El Correo
img
Nueve memorias de un Mundial airado
img
latentaciondelmundial | 16-07-2014 | 15:45| 10

1. El mordisco. Este Mundial no será recordado por el mordisco de Luís Suárez a Chiellini sino por el que le da la FIFA al uruguayo con esa sanción desmedida. Recordemos que Matuidi rompió la tibia y el peroné del nigeriano Onazo y sólo recibió una amarilla. Y que Zúñiga quebró la vértebra de Neymar sin tarjeta. El presidente de la República Oriental del Uruguay definió de modo breve y elocuente lo que pensaba sobre la Federación Internacional de Fútbol. Valdano no lo hubiese dicho mejor.

2. La suerte. El azar marcó parte del Mundial. Alemania mereció ganarlo con justicia, pero Argentina bien pudo ganar esa final. El error de Kross podría haber sido uno de los más graves de la historia de las finales pero, un segundo después, Higuaín cometería otro que le pesará por mucho tiempo. Aún dudo si Neuer debió ser expulsado o si Höwedes mereció la roja. O si el golpe de Garay a Kramer o de Agüero a Schweinsteiger fueron sancionables de un modo severo. El devenir de un partido también depende del día que tenga el árbitro. La fortuna es atributo de los campeones. Napoleón ya lo sabía: “traedme generales con suerte”, decía.

3. El cambio de Van Gaal. No era la primera vez que se cambiaba a un portero para afrontar la tanda de penaltis. Lo hizo Schuster en un Ramón de Carrranza en el 2007 y le salió mal. Tras quitar a Casillas en el 91, a Dudek le colaron un gol dos minutos después. Al final, no hubo penaltis. Pero a Van Gaal le salió de maravilla, fue un golpe maestro. Un arma psicológica que afectó a Costa Rica y a su excelente portero.

4. La fase de grupos. Casi todos los goles, excepto los de la semifinal Brasil-Alemania, se produjeron en la fase de grupos y en los octavos de final, es decir, justo cuando en el campeonato aún estaban las selecciones de menor renombre pero mayor descaro. En esos compases iniciales se dieron los partidos más vibrantes. Chile, México, Irán, Argelia, EEUU, Colombia, Uruguay y, por momentos, Croacia, merecieron algo más. De la misma firma merecieron ser escogidos como mejores jugadores otros muchos antes que Messi. Sin duda, el argentino, que no es ni un 20% de lo que puede ofrecer de sí mismo, sintió arcadas al recoger el trofeo. Fue un robo a Robben.

7. La huella de Pep. No se le vió, pero estaba. Los viejos campeones (España) basaron su equipo en el Barcelona que él dirigía y los nuevos vencedores (Alemania) nutren su selección en el Bayern que él entrena. No es sólo mérito de Guardiola, ya que Luís Aragonés fue el arquitecto de la ‘Roja’ europea y el propio Joaquim Löw lleva trabajando de esa forma con Alemania desde hace casi una década. Triunfó el amor por el juego de toque y el proyecto constante armado con coherencia y determinación.

8. Las canciones. No pasará a la historia ni una sóla. El Waka-Waka era una tomadura de pelo, pero tenía la virtud de ser facilona. Ésta ni eso. No hablemos de la que se hizo para la selección española. Si algo bueno trajo su eliminación, fue que no volvimos a saber más de esa vacuidad.

9. Hasta Rusia con amor. De la corrupción del hemisferio sur a la corrupción del hemisferio norte. De la samba al kasachov. De la alegría de carnaval entre los botes de humo de la policía a la seriedad rusa entre nuevos ricos del petróleo. Habrá que repasar a los viejos maestros como Tolstoi o Dovtoeivsky y consultar terribles capítulos de su historia. No olvidemos recitar a poetas como Yevtushenko, en su tiempo ídolo de multitudes. Nos vemos dentro de cuatro años.

Ver Post >
Falsos mitos sobre Alemania y Argentina
img
latentaciondelmundial | 14-07-2014 | 16:56| 0

 

Beckham y uno de sus hijos conversan con Kaká.

Beckham y uno de sus hijos conversan con Kaká.

¿Por qué los artistas, actores y músicos preferían que ganase Argentina antes que Alemania? Existen dos razones, pero la principal es porque los artistas son, como todo el mundo, bastante interesados. Aunque Argentina viva en una crisis perpetua, aún sigue siendo un país muy culto y es un destino laboral excelente para actores y cantantes. Éstos, sabiendo de la pasión descomunal de los argentinos por el fútbol, no dudan en vincularse con la albiceleste para caer en gracia al público de allí. Así que, en cualquier entrevista pública sobre sus preferencias futboleras, siempre van a decir que valoran más a Argentina que a Alemania o que un trozo de corazón suyo reside en La Boca. Y después añaden algún tópico más sobre el apasionado espectador argentino.

