El Ministerio de Ciencia difunde la idea de que las ondas de telefonía y la Wi-Fi causan enfermedades
Por ir aclarando ideas, no hay ninguna prueba en la literatura científica de la peligrosidad para la salud de los dispositivos inalámbricos a los que alude la información de Atlas, hija putativa de un despacho emitido el viernes por Europa Press que decía prácticamente lo mismo y que reprodujeron varios medios de comunicación. La fuente de la información original era un tal Fernando Pérez, vicepresidente de la FSG, una de esas entidades pseudocientíficas que se disfrazan con una denominación que suena a científica para que los medios piquen. ¡Y vaya que si pican! Miguel Rodríguez Lago desenmascaró el lunes en su blog a la FSG y desmontó afirmaciones de su presidente como que “una lámpara en la mesilla de noche, aunque esté apagada, puede provocar que el cuerpo humano emita señales de hasta 30 voltios mientras duerme, cuando lo normal no sería llegar ni a un voltio”. No, si al final vamos a vivir en Mátrix.
Pérez, se presenta como geobiólogo -zahorí, en lenguaje llano- y “especialista en contaminación por campos electromagnéticos”, y dirige una empresa, Geosanix, dedicada a detectar riesgos geoambientales y ponerles solución, supongo que a un módico precio. Las afirmaciones de la FSG tienen la misma base científica que las de Geosanix: ninguna. A pesar de eso, Pérez presentó el viernes su fundación nada menos que en CosmoCaixa Madrid, el museo de la ciencia de Alcobendas. Y, por si eso fuera poco, un día después el Ministerio de Ciencia e Innovación daba crédito a sus disparates pseudocientíficos.
Me parece increíble que la Fecyt se haga eco de información anticientífica como la propagada por Pérez, sus empresas y fundaciones. Según su web, el SINC es “una agencia de noticias especializada y rigurosa que apuesta por la actualidad científica de interés social”, las informaciones que difunde “reflejan los trabajos que la comunidad científica española produce en instituciones públicas y privadas tanto nacionales como internacionales”, y su principal objetivo es “aumentar la presencia de informaciones científicas de calidad en los medios de comunicación, como vehículos para acercar la ciencia a la ciudadanía”. La noticia objeto de estas líneas demuestra, sin embargo, que no es así, que el SINC carece de unos mínimos controles de calidad y que eso pueden aprovecharlo los promotores del pensamiento mágico para que sus disparates reciban el aval indirecto del Ministerio de Ciencia e Innovación.











