Depender del acierto

Es una perogrullada lindante con la tontería decir que para ganar en baloncesto hace falta meter más puntos que el rival. O vuelto el guante del revés, que a esto se juega con las manos, afirmar que vence quien menos canastas consiente al adversario. El acierto pertenece a la naturaleza de este juego, pero los grandes conjuntos procuran depender de la puntería lo menos posible. Así lo ha hecho el Baskonia desde hace muchos años, quizás tantos como quince. El club azulgrana ha construido su grandeza a base de ambición, automatismos y solidez. De este modo ha logrado gobernar la gran mayoría de sus compromisos sin la necesidad imperiosa de meter una porción muy considerable de los tiros.

Pero sin SPLITTER, el Caja Laboral desciende un peldaño para colarse en el pelotón de nobles que sí requieren altos porcentajes en el lanzamiento, sobre todo exterior. Tiago es, sin duda, el jugador principal de este conjunto, el pívot que todos los clubes de Europa querrían fichar y sólo uno tiene. Bastión defensivo, comprometido con el grupo hasta las trancas, menos fino que Scola pero tan efectivo como el porteño. No sólo quiebra rivales por su facilidad anotadora, rebotes, intimidación y presencia. Con él dentro del campo, los adversarios tienden naturalmente a proteger la zona, a abrir espacios (palabra capitular del baloncesto) para los compañeros del perímetro.

Por primera vez en muchas temporadas, el Baskonia se entrega con demasiada frecuencia en manos del acierto, una característica poco común para entidades de tan larga eslora y firme jerarquía como la vitoriana. El problema se agrava por la escasa aportación de algunos hombres exteriores con HERRMANN en el centro del asunto. Seguir mitificando a la NBA a estas alturas del siglo no resiste un debate serio. Del Walter que establecía diferencias en Fuenlabrada y Málaga quedan la melena, seguramente el deseo y, por supuesto, el apellido. Es cierto que las lesiones le han perjudicado, pero el daño mayor cabe encontrarlo durante sus tres campañas en Estados Unidos. El argentino desempeñó un papel de cierta importancia en Charlotte, pero no dos años en Detroit. Y como allí sólo se entrena seriamente un mes (octubre), el baloncestista que actúa poco pierde ese gen competitivo que sí se mantiene en Europa.

Herrmann pertenecía a esa especie protegida del ‘tres’ alto que marcaba distancias cerca y lejos del aro. Nocioni era el mejor representante de esta fauna, un alero formidable. El actual componente del Caja Laboral le seguía a un paso en tal consideración. Y Kammerichs, nítidamente inferior a ambos, completaba el trío de ‘treses y medio’. Lamentablemente, y ojalá remonte su trayectoria, de aquel Herrmann queda un molde casi vacío.

Confianza

Decía Pablo Neruda ‘confieso que he vivido’. Salvando las diferencias entre el poeta chileno y este juntaletras, puedo proclamar ‘confieso que me he sorprendido’ durante la matinal del domingo en Murcia. Hablo de Barac, naturalmente. El chico tímido que se hartaba de contar baldosas de tanto mirar al suelo cuajó una faena memorable en la apertura del campeonato. Atacó la canasta con valentía en las continuaciones tras los bloqueos, se aproximó al aro con botes, sacó faltas para lucir su buena mano desde el tiro libre, intimidó atrás, chocó manos para agradecer los pases y mudó su sangre de horchata en ese fluido arterial que distingue a los argentinos. Es cierto que se le vio mejor físicamente, pero la clave de su resurrección debe buscarse en la CONFIANZA. Es virtud que se gana, pero también que se otorga.

A toro pasado resulta fácil caer en la tentación del ventajismo. ‘¿Qué, qué dices ahora de Barac?’ Pues muy sencillo, lo que otra legión de aficionados. Que el Stanko previo al domingo no valía para un club con ambiciones sin límite como el Baskonia; que este Stanko cierra una batería interior importante.

