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Suspiros

2011 octubre 9
por Eduardo Angulo Pinedo

“Suspira de pena un corazón” dice un verso del pasodoble “Suspiros de España”. El suspiro demuestra pena, ansia o deseo. Así lo define el Diccionario de la Lengua.  Es una aspiración fuerte y prolongada de aire, seguida de espiración y, a veces, acompañada de un tenue gemido. Suspirar es respirar, pero con más fuerza; el suspiro debe ser audible, sólo así será suspiro. Por tanto, está asumido que el suspiro es la expresión de un estado emocional. Como explica Karl Haivor Teigen, de la Universidad de Oslo y Premio IgNobel 2011 por este trabajo, el suspiro tiene aspectos fisiológicos y psicológicos. Desde la fisiología, el suspiro quizá sirva para llevar aire a zonas hipoventiladas de los pulmones. Y desde la psicología, como hemos visto, el suspiro tiene significados muy variados como indicador de estados mentales y emociones. Sin embargo, los estudios empíricos sobre el suspiro son escasísimos. El cine, la literatura o la música saben más del suspiro que la ciencia.

Teigen, en un primer estudio con 75 universitarios, con 59 mujeres y edad media de 22 años, trata de averiguar qué significado tiene el término “suspiro” para estos jóvenes y con qué emociones y sensaciones se asocia. Para los universitarios, suspirar es bueno aunque, en general, lo asocian con emociones negativas, malas, no placenteras y, también, con actitudes pasivas, de resignación y debilidad. Y siempre son emociones no muy fuertes, de una intensidad mediana. Se suspira cuando se deja algo o a alguien, por aburrimiento, cuando se quiere algo y no se alcanza, por cansancio, por frustración, por depresión, de irritación,… Nunca se suspira de agradecimiento, por sentirse sorprendido, por vergüenza, de alegría o por orgullo.

A veces, un suspiro en medio de una conversación no significa lo mismo que un suspiro en medio de la noche, en soledad. Es decir, el contexto cambia el significado del suspiro. Teigen, para estudiar estos cambios con el contexto, pone a los voluntarios ante cuatro viñetas que dibujan diferentes situaciones en las que alguien suspira; se le pide al voluntario que diga por qué suspira y qué sensaciones están implicadas en el suspiro. Las situaciones son: un grupo de estudiantes sentados en una cafetería y uno de ellos suspira; dos personas que no se conocen sentadas en un banco del parque y uno de ellos suspira; una persona abre un sobre, lee una carta y suspira; y, finalmente, hablas por teléfono con un amigo y éste suspira en medio de la charla. Después de un estudio preliminar de las emociones implicadas, se ofrece a los voluntarios una lista de 11 para que elijan la que mejor se acomoda a las cuatro situaciones anteriores: tristeza, abandono, cansancio, aburrimiento, frustración, otras emociones negativas, felicidad, satisfacción, tranquilidad, empatía, y otras emociones.

Las respuestas indican con claridad que los voluntarios asocian los suspiros con emociones negativas en todas las situaciones que se les ofrecen. Da lo mismo que el suspira esté con otros (cafetería o teléfono) o que esté sólo (banco del parque o leyendo la carta), el significado del suspiro nunca es bueno. Y, para los universitarios, detrás de un suspiro hay, sobre todo, tristeza.

Teigen también estudia los suspiros que lanzamos cuando estamos enfrascados en una tarea difícil. Para ello, pone a 36 voluntarios, de ellos 17 mujeres y con edad media de 26 años, a resolver dos problemas del tipo laberinto a recorrer durante 20 minutos que, aunque ellos no lo saben, no tienen solución. Al terminar, el experimentador, que ha tomado nota de sus suspiros, les pregunta si son conscientes de que han suspirado y por qué lo han hecho. Pues bien, 28 de los 36 suspiraron (algunos eran conscientes de que lo habían hecho); algunos, sólo lo hicieron una vez y, los que más, llegaron a los 13 suspiros. Incluso uno de los voluntarios, que no suspiró, pronunció tres veces la palabra “suspiro” mientras intentaba cumplir la tarea asignada. Según los voluntarios, los suspiros se deben a la frustración, a sentirse estúpidos o porque creen que el fallo se debe a una mala estrategia.

En resumen, el suspiro es la válvula de escape de la frustración, de un proyecto imposible y, según Teigen, es la pausa necesaria entre el descarte de lo imposible y la puesta en marcha de un nuevo proyecto. En fin, que un suspiro es un suspiro, así como un beso es un beso tal como dice la canción de Casablanca, la titulada “As time goes by”; es estupenda la versión de Billie Holiday, y cuando cante que “a sigh is just a sigh”, mediten sobre la frustración y la tristeza y sobre el suspiro que sirve para olvidar y empezar algo nuevo.

 

*Teigen, K.H. 2008. Is a sigh “just a sigh”? Sighs as emotional signals and responses to a difficult task. Scandinavian Journal of Psychology 49: 49-57.

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