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Lotería

2009 diciembre 22
por Eduardo Angulo Pinedo

Jugar a la lotería entra dentro de esa categoría de conducta, tan típica de nuestra especie, de correr riesgos con la esperanza de conseguir una ganancia mucho mayor de lo gastado. Cuánto riesgo queremos asumir depende de muchos y variados factores biológicos, psicológicos, religiosos y socioeconómicos. Alok Kumar, de la Universidad de Texas en Austin, ha estudiado la relación entre los jugadores de lotería y los inversores en bolsa. Ha demostrado que la propensión a jugar lotería y la decisión de invertir están relacionadas. En muchos casos, el significado de ambas conductas es el mismo: riesgo alto, con pocas esperanzas de conseguir unas ganancias que, si se consiguen, son muchos mayores que lo invertido, y un resultado final que, habitualmente, implica recuperar menos de lo invertido.

Kumar estudió la demografía y las transacciones financieras de unos 78000 inversores anónimos entre 1991 y 1996. En general, los inversores que se parecen a los que juegan a la lotería acaban ganado un 2-3% menos que los inversores más prudentes. Juegan en bolsa sobre acciones de bajo precio, alta volatilidad y, quizá, ganancias muy positivas; son acciones baratas, con muchas posibilidades de que bajen y un pequeño potencial de subir mucho. En general, estos inversores tipo lotería tienen ingresos bajos para la zona en la que viven; además son de barrios con mucho desempleo e invierten en bolsa en épocas de crisis. Juegan más a la lotería y arriesgan más en la bolsa los habitantes de estados (Massachusetts y Rhode Island) con mayor proporción de católicos mientras que en los estados del sur de Estados Unidos, más protestantes, hacen lo contrario, juegan menos a la lotería y arriesgan menos en la bolsa. Como resume Kumar, y por lo menos en Estados Unidos, el jugador de lotería típico es pobre, joven, de nivel educativo bajo, soltero, vive en un entorno urbano y pertenece a una minoría étnica (negro, hispano) o religiosa (católico). Sospecho que todo esto no se cumple, ni mucho menos, en nuestro país.

Parece que nuestra especie es más dada a arriesgar en épocas difíciles, con la esperanza de solucionar nuestros problemas; y, todavía más, son las personas de más edad, cerca de la jubilación, las que más suelen hacerlo pues sienten la urgencia de tener cada vez menos tiempo de recuperar sus pérdidas. Sin embargo, tomar este riesgo rara vez sale bien.

Pero, ¿cómo hacemos para elegir? ¿Qué riesgo estamos dispuestos a asumir? ¿Cómo anticipamos dónde está la recompensa cuando elegimos entre dos posibilidades? Pues, según las investigaciones de Fuat Balci y su equipo, de la Universidad Rutgers en Piscataway, lo hacemos como ratones. O sea, cuando se estudia el comportamiento de estos roedores y el nuestro, los resultados en la toma de riesgos para conseguir una recompensa son muy parecidos. Por ejemplo, en ratones el experimento consiste en obtener comida debajo de una luz roja; si, después de un rato, no aparece la comida se debe ir a otro lugar en el que aparecerá al cabo de unso minutos. El tiempo de espera en ambos lugares es variable y, por tanto, el ratón debe decidir cuándo pasar del primer al segundo lugar para estar en el sitio adecuado cuando se le da la comida. En este experimento, ratones y hombres son igualmente competentes. Según los autores, asumir riesgos es parte de la vida y el saber hacerlo viene de muy atrás en nuestra evolución; por ello, roedores y homínidos comparten la eficacia en la toma de decisiones. En conclusión, si los hombres juegan a la bolsa y a la lotería, quizá los ratones sean igualmente competentes en ambos campos, puesto que son capaces de asumir de la misma manera los mismos riesgos.

*Balci, F., D. Freestone & C.R. Gallistel. 2009. Risk assessment in man and mouse. Proceedings of the National Academy of Sciences USA 106: 2459-2463.

*Kumar, A. 2009. Who gambles in the stock market? Journal of Finance 64: 1889-1933.

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