Todos en España dicen lo mismo. Milongas. Y, cuidado, yo también tengo un trozo de mi corazón en Argentina y, por tanto, con Argentina. He ido a Buenos Aires como nueve veces, he tocado allí y colaborado en estudio con bandas como Los Primitivos, Fede Kempff o, ahora, Motorama. Y pienso volver, volver, volver, todas las veces que pueda. Por mil y una razones maravillosas. Pero jamás hay que hacerle la pelota al público. No nos engañemos, la mitad de los que hablan maravillas del fútbol argentino se mearían de miedo en un estadio de allí. Preferirían uno alemán. Y se irían de paseo a las tres de la mañana antes por Berlín que por su Boca querida.

Pero, claro, saben que a Alemania no van a trabajar ellos, sino los ingenieros o los D.J’s. Y, en términos estrictamente futbolísticos, no hubiese sido injusto que Argentina ganase una final librada de poder a poder, pero sí que ganase el Mundial. Alemania apostó por una idea de juego hace casi una década. Pese a las derrotas, nunca dejó de creer en lo que hacía. Sabía que estaba en el camino correcto.

Los alemanes dejaron atrás los viejos ropajes y se construyeron una identidad nueva. ¿Hay algo más romántico que la Alemania de este Mundial? Practicaron un estilo que está en contra de la actual corriente conservadora que rechaza el balón, el pase y la belleza. Sin embargo, en el imaginario popular, todavía se considera que Alemania es un ejército de diplodocus rubicundos con menos imaginación que un notario. Pese a que esto no es así, los artistas, tan reacios a cambiar de prejuicios, siguen creyendo que Alemania representa al poder establecido. De ahí procede también su apoyo a la selección argentina, a la que asocian con la lucha contra el sistema. Maradona y su discurso embriagador y, a veces, maniqueo, ha tenido mucho que ver con esta imagen. Por ejemplo, su gol injusto a Inglaterra con la mano es “la mano de Dios” pero, cuatro años después, el penalti injusto que sufre Argentina en la final de Italia 90 es una venganza de la FIFA.

Y es que Argentina ha sabido vender su idiosincrasia caótica y vibrante como si fuera una expresión de su alma de artista. Viven ‘hacia afuera”. Alemania, por el contrario, pese a todo el arte y la filosofía que nos ha dado, no se hace notar como una nación de poetas románticos (que lo fueron) sino como un pueblo de trabajadores sin alma. Viven “hacia dentro”.

Dejémonos de engaños. Aunque en el terreno de la pasión y el balonpié no nos gusta que se rompan nuestros estereotipos, hace mucho tiempo que los papeles clásicos del teatro del fútbol se invirtieron o se mezclaron. Enhorabuena a los finalistas, pero no se fíe de los artistas.

Ver Post >
La deuda
img
latentaciondelmundial | 13-07-2014 | 15:39| 10
Robben agradece el apoyo de su afición tras acabar el Mundial en tercera posición, / Afp

Robben agradece el apoyo de su afición tras acabar el Mundial en tercera posición, / Afp

Dicen que el fútbol tiene una deuda con Holanda. Y no es cierto. Hubiese sido un oprobio para Rinus Michels, el Ajax y la selección naranja que fascinó durante la década de los 70, que esta Holanda ganase. El buen fútbol no es patrimonio de nadie, ni está en el ADN de ningún país. Es un arte común.

Otorgar una bandera a una determinada forma de jugar es un ejercicio de nacionalismo inútil. De hecho, hemos llegado a ver a una Alemania que toca el balón como lo hacía España que, a su vez, tenía la posesión como la antigua Holanda en la que perfectamente podía haber jugado el italiano Pirlo. Italia está iluminada por la gracia de Pirlo. El influjo de Holanda ha pasado como una antorcha de mano en mano, como un balón de pie en pie, a través de jugadores, entrenadores y aficionados que aplaudían esa forma de jugar. Pero premiar a una selección que ya nada tiene que ver con aquella es como felicitar a un nieto por los méritos de su abuelo. Por otro lado, decir que los jugadores de Brasil han ensuciado la bandera nacional o la honra de un país, es mucho más que una exageración. Ellos son fruto de una serie de circunstancias, de un trabajo mal hecho y son hijos del trauma no superado de la eliminación de Brasil en el Mundial 82. En lugar de reflexionar y sacar conclusiones de los errores que cometieron en aquel partido para remediarlos, decidieron negar su juego bonito y encaminarse hacia el fútbol plomizo y aburrido de algunas selecciones europeas.