Su excelente actuación en Murcia sólo se encuentra al alcance de quien sabe jugar al baloncesto. El talento es un don que necesita riego para no quedarse en categoría de mera anécdota. Su sobresaliente partido no parece una casualidad, sí la consecuencia de su ración de minutos en la pista. Hay gente a la que una bronca le estimula, pero la mayoría encoge la cerviz si un jefe le afea cada uno de sis movimientos.

El asunto de Barac invita a reflexionar también sobre San Emeterio. El cántabro llegó a Vitoria después de haberse labrado un apellido en dos clubes de la ACB. Fue viga maestra en Valladolid hasta el punto de que su marcha agilizó la demolición del edificio. Y un hombre importante dentro de aquel plantillón montado en Girona. Tras una campaña aciaga en el Fernando Buesa Arena, que lo tuvo más fuera que dentro del equipo hasta el fulminante traspaso de Vidal al Real Madrid, el alero de Santander ha recobrado su jerarquía como consecuencia de una dosis masiva de CONFIANZA. Sea por la baja anterior de Oleson, la actual lesión de Herrmann o méritos propios. Me apunto a la opción 3.

San Emeterio es, a sus 25 años, mejor jugador que Vidal a esa edad y ya se conoce el rendimiento creciente de Sergi en el equipo. Responsable con la idea del grupo, fuerte en defensa, atlético, buen penetrador, Fernando necesita recobrar aún la fe en su tiro. Si Ivanovic invierte en él, el cántabro procurará los beneficios propios de un valor seguro.

El tapado mola

A fecha de hoy, el Baskonia ha renovado la mitad larga de su plantilla. Seis jugadores han abandonado el club -incluido el acelerado y sorprendente traspaso de Vidal-, otros tantos cubren los puestos vacantes y cuatro permanecen -si Ivanovic cumple eso de que “Barac entra en nuestro proyecto”-, incluido el llamativo caso de San Emeterio. De preparar la mudanza a Sevilla con la rabia de quien no había podido demostrar en Vitoria cuanto quería a cuarto hombre de la batería exterior. La puerta giratoria del Fernando Buesa se ha batido otro verano con fuerza. O sea, como casi siempre.

A simple vista, pero la cancha dictaminará, los ingresos mejoran las salidas. De acuerdo, este comentario lleva una carga de riesgo importante cuando entre los exilios debe contarse a tipos como Prigioni, Vidal, Rakocevic y Mickael. ¿Que si no he mencionado a McDonald? ¡Toma, claro que no! Ahí está bien, a 3.000 kilómetros, en su particular cierre del círculo que supone su vuelta a Las Palmas. El nuevo Caja Laboral presenta buen aspecto porque la suma de dos bases -sólo uno la temporada anterior- puede compensar la dirección sabia del argentino; porque el cuadro azulgrana presume de dos escoltas al alcance de muy pocos rivales (English y Oleson); porque la complicada plaza del alero alto se ha resuelto aparentemente bien con el retorno de Herrmann a la ACB para suplir a una de mis debilidades particulares (Mickael); y porque el fichaje de Eliyahu, otro ‘cuatro’ con querencia exterior, mejora la calidad del grupo.

Sé que el Baskonia ha reclutado apellidos más sonoros que el de Carl English, segundo canadiense en la historia de la entidad tras Phillpi Tollestrup. Algunas contrataciones, al menos hasta la confirmación oficial, han resultado en embarazo más propio de elefanta que de mujer. Ahí están Marcelinho Huertas, Oleson y Herrmann. En cambio, las adquisiciones de Ribas, el propio escolta traído de Gran Canaria y el fichaje cantado del israelí se solventaron por la vía rápida. Pues a pesar de tanta identidad notable, uno confía en el tapado. Es decir, English.

Es un excelente tirador, de mecánica académica y gatillo rápido, que aportará en defensa porque juega con una intensidad muy apropiada para el canon de Ivanovic y el gusto de la afición baskonista. Llega de una buena escuela, la canaria, que a fuerza de hacer bien las cosas ha convertido la sorpresa en el pan nuestro de cada campaña. Aquí no dispondrá de sus 25 minutos por noche, pero como escudero de Oleson podrá compensar la anotación compulsiva de Rakocevic con una sensible elevación del nivel defensivo exterior.

