La exopolítica, el Proyecto Libro Azul y los marcianos: algunos periodistas se lo tragan todo
Va un tipo, dice que ha visto hadas y algunos periodistas se tragan el cuento y presentan el testimonio como una prueba de la existencia de esos seres. Básicamente, es lo que ha ocurrido a raíz de un encuentro de la ufología más chiflada celebrado en el Club Nacional de Prensa de Washington entre el 29 de abril y el 3 de mayo. Así, en los últimos días nos hemos enterado de que un exmilitar que participó en uno de los programas secretos de investigación ovni de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos se encontró, cara a cara, con visitantes de otros mundos. “Eran de unos 60 a 90 centímetros de altura, de color gris claro, muy delgados, con brazos largos, con dos o tres dedos. La parte superior de la cabeza era mucho más amplia que la línea de la mandíbula, los ojos eran muy inclinados y no se podían ver pupilas en ellos”, ha explicado el teniente coronel retirado Richard French, presentado en algunos medios como “uno de los investigadores principales del llamado Proyecto Libro Azul“. Igual usted también lo ha leído por ahí. ¿Sabe qué hay de cierto en toda esta historia? Nada. Pero retrocedamos trece años.
El Club Nacional de Prensa de Washington acogió el 9 de mayo de 2001 un montaje digno de Expediente X. Un grupo de ufólogos, denominado Proyecto Revelación, convocó a los medios de comunicación para hacerles “importantes revelaciones sobre la realidad del fenómeno ovni”. En el estrado, un veintena de exfuncionarios del Gobierno estadounidense, algunos de ellos militares; en el patio de butacas, representantes de los principales periódicos y de una docena de cadenas de televisión, a la espera de pruebas. “Es el fin de la infancia de la especie humana. Ha llegado la hora de que nos convirtamos en adultos maduros entre las civilizaciones cósmicas que están ahí fuera”, anunció Steven Greer, exmédico de urgencias y director del grupo. Sus acompañantes contaron entonces las típicas visiones de platillos volantes habituales desde 1947. Eludieron cualquier referencia a secuestros o a encuentros sexuales con los visitantes; pero la conspiración estaba allí. De hecho, sólo se echó en falta a El Fumador, el oscuro personaje que hacía la vida imposible en la televisión a Mulder y Scully.
Greer, como muchos de sus colegas, creía que los testimonios expuestos -no se presentó otra cosa- “demuestran, de una vez por todas, que no estamos solos”. Ni siquiera en la Tierra. “Por lo menos desde los años 40, y quizá desde los 30, ha habido vehículos espaciales de origen extraterrestre que fueron derribados, ocupados y estudiados”, dijo el entonces director del Proyecto revelación. Uno de sus compañeros fue más allá. Clifford Stone, sargento retirado, dijo que hay catalogados nada menos que 57 tipos de alienígenas y aseguró haber visto a los malheridos tripulantes de esas naves, que tienen debilidad por accidentarse en EE UU, cuyo Gobierno oculta la verdad al mundo. Uno de esos aparatos sería el que se estrelló en Roswell, Nuevo México, en 1947. Greer indicó que, del estudio de éste y otros platillos siniestrados, EE UU y Reino Unido han obtenido grandes frutos. Nada nuevo. A mediados de los años 90, el ufólogo español -ahora, novelista- Javier Sierra ya aseguraba que el transistor se desarrolló a partir de la tecnología del ovni de Roswell.
Una “feliz banda de lunáticos”
La rueda de prensa de mayo de 2001 en Washington “demostró, sin sombra de duda, que realmente hay gente que cree en los ovnis”, apuntaba al día siguiente irónicamente Joel Achenbach, que cubrió el acto para The Washington Post. La representación de hace tres semanas en el Club de la Prensa de Washington imitó el formato de las comparecencias ante una comisión del Congreso y contó con su propio plantel de congresistas, lo que no significa que merezca mayor crédito que una rueda de prensa. De hecho, Parapolitical tituló la crónica previa: “Ufo carnival returns to National Press Club” (El carnaval ovni vuelve al Club Nacional de Prensa). Y añadía que más importante que el tema del encuentro era “el hecho de que se trata de la primera reunión de los congresistas estadounidenses más chiflados que han existido. Según el Grupo Investigación Paradigma, que forma parte de la red mundial de exopolítica, realizarán una simulación de audiencia para “lograr lo que el Congreso de EE UU no ha hecho durante 45 años”, obligar a la Casa Blanca a que admita de una vez que nos visitan extraterrestres.
¿Cómo puede un medio llamar chiflados a ilustres congresistas? Porque en todas partes cuecen habas, no sólo en España, donde tenemos exministras de Sanidad y expresidentes autonómicos que han usado la pulsera Power Balance y la actual ministra de Trabajo, Fátima Báñez, se encomienda a la Virgen del Rocío para “salir de la crisis y volver al crecimiento”. Segun Parapolitical, los seis excongresistas de ese comité ovni forman una “feliz banda de lunáticos”. Uno de ellos, el republicano Roscoe Bartlett, cree que el fallecido Sun Myong Moon, líder de la secta Moon, era El Mesías; y otro, el demócrata Mikel Gravel, está en bancarrota y se busca la vida como puede, incluyendo encuentros de negadores del Holocausto y partidarios de que el 11-S fue un autoataque. Si los que escuchaban -cobró cada excongresista 20.000 dólares limpios- no parecen muy cuerdos, los que testificaban forman parte de la ufología más disparatadas. Individuos con historial académico inventados, ufólogos como Nick Pope y Stanton Friedman, el omnipresente Greer -impulsor del fraude del extraterrestre de Atacama- y exmilitares como Billie F. Woodard, quien lleva en la frente un cristal que dice que procede de Lemuria y funciona como una especie de tercer ojo.
Es en ese entorno en el que se dan las declaraciones del teniente coronel Richard French a Lee Speigel, colaborador de The Huffington Post. El exmilitar asegura que a principios de los años 50 era investigador del Proyecto Libro Azul, el más famoso de los programas secretos de investigación ovni de las Fuerzas Aérea. “Su trabajo consistía en desmentir falsos avistamientos de ovnis”, explica Speigel. Un día, viajó hasta Terranova porque les habían informado de la presencia de dos platillos sumergidos a poca profundidad cerca de la costa de San Juan. Una vez en el lugar, vio las naves – de unos 6 metros de diámetro- y a dos enanos cabezones flotando cerca de ellas, según él, haciendo reparaciones. Minutos después, los platillos salieron disparados hacia el cielo. Esto es lo que nos han contado en algunos medios.
