Prensa y revistas científicas crearon el mito de que el humo del tabaco es 23 veces más tóxico en el coche
Cuando en 2008 hacía un estudio sobre una campaña lanzada en Australia para legislar contra fumar en los coches, Freeman se encontró con que muchos medios de comunicación argumentaban que el humo de segunda mano “es 23 veces más tóxico en un vehículo que en casa”, por lo reducido del espacio. Los autores se pusieron entonces a buscar la fuente del dato y descubrieron que era una nota de prensa emitida en noviembre de 1997 por una organización antitabaco de Colorado que, a su vez, citaba como origen de la cifra un estudio científico de 1992 que, en realidad, no incluye el dato de que el humo de cigarrillos sea dentro de un coche “23 veces más tóxico”. El dato de la nota de prensa impactó a la senadora Dorothy Rupert, que se basó en él en enero de 1998 para apoyar una posible prohibición en Colorado de fumar en coches con niños. “Ella se enteró que fumar es 23 veces más tóxico dentro de un vehículo que en una casa y 8,5 veces más tóxico que en un avión, por la reducción de espacio”, escribió un periodista el 10 de enero The Rocky Mountain News, un diario de Denver.
Poco después, un editorial de la revista Tobacco Control citaba la anécdota y, como fuente, al periódico de Denver: “Después de enterarse de que fumar en un vehículo es de 23 veces más tóxico que en una casa y 8,5 veces más tóxico que en una aeronave debido al menor espacio, la senadora de Colorado Dorothy Rupert (demócrata de Boulder) presentó un proyecto de ley para imponer una multa de 56 dólares a los adultos que fumen en vehículos donde viajen menores de 16 años”. A partir de ahí, la mentira siguió repitiéndose hasta convertirse en una verdad asumida por muchas revistas y organizaciones científicas. En 2003, la recogió la revista Nicotine and Tobacco Research; en 2004 se dio por verdad en un informe de la Asociación Médica de Ontario; en 2005 la usó el ministro de Sanidad de la Columbia Británica y se hicieron eco de ella numerosos medios; y desde entonces la han repetido organizaciones antitabaco, medios de Europa y Estados Unidos, entidades como la Asociación Médica Australiana y la Fundación Europea del Pulmón, y revistas como el European Respiratory Journal (2009).
Los autores llaman la atención sobre el hecho de que el uso de ese falso dato puede ser empleado como munición por quienes se oponen al control del tabaco y piden que se deje de utilizar como argumento de los riesgos para los fumadores pasivos. Añaden, además, que hay suficientes pruebas de que fumar en el coche conlleva, aun con las ventanillas abiertas, un aumento de las partículas en suspensión por encima de las concentraciones máximas recomendadas por la Agencia para la Protección del Medio Ambiente (EPA) de EE UU y, por tanto, es un entorno perjudicial para la salud.