La partitura parece armónica si no fuera por algunas dudas interiores. Los falsos ‘cuatros’ del Caja Laboral DEBEN esforzarse atrás bastante por encima de lo que hasta ahora han demostrado en sus carreras. Y si es cierto que Barac continúa, también se prolongará la soledad del coloso Splitter debajo del aro, donde se pule la cera. Será cuestión de caja, ¿pero no patrocina la Laboral?, que el club no ceda al pívot balcánico para encontarle al brasileño un mejor relevo de baile.

Sergi o el final de un ciclo

Se va Vidal al Real Madrid y, con su marcha, el Baskonia cierra un ciclo. El escolta badalonés era el último superviviente de aquel glorioso doblete -Copa y Liga- que convirtió al equipo vitoriano en rey indiscutible del baloncesto español allá por 2002. Aquella plantilla de escándalo y siderurgia -Corchiani, segundo base; Scola, tercer pívot- ya contenía a un chico de veintiún años que llegó a Vitoria como esperanza por confirmar, se benefició de los cupos nacionales para subsistir y ha terminado como emblema identificativo de todo un club. De soldado raso a capitán del TAU Cerámica, nada menos.

Vidal pertenece a ese grupo selecto de jugadores que encarnan el ideario de una entidad. Ha habido otros, e importantísimos, pero pocos tan aptos como el catalán para expresar con orgullo del ‘carácter Baskonia’, una realidad que emana del despacho presidencial y aumenta su fluido tras pasar por la mente de Ivanovic. No cabe entender la notable carrera deportiva de Sergi sin la hiperbólica exigencia diaria del técnico montenegrino. Realmente, Vidal es un producto manufacturado en el horno incandescente de Dusko. Aquel anotador compulsivo en edad juvenil pronto comprendió que su futuro en la capital alavesa pasaba por entenderlo como un valle de lágrimas. O defendía, mucho y bien, o pronto traspasaría la puerta de salida. Y Vidal aceptó el reto.

Se convirtió en un cancerbero para el exterior mejor dotado de cada rival. Adelante vivía del físico y la velocidad, de ahí que cada lesión le mermara más de la cuenta. Valiente en las penetraciones y fugaz en la culminación de los contraataques, a Sergi le delataba un lanzamiento exterior sospechoso para un escolta. Pero fiel a su deseo de mejorar cada año, ha teminado por afinar la puntería y transformarse en otro elemento peligroso. El adversario dejó de flotarle y ese nuevo foco de atención benefició a compañeros de anotación fácil.

Vidal estaba dispuesto a completar su contrato, diez años en Vitoria, y no extenderlo más allá. Al final, todo resulta un acuerdo de conveniencias varias. El club obtiene un buen, y necesario, dinero por alguien que se despediría sin una propina dentro de un verano; el jugador firma un contrato suculento con el Real Madrid, ojo, no con el Balneario Archena. ¡Cómo es el deporte profesional! De pronto, San Emeterio se acuesta fuera del equipo y desayuna con plaza fija en el nuevo Caja Laboral. En vez de marcharse el cántabro, resulta que se va su amigo. Un tal Sergi, que diría Arzallus, un tipo que ya reposa por puros méritos en el libro dorado del Baskonia.

Que le vaya macanudo

Llega uno de diez días en la costa catalana y comprende que el reloj marca las mismas horas todos los años. En estas fechas de tradiciones vuelve una especie de la fauna veraniega, un reptil en aumentativo que se conoce como CULEBRÓN. La serpiente ha sido más larga otra veces, ha tardado más en pasar. A esta ya se le ve la cola porque el trasvase de don Pablo Prigioni del Zadorra al Manzanares parece un hecho a punto de consumarse.