Un fraude llamado Richard French
Lo que no nos han dicho ninguno, y recuerda el escéptico Robert Sheaffer, es que Lee Speigel es un veterano periodista esotérico que, a finales de los años 70, ayudó a Eric Gairy, primer ministro de la isla de Grenada, a proponer ante la Asamblea General de la ONU la creación de una agencia multinacional que estudiara el fenómeno ovni. La iniciativa, de la que alardea en su perfil de The Huffington Post y en la que participaron los ufólogos Joseph Allen Hynek y Jacques Vallée, fracasó. Pero fue sólo una muesca en la larga carrera esotérica de Speigel, quien entre 1978 y 1986 presentó más de 1.500 programas dedicados a los ovnis en la NBC Radio. Así que la fuente periodística de la historia del exinvestigador del Proyecto Libro Azul es tan fiable como un Juan José Benítez, Iker Jiménez o Bruno Cardeñosa cualquiera. Pero eso no es todo.
Sheaffer también recuerda que el famoso autor paranormal John A. Keel cita a French en las primeras su clásico The mothman prophecies (Las profecías del hombre polilla, 1975), y no precisamente para bien. “Richard French era un impostor, uno más de los muchos que recorrieron estados Unidos en 1967″, dice después de explicar que se hacía pasar por investigador de las Fuerzas Aéreas, pero iba de paisanos, en un coche normal y corriente, y sin ninguna credencial que acreditara que fuera militar. Cierto es que Keel deja caer que podía tratarse de un hombre de negro, pero eso forma parte del juego que siempre se trajo este escritor. La realidad -y puede comprobarla cualquiera- es que, si se busca Richard French en los archivos del Proyecto Libro Azul, no existe ninguna referencia al personaje, mientras que hay 248 a Hynek y 19 a Vallée, por citar a dos ufólogos famosos.
Esto es lo que pasa cuando se araña la superficie de la historia del teniente coronel Richard French y sus marcianos cabezones. Ah, y no le den importancia a una bobada porque se diga en el Club Nacional de Prensa de Washington, porque esa entidad alquila sus instalaciones.
‘Encuentros en la tercera fase’ y el mito de los platillos volantes: el vídeo de la charla
Los estudiantes de medicina de la Universidad de Zaragoza, contra las mal llamadas terapias alternativas
La Delegación de Alumnos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza (DAFMUZ), donde la multinacional Laboratorios Boiron patrocina una cátedra de homeopatía, ha decidido oponerse “firmemente al uso de prácticas diagnósticas y terapéuticas sin eficacia demostrada en pacientes y a la promoción de las mismas entre el alumnado y los profesionales sanitarios, ya sea por parte de la Universidad de Zaragoza o de otras entidades. La DAFMUZ trabajará activamente para que estos procedimientos no sean presentados acríticamente a pacientes, estudiantes o profesionales sanitarios, oponiéndose públicamente a estas malas prácticas y transmitiendo información científica cuando sea necesario”, dice un comunicado hecho público hoy.
La declaración, que apoya el 73% de los estudiantes que se han pronunciado, parte del presupuesto de que los médicos sólo deben aplicar tratamientos “eficaces y objetivos según el método científico. El derecho del paciente a la protección de su salud se encuentra por encima de todo, no pudiendo de ninguna manera ponerse en peligro por utilizar terapias o tratamientos no basados en la experimentación empírica y medida, y que no están sujetas a los principios específicos de las pruebas de razonamiento”. Los autores recuerdan que el Código de Deontología Médica actual (2011) establece que “no son éticas las prácticas inspiradas en el charlatanismo, las carentes de base científica y que prometen a los enfermos la curación, los procedimientos ilusorios o insuficientemente probados que se proponen como eficaces“. Y, seguidamente, destacan el caso de la homeopatía.
“Hasta el momento no se ha propuesto ningún posible mecanismo de acción farmacológico [de la homeopatía] compatible con los actuales conocimientos en química o física. La premisa de que todos los remedios homeopáticos, pese a incluir cientos de sustancias diferentes, actúan de forma similar en el organismo no ha sido demostrada ni parece acorde a los conocimientos científicos actuales. Existe un amplio consenso entre la comunidad científica en cuanto a que la homeopatía no ha demostrado suficientemente una eficacia superior a la del placebo. Esta postura científica se ha reafirmado tras la aplicación de metaanálisis y revisiones sistemáticas en los últimos años”, sentencian. Yo les recuerdo a ustedes que la homeopatía es un timo que consiste en la venta de pastillas de azúcar y de agua como si fuera medicina.
Mi más sincera felicitación a la DAFMUZ por su valentía a la hora de encarar el gravísimo problema de las pseudomedicinas, cuyo auge pone en peligro la salud de muchísimos españoles. La lucha contra la charlatanería y el curanderismo precisa de la implicación de los médicos y del resto de los profesionales de la salud. Como dejan claro los estudiantes de medicina de la Universidad de Zaragoza, todo facultativo que emplea prácticas de efectividad no probada está incumpliendo el código deontológico de la profesión y debería ser objeto de sanción por su respectivo colegio.
La DAFMUZ organizó el 11 de abril la jornada Desmontando mitos: homeopatía, cuyo objetivo era “promover una visión crítica de las terapéuticas de dudosa eficacia, centrándose en la homeopatía, explicando qué es y proyectando un documental sobre ella”. El audiovisual elegido fue el episodio de Escépticos titulado “¿Homeopatía?”, lo que para mí, y supongo que para todos los que participaron en esa serie de ETB 2, es motivo de orgullo.
John Nevil Maskelyne, el mago de la era victoriana que desenmascaraba médiums
El primer mago que se dedicó a desenmascarar médiums fue John Nevil Maskelyne (1839-1917). “Si nos preguntaran «¿Qué ha probado la investigación respecto al espiritismo?», honestamente sólo podríamos responder: «Que es un fraude, una falsedad, una locura y nada más»”, sentenciaba en su libro The supernatural? (¿Lo sobrenatural?, 1892), firmado conjuntamente con el psiquiatra Lionel A. Weatherly. “No existe, ni nunca ha existido, un médium de ninguna clase que no haya usado trucos o engaños”, concluía después de décadas de investigación el que, con el tiempo, sería el patriarca de una famosa estirpe de ilusionistas.
