Orlando roza sus límites

Los Lakers perdieron ayer en su primera visita a Orlando (108-104) el partido que bien pudieron ceder en la segunda entrega del Staples Center. Sin embargo, la legión de seguidores angelinos debería tomarse esta derrota en la final con la misma tranquilidad que depara una tila caliente. Para que los Magic recortasen su desventaja en el cruce que decide el título (2-1) hubieron de aliarse unas cuantas circunstancias, todas ellas favorables al equipo de Florida, que difícilmente coincidirán de nuevo. Más sencillo resultará ver un alineamiento excéntrico de los planetas que la concatenación de tantos motivos alegres para la misma trinchera.
Orlando necesitó rozar su límite para ganar por cuatro míseros puntos, los dos últimos mediante tiros libres con la bocina en el oído. Al descanso, el cuadro de Stan Van Gundy había anotado casi tres de cada cuatro intentos y terminó el duelo con un 62,5% de acierto, una precisión soberbia y equiparable a la que necesita un neurocirujano en el quirófano. Es evidente que además de puntería, los Magic aprovecharon la bajada de tensión defensiva de un rival que supo maniatarlos con la disciplina de un ejército obediente en Los Ángeles. Los Lakers concedieron demasiadas facilidades dentro de la zona, minada para su adversario durante los encuentros disputados en California.

Además, el conjunto de Florida reclutó para su causa nada menos que a cinco hombres movidos en torno a los veinte puntos; rescató a Howard, el pívot dominante pero sometido por Gasol hasta la frustración en los dos primeros encuentros; se benefició de un Pietrus formidable partiendo desde el banquillo; y se apoyó en Alston, el base titular que andaba mustio por el excesivo protagonismo de Nelson, ausente desde febrero por una lesión en el hombro. Van Gundy se dejó de jerarquías artificiales, entregó la makila de mando a la veloz liebre criada en las pistas asfaltadas de Nueva York y ésta le devolvió la confianza con una aportación imprescindible para la victoria.

En cambio, a los Lakers les fallaron algunas piezas capitales, comenzando por su líder que alumbra como el sol. Leer esto y cotejar el comentario con la estadística de Kobe Bryant puede dejar a un cronista en entredicho. El escolta anotó 31 puntos, sí, pero necesitó veinticinco tiros de campo para meter once y falló la mitad de los diez lanzamientos libres intentados. Por si fuera poco, el hombre que maravilló en el partido inaugural con canastas celestiales y llevaba ayer camino de repetir la obra (diecisiete puntos en el primer cuarto) se enzarzó en estériles batallas durante el tercer cuarto con el novato Lee, un chico de proyección que no resiste ahora comparación alguna con Kobe. De ese pique absurdo obtuvo réditos Orlando, triunfador en un tercer cuarto caótico.

A pesar de las bondades referidas por el cuadro de casa y los defectos visitantes, el duelo que supuso el primer triunfo en una final de los Magic mantuvo la emoción hasta el minuto definitivo. Gasol (23 puntos) se empeñaba en colocar el 3-0 en la serie con una sucesión de canastas repletas de talento, a base de reversos en la pintura y ganchos con ambas manos. Pero Kobe, palma y dorso en una misma tarde, se encargaba de revertir las posibilidades angelinas con algunos tiros egoístas y mal seleccionados más una pérdida decisiva a treinta segundos de la conclusión.

Orlando ya tiene la merecida victoria que a punto estuvo de conseguir en la jornada del 2-0. Pero también conoce que necesita firmar un partido casi perfecto para derrotar a unos Lakers al 60% que añoraron la aportación de Lamar Odom, un artista al que en ocasiones le abandonan las musas.

Pau anula la gran opción de Orlando

Es una certeza inapelable que sin Kobe Bryant, los Lakers no habrían alcanzado por segunda temporada consecutiva la final de la NBA. Resulta casi evidente que sólo con la unión de Pau Gasol a semejante megaestrella puede el equipo de la púrpura conseguir el título del que le privó Boston en junio del año pasado. El triunfo local de ayer en la prórroga (101-96) prácticamente permite al tallador oficial dibujar el logo de los Lakers en los anillos de campeones. Orlando, un buen conjunto con el mérito añadido de haber eliminado a Cleveland, no parece capaz de ganar cuatro encuentros de los cinco posibles. Aún más, cuesta vislumbrar que el serial agote todos los capítulos.