El natural de Río Tercero fue de frente y con antelación. A mes y pico de terminar la temporada le dijo a Querejeta que su cuerpo no admitía ya otra vuelta de tuerca para exprimirlo hasta la pulpa. No se trata de un asunto sorprendente. Como diría Andreu Buenafuente en uno de los brilllantes monólogos que le escribe su cohorte de guionistas, “se han dado casos”. Responden todos al mismo perfil: jugadores muy valiosos, veteranos y a las órdenes de Dusko Ivanovic. Ya en su día, en voz baja y para que la historia no se convirtiese en un marujeo de patio, Fabricio Oberto advertía. “Me quedan seis o siete años de carrera deportiva. Si sigo aquí, no más de tres”.

La mayor aportación del entrenador baskonista al feroz universo competitivo del deporte descansa en sos patas: la física y la mental, que se traducen en un hambre permanente y una ejecución de las acciones una marcha por encima del resto. Todo ello se consigue a base de repeticiones en una sucesión agotadora. Para Dusko no existen el ayer ni el mañana, sólo el presente prolongado hasta el infinito.

Pablo ha proclamado lo que quería decir en coherencia con el fondo y con respeto a las formas. Y al club le asiste todo el derecho de obtener por el base argentino la mayor de las tajadas, dos si es posible. Conociendo el carácter explosivo del timonel albiceleste, mantenerlo en el vestuario del Fernando Buesa Arena a espaldas de su voluntad viene a suponer el encierro del zorro para velar por las gallinas. O sea, un problemón de primer grado.

Claro que reemplazar a Prigioni no es como comprar una camisa nueva en la tienda. Tras la paulatina irrupción del Baskonia en la elite internacional, logro en el que colaboró Pablo Laso, el de Río Tercero es junto a Elmer Bennett el mejor base del que ha dispuesto un club ya asentado en la cima. O se trae un ‘uno’ de altísimo nivel o al conjunto vitoriano se le van a ver las costuras.

Con Pablo se irá una especie de cerebro que no abunda ya en un baloncesto cada vez más físico. Se marcha un organizador puro, un maestro del bloqueo y continuación, primero con Scola y luego junto a Splitter, pero siempre él como hacedor de la luz. Emigra un tipo canchero y competitivo, un líder dentro del 28×15 y también fuera, el triplista de larga distancia y apenas esfuerzo que colaba los tiros importantes. Se aleja un BASE de inteligencia preclara. También, habrá de reconocerse, un hombre a quien el cruce de los cables ha dejado en ocasiones al grupo sumido en la oscuridad.

Tiempo habrá de comentar la inflación de ‘doses’ y ‘treses’ con la llegada de Brad Oleson y la presumible salida de San Emeterio. O de clamar por un pívot de primera línea para paliar la conmovedora soledad de Splitter.

Mientras tanto, que le vaya macanudo a DON Pablo. Y que su primera vuelta a Vitoria con el uniforme del Real Madrid no se parezca en nada a la hostilidad que recibió Laso. Más bien, al emocionado respeto que la grada tributó a Bennett.

Reincidente en el error

El caso de Fran Vázquez merece un estudio psicológico. Provoca rabia ajena asistir a la devaluación por su mala cabeza de unas condiciones tan extraordinarias para jugar al baloncesto. Mide casi 2,10 metros con una envergadura que aprovecha para ejercer como taponador oficial de la ACB, es un felino corriendo la pista, coordinado y esbelto como un atleta, se mueve bien en las cercanías del aro y para colmo tiene una mano más que aceptable en la media distancia. ¿Y entonces? Pues que encarna uno de esos ejemplos en los que la mente no comulga con el cuerpo. Verle a rebufo de sus compañeros en las tiendas de los aeropuertos con pinta de crío es una definición más que una imagen.