Nacido en Cheltenham (Reino Unido) en 1839, John Nevil Maskelyne tenía 9 años cuando, en Estados Unidos, Kate y Maggie Fox empezaron a simular que contactaban con los espíritus. Las niñas atribuían a mensajes del Más Allá los chasquidos que hacían, en realidad, con los dedos de los pies. Cuarenta años después de su debut como médium, Maggie confesaba el fraude el 21 de octubre de 1888 en la Academia de Música de Nueva York, donde denunció el espiritismo como “la más enfermiza de las supersticiones y la blasfemia más malvada que ha conocido el mundo”. Ya era tarde para frenar el avance del nuevo credo: llenaba los bolsillos de decenas de miles de pícaros.
La conjura de los magos
Maskelyne se topó con el espiritismo cuando, ya en la veintena, trabajaba como aprendiz en un taller de relojería de Cheltenham donde cultivaba otra de sus grandes pasiones, la de los ingenios mecánicos. Fabricante de varios autómatas, fue un importante inventor en la Inglaterra victoriana. A él se debe, por ejemplo, la cerradura de los baños públicos de Londres que sólo se abría si se metía un penique por una ranura.
Jasper Maskelyne, su nieto y también ilusionista, cuenta en White magic: the story of Maskelynes (Magia blanca: la historia de los Maskelyne, 1936) que un día entró en el taller un hombre con pelo largo y barba que llevaba a reparar un raro aparato. “Le explicó con cierto detalle [a Maskelyne] que se había roto un muelle y que quería que lo cambiara, pero desvió hábilmente cualquier pregunta sobre su finalidad”. Cuando regresó a por la máquina, el misterioso individuo trató de comprar el silencio del muchacho con medio soberano de oro, pero el joven, que creía tener delante a un ladrón de casas, “rechazó amablemente el soborno”.
Maskelyne formaba parte de un grupo de aficionados a la magia. Dos días después de su segundo encuentro con el enigmático personaje, en una de las reuniones, uno de sus amigos informó de que un espiritista estadounidense estaba actuando en Devinzes y hacía que las “manos invisibles” de los muertos respondieran a las preguntas de los vivos mediante golpes en una mesa. La descripción física del médium se correspondía con la del visitante del taller, y el aprendiz de relojero dedujo que el aparato que había arreglado permitía que alguien golpeara a hurtadillas la mesa sin que la audiencia se diera cuenta. Se lo contó a sus amigos y, aquella noche, los jóvenes magos se conjuraron: denunciarían públicamente a todos los médiums que emplearan trucos.
Los hermanos Davenport
Como Devinzes estaba lejos para ellos, decidieron esperar a que algún espiritista recalara por Cheltenham. Entretanto, Maskelyne empezó a ofrecer espectáculos de magia con su amigo George Albert Cooke, quien sería su socio hasta su muerte en 1905. A principios de 1865, corrió el rumor de que iban a visitar la ciudad dos médiums estadounidenses, los hermanos Ira y Henry Davenport. Los lugareños pidieron entonces a los jóvenes magos que, para preservar el buen nombre de Cheltenham, se unieran al comité que iba a controlar que los espiritistas realmente hicieran lo que decían hacer y no recurrieran a trucos. Maskelyne y sus amigos aceptaron el reto.
Los Davenport actuaron en Cheltenham el 7 de marzo de 1865. “Era una demostración rutinaria de los hermanos dentro de su gira provincial. Sin embargo, tuvo una influencia indirecta en la escena mágica de la Inglaterra victoriana mayor que ninguna otra actuación de ese siglo”, sentencia Geoffrey Lamb en Victorian magic (Magia victoriana, 1976). En su espectáculo, los médiums se metían en un armario de tres puertas, sentados frente a frente, y atados entre sí y de pies y manos con una cuerda. Uno de ellos estaba tras la puerta izquierda; el otro, tras la derecha; y, detrás de la central, había una guitarra, una trompeta, un violín, una pandereta y dos campanas. Cuando se cerraban las puertas y las luces se apagaban, empezaban a sonar los instrumentos y, cuando la luz volvía y se abría el armario, los Davenport seguían atados.
Maskelyne acudió a la actuación de los médiums “con la mente abierta; estaba dispuesto a admitir que la comunicación con los muertos era real. Pero no estaba dispuesto a dejar pasar ningún truco que pudiera descubrir, porque el espiritismo estaba atrayendo a muchísima gente infeliz que había perdido a sus seres queridos y estaba predispuesta a la credulidad cuando los Davenport y su amigo expresbiteriano [J.B. Ferguson, el cómplice de los médiums] les ofrecían elocuencia y el sonido de campanas a cambio de una cara entrada”, explica Jasper Maskelyne.
Una “pequeña sorpresa”
La representación comenzó como era habitual. Ferguson explicó a la audiencia que los espíritus temen la luz y sólo pueden comunicarse en la oscuridad. Después, los Davenport fueron atados entre sí, de pies y manos, y a la bancada; y los nudos examinados por el comité de ciudadanos, que también inspeccionó el armario. Se apagaron las luces y se corrieron las cortinas para evitar que un rayo de luz incomodara a los espíritus que harían sonar los instrumentos y, como había ocurrido en otras ocasiones, en un momento determinado lanzarían algún instrumento fuera del armario por la puerta central. Pero Maskelyne, quien estaba cerca del escenario, tenía un plan.
“Esperaba una pequeña sorpresa que había planeado con la ayuda de otro miembro de nuestro club de magia. Cuando creí que la puerta central se iba a abrir, golpeé el suelo con un pie. A mi señal, un amigo hizo que la cortina que cegaba una de las ventanas se corriera un poco, dejando entrar un lanzazo del sol de la tarde justo cuando la puerta central se abría y los instrumentos empezaban a volar hacia afuera. En la luz, vi claramente a Ira Davenport lanzar los instrumentos fuera del armario”, recordaría después el mago. Maskelyne pidió inmediatamente que se encendieran las luces, Ferguson intentó convencerle de que arreglaran las cosas en privado. No lo consiguió. Se hizo la luz, y los Davenport estaban sentados en el armario atados de pies y manos, pero el joven mago se levantó y dijo a sus paisanos: “Señoras y caballeros, he descubierto cómo hacen el truco”.
