Es una perogrullada lindante con la tontería decir que para ganar en baloncesto hace falta meter más puntos que el rival. O vuelto el guante del revés, que a esto se juega con las manos, afirmar que vence quien menos canastas consiente al adversario. El acierto pertenece a la naturaleza de este juego, pero los grandes conjuntos procuran depender de la puntería lo menos posible. Así lo ha hecho el Baskonia desde hace muchos años, quizás tantos como quince. El club azulgrana ha construido su grandeza a base de ambición, automatismos y solidez. De este modo ha logrado gobernar la gran mayoría de sus compromisos sin la necesidad imperiosa de meter una porción muy considerable de los tiros.
Pero sin SPLITTER, el Caja Laboral desciende un peldaño para colarse en el pelotón de nobles que sí requieren altos porcentajes en el lanzamiento, sobre todo exterior. Tiago es, sin duda, el jugador principal de este conjunto, el pívot que todos los clubes de Europa querrían fichar y sólo uno tiene. Bastión defensivo, comprometido con el grupo hasta las trancas, menos fino que Scola pero tan efectivo como el porteño. No sólo quiebra rivales por su facilidad anotadora, rebotes, intimidación y presencia. Con él dentro del campo, los adversarios tienden naturalmente a proteger la zona, a abrir espacios (palabra capitular del baloncesto) para los compañeros del perímetro.
Por primera vez en muchas temporadas, el Baskonia se entrega con demasiada frecuencia en manos del acierto, una característica poco común para entidades de tan larga eslora y firme jerarquía como la vitoriana. El problema se agrava por la escasa aportación de algunos hombres exteriores con HERRMANN en el centro del asunto. Seguir mitificando a la NBA a estas alturas del siglo no resiste un debate serio. Del Walter que establecía diferencias en Fuenlabrada y Málaga quedan la melena, seguramente el deseo y, por supuesto, el apellido. Es cierto que las lesiones le han perjudicado, pero el daño mayor cabe encontrarlo durante sus tres campañas en Estados Unidos. El argentino desempeñó un papel de cierta importancia en Charlotte, pero no dos años en Detroit. Y como allí sólo se entrena seriamente un mes (octubre), el baloncestista que actúa poco pierde ese gen competitivo que sí se mantiene en Europa.
Herrmann pertenecía a esa especie protegida del ‘tres’ alto que marcaba distancias cerca y lejos del aro. Nocioni era el mejor representante de esta fauna, un alero formidable. El actual componente del Caja Laboral le seguía a un paso en tal consideración. Y Kammerichs, nítidamente inferior a ambos, completaba el trío de ‘treses y medio’. Lamentablemente, y ojalá remonte su trayectoria, de aquel Herrmann queda un molde casi vacío.