El caso es que Brasil, depués de ese Mundial, ganó dos Mundiales más, pero nadie recuerda con ilusión esas victorias ni apenas a los futbolistas que las lograron. Ya no eran el faro que iluminaba el mundo. Los títulos son importantes, pero nada es comparable a ese combinado amarillo que en España conquistó los corazones, las almas y las videotecas de todo el planeta. Brasil dejó de enamorar hace años, así que no me parecen tan graves sus derrotas recientes. Lo grave fuenquen ganasen un Mundial como el del 94 o el 2002 con ese fútbol.

Como vemos, los estilos y las formas de jugar al fútbol no son de los países sino de las personas. De hecho, estoy convencido de que Sócrates o Zico hubiesen preferido jugar con Iniesta y Xavi antes que con Hulk o Fernandihno. Y creo que Klose se llevaría mucho mejor en el césped con un croata como Modric que con un alemán como Effenberg. Ya no tiene ningún sentido hablar de venganzas entre selecciones por oprobios sufridos hace décadas. Que si Alemania contra Francia, que si Holanda contra Alemania, Argentina contra Holanda, o Alemania contra Argentina. Están formadas por personas muy distintas y juegan de forma diferente. Lo único para lo que sirve ese entorno bélico en el fútbol, es para poner sobre los hombros de los jugadores una responsabilidad nacional que no les corresponde.

Resultó especialmente triste escuchar a la grada brasileña cantar consignas contra Dilma Rousseff, la presidenta, según avanzaban los goles alemanes. Como si las victorias tapasen la pobreza, la corrupción o los muertos. O como si el equipo fuese un ejército simbólico. Se considera a los jugadores como parte de una cosmogonía donde son héroes o dioses caídos y eso no es beneficioso ni para el fútbol, ni para el país. Nuestras identidades son múltiples y encajonarnos con los traumas del nuestro país esvadir nuestras reponsabilidades. Robben no es Cruyff ni Neymar es Pelé. Son tan dististintos como el país que les tocó vivir. Aunque sea el mismo.

Ver Post >
El Mundial es para los niños
img
latentaciondelmundial | 08-07-2014 | 14:13| 0

Los niños de mi generación aprendimos nuestra escala de valores con el catecismo y Barrio Sésamo. Ahí comprendimos que había cosas buenas y malas, otras que estaban arriba y abajo, y también distinguimos lo que estaba dentro y fuera. Sin embargo, ahora es el fútbol el que se encarga de la educación de los niños. Su presencia descomunal en todos los ámbitos de la vida cotidiana hace que los futbolistas, locutores y entrenadores sean los nuevos profesores. De hecho, cada vez que un futbolista comete un acto reprobable, es una multitud la que exclama al unísono: “Cuidado, que esto lo están viendo los niños”. Es decir, se sabe que el fútbol, más allá del mero deporte y negocio, ofrece unas pautas de comportamiento que serán imitadas. Da igual lo que diga un profesor en la escuela si, después, un imbécil en pantalón corto le pega un codazo a otro, le parte la tibia, la vértebra o simula un penalti. O si se arbitra como Mark Geiger o Velasco Carballo.

De hecho, el fútbol, la FIFA y los comentaristas sacan a los niños a colación cada vez que quieren lavar un poco su imagen. Hasta entonces los niños son lo de menos. Me recuerda a un antiguo compañero de grupo. El tipo en cuestión era un animal de las fiestas que volaba de francachela en francachela. Un día estábamos en una reunión negociando el dinero de una nueva grabación y la gira que venía después. Para hacer frente común decidimos negociar colectivamente. El caso es que sus malos modales y su falta de diplomacia nos estaban haciendo perder lo que, sin duda, hubiéramos conseguido sin esfuerzo. Cuando vio que se escapaban sus peticiones, hizo como la FIFA, los locutores y los columnistas: sacó a los niños a escena. Dijo: “Mis hijos, esto lo hago por los niños, mis niños tienen que comer, ¡es el sueldo de mis niños!”. Nos quedamos de piedra. No sabíamos ni que tenía hijos. Nunca hablaba de ellos, nunca le vimos llamarlos, aunque pasábamos con él todo el rato. Como el fútbol, cuando se quiere justificar algo, se mete a un niño por el medio. Pero, quizá sea mejor que los niños aprendan valores con el fútbol y la FIFA. Así se ahorrarán disgustos y desencantos posteriores. También pueden prepararse mejor para el futuro. A través del fútbol vemos el mundo tal y como es y no como nos gustaría que fuese. Sabrán que puedes salir impune de muchas atrocidades si estás en el bando correcto. Y que todo vale si ganas. Que no siempre vence el mejor. Que el esfuerzo no siempre tiene recompensa. Y así podremos explicar la razón de que se haya pasado del fútbol esperanzador y vibrante de la fase de grupos y los octavos de final a los partidos plomizos y áridos de los cuartos de final.