Maskelyne explicó a sus conciudadanos que se trataba de una cuestión de destreza y se comprometió a reproducir los efectos de los médiums después del oportuno entrenamiento. Tres meses más tarde, el 19 de junio de 1865, él y Cooke replicaron todos los prodigios de los Davenport y exhibieron algunos más ¡a plena luz del día y sin la ayuda de los espíritus! “Tanto se pareció la representación a la original que los espiritistas no tuvieron otra alternativa que referirse a nosotros como los médiums más poderosos, algo que era para ellos más rentable que negar la ayuda de los espíritus”, recordaba en 1892 el ilusionista. En 1911, Harry Houdini visitó a Ira Davenport en Maysville (Nueva York), y éste le confesó que su espectáculo se basaba en trucos y le explicó cuál era el método que empleaban él y su hermano para liberarse de las ataduras y, después, volvérselas a poner rápidamente. Lo cuenta Houdini en su libro A magician among the spirits (Un mago entre los espíritus, 1924).
Cuestión de dinero y cerebro
En 1883 y 1884, Maskelyne ofreció en el Salón Egipcio de Piccadilly, en Londres, más de 200 representaciones en las que reproducía y explicaba cada truco mediúmnico. Los Davenport fueron sólo los primeros embaucadores que cazó. Hasta su muerte, desenmascaró a innumerables médiums y, además, creó escuela: Houdini y James Randi recogerían su testigo, sucesivamente, en la lucha contra el engaño paranormal.
“He hecho lo mismo que Houdini y Maskelyne. Lo mismo. Hace poco, recibí en California una gran distinción del Castillo Mágico, una muy famosa fraternidad de magos. Me galardonaron por mi trayectoria profesional. Fue en un gran teatro de Los Ángeles lleno de ilusionistas. Al agradecer el premio, aproveché la oportunidad para recordar que la Sociedad de Magos Americanos, de la que fue presidente Harry Houdini, y la Hermandad Internacional de Magos tuvieron en su momento sendos comités dedicados a la lucha contra el ocultismo en los medios”, me contaba hace un año Randi.
De Randi han dicho desde las filas de la credulidad que tiene superpoderes. Nada nuevo. “J.N. [Maskelyne] era constantemente acusado, a menudo por personas que deberían haber tenido más inteligencia, de ser capaz de descubrir los trucos de los médiums y de otros, como demostró en el caso de los Davenport, simplemente porque estaba aliado con el Padre del Engaño”, escribe su nieto en White magic: the story of Maskelynes. El mago de la era victoriana que desenmascaraba médiums resumía el principio básico doctrinal del “gigantesco engaño” del espiritismo en que “aquéllos que tienen mucho dinero y nada de cerebro están hechos para aquéllos que tienen mucho cerebro y nada de dinero”. Una sentencia que podría aplicarse, en general, al gran negocio de la pseudociencia y la superstición.
“Para Todos La 2″ promociona un método para modificar la personalidad a través de la escritura
¿Sabían que es posible cambiar la personalidad mediante la modificación de la escritura? ¿No? Pues es porque no vieron ayer Para Todos La 2, que dedicó 10 minutos a la promoción de un revolucionario sistema “para el desarrollo de la inteligencia emocional y la construcción de una psicología positiva, en aras de alcanzar el bienestar y la vida plena”. Se llama método Kimmon ® (marca registrada) y su inventor es Joaquim Valls, grafólogo, economista y profesor en una escuela de negocios privada, que tiene una sección semanal en el magacín matinal del segundo canal de TVE para promocionar su arte adivinatoria. Porque eso es la grafología, un sistema de adivinación como el tarot, la quiromancia y la astrología.
El método Kimmon consiste, según su inventor, en un “trabajo continuado durante nueve meses de reeducación del inconsciente para poder generar unos frutos que se vean en forma de buenas ideas, buenos sentimientos y buenas emociones”. El sistema se sustenta en cuatro pilares, que Valls denomina “los cuatro fragmentos del mapa del tesoro”: la psicología positiva, la autosugestión, la concentración y la grafotransformación. “Mediante la reeducación escritural de una persona enferma, puede minimizarse o eliminarse la causa de su mal”, sentencian en la web del Instituto Grafológico Kimmon. Valls, que carece de titulación alguna en el campo de la psicología, es el presidente de la entidad, donde se imparte un máster en inteligencia emocional, a 900 euros la matrícula, además de seminarios para tener una mejor vida gracias a un simple cambio caligráfico y para “reeducar tu cerebro para mejorar tu actitud, sugestionarlo para ser más feliz”, a 95 euros cada uno.
El peritaje caligráfico es una técnica; pero la grafología es brujería. No existe nada parecido a “una interpretación científica de la personalidad por la escritura manuscrita”. Nada. La grafología es una práctica pseudocientífica que, como apuntan los psicólogos Scott O. Lilienfield, Steven Jay Lynn, John Ruscio y Barry Beyerstein en su libro 50 grandes mitos de la psicología popular (2010), debe su inmerecida fama a “la confusión de los grafólogos con los examinadores de documentos cuestionados”, es decir, con los peritos calígrafos. Los grafólogos aciertan lo obvio, como recuerda Robert Todd Carroll en The Skeptic’s Dictionary, y pueden deducir -como cualquiera- cosas de lo que hemos escrito -un currículo contiene mucha información-, pero no de cómo lo hemos escrito. Además, si la grafoterapia funcionara, como dice Valls, sería facilísimo rehabilitar a todo tipo de criminales: bastaría con que adoptaran letra de buena persona, sea ésa cual sea.
A través de la escritura a mano, explicó ayer el grafólogo, “podemos ir reeducando los ganglios basales”, que son “donde se ubican los hábitos de las personas”, para “reconstruir nuestro inconsciente para que dé los frutos deseados”. Y añadió que, al modificar el modo de escribir -cosas como las eles y los márgenes-, cambia la personalidad. ¿Pruebas científicas de esas extraordinarias afirmaciones? Ninguna, claro. Además de que el cóctel de psicología positiva, ganglios basales e inconsciente apesta a cháchara pseudocientífica. Aún así, Valls tiene su prueba ante los críticos: “Ya lo han probado más de mil personas y nadie nos ha dicho que no le haya funcionado”. Eso mismo pasaba con la Power Balance, que, como todo el mundo sabe, era un timo. Es lo que tiene el amimefuncionaísmo.
Cada uno es muy libre de creer en lo que quiera y de tirar su dinero en lo que le dé la gana, pero que una televisión pública promocione supercherías como la grafología y la grafoterapia sobrepasa los límites de lo admisible. La grafología es un timo y, por consiguente, la grafoterapia -la idea de que, cambiando la letra, nos podemos curar de lo que sea o modificar la personalidad- es un timo al cuadrado.