Se presentó al ‘draft’ de 2005 y salió elegido en la undécima posición, un muy buen puesto, por Orlando Magic. Visitó la ciudad de Florida, paraíso de jubilados con muchos posibles, le pasearon en limusina, le alojaron en un hotel de lujo supremo, le colocaron la gorra del equipo y cuando ya todo estaba previsto para formar una pareja interior de aúpa con Dwight Howard, el lucense se echó atrás. Firmó un contrato millonario con el Akasvayu Girona, nuevo gigante efímero con inmobiliarios pies de barro. Al mundo de la canasta se le quedó en la cara una mueca de asombro.

Fran asistió a una convocatoria pasada de la selección. Pero el niño retraído, el miedoso ante los retos ignotos, se sintió fuera de lugar dentro de un grupo hecho, muy unido y que fomenta el buen rollo al tiempo que juega baloncesto de categoría. Con aquella ‘afrenta’ todavía fresca en su mente, le ha pedido a Scariolo que no lo convoque. Prefiere dejar pasar otro tren que, quizá, transporte oro. Él y sus ‘consejeros’ sabrán; el resto, flipa.

Vidal, selección

Sergio Scariolo anunciará mañana en Madrid su primera lista de jugadores, será su inicial declaración pública como seleccionador. El italiano asomará por primera vez la patita, aunque sea de modo tímido. En esa relación de nombres y apellidos no sólo figurarán los doce apóstoles que viajarán a Polonia en septiembre para predicar su manual de baloncesto moderno. También estarán los invitados, una estirpe extraña, satisfecha por encontrarse en la dulce secta de los elegidos y reventada por quedarse fuera en la fecha convenida después de tanto trabajo al sol del verano. Son tipos que no saben si abrazar al entrenador o estrangularlo.

En esa nómina de catorce, quince o dieciséis jugadores debería aparecer Sergi Vidal. Salvo que los problemas físicos con los que terminó la temporada -El TAU parecía un vehículo orgulloso camino del desguace en los duelos del Palau Blaugrana- le recomienden el descanso del guerrero. El capitán baskonista, crecido en las carreras de cuádrigas que programa Dusko Ivanovic, se merece un hueco dentro de un equipo extraordinario: campeón mundial, plata europea y olímpica. Vidal, el típico producto del técnico montenegrino, ha aceptado a lo largo de los años el reto de sufrir y callar, mejorar y ascender. Llegó a Vitoria con la etiqueta de anotador compulsivo y entendió que sólo una vuelta de tuerca mental le haría digno componente del TAU ‘duskista’. Por la puerta giratoria del Fernando Buesa Arena han entrado y partido aleros de primerísimo nivel. Sea por los cupos o por su propia valía -esto último, claramente, en los últimos años- el catalán ha permanecido.

Terco, disciplinado y obediente soldado en defensa, Vidal añadió a las virtudes de contención la velocidad de sus transiciones, la valentía para penetrar a canasta, el paso ruso que desborda rivales y un físico atlético del que depende para mantenerse en lo alto. Pero vivía bajo sospecha, la que acompaña a los bases con dificultades para el manejo del balón, la de los aleros sin tiro o los pívots que flojean en el rebote. Los adversarios llegaron a flotarle descaradamente más allá de la línea de tres. Ahora no lo hacen, Sergi ha afinado el lanzamiento y consentírselo es una temeridad.

Por todo esto, excepto si las lesiones de lo impiden, el capitán azulgrana debería contar para Scariolo. Anunciado el punto final de Jiménez a la selección se divisa un lugar por el que podría colarse. Fijos Navarro y Rudy, la competencia de Vidal debe localizarse en Berni Rodríguez, componente de la generación de oro y ‘alter ego’ de Vidal en la cancha. Otro puesto parece reservado a Claver, híbrido entre ‘tres’ y ‘cuatro’ que, sano, marca diferencias.

No sé si las condiciones físicas permitirían a Sergi viajar a Polonia. Pueda o no integrarse en el grupo, el técnico italiano debería nombrarle mañana. Bien para meterlo entre la quincena de elegidos o para decir, alto y claro, que el capitán del Baskonia no entra por las malditas lesiones. De la inteligencia de Scariolo caba aguardar lo mejor.