En las semifinales ya están los de siempre, haciendo lo de siempre, dejando en la cuneta a los equipos nuevos con ganas de ofrecer al fútbol lo que las selecciones con más solera hace décadas que no dan. Los equipos de la semifinal son viejos políticos de profesión asustados ante una nueva hornada de gente que piensa. Las selecciones que han quedado son los directivos de toda la vida dando codazos a los nuevos empleados con ganas de hacer las cosas de forma distinta para que no les quiten su puesto. Quizá la próxima vez ganen Suiza, Argelia, Chile o Méjico y el mundo amanezca distinto. Si la FIFA no lo impide. Y, si no, siempre pueden hacerse una foto más con los niños. Es por ellos.

Ver Post >
La insoportable crueldad del Mundial
img
latentaciondelmundial | 03-07-2014 | 13:37| 0

Todas las emociones del ser humano se han condensado este este Mundial enloquecido entre cuyos extremos queda resumida la vida. Hemos visto dosis de esperanza, lucha y recompensa, pero también han salido a la palestra cantidades ingentes de crueldad, dolor y cierta injusticia… aunque en el fútbol no existe lo justo o lo injusto, sino tan sólo la realidad empírica del gol. No se asciende por los méritos, sino por el acierto. El fútbol está causando dolor, mucho dolor, a algunas selecciones que jugaron bien, que hicieron todo posible por ganar, que acumularon un buen puñado de ocasiones y ahora están fuera del Campeonato. La crueldad se cebó con Chile, como si fuese un país condenado a sufrir cuando la esperanza empieza a saludarles desde el cielo. También fue dolorosa la maldición de los últimos minutos llovidos sobre México. O sobre Suiza. Por no hablar de Argelia. O, en un momento dado, incluso Nigeria. Obviamente, ni Brasil, Holanda, Argentina o Francia sentirán que la vida ha sido injusta. Ellos representan la otra cara de la vida, la del indulto llegado en el último minuto. Ellos, además, cuentan con un elemento inmaterial que juega a su favor: la Historia.

Es como si el aire del paso soplase y les llevase en volandas hacia una victoria improbable en los peores momentos. Las selecciones más novatas aún han de llevar el machete en la mano y abrirse paso entre el retorcido y limitado camino del destino. Las selecciones que han ganado algún Mundial (excepto Inglaterra) o que han sido finalistas, avanzan por un sendero que ya ha sido pisado por sus antepasados. Klose sabe que puede ganar porque ya lo hizo Beckenbauer. Igual que Benzema cuenta con el precedente de Zidane. Por no hablar de Messi, que tiene a Kempes o Maradona llemándole desde el Olimpo para que se sume al club. No es casualidad que a Italia e Inglaterra les eliminara Uruguay, una doble campeona. Ese peso cuenta y, no en vano, se han clasificado todas las campeonas de grupo. Es algo más que suerte. Pero tampoco se puede negar que hay cierta condena sobre estos vencedores. Argentina es un país que vive, siente y respira de forma absolutamente extrema y tiene el peso de recuperar su pedazo de cielo. Dios es argentino y el solio papal está teñido de albiceleste. Sería inexplicable para ellos no volver con el título, por romo que sea su fútbol. Además, es un país en perpetuo conflicto consigo mismo y han de buscar dioses en casa y enemigos fuera. Si en el 86 los malos fueron los ingleses, ahora es el FMI. Por otro lado, los anfitriones tienen la enorme responsabilidad de hacerse con el triunfo para que se esfume el olor de los muertos, las protestas y los favores arbitrales. Tienen todo a favor para que la FIFA sonría con la bolsa llena y sigan impunes sus flamantes casos de soborno. La presión es exagerada. De todos modos, las dos máximas estrellas del Mundial, Messi y Neymar, están en plena forma. Se han paseado todo el año por el césped del club que tan generosamente les paga, reservando fuerzas para el Campeonato. Cristiano Ronaldo, en cambio, llegó fundido tras una temporada extenuante con su club. Una actitud profesional que le honra. Robben jugó en su club y en su selección, consciente de que el fútbol le debe a Holanda un título Mundial por su aportación al arte. Aunque ahora mismo, junto con Brasil, son el calvinismo, el nulo disfrute y goce en el campo y la efectividad máxima. Juegan como el Madrid de la Décima.