El primer duelo sólo duró dieciocho minutos, los que requirió Kobe para zanjar la contienda con una de esas actuaciones sólo reservadas a los jugadores legendarios. El segundo, en cambio, exprimió al cuadro de Phil Jackson, muy exigido por la tenacidad de los Magic para igualar la eliminatoria. Tal vez Orlando mereció ese triunfo que abriese dudas sobre el desenlace de una final teóricamente inclinada hacia el bando de Los Ángeles. Y lo tuvo en las manos de Lee, un novato que falló una bandeja con oposición a falta de nueve segundos y un tiro corto a tablero a seis décimas de la bocina. El marcador, en ese momento, indicaba 88-88 gracias a una canasta de Pau, determinante para amarrar un duelo igualado y tenso.

La sombra que proyectó Gasol (24 puntos, 10 rebotes, 3 asistencias y 2 robos) se hizo luz diáfana en la prórroga, donde anotó dos canastas y un adicional sin los que no cabe entender el 2-0 de la serie. Esta versión del catalán discreto ya se ha visto otras veces, es un ‘dèja vu’ de los grandes partidos de la Liga regular con Celtics y Cavaliers como víctimas. Surge desde la bruma y golpea cuando a la reacción adversaria ya no le alcanza el tiempo. Pero la jerarquía del barcelonés, el mejor sobre el parqué del Staples Center en esta segunda entrega, debe buscarse atrás. El primer día ya apuntó su disposición para ejercer las labores de intendencia. Ayer se superó con una defensa ejemplar, pasional y científica a la vez frente a Howard.

El pívot de Orlando es lo más parecido a los toros desbocados de los rodeos. Sonrisa casi permanente y espíritu bondadoso, pero un corpachón que tumba tabiques con la exagerada fuerza de sus hombros. Pau le contuvo las andanadas con valentía, pero sobre todo lo marcó en tres cuartos y hasta por delante para dificultar la recepción de la pelota a este ‘cinco’ demoledor. Howard, pese a sus notables números ayer, volvió a sentirse incómodo, muy lejos de la sensación abusona con la que se maneja ante el 90% de sus rivales. El empeño del joven Bynum por cargarse de faltas satura de esfuerzo a Gasol, quien debe ocupar la plaza de pívot puro junto a la mole cuando la pizarra le reserva el emparejamiento con Lewis, un ‘cuatro’ abierto de mano fácil.

Precisamente el fino ‘tres y medio’ de los Magic fue el responsable de que el duelo avanzara por el terreno de la paridad. Firmó veinte de los 35 puntos de Orlando hasta el descanso, aprovechando la excesiva confianza en su marca de Odom, por otro lado formidable de media pista para adelante. Lewis firmó tras el descanso una fructífera alianza de aleros con su compañero Turkoglu -el mejor europeo de la NBA junto a Gasol y Nowitzki- para cuajar el mejor tercer cuarto de los Magic en lo que se lleva de final. Orlando corrió por primera vez en la serie, sumó puntos en contraataque y aceptó un marcador sumamente nivelado que sólo se inclinó hacia los Lakers por la aportación de Gasol y la merma de Lee.

De este modo y con mucho sudor extendido a cinco minutos de prórroga, el equipo angelino vestidito de blanco como corresponde a las citas dominicales de guardar, salvó la ventaja de campo, se adelanta 2-0 en la serie y se apresta a disputar tres encuentros seguidos, si hicieran falta, en la Florida que pueblan los jubilados muy pudientes. Salvo milagro de Micky Mouse, el apretado marcador de ayer se traduce en un hecho histórico, la ascensión de Pau al olimpo del baloncesto.