La elegancia pervive

Acabo de ver en EL CORREO un breve que anuncia el título del Asvel Villeurbanne, grande de la devaluada Liga francesa. Es el club representativo de una localidad que termina en la misma acera de una calle que al otro lado del cartel ya es Lyon, la ciudad del Ródano y del Saona, una maravilla urbana. La noticia viene acompañada con una foto de Laurent Foirest, otra suspensión excelsa para el tiro de un zurdo elegante. Y percibo con orgullo nada disimulado que la muñeca y el estilo tardan más en envejecer que el resto del cuerpo. Hay tipos y señoras sexagenarios con una clase imposible de ocultar. El alero ex-baskonista, el todo-terreno que atravesaba el monte sin mancharse las llantas de barro, mantiene en esa imagen congelada la plasticidad que pudimos disfrutar durante cuatro temporadas en Vitoria, doblete de 2002 incluido.

Ahora que los aleros (Rakocevic y Mickael) huyen por pares al calor de mayores sueldos o en busca de una calma física difícil de hallar bajo la cúpula del Fernando Buesa, me viene a la memoria el baloncesto de Foirest. Confieso mi debilidad por los baloncestistas elegantes (Abdul Jeelani, Alexander -antes de que me lluevan mísiles de críticas hablo de su talento, no de su injustificable espantada-, Tomasevic, Kornel David…), tipos que aun jugando cerca del tope mantenían la naturalidad en el rostro, no esas muecas dolorosas de quien sale de la mina. Y entre ellos, por supuesto, el alero de Marsella. Lejos de quedarse en detalles estéticos, pero sin renunciar a ellos, era un hombre que llenaba la estadística de izquierda a derecha con canastas, rebotes, asistencias, recuperaciones y faltas recibidas. Uno de esos que siempre acumulan más valoración que puntos anotados, un tipo que conectaba con la grada por el toreo profundo, no por los muletazos rodilla en tierra.

A ‘Lolo’ le faltó, eso sí, el cariño de Dusko Ivanovic. Al técnico le molestaba la aparente frialdad de su pupilo, la cantidad insuficiente -a su juicio- de glóbulos rojos. El montenegrino llegó a confesar a quien esto escribe que se podían contar con los dedos de una mano los buenos partidos de Foirest en el Baskonia. Incluso tuve que recordarle que en aquella semifinal contra el Real Madrid, huido el desertor Alexander en pleno combate, Foirest anotó los dieciséis puntos del TAU en el último cuarto de la Ciudad Deportiva blanca. Todos los del equipo. Ni siquiera eso le granjeó el cariño del jefe. “Necesita jugadores jóvenes”, me dijo el francés poco antes de su despedida. En el ideario de Dusko prevalecen los cachorros hambrientos a una sucesión ininterrumpida de medias verónicas con aroma a romero.

Un debate filosófico

Todavía con la emoción fresca por la cátedra de orgullo que derrocharon a borbotones los exhaustos jugadores del Baskonia en el Palau Blaugrana, no queda otro remedio que analizar una temporada de notable alto. No me detengo demasiado en una competición de fomato tan breve como la Supercopa, pero sí en la sexta Copa del Rey y en el hecho de haber disputado la final de la ACB. ¿Euroliga? Ilusiones había este año como tal vez nunca antes, pero también se debe admitir que la grieta de presupuestos y plantillas entre aristocracia y nobleza lleva camino de convertirse en una falla geotécnica casi insalvable.

A la hora del balance habrá de convenir que han existido claros y oscuros. No creo en el maniqueísmo que se instaló en el Fernando Buesa Arena desde la primera llegada de Dusko Ivanovic. El ‘estás conmigo o contra mí’ de los ‘duskistas’ -ya se sabe, más peligro tienen los papistas que el Papa- me parece una postura infantil y sin criterio. Sólo deben admitirse las opiniones fundadas, todas por supuesto, que son distintas a los fundamentalismos. Todos tenemos algo de ángeles y de diablos. Y ni Ivanovic es el Sumo Pontífice del baloncesto ni, por supuesto, lo contrario.