Ver Post >
El himno español es el mejor
img
latentaciondelmundial | 01-07-2014 | 14:01| 0

España comenzó a perder su partido contra Chile en el momento en que se escucharon los himnos. La FIFA tiene la obligación de poner cada himno nacional un mínimo de 90 segundos. Cuando el himno chileno salió por los altavoces de Maracaná, sólo se escuchó durante los cuarenta segundos que dura la parte instrumental. Cuando comenzó la letra, bajaron el volumen y fue el público quien cantó. La gente se contagió y el himno se prolongó por más de dos minutos. Eso aportó al equipo un extra de fuerza y de moral y unió a los futbolistas con sus seguidores. Y es que un himno potente puede marcar el devenir de un equipo, igual que lo hizo el “You’ll never walk alone” del Liverpool, que se comenzó a cantar en las gradas de Anfield a principios de la década de los sesenta y cobró tal relieve que el título de la canción se incorporó como lema al escudo. Tampoco hemos de desdeñar la intensidad que transmiten al Panatinaikos sus aficionados gritando el “Horto mágico” (“Hierba mágica”). Algo apoteósico. Muy distinto es el himno de la Roma, adornado de sabor italiano, que le sienta como un traje a medida. También se debería guardar un lugar especial al “On The Ball, City”, del Norwich City de 1890, la canción de fútbol más antigua. Pero las selecciones no pueden escoger su himno. Tienen el mismo que el de su país. De hecho, una selección es como una embajada o un barco en aguas internacionales: una prolongación del estado-nación.

Nosotros no cantamos nuestro himno nacional porque no tiene letra. Y ahí reside precisamente su virtud. Somos un país plural y diverso, un estado heterogéneo de una complejidad notable. De hecho, dudo mucho que Sergio Ramos y Xavi tengan la misma idea de lo que es España. O Diego Costa y Busquets de lo que significa ser español. O Casillas y Juanfran. O Torres y Villa. Y ninguno de ellos es menos español que el otro, lo que sudece es que lo son de manera distinta. Por eso es perfecto que el himno español no tenga letra. Permite que cada jugador le dé una interpretación personal sin depender de un texto que podría no recoger las diversas sensibilidades que existen dentro del grupo. Las diferencias puestas al servicio del equipo contribuyen a mejorarlo, nunca a empobrecerlo. Durante demasiados años, muchos políticos y medios de comunicación han tratado de imponernos una idea uniforme de qué es España y ser español. Una visión hermética y monolítica.

La gracia de España reside en su diversidad y en las muchas maneras de vivirla y de expresarla. Algunos admiran de su país el mundo de peinetas y desfiles militares. Otros preferimos su riqueza literaria en su distintos idiomas. Otros gozan del saber vivir. Y algunos, como Clemente, niegan su españolidad, precisamente a través de un comportamiento que, por desgracia, ha sido (y sigue siendo) muy común en España: la grosería, la chulería, los malos modales y la falta de respeto por el que no opina como tú. Nuestro himno es el mejor posible para este país. Sin embargo, los jugadores españoles, por más besos que den al escudo, no han exhibido ni una sola muestra de amor por su país. Eso ha sido cosa de los griegos que, en una carta remitida a su Primer Ministro, renunciaron a los incentivos económicos para que el estado griego invirtiese ese dinero en infraestructuras deportivas. Por 720.000 euros cualquiera es español. Nuestros futbolistas no saben de letras, pero de números, ¡vaya si entienden!

Ver Post >
¡Suárez muerde de nuevo!
img
latentaciondelmundial | 26-06-2014 | 09:24| 0

La prensa ya se ha rasgado las vestiduras con Luís Suárez. En especial la inglesa, que no le perdona sus goles y detesta comprobar que la selección del “paisito” terminó con ellos, los inventores del fútbol.

Mordisco de Suárez

Mordisco de Suárez

También han eliminado a Italia en un partido poco espectacular pero repleto de detalles tácticos y luchas individuales al límite. Uruguay no brilla en el centro del campo pero, consciente de sus limitaciones, apela al orgullo charrúa para alcanzar la victoria. Italia parecía (y hasta cierto punto era) superior, pero Godín hizo de sí mismo y en breve tendrá una estatua en Montevideo al lado de la de Artigas.