Bryant se pasea por el cielo

Mediado el segundo cuarto, Orlando ganaba (28-33) en el Staples Center. Magic, sorprendente finalista en el lugar reservado a Cleveland, mostraba las razones que le habían conducido al último tramo de la temporada. Un conjunto atípico, que proclama a gritos su empeño en jugar con un pívot dominante y cuatro tipos abiertos, justificaba su condición de finalista. El velocísimo Alston sacaba los colores al veterano Fisher desde la posición de base, puesto en el que el cuadro de Stan Van Gundy supera a su adversario; Turkoglu ejercía sobre la pista de ministro turco plenipotenciario; la contención local era un decorado de cartón-piedra… En la mente, ese fantasma que tantas veces se encarna en el cuerpo de los Lakers, un equipo de fantasía acorde a la frivolidad de Hollywood. Allí lo mismo facturan un peliculón con actores formidables que tienden a la desidia de quien ya ha conseguido todo en este mundo.

Pero apareció Kobe y varió el escenario de la cinta. En la versión más aproximada al divino Jordan, Bryant paseó por el cielo. Comenzó a rematar como el mejor ‘nueve’ futbolístico jamás pensado, pero sin descuidar su faceta de medio-centro que involucra a los compañeros en el juego. Abrió su actuación con una verónica a pies juntos y reclamó la presencia de los palmeros. Unos aplaudidores que sí mantuvieron la concentración sin renunciar a la alegría en la apertura de la serie que decide el campeón de la NBA. Entre ellos Pau Gasol (16 puntos, 8 rebotes y 3 asistencias), soberbio ayer en las tareas de intendencia. Lo mismo levantaba una pared en forma de bloqueo, que cerraba el rebote o se coordinaba junto a Bynun y Odom para reducir el veneno que destila Orlando. Se llama Howard, es el pívot dominante de la NBA, un portento físico que se sintió sumamente incómodo donde siempre reina, en las cercanías del aro.

Se presentó Bryant y ya no hubo incertidumbre en la película. Pero sí belleza. La que esparció él mismo con canastones impropios del género humano hasta alcanzar los cuarenta puntos en una sucesión de acciones más propias de los arcángeles. Con un parcial de 25-10 antes del descanso concluyó el debate, cedió el protagonismo de un arbitraje por omisión que convertía la cancha en un ring de lucha libre y sonaron las trompetas bíblicas. Es cierto que Kobe, un hombre aquejado por el virus del egocentrismo, se pasó más tarde con el tiro en la búsqueda del infinito. Pero también que el resplandor que su figura emana volcó claramente el duelo hacia el triunfo local previsto. No tanto, eso sí, como el 100-75.

Kobe propulsó a sus compañeros a un baloncesto excelente, el que firmaron los ayer sólidos Lakers entre la mitad del segundo cuarto y la conclusión del tercero. Una fiesta privada a la que se sumaron gustosamente invitados vestidos de amarillo. Los Ángeles se relamió como realmente quiere, con estética y ‘glamour’. Fueron dieciocho minutos de un juego soberbio que, quizá sirva de precedente, no descuidó la defensa.

No es, en todo caso, más que el 1-0 en la serie. Pero existen diversas maneras de ganar o perder y el meneo de este primer encuentro tal vez convenza a los meritorios Magic de que disputan la final casi de prestado. El conjunto angelino se encuentra en el mejor escenario posible para incrementar el peso de su historia. Enfrente no están los ‘lebrones’ de Cleveland, sino un cuadro muy bien entrenado que no alcanza la jerarquía de los Cavaliers. Los Lakers deben ganar esta final y sólo ellos pueden perderla. De cualquier modo, más les vale alimentar mejor a Pau. No parece de recibo que el segundo mejor jugador del previsible campeón reciba balones a cuentagotas y deba fabricarse sus propias opciones a base de rebañar rebotes ofensivos. Pero bueno, se trata de Gasol, un tipo tan discreto al que cualquiera podría confesarle un secreto de ultratumba sin temor a verlo difundido.

(Crónica completa que no ha aparecido entera en la edición empresa de EL CORREO por problemas de espacio ni en la versión digital)

Mendizorroza da que pensar

La semana pasada se celebró en Vitoria el Campeonato de España Junior y ahí van unas cuantas reflexiones, compatibles supongo -o no, que para eso son libres los criterios- con las que podría enumerar cualquiera que tenga la deferencia de leer estas líneas.