La Universidad del País Vasco publicita charlas homeopáticas entre sus profesores y alumnos
La Universidad del País Vasco (UPV) ha colgado un anuncio en su web y ha enviado a profesores y alumnos un mensaje de correo electrónico en los que les invita a asistir a una charla titulada La medicina homeopática: un camino a la salud, que se celebrará el 1 de junio a partir de las 11 horas en el Centro Cívico La Bolsa, en Bilbao. El acto lo organiza la Academia Médico Homeopática Unicista de Bilbao (Amhubi), entidad que considera la homeopatía “un método curativo que proporciona al médico los instrumentos teórico prácticos para el reestablecimiento de la salud en los enfermos” y asegura que “sus éxitos en la práctica clínica muestran de manera incontrovertible su eficiencia y eficacia tanto en casos agudos como crónicos”. La Amhubi se dedica, entre otras cosas, a impartir cursos de medicina homeopática -¡toma oxímoron!- al precio de 2.500 euros la matrícula.
Será en un Universo paralelo porque en éste la homeopatía no ha demostrado en más de dos siglos curar nada. Lo de que ha demostrado de “manera incontrovertible su eficiencia y eficacia tanto en casos agudos como crónicos” es, simplemente, falso. Dirigentes de prestigiosas entidades como la Asociación Médica Británica han dicho que “es brujería”; el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes considera que “no existe ninguna prueba de que funcione más allá del placebo”; su capacidad terapéutica “ha sido científica y concluyentemente refutada”, según Ichiro Kanazawa, presidente del Consejo Científico de Japón (SCJ); y el biólogo español Francisco J. Ayala asegura que “no tiene ningún fundamento científico. Se basa en conceptos completamente erróneos”. Además, por mucho que sus practicantes defiendan que no resulta peligrosa si la practican médicos, la realidad demuestra lo contrario. Así, por ejemplo, hace un año, un hipertenso vizcaíno acabó en Urgencias tras dejar los fármacos para controlar la tensión por consejo de su homeópata, un médico colegiado que le recetó el inútil remedio mágico de turno.
¿A qué viene que la UPV dé cancha a la homeopatía entre su profesorado y alumnado? ¿Qué será lo próximo: anunciar una conferencia de un exorcista o sobre los peligros de la química? Hablamos de tablones de anuncios para la comunidad universitaria y de un mensaje de correo enviado a los apuntados al servicio de noticias de la UPV. La información lleva en ambos casos el sello de la institución académica, lo que puede considerarse un marchamo de cientificidad. De hecho, el mensaje de correo electrónico que han recibido quienes me han avisado incluye, acto seguido, la convocatoria de una conferencia de Mara Dierssen, presidenta de la Sociedad Española de Neurociencias. Es decir, la publicidad de la UPV pone al mismo nivel la charlatanería homeopática que la neurociencia.
Cuando R2D2 sobrevoló la Torre del Diablo y otras curiosidades de ‘Encuentros en la tercera fase’
Encuentros en la tercera fase es la gran película sobre el fenómeno de los platillos volantes. Se estrenó en 1977, cuando la creencia en las visitas extraterrestres era más popular que nunca y la ufología no había caído todavía en la espiral de locura y descrédito a la que la acabarían conduciendo el caso de Roswell, el conspiracionismo más extremo y la moda de las abducciones. Cuando la película de Steven Spielberg llegó a los cines, lo hizo a lo grande y respondió a las expectativas depositadas en el joven genio de Duel (1971) y Tiburón (1975). Han pasado casi cuatro décadas y su retrato del mito ovni sigue vigente.
Encuentros en la tercera fase está llena de ufología y, como buena hija, ha influido en la ufología posterior, en especial, en lo que se refiere al prototipo de extraterrestre. Veamos algunas curiosidades que nos ayudan a entender mejor esta cinta memorable, en la que todo encaja a la perfección. Una película que costó 20 millones de dólares y lleva recaudados 337.
1. Firelight. Spielberg vivió la adolescencia a finales de los años 50 y principios de los 60, en plena fiebre de los platillos volantes en Estados Unidos. Los primeros los había visto Kenneth Arnold, un vendedor de equipos de extinción de incendios, sobre el monte Rainier el 24 de junio de 1947, seis meses después del nacimiento del primogénito de la pianista y restauradora Leah Adler y el ingeniero eléctrico Arnold Spielberg. Entonces, nadie pensaba que vinieran de otros mundos. Quien primero habló de visitantes alienígenas fue el mayor retirado Donald E. Keyhoe en un artículo para la revista True y en su libro The flying saucers are real (Los platillos volantes son reales), publicado en 1950 y en el cual también acusa al Gobierno estadounidense de ocultar la verdad sobre el fenómeno. Esos dos principios básicos de la ufología, el origen extraterrestre y el encubrimiento gubernamental, serán claves en Encuentros en la tercera fase.
Ultimátum a la Tierra, la película de Robert Wise protagonizada por Michael Rennie, llega a los cines en 1951. En ella, un extraterrestre visita la Tierra para, en nombre de la Confederación Galáctica, exigir el fin de las pruebas nucleares, lo mismo que, un año después, transmite en el mundo real un venusiano a George Adamski, vendedor de hamburguesas que se convertirá en el primero de los contactados. Spielberg crece en un país donde hay gente que dice encontrarse cara a cara con alienígenas y se suceden los avistamientos de platillos volantes. Según sus biógrafos, su interés por los ovnis se dispara en 1957 cuando la familia vive en Phoenix (Arizona) y su padre se lo lleva una noche al desierto para ver un cometa. No hubo suerte, pero padre e hijo presenciaron una espectacular lluvia de estrellas fugaces. “Mi primera introducción al mundo que hay más allá de la Tierra…”, dijo años después el cineasta al recordar aquella experiencia.
Spielberg se adentra en el mundo de la ciencia ficción gracias a las revistas y libros de su padre, aficionado al género, y se entusiasma con películas como Ultimátum a la Tierra y Planeta prohibido (1956). Pero el detonante de su primera cinta sobre extraterrestres -que está en el germen de Encuentros en la tercera fase- fue que, durante una excursión de los Boy Scouts que se perdió, sus amigos vieron una luz extraña en el cielo. El adolescente Steven se sintió frustrado y se puso inmeditamente a escribir el guion de Firelight (Luz de fuego), un filme protagonizado por unos alienígenas, los altarianos, que visitan la Tierra para secuestrar humanos para un zoo.