Uruguay ganó el partido y a nadie le extrañó porque es capaz de eso y mucho más. Pero ahora todo se reduce al mordisco de Suárez a Chiellini. Es cierto que es una reacción impulsiva y equivocada. Pero, ¿por qué debería juzgarse ese mordisco de forma distinta a otros lances del juego? ¿No es peor lo que hizo Chiellini a lo largo del partido? Trató constantemente de engañar al árbitro llevándose las manos a la cara y explicándole con gestos que le habían dado un codazo. Varias veces. ¿No es merecedor de un castigo igual o superior a un mordisco de un segundo? ¿No es más rastrero, deshonesto o ruín que un mordisco? Se juzga peor un arañazo, escupitajo o mordisco porque son percibidos por los aficionados y los capitostes de la FIFA como recursos propios de mujeres. En cambio, un codazo, una patada en plancha o reventar un tobillo en una entrada brusca forman parte de un juego de hombres, de un mundo patriarcal. Evoca los viejos y supuestos códigos caballerescos. A Luís Suárez, una entrada fuerte del galés Dummet casi le deja sin Mundial, en cambio, él no deja fuera del Mundial a Chiellini, excepto por méritos deportivos.

A Cristiano Ronaldo le masacran con los tacos de las botas, pero cuando arañó a Gurpegui casi le lapidan. No es una cuestión baladí, hay que tener en cuenta que en toda la Historia de los Mundiales jamás ha participado un jugador que públicamente se haya declarado homosexual. Pero a la FIFA no le importa resolver los problemas reales sino los simbólicos. Lo que le interesa es que la representación de su poder se atenga a su propia escala de valores. La FIFA es la monda. Asustada como está por las acusaciones de juego sucio en los despachos, insiste en el juego limpio en el césped, pero de una forma tan superficial que roza el ridículo.

Por ejemplo, pretende erradicar los insultos racistas entre jugadores, pero no el racismo. ¿No es puro racismo institucionalizado que los mejores jugadores brasileños sean negros o mulatos y los máximos dirigentes de la federación brasileña sean blancos? ¿No es llamativo que la proporción de mestizos que han podido pagar una entrada a los nuevos estadios sea mínima? Un jugador que llama negro a otro (con mala intención) es sancionado aunque, en efecto, el rival sea negro, pero nunca es castigado si llama a otro maricón, aunque el destinatario del piropo sea heterosexual. En todo este río revuelto pretende pescar Brasil.

Criminalizar a Luís Suárez es debilitar a Uruguay, la única selección a la que la ‘canarinha’ tiene pánico. En cambio, a Brasil, no se la respeta, se la teme. Nadie quiere jugar contra ella porque existe el miedo de que, en caso de una falta dudosa o un desmayo en el área, el árbitro pite a favor del anfitrión. Y, a estas alturas, esos detalles deciden un Mundial. ¡Suárez ataca de nuevo!.

Ver Post >
La ética del fuego
img
latentaciondelmundial | 24-06-2014 | 17:44| 0

Noche de San Juan, fecha clave del año para los amantes de los rituales y las celebraciones con aroma ancestral. El fuego, en San Juan, no es sinónimo de destrucción sino de regeneración. Y esa fue la función del partido frente a Australia. Mudar de piel de la mejor manera posible. No es fácil, cuando todo se derrumba, mantenerse en pie con el uniforme planchado. Y la Selección y, en especial, su entrenador, ardieron con bastante más estilo de lo que se dice en los mentideuros futbolísticos. Ellos no son culpables de ese calendario atroz que los ha dejado inermes.

También las bandas de rock se quedan exhaustas cuando llevan seis años grabando discos y haciendo giras sin descanso.  Y la Selección es como una gran banda de rock. La “roja” creó una obra de primera calidad que, además, logró ser éxito de ventas. Las canciones nacían veloces y sin apa-rente esfuerzo, como los pases de los centrocampistas. Pero nada es lo mismo tras los millones, los discos de oro y el mundo en constante alabanza. La elevada exigencia desgasta como el cin-cel que golpea un bloque de mármol. Y cuando, por fin, la derrota te obliga a detenerte para re-flexionar, te das cuenta de que necesitas hacer una hoguera. El fuego destruye los malos espíritus y los corazones cansados se alivian del yugo que los oprime. Es obligado reconocer que la Selec-ción no jugó bien, pero jamás perdió las formas. Y no es fácil que un grupo de multimillonarios jóvenes y adulados hasta la náusea mantengan la cordura y la convivencia como han hecho ellos. Conozco bandas de rock que, con mucha menos fama, son incapaces de estar cinco horas juntos sin sacarse los ojos.