1.- Qué gusto proporciona volver a ver baloncesto en el entrañable Mendizorroza. Para los aficionados que contamos más años por detrás de los que probablemente cumplamos, el viejo pabellón nos devuelve aromas del pasado. Entonces seguíamos a aquel Baskonia modesto, formado por mayoría de alaveses y otros vascos más el americano de turno que llegaba con sus caprichos -Hollis no entra en el capítulo de las veleidades- para marcar la diferencia. La mayoría de mis compañeros en el curso de entrenador, tan jóvenes ellos, no sabrán ni de lo que escribo. ¿Verdad Xabi, verdad Roberto?

2.- Desde el relevo en la presidencia, la Federación Alavesa se mueve más que Chiquito en el escenario. Bien. Acaba de traerse el Nacional juvenil con las mejores canteras de España, organiza por delegación de la Vasca las titulaciones I y II de técnicos y anuncia más acontecimientos.

3.- Todo esto sólo puede lograrse con el trabajo altruista de los voluntarios. Ovación.

4.- En Mendizorroza se ha citado toda la gente del baloncesto. Difícil avanzar diez metros sin saludar a media docena de chalados por este deporte. Un gusto, la verdad.

5.- El Unicaja ha revalidado el título al imponer un físico dominante sobre el resto de los equipos. El primer día que vi entrar al conjunto malagueño en el polideportivo creí que habían viajado los hombres de Aíto. Encabezaba la expedición Malick Fall, un senegalés fino y altísimo que parecía una fotocopia de Ndong en joven. Nada nuevo bajo el sol desde que el baloncesto ha derivado, como el resto de deporte en la elite, hacia una vertiente física exagerada y un ritmo de alto voltaje.

6.- Por razones profesionales sólo presencié dos encuentros completos y medios partidos más, aunque me asomé en todas las jornadas. En total vi a seis de los doce participantes. Me quedo con el baloncesto total del Majadahonda, que demostró por qué ha dejado fuera del torneo a las canteras de Real Madrid, Estudiantes y Fuenlabrada. También con la defensa dura y asfixiantes, consentida por un arbitraje permisivo, del equipo ganador.

7.- Entre los jugadores, desde mi punto de vista, destacaron el alto base brasileño del Majadahonda (Jefferson Froelich), polivalencia y valentía en estado puro; el ala-pívot del Unicaja Augusto César Lima, corpulento y con buenos movimientos cerca del aro además de cierta mano exterior; su compañero Miguel Ortega, excelente defensor zurdo en puestos de base y escolta; y el ‘cuatro’ canario Samuel Domínguez, cuya calidad recompensó el jurado con el título de mejor jugador.

8.- Qué duro debe de resultar ser el hijo de un mito. A Vitoria llegó el vástago de Sabonis, enrolado en el Unicaja. Buena mano y cierto aire de ‘dejarse llevar’ -vaya desde aquí mi homenaje a Antonio Vega- atrás. Que le vaya bien al chico y digiera las comparaciones como mejor pueda.

9.- Salvo escasas excepciones, he visto que el juego de espaldas y la estirpe del tirador son especies en peligro de extinción. Muchos lanzamientos demasiado malos y la certeza de que, como en el toreo, el baloncesto llora suertes perdidas. Ya nadie se levanta para una auspensión de cuatro o cinco metros. Todo son bandejas, mates o triples. Si un chico de 1,90 llega en carrera y se topa con tipos como Malick Fall o Bekery Konote (Gran Canaria), dispuestos a abrir una franquicia de gorras, ¿por qué no pararse antes y lanzar un tirito corto?

En fin, si alguien ha llegado hasta aquí, que su dios particular se lo pague.