Había ganado varios premios por un filme bélico de 40 minutos titulada Escape to nowhere (Escapar a ninguna parte, 1961) y se asoció con su padre para reunir los 600 dólares que iba a costar la película. Tenía 16 años cuando,en junio de 1963, empezó el rodaje con un reparto compuesto de amigos, familiares y compañeros de clase. “La producción atrajo una gran atención y el Arizona Republic publicó dos artículos y una foto de la película”, indica Ray Morton en Close encounters of the third kind. The making of Steven Spielberg’s classic film (Encuentros en la tercera fase. El rodaje del clásico de Steven Spielberg, 2007). Y añade que el joven director empleó todo tipo de efectos para dar verosimilitud a la historia. La cinta duraba 135 minutos, se estrenó el 24 de marzo de 1964 en el Little Teathre de Phoenix y dio beneficios. “Cobramos la entrada a un dólar. Quinientas personas vinieron a ver la película y creo que alguna probablemente pagó 2 dólares, porque ganamos uno aquella noche”, recuerda Spielberg.
“Firelight presenta los temas de intrusos sobrenaturales, la alienación suburbana y la huida, las familias rotas y los niños secuestrados, la aventura científica y la renovación espiritual que son familiares en la obra madura de Spielberg”, escribe Joseph McBride en Steven Spielberg: A Biography (Steven Spielberg: una biografía, 1999). Curiosamente, el creador del extraterrestre más entrañable de la historia debuta en la ciencia ficción con unos visitantes malvados. No pudo sustraerse del ambiente paranoico en el que se había criado y que caracteriza buena parte de la ciencia ficción cinematográfica estadounidense de los años 50. Por desgracia, de Firelight sólo han llegado fragmentos hasta nuestros días. Cuando empezaba en Hollywood, Spielberg la utilizaba como carta de presentación y, en una ocasión, dejó los rollos a una productora que quebró poco después y desapareció sin habérselos devuelto. En mayo de 1977, Spielberg reveló al ufólogo francés Jacques Vallé el origen de Encuentros en la tercera fase: “Ya hice esta película una vez. Nadie la vio. La hice en 8 milímetros cuando era adolescente”, le dijo en clara referencia a Firelight.
2. El por qué del nombre. Encuentros en la tercera fase es una traducción errónea de Close encounters of the third kind (Encuentros cercanos del tercer tipo). La película es un recorrido por la llamada clasificación de Joseph Allen Hynek (1910-1986), un astrónomo que, durante más de dos décadas, colaboró con la Fuerza Aérea de Estados Unidos en la investigación de casos de ovnis. Hynek se quitó la careta escéptica -en realidad, siempre había sido un creyente- a finales de los años 60 para convertirse en el padre de la denominada ufología científica y, en 1972, publicó The ufo experience (La experiencia ovni). En ese libro, divide los avistamientos de platillos volantes en observaciones lejanas y cercanas, siendo estas últimas las que tienen lugar a menos de 150 metros. Dentro de las primeras, distingue las luces nocturnas, los discos diurnos y los objetos detectados por radar, y entre las segundas están los encuentros cercanos del primer tipo -el objeto no interactúa ni con el testigo ni con el entorno-, los del segundo tipo -deja pruebas en forma de huellas, quemaduras…- y los del tercer tipo -se hacen visibles los tripulantes-, que son los que dan título a la película.
La acción arranca con el descubrimiento en el desierto de Sonora de los aviones del Vuelo 19, cinco torpederos TBM Avenger que, con sus catorce tripulantes, se esfumaron en el Atlántico, frente a Florida, el 5 de diciembre de 1945, cuando participaban en un vuelo de adiestramiento en orientación sin instrumental ni puntos de referencia. Este caso se hizo famoso en los años 70 de la mano de Charles Berlitz, quien lo atribuyó al misterioso triángulo de las Bermudas. La desaparición del Vuelo 19 se debió, en realidad, a una sucesión de errores de los jóvenes pilotos -todos, menos uno, novatos- en un día de “fuertes vientos y con el mar muy alborotado”. Desorientados, los aparatos cayeron al agua cuando se les acabó el combustible, y los aviadores murieron por el choque o ahogados. A fecha de hoy, no se han encontrado los aviones.
En Encuentros en la tercera fase, a los integrantes del Vuelo 19 les secuestraron visitantes de otros mundos, que los devuelven a la Tierra al final de la película. Entre el hallazgo de los aviones y el regreso de sus tripulantes, Spielberg recorre la clasificación de Hynek: vemos luces nocturnas, no discos diurnos -hubiera minado la apoteosis final-, sufrimos el efecto electromagnético cuando el automóvil del protagonista se topa con un ovni en una carretera de noche y asistimos a un espectacular primer contacto.
Entre los asistentes al apoteósico desenlace -que no sería tal sin la música de John Williams-, está Hynek. Protagoniza 8 segundos en los que se abre paso entre el gentío, con su barba de chivo, bata blanca y chupando una pipa. No aparece en los créditos, pero Columbia mencionó su Centro para el Estudio de los Ovnis (CUFOS) en el dossier de prensa y, además, pagó 2.000 suscripciones a su boletín por un total de 20.000 dólares. Pero la editorial de The Ufo experience demandó a la productora por violación de derechos de autor por el título de la película y eso acabó con las buenas relaciones entre Columbia y Hynek, según Jacques Vallée, el estudioso de los platillos volantes con mayor protagonismo en la cinta.
3. Un ufólogo francés en la trastienda. Claude Lacombe, a quien da vida François Truffaut, es el científico que dirige la investigación ovni para el Gobierno estadounidense y está inspirado en un ufólogo de carne y hueso, Jacques Vallée, un francés que se trasladó a vivir a Estados Unidos hace 50 años. Informático y astrofísico de formación, y apasionado por los ovnis, conoció a Hynek en 1962 en la Universidad del Noroeste (Illinois) y, un año más tarde, se convirtió en su secretario. Ambos habían sido rosacruces en su juventud. Vallée acabó siendo la mano derecha de Hynek y es autor de Pasaporte a Magonia (1969), libro en el que propone que “los seres de los ovnis actuales pertenecen al mismo tipo de manifestaciones que se describían en siglos pasados secuestrando humanos y volando a través de los cielos”. Huye de la hipótesis extraterrestre y tiende un puente entre las visiones de la ufología y las de ángeles, demonios, hadas y elfos. Todas son, para él, manifestaciones de un fenómeno originado en una realidad alternativa.