Comienzo por las bondades. Creo que levantar trofeos un año más tiene un mérito incuestionable porque, desde mi parecer, Barcelona y Unicaja cuentan con equipos más largos que el TAU Cerámica. Al conjunto malagueño sólo le falta un Bullock para discutirle el reinado al profundísimo Barça. Y el Real Madrid, al margen de valoraciones sobre la dirección técnica, no es precisamente un grupo de ‘piernas’, sino un plantel teóricamente tan competitivo como el nuestro.

La mayor aportación de Dusko al Baskonia, a la ACB y a lEuropa consiste en esa mentalidad sobrenatural que imbuye en sus jugadores-soldados, circunstancia que casa estupendamente con el carácter que emana desde el despacho presidencial. La inutilidad de las excusas, el allá vamos porque somos de amianto, el ánimo indesmayable que propugna Josean Querejeta lo ha elevado el técnico a la categoría de dogma. Por eso resulta tan difícil batir al TAU, por eso cualquier otro cuadro habría caído ayer por treinta.

Dicho esto, habrá que escribir algo sobre las taras. Ivanovic entiende el baloncesto como un avance continuo, siempre al mismo ritmo, sin treguas y a base de decretos dictatoriales. Si su equipo maneja los partidos -como ocurre con frecuencia-, activa la trituradora, defiende con las uñas y los dientes, aumenta el voltaje hasta extremos insoportables y confía en el talento anotador, se mueve como un señor feudal ante sus lacayos. Pero, ¿y si gobierna el rival? ¿Dónde están los planes B para casos de sometimiento? Vale, un equipo ganador contiene al adversario en individual y con ayudas solidarias, pero ¿qué pena de cárcel acarrea acudir a un recurso válido como las zonas de tanto en cuanto?

En el ideario de Ivanovic el mundo comienza y acaba en cada duelo. No importa si vienen a Vitoria el Menorca, el Barcelona, el Granada, el CSKA o el CAI. Está bien eso de apalizar por 35 a mediados de enero, pero ¿y las reservas físicas? ¿O vamos a dar crédito a un argumento insostenible como ‘el cansancio no existe’? El TAU ha llegado a la final con el Barça hecho unos zorros -generaba lástima ver a Splitter el último día, ese chico admirable que jamás se reserva nada-, con huesos quebrados y músculos justos para sujetar un corazón enorme. La víscera que alimenta Dusko y convierte al montenegrino en una celebridad de los banquillos.

Tuvo que saltar San Emeterio a la desesperada para gritar lo que ya sabíamos tras sus estancias en Valladolid y Girona: que es un muy buen jugador de baloncesto. El cántabro ha sobrellevado su ocaso con entereza, pese a lo duro que debe resultar preguntarse tantas cosas y hallar pocas respuestas.

¡Ah! Y el Baskonia ha acudido al frente de batalla sin torres. La soledad de Splitter llega a conmover. Entre la irregularidad de McDonald, que no ha dado la talla deportiva para este equipo, la renuncia a Barac y la condición de Teletovic como falso pívot, el brasileño ha terminado como náufrago nadando entre tiburones. Para mí, que Mirza es un lujo extraordinario junto a dos buenos interiores en el plantel. Pero con sólo uno, cuesta ver al bosnio como la referencia indudable en el puesto de ‘cuatro’.

Si después de leer sobre los claros indudables y ciertas nubes, alguien deduce que el firmante milita en el bando anti-Dusko se equipoca. Quienes quieran alinearlo en el otro, también. Detesto el maniqueísmo y ya me pareció lamentable la mili como para vivir en las trincheras. Paso.