Caminos divergentes

‘La música del azar’ es una gran obra, otra más, de ese formidable escritor llamado Paul Auster. A quienes cultivamos el periodismo nos vienen bien ciertos títulos literarios o cinematográficos para arrancar un reportaje y enmarcar la situación. Aprovecho el del autor eatadounidense para referirme a dos entrenadores jóvenes que en el plazo de un año tomaron caminos divergentes, uno de ellos forzado. Pero el imperio de la casualidad los unió el primer fin de semana de mayo. Xavi Pascual disputaba la semifinal de la Euroliga en Berlín al frente del Barcelona; Natxo Lezkano firmaba esa misma noche su gran éxito como técnico titular con el ascenso del Palencia a LEB Oro.

El entrenador vizcaíno, tantos años a la sombra de primeros espadas en el banquillo del Baskonia, sustituyó hace dos temporadas al convaleciente Velimir Perasovic y sirvió como puente para el desembarco de Bozidar Maljkovic, leyenda a la que ya para entonces se le había detenido el reloj. Con Natxo, los jugadores del TAU se soltaron en la pista y facturaron un baloncesto fresco. Pero Josean Querejeta siempre vio al de Portugalete como una pieza interina y, al término de la campaña, Lezkano se independizó en una huida hacia la modestia. Recaló en Palencia, donde al segundo año ha ascendido el equipo castellano.

El catalán asumió la dirección del Barça cuando Joan Laporta destituyó a Dusko Ivanovic después de que el montenegrino afirmase en alta voz que no podía extraer más agua de, a su juicio, un pozo seco. Muy recientemente, Pascual ha obtenido el reconocimiento como pizarra subcampeona de la ACB, por detrás del mismo Dusko. La tarde del 1 de mayo Natxo ascendía a la división de plata en el abarrotado pabellón Marta Domínguez; Xavi caía frente al CSKA en un encuentro excelente que el cuadro azulgrana dominó durante 33 minutos.

El mismo azar, la misma casualidad quiso que yo estuviese en Palencia la tarde más relevante para la historia de ese club. Hojeando el diario local vi que el Faymasa se jugaba la gloria y, contento por la coincidencia, sondeé la posibilidad de comprar las entradas para un duelo tan especial. Imposible. El aforo estaba vendido con antelación. El estruendo de los cláxones a las once de la noche eran la mejor información. Palencia mudaba en la LEB la plata por el oro.

La ciudad castellana es un cogollito recogido. Difícil no toparse con alguien, más si uno decide comer en una popular taberna de la Plaza Mayor. A mediodía del sábado, a la hora del vermú, entra una cuadrilla canturreando el ‘Natxo Lezkano, laralaralara, Nato Lezkano’. Veo entrar el portugalujo, relajado y feliz. Me levanto y le saludo, le felicito por el triunfo. ¿Estuviste en el partido? ¡Vaya ambientazo! Es consciente de lo que ha conseguido para Palencia y su propia carrera. Por deformación profesional le preguntó un par de cosas. No era el momento de profundizar, savo que fuese en la copa de cerveza.

-¿Sale el equipo en LEB Oro?

-Seguro.

-Y tú, ¿sigues?

-Sí, sí, también.

Enhorabuena desde la humildad, que si los caminos del Señor son insondables, nada digo de las sendas por las que transita el baloncesto.

Obradovic da positivo

Si pedimos a los aficionados que viven el baloncesto la identidad de los dos entrenadores más prestigiosos de Europa saldría una candidatura cerrada con los nombres de Zeljko Obradovic y Ettore Messina en más de la mitad de las aportaciones. Y si no aparece alguno de ambos en el 90% de las ‘planchas’ (qué denominación tan horrible) electorales es que a la peña le ha dado un perrenque y se ha vuelto majara. El domingo concluyó la Euroliga en Berlín con el séptimo título continental del técnico serbio, aunque también podría haberle deparado el quinto al italiano. No cabe duda, si paran a Obradovic en un control de alcoholemia da positivo seguro. Con siete copas encima no ha nacido ser humano que enderece un volante, pero sí que dirija con mano maestra y por la misma senda un plantillón repleto de estrellas. El de Cakac es el único que ha levantado trofeos con cuatro equipos distintos: Partizán, Joventut, Real Madrid y el póker al mando del club ateniense.