Que Truffaut era el alter ego cinematográfico de Vallée es algo de lo que nos dimos cuenta todos los interesados en el tema ovni que vimos Encuentros en la tercera fase cuando se estrenó. “Por supuesto, [Lacombe] está basado en Jacques [Vallée]. He leído sus libros. Me parecía interesante la idea de un francés investigando sobre ovnis en Estados Unidos”, le contó Spielberg en mayo de 1977 a la periodista Marcia Seligson, cuando preparaba un perfil del cineasta para la revista New West. Durante esa entrevista, Spielberg admitió, además, haber eliminado una escena en la cual Lacombe intenta aprender inglés tumbado en la cama de un hotel escuchando una cinta que ha comprado en Francia y en la que, por eso, la voz grabada habla inglés con acento francés. Algo divertidamente ridículo.
En el segundo volumen de sus memorias, Forbidden science. Journals: volume two 1970-1979 (Ciencia prohibida. Diarios: volumen dos 1970-1979, 2009), Vallée asegura, entre otras cosas, que Spielberg se rompió la cabeza hasta dar con el modo en que los extraterrestres transmitirían a los humanos el lugar elegido para el primer contacto. El cineasta le contó un día que había pasado horas reunido para nada con técnicos del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. “He oído todas las explicaciones de esos tíos de pelo largo con máquinas de millones de dólares y muchas luces parpadeantes, pero no he podido encontrar ningún sentido a su jerga. La escena tiene que ser gráfica, visual”, le decía al ufólogo francés. Según Vallée, él propuso a Spielberg que los alienígenas transmitieran una serie de números, éstos fueran las coordenadas del lugar del aterrizaje de la nave nodriza y el descubrimiento lo hiciera un técnico con un globo terrestre. Al final, será el intérprete de Lacombe, geógrafo de profesión, quien dé con la respuesta en medio del caos.
Hynek y Vallée son las dos grandes figuras ufológicas de los años 70. En noviembre de 1978, el primero habla ante la Asamblea General de la ONU y pide -en un discurso consensuado con Vallée y otro ufólogo frandés, Claude Poher- que se cree una agencia multinacional que estudie el fenómeno. Hynek está convencido de que detrás de los ovnis hay “alguna forma de inteligencia”, pero no tiene claro si se trata de extraterrestre, de “una realidad superior” o de la mente humana. Y aboga por “la creación de un mecanismo dentro de las Naciones Unidas para facilitar el intercambio y la traducción de los informes y estudios realizados en distintos países miembros”. La iniciativa, apadrinada por Eric Gairy, primer ministro de la isla de Grenada, no llegará a buen puerto, aunque dejará para la posteridad las fotos de los ufólogos reunidos con Kurt Waldheim, entonces secretario general de la ONU.
4. La película que encumbró a los grises. ¿De dónde sale el extraterrestre menudo, gris, cabezón y de ojos almendrados? El prototipo actual de tripulante de un platillo volante es una evolución del retrato robot que hizo Barney Hill de los alienígenas que, según él, le secuestraron junto a su esposa, Betty, en septiembre 1961 en una carretera secundaria de New Hampshire. “Los hombres tenían la cabeza de forma rara, con el cráneo grande que se empequeñecía hacia la barbilla. Y sus ojos se alargaban, llegando casi hasta las sienes. [...] La piel era grisácea, de aspecto casi metálico”, contó Barney, bajo hipnosis, al psiquiatra Benjamin Simon. Betty, que era asistente social, describió a los visitantes como de aspecto “mongoloide: ese tipo de cara redonda y frente ancha, algo basto. Su piel parecía de un gris azulado, pero probablemente era algo mas blanca”, según recoge el periodista John G. Fuller en su libro El viaje interrumpido (1966), que narra el secuestro de los Hill.
Ese visitante de grandes ojos almendrados y piel gris se hace popular gracias, sobre todo, a The ufo incident (El incidente ovni), el telefilme de 1975 en el cual James Earl Jones da vida a Barney y Estelle Parsons, a Betty. Los secuestros por extraterrestres se multiplican tras la emisión de The ufo incident por la NBC en prime time. Hasta 1975 se habían registrado unas cincuenta abducciones, todas denunciadas después que la del matrimonio de New Hampshire, mientras que de 1975 a 1977 salieron a la luz cien nuevas.
Un leñador, Travis Walton, aseguró en noviembre de 1975 que había sido secuestrado por alienígenas como los de los Hill y, dos años más tarde, Steven Spielberg puso a los cabezones de ojos rasgados a los mandos de las luminosas naves de Encuentros en la tercera fase. Muchos después, el estudioso del mito ovni Martin Kottmeyer descubrió que, doce días antes de que Barney dibujara el retrato del alienígena ante su psiquiatra, extraterrestres con esos ojos protagonizaron El escudo Bellero, un episodio de la serie The outer limits (Más allá del límite). Ése fue el detonante. Luego, su presencia en los medios y en obras de ficción de gran impacto popular, como la película de Spielberg y la serie Expediente X, hizo que el gris se impusiera sobre todos los demás alienígenas que habían protagonizado relatos de ovnis desde mediados de los años 50.
Por cierto, el doctor Simon nunca creyó que los Hill hubieran sido secuestrados por extraterrestres. Para él, la historia se había cocinado en la mente de una Betty interesada por los ovnis y obsesionada por unas pesadillas que creía basadas en hechos reales y con las que bombardeó a Barney durante meses, hasta que las incorporó a su memoria como falsos recuerdos. En la época que se rueda Encuentros en la tercera fase, gran parte de la comunidad ufológica considera los secuestros por extraterrrestres algo increíble. Spielberg, sin embargo, incorpora las abducciones a la trama como hilo conductor, aunque parecen tener más un fin espiritual que físico, alejadas de la supuesta experimentación con humanos que con el tiempo ganará terreno en la ufología más popular.
5. R2D2 sobrevuela la Torre del Diablo. La gran nave extraterrestre contiene algunas miniaturas incluidas por su diseñador a modo de broma: un autobús, un avión, un submarino, un buzón de correos, una tumba… y a R2D2. La silueta del droide astromecánico de La guerra de las galaxias es visible cuando el gigantesco ovni se eleva sobre la Torre del Diablo ante el asombro de Jillian Guiler, la madre del niño secuestrado por los visitantes. Si R2D2 está en Encuentros en la tercera fase, que se rodó prácticamente a la vez que La guerra de las galaxias, es porque la nave nodriza la diseñó Ralph McQuarrie. Este artista creó buena parte del universo visual de la trilogía original de Lucas -incluidos Darth Vader, R2D2, C3PO, Han Solo, Boba Fett, Obi-Wan Kenobi, Yoda…-, y también la estética de series como Battlestar Galactica (1978) y filmes como En busca del arca perdida (1981), ET (1982), Cocoon (1985) y Star Trek IV. Misión: salvar la Tierra (1986).
