApp de fotos íntimas de estudiantes de la Universidad de Deusto. Con nombre y apellidos. Algunas hasta han dado la cara en los medios de comunicación. Porque las víctimas del último escándalo de las redes sociales son todos aquéllos que se han tragado el bulo. La difusión de fotos comprometedoras de alumnas de Deusto lo tiene todo para convertirse en una exitosa leyenda urbana: saca a la luz una actitud socialmente reprobable –fotografiarse desnuda para la pareja– y castiga públicamente a quien ha incurrido en ella. Añadan el plus tecnológico –para muchos, Internet y las redes sociales son la fuente de todo mal– y el morbo de que las pecadoras estudian en una universidad católica. El cóctel es perfecto.

Como muchos, la primera pregunta que me hice nada más saltar el rumor es dónde estaban las universitarias a quienes se habían robado esas fotos. Todavía no conozco a ninguna. Lo más cerca que he estado de hacerlo es cuando he oído algo parecido a que alguien tiene un primo con un amigo que tiene un hijo que conoce a una de esas jóvenes. En las mismas parecen estar tanto la Policía como los alumnos de Deusto que han participado en concentraciones en apoyo de las víctimas del supuesto affaire. Cuando ayer me enteré de esas movilizaciones a través de una demoniaca red social y de un solidario profesor de esa universidad, estuve a punto de preguntarle: ¿en apoyo de qué víctimas se han manifestado?, ¿conoce alguien a alguna?

El affaire Deusto es la enésima demostración de lo proclives que somos a dar crédito a rumores. No es algo nuevo. Los más viejos del lugar nos acordamos de la carta-cadena con una peseta pegada que iba a traernos la fortuna si la mandábamos a diez amigos con una rubia incluida y todo tipo de desgracias si nos limitábamos a quedarnos con la pela.  Un equivalente tecnológico a la carta de la peseta ha sido, esta misma semana, un mensaje por WhatsApp alertando de que ese servicio pasaría a ser de pago para todos aquellos que no enviaran a veinte personas ese mismo mensaje. Si antes había que comprar sellos, sobres y bajar al buzón para cumplir con la carta-cadena, ahora basta con pulsar un botón y el rumor llega de golpe a decenas o centenares de personas a través de un servicio de mensajería o del correo electrónico.

Crédulos de la era digital

La mayoría de la gente sigue siendo igual de crédula que en los tiempos de la carta-cadena, una misiva que recibíamos porque alguien había picado el anzuelo, no lo olvidemos. Así, hay quien cree todavía que ligar con una desconocida en una fiesta puede hacer que horas después nos despertemos con una cicatriz y sin un riñón, literalmente, o que recurrir a los servicios de una prostituta puede traducirse en que la próxima vez que nos miremos al espejo nos encontremos en él con un: “¡Bienvenido al club del sida!”. Cualquiera puede bajar de Internet una imagen de una mujer desnuda en actitud provocativa, pegarla en un mensaje diciendo que es María, estudiante de la universidad que sea, y enviarla con un clic a sus contactos. Algunos picarán y harán lo propio, y la bola crecerá tanto que los medios acabarán haciéndose eco del escándalo, los responsables académicos y políticos se manifestarán al respecto, habrá concentraciones de estudiantes solidarios con las víctimas… Poco importará que María no sea la de la foto y que ésta corresponda a una atriz porno, por ejemplo.

En 1999, una asociación española de telespectadores anunció que iba a denunciar a Antena 3 por la emisión de una escabrosa escena protagonizada por una menor en Sorpresa, sorpresa, un programa presentado por Isabel Gemio. Los padres de una niña de 13 años que idolatraba a Ricky Martin se habían puesto en contacto con la cadena para dar una sorpresa a su hija en su cumpleaños, y Antena 3 había conseguido que el cantante se prestara al juego. Ese día, Martin se escondió en el armario del cuarto de la niña. La pequeña entró en la habitación, se desnudo y, ante el cantante metido en el armario y media España a través de las cámaras, se untó los genitales con mermelada, llamó a su perrito para que la lamiera… y se cortó la emisión. Al día siguiente, mucha gente aseguraba haber presenciado la escena a pesar de ser todo un bulo. Los orígenes de esta leyenda urbana se remontan a los años 80 y, desde entonces, se ha registrado en diversos países con variantes.

El problema no es que haya jóvenes que se hagan fotos desnudas, ni la inseguridad de las Wi-Fi abiertas, ni que en las redes sociales los rumores se extiendan con una rapidez increíble, ni… El problema es la credulidad. De ahí que vivamos rodeados de víctimas del affaire Deusto.

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