Hay quienes les rebaten méritos a Obradovic y Messina porque, dicen, con esos jugadores no caben los fracasos. Mentira. Para clubes como estos perder la final se cataloga, al menos, como una decepción de campeonato. Y reunir a tantos egos en una sola cuerda es tarea sólo apta para entrenadores muy capacitados, tanto en la dirección del grupo como en los conocimientos tácticos.

El primer tiempo del Panathinaikos frente al CSKA resultó deslumbrante por el entramado defensivo y coral de tantos astros al servicio de una idea común. Aparte de que el conjunto ruso tiende a jugar posesiones largas, los demasiados tiros al límite de la bocina mostraban un agobio al que no está habituado. Adelante sí, en ataque Zeljko se fió de la calidad de sus hombres, bombarderos inclementes desde la línea de tres puntos. Para ensalzar aún más la excelente ‘Final Four’ alemana, la reacción de un adversario orgulloso -jamás se ha de desestimar el bombeo sanguíneo de un grupo ganador- cerca anduvo de coronar una remontada histórica.

Uno ha tenido la suerte de entrevistar a Obradovic y hasta de compartir barra en un hotel ateniense. Y ha hablado con jugadores a las órdenes de este hombre que vive los partidos con la cólera en el rostro. El serbio es un tipo simpático, exigente hasta el límite dentro de la cancha, que no duda en beberse una cervecita con sus jugadores fuera de ella, fanático del baloncesto europeo -su videoteca madrileña no cabía en un museo-, que mantiene una luna de miel perpetua con su presidente y que muestra a la mínima oportunidad un desprecio altivo por la NBA. Eso de estar a merced de jovencitos caprichosos sin el menor rigor táctico le devora las entrañas. Por encima de todo, Zeljko suscita unanimidad. Quienes han figurado a sus órdenes le colocan en un pedestal, los mismos que han sufrido la ira en los entrenamientos, los mismos que se mojaban el bigote con espuma de cerveza al lado del siete veces campeón.

Líder de la meta volante

El Baskonia se ha proclamado campeón de la fase regular en la ACB acallando a la oposición ‘manu militari’, según los códigos vitales que maneja Dusko Ivanovic. Lo ha hecho con una autoridad irrebatible, reflejada en números que obligan a leer el triunfo en términos de hazaña bélica. Ningún equipo desde hace trece años había cedido sólo tres encuentros después de treinta jornadas, o sea, nadie era capaz de ganar el 90% de las citas. El TAU Cerámica se encuentra a nada de convertir en ceniza otro registro histórico. De vencer uno de los dos compromisos pendientes, viajes a Fuenlabrada y la Casa de Campo, se quedará como el único bloque que termina la primera fase con menos de cinco derrotas. Si todo esto, incluido dejar por detrás a un plantillón supremo como el del Barcelona, no merece el sobresaliente ‘cum laude’, que baje Michael Jordan y lo diga.

Motivos para inflar el pecho, qué duda cabe. Pero también amuletos que repartir entre supersticiosos y empeñados en contemplar siempre la botella con menos líquido del deseado. Esta es la quinta vez que el cuadro vitoriano termina líder la doble vuelta del todos contra todos y en ninguna de esas oportunidades ha alzado el trofeo. Sus dos títulos (2002 y 2008) se levantaron partiendo desde la cuarta posición, con la ‘táctica del conejo’ que proclamaba Manel Comas. Te escondes, inspiras cierta ternura y clavas los colmillos en el cuello de las presas. Cuando ha ido de machito, al Baskonia le han quebrado las piernas.

En fin, estadísticas para debatir en la barra del bar con un blanquito bien fresco delante. Lo sustancial no es eso, sino las condiciones en las que el Baskonia comparará fuerzas con sus adversarios, fundamentalmente el Barça, cuando se reparten papeletas para ganar el campeonato. Y aunque me gustaría afirmar otra cosa, la estrechez de la plantilla alavesa da que pensar. Eslava suena a Hilarión, una calle de Madrid que permanece quieta como cuando la abrieron. Barac no está disponible y tampoco se le espera. Ilievski anda con unos inconvenientes físicos preocupantes. San Emeterio se ha quedado para remendar situaciones concretas en períodos muy limitados. El TAU marcha a las trincheras con siete soldados y aunque ya se conoce el carácter guerrero de este equipo, toda tropa necesita su tregua. Si ya parecía escasa la batería de pívots para rodear al admirable Splitter, ahora se piensa en la posibilidad de acompañar a Prigioni, mariscal de campo que corre el riesgo de desintegrarse un día como los personajes de cómic.