Decide el presidente del sindicato

Dereck Fisher preside el sindicato de jugadores en la NBA porque es una figura muy respetada por sus adinerados compañeros. Desde ayer, quizá menos por quienes visten la camiseta de Orlando. Dos triples del veterano y comprometido base de los Lakers decidieron para su equipo el cuarto encuentro de la final, la bisagra siempre en una presunta eliminatoria a siete compromisos. El timonel con más presencia de ancho que por alto se elevó desde muy lejos para empatar el duelo a 87 a medio minuto del final reglamentario. Ese tiro de tres puntos condujo la vibrante entrega, una cita eterna (3 horas y 9 minutos) y plena de emociones a la prórroga. Ya en ella, el conjunto destinado a ganar la serie resolvió mediante un marcador engañoso (91-99). En realidad, la dura y tensa contienda se zanjó con otro misil aéreo de Fisher. El lanzamiento estableció el 91-94, coloca una mano angelina en el zafio trofeo de campeón (3-1) y sitúa a Pau Gasol a centímetros escasos de la gloria definitiva.

Resulta enormemente difícil condensar todo cuanto cupo en un compromiso eterno, que parecía no encontrar el fin tras una raya quebrada, unos dientes de sierra que primero vendían las acciones de los Magic por las nubes y después viraban el eje bursátil hacia el terreno de los Lakers. Todo lo imaginable encontró acomodo en el cuarto duelo de la final. Desde el formidable arranque de Orlando, que movía la pelota con la fluidez de la luz y encontraba tiros cómodos mediante la táctica del extrapase, hasta la reacción orgullosa y racial de su adversario, arremengado atrás a partir del descanso en la célebre línea de los siderúrgicos equipos del Este. Lo que comenzó como el preludio del día de la bestia encarnado por Howard (16 puntos, 21 rebotes y 9 tapones) terminó con la aparición decisiva de hombres por ambos bandos que acostumbran a vivir en la sombra.

La victoria púrpura no sólo deja el décimo anillo de Phil Jackson como entrenador a la vuelta de la esquina, sino que se lee además como una gran noticia para Gasol. El catalán 16 puntos y q10 rebotes maquillados en el tramo final) padeció ayer los efectos demoledores del tsunami físico que representa el pívot más dominante de la NBA, quien por fin le comió la moral en este cruce a base de intimidación tras dos defensas soberbias de Pau en Los Ángeles. El poderío abrumador de Howard, unido a la clase excepcional de Turkoglu y la veloz fantasía para anotar del base Rafer Alston inclinaban la noche hacia el lado local (49-37 en el descanso). Los Lakers acusaban la soledad de Kobe Bryant, el despertar tardío de Gasol (primera canasta en el minuto 15) y la efervescencia de los Magic, firmes candidatos por entonces a igualar la serie.

Sin embargo, el encuentro se volvió más bronco y defensivo a la vuelta de los vestuarios. Capitaneado en defensa por el orgullo veterano de Fisher y Kobe, el equipo angelino golpeó la mesa con furia. Ganó el tercer cuarto por 14-30 con trece puntos del alero Trevor Ariza, el tipo de jugador absoluto que entusiasma más a técnicos que a espectadores por su ardor guerrero en defensa y la valentía adelante. Su irrupción y el forzoso descanso de Turkoglu por las faltas adelantó a los Lakers en el minuto 31 (54-55). De ahí hasta las dos bocinas que se escucharon en el Amway Arena, mucha paridad y otro secundario con afán de protagonismo, el local Pietrus, asombroso despliegue atrás y producción ofensiva para replicar a Ariza.

El partido se movió en la delgada línea del alambre, con la amenaza de caer distribuida a partes iguales. Bryant volvía a ejercer de pecho y espalda, lo mismo convertía una chufla de tiro en una obra de arte sólo a su alcance que merecía la retirada del saludo por parte de sus compañeros con su enfermizo empeño en reivindicar la esencia del egoísmo. Orlando cayó por la experiencia adversaria a estas altura del calendario, los imperdonables regalos desde el tiro libre (22 de 37 intentos) y la manía de Stan Van Gundy de alinear casi los mismos minutos a Alston que a Nelson, muy lejos de su mejor forma tras cuatro meses parado. Lo que iba para día de la bestia terminó con la segunda crueldad para los Magic: dos prórrogas, dos derrotas.

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