Confianza

Decía Pablo Neruda ‘confieso que he vivido’. Salvando las diferencias entre el poeta chileno y este juntaletras, puedo proclamar ‘confieso que me he sorprendido’ durante la matinal del domingo en Murcia. Hablo de Barac, naturalmente. El chico tímido que se hartaba de contar baldosas de tanto mirar al suelo cuajó una faena memorable en la apertura del campeonato. Atacó la canasta con valentía en las continuaciones tras los bloqueos, se aproximó al aro con botes, sacó faltas para lucir su buena mano desde el tiro libre, intimidó atrás, chocó manos para agradecer los pases y mudó su sangre de horchata en ese fluido arterial que distingue a los argentinos. Es cierto que se le vio mejor físicamente, pero la clave de su resurrección debe buscarse en la CONFIANZA. Es virtud que se gana, pero también que se otorga.

A toro pasado resulta fácil caer en la tentación del ventajismo. ‘¿Qué, qué dices ahora de Barac?’ Pues muy sencillo, lo que otra legión de aficionados. Que el Stanko previo al domingo no valía para un club con ambiciones sin límite como el Baskonia; que este Stanko cierra una batería interior importante.

Su excelente actuación en Murcia sólo se encuentra al alcance de quien sabe jugar al baloncesto. El talento es un don que necesita riego para no quedarse en categoría de mera anécdota. Su sobresaliente partido no parece una casualidad, sí la consecuencia de su ración de minutos en la pista. Hay gente a la que una bronca le estimula, pero la mayoría encoge la cerviz si un jefe le afea cada uno de sis movimientos.

El asunto de Barac invita a reflexionar también sobre San Emeterio. El cántabro llegó a Vitoria después de haberse labrado un apellido en dos clubes de la ACB. Fue viga maestra en Valladolid hasta el punto de que su marcha agilizó la demolición del edificio. Y un hombre importante dentro de aquel plantillón montado en Girona. Tras una campaña aciaga en el Fernando Buesa Arena, que lo tuvo más fuera que dentro del equipo hasta el fulminante traspaso de Vidal al Real Madrid, el alero de Santander ha recobrado su jerarquía como consecuencia de una dosis masiva de CONFIANZA. Sea por la baja anterior de Oleson, la actual lesión de Herrmann o méritos propios. Me apunto a la opción 3.

San Emeterio es, a sus 25 años, mejor jugador que Vidal a esa edad y ya se conoce el rendimiento creciente de Sergi en el equipo. Responsable con la idea del grupo, fuerte en defensa, atlético, buen penetrador, Fernando necesita recobrar aún la fe en su tiro. Si Ivanovic invierte en él, el cántabro procurará los beneficios propios de un valor seguro.

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