Ojalá este ejército disminuido, pero valiente, de ánimo indestructible y capaz, baste para emprender el tercer asalto al título liguero. Pero más vale escudriñar el mercado con el propósito de hallar complementos solventes. El Unicaja y, sobre todo, el Barcelona presumen con motivo de la eslora de sus barcos. Empiezas por mirarles la proa y no alcanzas a divisarles la popa.

¿Y qué tal un pívot?

Al triunfo del Baskonia en Las Palmas hay que otorgarle su justo valor. Se produjo en un pabellón reducido, bullicioso y carnavalesco, un fortín difícil de asaltar porque lo defiende un BUEN equipo de baloncesto. El Gran Canaria ficha bien a precios razonables, ha sido la tradicional puerta de entrada a la ACB de forjadores de largas carreras y se ha instalado en la clase media de la Liga con presupuestos inferiores al talento que demuestra en la pista. Además, el TAU ganó tras otro arranque descorazonador que recordaba demasiado al fiasco del BEC o al frustrante tramo final de la serie europea contra el Barcelona. Lentitud en la contención del uno contra uno, ayudas defensivas tardías, movimientos retardados, rebotes largos que se perdían por falta de atención… Pero llegó la remontada con cuatro pequeños, Vidal como protagonista (de nuevo al rescate)y Mickael, otra vez, de falso ‘cuatro’. A base de acelerar el ritmo y agradecer los errores locales en las segundas y terceras opciones, el equipo vitoriano pasó de sometido a dominador, el estado en el que necesita desenvolverse.

Escrito queda. Pero la bondad de los últimos veinticinco minutos disputados no debe esconder un, a mi juicio naturalmente rebatible, déficit estructural en la plantilla azulgrana. Se oye en satélites que rodean al planeta club la posibilidad de fichar un exterior más que añadir a la batería de escoltas-aleros. Pero, sinceramente, pienso que el agujero se localiza dentro de la zona. La eliminatoria de Euroliga frente al Barça confirmó cuanto se temía. Es decir, la soledad interior de Splitter, único pívot puro del grupo. Barac no cuenta para Ivanovic porque le resulta imposible acosar al base a ocho metros del aro y recuperar a su hombre. Dusko tuvo a Oberto, capaz de ir y volver treinta veces en un partido, y piensa que cualquier relevo del argentino debe realizar su misma labor de ayuda defensiva. Pero le resulta imposible al croata, como le ocurría a Betts o Griffith. McDonald no alcanza el elevado nivel de rendimiento que reclama este club. Y Teletovic es uno de los mejores ‘cuatros’ lanzadores del continente, un lujo siempre que a Tiago le acompañe otro interior notable. De lo contrario, el veneno por dentro queda reducido al brasileño y a las aportaciones esporádicas de Mickael, una debilidad personal. Humanos somos.

Soñar no paga peaje y, por lo tanto, nadie puede ponerle puertas a la mente. Sé que el caché de Ndong se corresponderá con sus prestaciones de todo terreno sobre la cancha, pero viendo al Unicaja el sábado me lo imaginé por un momento con la camiseta del Baskonia. Y se me quedó el molde de una sonrisa bobalicona. Como es imposible ahora, habrá que rebuscar en una empresa de trabajo temporal. ‘Se necesita pívot de buen nivel que acompañe a Splitter. Objetivo, pelear po lo máximo’.

Y a Dusko lo encontré en la calle

Vaya por delante que el título no es maldad alguna, ¿eh? Simplemente responde a la realidad. Caminando el lunes al mediodía por la calle Castilla me encontré con Dusko Ivanovic y las dos mujeres de su vida, su esposa y la hija por la que se le cae tanto la baba que hace falta pasar la mopa ‘tipo pabellón’ para evitar caídas y lesiones. Después de un largo tiempo sin vernos, el mariscal de campo que se relaja fuera de él se mostró como es en esas circunstancias: cordial y afable. Me preguntó por mí, se interesó por mis hijos… En fin, un corazón humano distinto al hombre de amianto que defiende a su manera en los partidos, metiéndose en la pista para chocar con el alero abierto del equipo contrario.