La única fractura que se produjo en el ecosistema de la selección española no la causaron un grupo de holandeses o chilenos, sino un portugués de Setúbal. Del Bosque tuvo que lidiar con una bomba de relojería que él no había puesto y no sólo se ganó el cielo, sino también una plaza como profesor en cualquier escuela de diplomacia. También tuvo errores pro-pios de un humano que, como todos, tiene sus debilidades: la más hiriente fue su querencia irra-cional por Torres. Villa es, de largo, mucho mejor delantero, con más instinto goleador y bastante más aguerrido a la hora de presionar.

Vi el partido en Segovia, en el hotel, horas antes de nuestro concierto de esa misma noche y de la hoguera. Mientras trataba de calmar mis nervios previos a la actuación, España sacaba el viejo repertorio que la hizo famosa y, por momentos, revivimos los días de gloria, con menos velocidad que hace unos años, pero demostrando que no hay gozo en el balompié comparable a un pase interior de Iniesta. Es cierto que existen muchas formas de ganar, pero a mí me emocionan más unas que otras. Por eso fue un placer recibir la visita de Mi-kel González, de la Real Sociedad, antes del concierto (a diferencia del resto del mundo, los de-portistas pasan por el camerino a saludarte antes de tocar y no después).

Fue emocionante que un tipo que aún vive en Mondragón y a quien le gusta el rock crujiente nos desease suerte, porque sus ánimos nos empujaron a dar uno de los mejores conciertos de la gira “El Creyente”. Mikel es uno de esos jugadores que querrías para tu equipo. Uno de esos que está ahí en la lluvia y en el barro. De los que siente los colores con primas o sin ellas. Además de estética, necesitamos ética. Esa es la gran lección de Del Bosque.

Ver Post >
Tras el final, a pensar en el futuro
img
latentaciondelmundial | 19-06-2014 | 12:21| 0

Sólo había dos razones por la que podía soportar que España se quedara fuera del Mundial. Una era por la prima obscena de 720.000 euros por cabeza que recibirían si salían campeones. Hemos de reconocer que esa cifra nos alejó a todos un poco de nuestra selección. El segundo motivo era por los comentaristas de fútbol. Excepto alguna honrada excepción, el resto emplean un lenguaje zafio, vulgar y limitadísimo. Lo peor es que se conducen con un tono falto del mínimo respeto hacia el rival. Como si Chile fuese un país y una selección de quinta división. Y como si nosotros fuésemos el centro del mundo.

Y cuando no juega España, son de un eurocentrismo insoportable y rozan, en demasiados casos, la falta de decoro. Y cuando no se llega al desprecio, tenemos que escuchar frases hiperbólicas, fuera de lugar como, por ejemplo, “En Lisboa, Ramos parecía el mejor central de la Historia”. Son tantísimas las ganas de epatar y hay un desconocimiento tan grande de la Historia de fútbol que muchos comentarios son insolentes. Esta derrota, si espero que sirva para algo, es para moderar las maneras y aniquilar de una vez el “a por ellos, oeeeeé” y demás cánticos tribales que nada tienen que ver con el juego de tiralíneas de este equipo. Cayó la selección española el mismo día que, hace 199 años, Napoleón era derrotado en Waterloo. Y hace 15 años que Red Hot Chile Peppers editaron uno de sus mejores discos, “Californication”.

 

Vi el partido en una sidrería, en la misma en la que sufrí la derrota del Sporting en la lucha por el ascenso. Sidra tras sidra asimilé que como rítmicas gotas, este partido iba a ir calando en nuestros cuerpos y ensopándonos en una derrota húmeda y triste. Y ahora estamos desnudos de nuevo con nuestras miserias, sin nadie que nos libre del fracaso diario. No está Casillas haciendo milagros, ni Ramos portentoso o Costa entregado. Nos duele que no esté la selección para hacernos brillantes. Ahora nos toca a nosotros ser héroes del día a día. Nos tenemos que conformar con las miserias pesadas y tristes de la vida sin los goles de Villa.

Pero, ¿hemos aprendido algo de esta selección triunfadora? o ¿Seguimos siendo los mismos de antes de la Eurocopa del 2008?. ¿Hemos aprendido algo? Una de las razones por las que no quería que fracasase la selección, era porque este equipo era uno de los pocos reductos del trabajo bien hecho en este país. Nuestra selección era lo menos español que teníamos en España. Ordenada, suave y paciente. Tenaz, inteligente y elegante. Pero nadie es inmortal y un equipo de fútbol, mucho menos. Se acabó la función, se apagaron los focos y desciende el telón sobre los restos de una obra jugada para la eternidad.

