No hay que temer el calentamiento global porque Dios prometió a Noé que no iba a haber más inundaciones
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“Nunca más volveré a maldecir el suelo por causa del hombre, porque las trazas del corazón humano son malas desde su niñez, ni volveré a herir a todo ser viviente como lo he hecho. Mientras dure la tierra, sementera y siega, frío y calor, verano e invierno, día y noche no cesarán”. (Génesis 8: 21-22.)
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Por si no fuera suficiente, también echó mano del versículo 31 del capítulo 24 del Evangelio de Mateo para dejar claro que Dios será el que decida cuándo se vaya todo al garete:
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Él enviará a sus ángeles con sonora trompeta, y reunirán de sus cuatro vientos a sus elegidos, desde un extremo de los cielos hasta el otro. (Mateo 24: 31.)
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Y Shimkus sentenció: “Creo que ésta es la infalible palabra de Dios, y es lo que va pasar con su creación. El final del mundo llegará sólo cuando Dios decida que el tiempo se ha acabado. El hombre no destruirá la Tierra. La Tierra no será destruida por una inundación”. Que tipos como éste puedan influir en la política energética del país más poderoso de la Tierra parece propio de un episodio de Los Simpson o de una mala película de catástrofes de Roland Emmerich. Y nosotros quejándonos aquí del primo de Rajoy…
Por si no me creen, aquí les dejo el vídeo de tan gloriosa intervención, recuperada del olvido por Juan Cole, profesor de Historia de la Universidad de Michigan.