6. Spielberg y Lucas intercambian beneficios. “Te daré el 2,5% de mis beneficios de La guerra de las galaxias si me das el 2,5% de los tuyos de Encuentros en la tercera fase“, propuso George Lucas a Steven Spielberg en agosto de 1976 durante una visita al hangar de Mobile (Alabama) donde se rodaba la escena final de la Torre del Diablo. Lucas estaba convencido de que la película de su amigo iba a ser un éxito de taquilla, mientras que la suya no la iba a ver nadie de más de 12 años. Spielberg aceptó y Lucas se confundió… en parte. Encuentros en la tercera fase fue un taquillazo que sacó a Columbia de la bancarrota, pero La guerra de las galaxias fue un fenómeno cultural que aún persiste. En el documental que acompaña la edición en DVD del trigésimo aniversario, Spielberg reconoce que hizo bastante mejor negocio que su amigo.
7. La fallida continuación de Encuentros en la tercera fase. Tras el éxito de taquilla, Columbia presionó a Spielberg para que rodara una secuela. Él no quería hacerlo, pero tampoco que pasara como con Tiburón, cuya segunda parte rechazó dirigir para Universal y acabó siendo un bodrio. Así que ofreció a Columbia una especie de continuación de Encuentros en la tercera fase. En realidad, no era tal: se iba a titular Night skies (Cielos nocturnos) e uba a contar la historia de un grupo de personas asedidadas por unos violentos extraterrestres en un rancho de la América profunda.
La trama se basaba en un suceso ovni, el caso de Kelly-Hopkinsville, ocurrido el 21 de agosto de 1955 en la granja Sutton, en Kentucky, cuando, después de ver a las 19 horas una luz en el cielo, un grupo de lugareños sufrió el supuesto asedio de alienígenas durante horas. Ya de noche, los aterrorizados granjeros, que dispararon a sus presuntos atacantes, salieron huyendo en sus coches hasta la comisaría de Hopkinsville, cuyos agentes no encontraron en el rancho prueba alguna ni del aterrizaje de una nave ni de la presencia de intrusos. “En esa parte del país, la gente de la extracción social y económica de los testigos «dispara primero y pregunta después»”, escribió Hynek en The ufo experience. Para él, fue desde un principio un caso “claramente absurdo, hasta el extremo de ofender al sentido común”.
Spielberg renunció al final a trasladar el caso de Kelly-Hopkinsville a la pantalla grande porque, después el rodaje de En busca del arca perdida, quería trabajar en algo más tranquilo. Y así nació ET. Las descripciones de los alienígenas de Kentucky -criaturas flotantes, sin cuello, de ojos saltones, grandes orejas puntiagudas y largos brazos- sirvieron como modelo para los gremlins de la película de Joe Dante. Por cierto, los visitantes aterradores del caso de Kelly-Hopkinsville fueron seguramente una pareja de gran búho cornudo (Bubo virginianus), según el ufólogo francés Renaud Leclet y el escéptico estadounidense Joe Nickell.
8. Spielberg, el escéptico. “Ya no estoy tan seguro de la presencia de vida extraterrestre entre nosotros como veinte años atrás -admite el cineasta en una entrevista del ufólogo Álex Chionetti publicada en agosto de 2005 en la revista Año Cero-. En los 70 yo estaba absolutamente convencido de que estábamos siendo visitados. Es lo que reflejé durante el rodaje de Encuentros en la tercera fase, y después con ET. Pero no me han convencido mucho las evidencias que se han aportado desde entonces. A diferencia de los años 60 y 70, ahora poseemos millones de videocámaras y, no obstante, no hemos conseguido mejores evidencias. Las imágenes de los ovnis de hace treinta años no han cambiado y siguen siendo de objetos que no requieren necesariamente una tecnología extraterrestre. En Encuentros en la tercera fase había diversos tipos de no identificados, muchos imaginados por mí, pero otros basados en hechos reales. Sin embargo, en todo el material de estos años no he llegado a ver un caso que se acercara a alguna de mis interpretaciones del fenómeno”.
El entrevistador discrepó. “No estoy de acuerdo”, replicó, y añadió que en los últimos años las pruebas habían seguido acumulándose. “Bueno, me gustaría ver esos vídeos, ya que nadie me ha demostrado todavía que existan evidencias más fuertes… Naturalmente, no lo niego… Por favor, hágamelos llegar a través de su contacto con mi publicista”, respondió Spielberg al colaborador de Año Cero. Pruebas es lo que pedimos los escépticos a quienes hacen proposiciones extraordinarias como que nos visitan seres de otros mundos.
Nota
Este texto está basado en parte de la charla ‘Encuentros en la tercera fase’ y el mito ovni, que di el 4 de mayo en Bilbao en una jornada organizada por la Tertulia de Ciencia-Ficción de Bilbao (TerBi), de la cual soy miembro.
‘La evolución del mundo’, el frustrado documental didáctico de Ray Harryhausen
El mago de los efectos especiales Ray Harryhausen murió el martes a los 92 años. Hizo soñar a generaciones con bestias antediluvianas, como El monstruo de tiempos remotos (1953), y seres mitológicos, como la Medusa de Furia de titanes (1981). Sin embargo, le traigo aquí porque uno de sus grandes proyectos inacabados fue una historia de la vida en la Tierra, desde su aparición hasta la desaparición de los dinosaurios.
La película documental se iba a titular La evolución del mundo y empezó a trabajar en ella en 1938, con sólo 18 años. Tenía fines didácticos y esperaba que se usara en las escuelas. Fabricó un tiranosaurio, un tricerátops, un brontosaurio y un pterodáctilo, entre otros animales, y empezó a hacer experimentos con fondos mates. Por desgracia, en 1940 se estrenó Fantasía. Tras verla, el joven Harryhausen tiró la toalla, convencido de que nunca podría igualar lo plasmado en La consagración de la primavera, que abarcaba el mismo periodo temporal que su documental: acababa con la extinción de los dinosaurios después de que Disney renunciara a trasladar a la pantalla la evolución de los mamíferos y la aparición del ser humano, por miedo a la reacción de los creacionistas.
Hasta nosotros ha llegado una pequeña parte del metraje original de La evolución del mundo, cinta de la cual la Fundación Ray y Diana Harryhausen conserva un modelo de mamut y los armazones del tiranosaurio, el brontosaurio y el pterodáctilo. El siguiente vídeo, como indica el artista en él, sirve para que nos hagamos una idea de lo ambicioso de su proyecto.

