No deberíamos pedir más a los chicos. Lo hicieron bello y eficaz, una combinación que pocas veces se da en la vida. Ahora toca exigirnos a nosotros mismos. Hacer milagros con nuestros míseros sueldos igual que Casillas los hacía bajo su arco. Tirar los penaltis cotidianos con la frialdad de Cesc. Oler las oportunidades con el instinto de Villa. Mantener la exigencia moral de un Xavi. Animar a los demás y contagiarlos de optimismo como Reina. Y, sobre todo, no rendirse hasta el final como hace el mejor jugador que ha dado el mundo en los últimos diez años: Iniesta. Chile vuelve a ser la Roja. Les arrebatamos el sobrenombre y nos sentó de maravilla durante seis años. Que sigan esta labor ellos. Nosotros vamos a pensar en el futuro. Con ética y estética.

Ver Post >
¿Quién quiere matar a España?
img
latentaciondelmundial | 14-06-2014 | 08:37| 0

El diablo no se viste de naranja. Tampoco de amarillo. Ni de Adidas o Nike. El diablo viste de Armani y vive en Suiza, reside en la sede de la FIFA y ocupa parte de su tiempo seleccionando árbitros sumisos por si a Brasil se le atasca algún partido. Por ejemplo, qué se yo, contra una estupenda Croacia. También tiene una segunda residencia en los bancos que guardan el dinero y los secretos de Bárcenas. Pero los ángeles van de rojo. Y juegan y tocan y parece que la música de las esferas se dibuja en sus pases. Qué bien jugó la Roja durante casi toda la primera parte. Sacaban los holandeses las tijeras para cortar las alas de unos ángeles que volaban un poco más bajo de lo normal después de una temporada agotadora.

A diferencia de ciertos futbolistas que se reservaron para el Mundial, ningún jugador de la selección española escatimó fuerzas en sus clubes. La competencia es demasiado grande. La selección salió ordenada, pausada y con unas grandes dosis de paciencia. Le gusta hacer las cosas bien con un punto quijotesco. Quiere vencer con espadas en un mundo de arcabuces y pólvora. Y entonces, el dios del fútbol se dió cuenta de que vestían de blanco y les abandonó. Les dejó pasar el calvario a ellos solos a merced de sus errores, que ensuciaban su pasado divino. ¿Qué sucedió? En parte, hubo un punto de mala suerte, del mismo modo que la rueda de la Fortuna estuvo con nosotros en otros tiempos. Hay que reconocer que todas las selecciones y equipos triunfadores tienen un monento de buena suerte que determina lo exitoso de su futuro; nunca hay que infravalorar la importancia de la suerte. Por ejemplo, España jugó de maravilla en la final de Sudáfrica, pero el gol de Iniesta llega tras una jugada de Navas después de un saque de puerta.

En realidad, el árbitro tenía que haber indicado córner. Y qué decir de la final del 78 en la que Rensenbrink dispara al poste en el último minuto del partido. Unos centímetros más acá y el Mundial hubiese sido para Holanda y no Argentina. O, si el juez de línea de la final del 66 hubiese tenido mejor ojo, es posible que Inglaterra no tuviese su único título mundial. La gloria y el fracaso se separan por una delgada línea que nadie sabe dónde está. A veces es un calambre inoportuno, un resbalón o una buena o mala decisión tomada en cuestión de segundos. Y, esta vez, el Diablo quiso reírse un poco. Y, como el Quijote, la selección cayó aparatosamente con toda su armadura. Llama la atención lo que les pesó el empate. De ahí surge la pregunta que ya planteaban The Smiths en su canción “Still Ill”: “¿Domina el cuerpo a la mente o es la mente quien domina al cuerpo?”

¿Se hundió físicamente la selección por la losa que les supuso el empate? ¿O, como no les llegaban las piernas, las órdenes de sus cerebros eran inútiles? El vértigo del éxito ahoga más al vencedor que al derrotado. El éxito conlleva unas hipotecas que nunca tiene el fracaso. Pero los Dioses, por más que lo intenten, no tienen escrito nuestro destino. Se equivoca cierta prensa cuando escribe que España, en este Mundial, lucha “contra la historia”, en vez de ser más lógicos y decir que España “lucha con la historia”. Aunque lo correcto sería explicar que la selección “escribe por la Historia” o, mejor dicho, “su Historia”. Cinco goles en contra nos muestran lo agotador que es vivir siempre con las alas desplegadas.

 

Ver Post >

Categorías

Etiquetas

No hay tags a mostrar

otros blogs del mundial