Tras los saludos y la mutua alegría de vernos, le pregunté por el quinto encuentro de la serie con el Barcelona. Deformación profesional por encima de todo. “El problema es que les hemos dado confianza”, dijo Dusko con la quijada en posición de relax. Se refería, fundamentalmente, al la segunda entrega en el Palau Blaugrana. Del último en el Fernando Buesa casi ni hablamos. La coincidencia era plena. “Muy mal”.

Quise confirmar con él mi impresión sobre la estrategia que viene utilizando Xavi Pascual, su discípulo en el Barça, desde el primer balón al aire. “Pone a Santiago en el quinteto para arrearle a Tiago y sacarlo de la serie con esas dos faltas que le pitan en los cinco primeros minutos”, le comenté. Y Dusko asintió, fue como un amén laico. Y acto seguido apuntó la clave del choque que se celebrará el Jueves de Pasión. “Va a depender del arbitraje. Quiero uno como el del cuarto partido de la eliminatoria”. Pues teniendo en cuenta que en Europa se pita bastante peor que en España, sólo cabe reclamar que al abrirse el portón de cuadrillas, los colegiados se santigüen, el del centro reparta suerte a sus dos compañeros y piten lo que haya.

Sinceramente, y con el riesgo que supone aventurar pronósticos que luego te dejan con el pantalón a la altura de las rodillas, veo ‘el duelo’ al 50%. Por sensaciones de baloncesto me inclino hacia el Barcelona. Pero quizá el único equipo del continente con la capacidad anímica para volcar las previsiones lo tendrá Pascual enfrente. El Baskonia se ha ganado a pulso el liderato de dureza mental. Confiemos en que sea la noche de San Tiago y no de la Santiago.

La fuerza del equilibrio

Lástima que el desnivel previsto entre North Carolina y Michigan State se haya cumplido a rajatabla. La universidad donde se proclamó campeón Michael Jordan en 1982 era claramente favorita ante la de Magic Johnson, que había alzado el título de la NCAA tres años antes. Se confiaba en que el espíritu de superación y la defensa espartana que rinde homenaje a los Spartans equilibraran la balanza en lo posible. Pero surgió la palabra mágica que define el baloncesto, EQUILIBRIO (defensa-ataque, dentro-fuera), y el encuentro definitivo, si por confrontación se entiende, se fue al garete.

Al poco de comenzar el segundo cuarto, los Tar Heels triplicaban en el marcador a su oponente (33-11). En realidad, la incertidumbre que engrandece este deporte no sobrevoló en ningún momento la atmósfera pasional de un pabellón reventado por la presencia de casi 73.000 fieles. Jamás se presentó la emoción a la cita más esperada. Una pena en un torneo tan especial, que había deparado una semifinal apasionante en la clasificación de Michigan State para ‘el encuentro’.

Un aviso para quienes se empeñan en doblar la cancha por la mitad -sólo atrás, únicamente adelante- como si fuese un tablero de ajedrez preparado para los viajes. Resulta que North Carolina defendió más de lo que ha convertido en célebre a su adversario. Absoluta responsabilidad individual en el uno contra uno, negación de espacios para las penetraciones, actividad de brazos y condena a los Spartans, obligados a lanzar sin tino alguno desde fuera. Y claro, si el favorito iguala o supera la contención del rival, la calidad acaba por imponer su ley irrecurrible en ataque. Los Tar Heels cincelaron un primer tiempo casi celestial, firmes atrás y fluidos al otro lado. Uno, inclinado de siempre hacia los tiradores que llevan le elegancia como un don natural, se rinde ante la mecánica académica y perfecta de Wayne Ellington. Es el lanzador más parecido a Allan Houston, el hombre al que algún escultor clásico debería haber inmortalizado en una supensión perfecta.

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