Campaña: FRANCISCO, ¡vete a Lesbos, por favor!

 

 

 

Amigos y amigas, ¿por qué no podemos impulsar nosotros una campaña? ¡Qué oportunidad!

   

 

 

  

 

 

  

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Campaña: FRANCISCO, ¡vete a Lesbos, por favor!

 

 

 

 

FRANCISCO, ¡vete a Lesbos, tienes que ir! “Él va delante de ti a Galilea: allí lo verás, como nos dijo”, Mc 16, 7. Francisco, ¡vete a Lesbos, por favor!

Por una Pascua con historia

Por una Pascua con historia

 

En cristiano, no deberíamos precipitarnos al proclamar la victoria de la Vida sobre la Muerte, sin aclarar bien su significado de FE y el compromiso de justicia y amor en que consiste; a menudo, siento que en el día de PASCUA hacemos un uso obsceno del lenguaje, como si fuera YA la victoria HISTÓRICA Y GENERAL de la Vida sobre la muerte; olvidamos que mucha gente no conoce una vida humana, ni probablemente la va a conocer, o, sencillamente, la pierde de una manera tan cruel como injusta. Por eso, muchas veces el lenguaje de la PASCUA lo percibo como un lenguaje sacrílego; convierte YA en historia general (la PASCUA) lo que es una realidad incipiente y CREÍDA. CREEMOS, con temor y temblor, en el triunfo de la Vida sobre la muerte en Jesús (la Pascua) y confesamos nuestra CONFIANZA en que esa Vida es -YA SÍ/TODAVÍA NO- la última palabra contra la muerte de los inocentes, y por ellos, para todos los hombres y mujeres de buena voluntad, los hombres y mujeres que han hecho lo posible por ampliar el espacio de la dignidad humana de todos. El otro modo de la PASCUA -ya, general, histórico, contra la realidad de cada día para las mayorías marginada y, a lo sumo, como alegría interna de unos pocos-, es evidente que no. Así no puede ser Dios. Es sacrílego desde la no-vida de tantos. Sé que hablar así de la PASCUA suena pesimista, pero el pesimismo lo pone la historia humana de la injusticia contra tantos, no yo. El evangelio es alegría en la lucha por la vida digna de todos, pero no es una manual de autoayuda para los salvados. Demos una oportunidad histórica a la Pascua, podría ser la conclusión.

 

Uso y abuso del concepto “misericordia”

 

 

 

 

            El concepto misericordia se escucha por doquier y bien merece un repaso en moral social cristiana. Nadie puede dar en misericordia lo que debe en justicia. Más aún, justicia y misericordia no son dos realidades morales en paralelo, o una después de la otra, sino que van juntas, trenzándose para la mutua plenitud.

 

            La misericordia inspira que la justicia sea cada día más y más humana en su conciencia de los problemas que trata; en ella, en la justicia, encuentra la misericordia su mediación primera y mínima; cuando hablamos de derechos humanos la primera palabra es de la justicia; con compasión, pero de la justicia. El caso de los refugiados y migrantes lo explica sin rodeos.

 

            A su vez, la misericordia sustituye excepcionalmente a la justicia, cuando ésta no hace su trabajo; sólo entonces la sustituye, y lo hace por un tiempo, con denuncia social y como excepción. Por desgracia, demasiadas veces y hasta perderse la conciencia de su provisionalidad.

 

            Por fin, la misericordia desborda a la justicia con acciones propias, las obras de misericordia, en lo que no es exigencia de la justicia sino del amor entrañable y gratuito de los humanos entre sí, a imagen y semejanza del Padre (en la fe).

 

            Por eso es tan importante al hablar de la misericordia referirse a la vez y con claridad a la justicia. Si es la justicia bíblica, para ver cómo ha de mediarse en nuestra vida histórica en justicia y misericordia efectivas para todos; y si es la justicia del mundo, para ver cómo ha de realizarse en cuanto justicia humana equitativa (“la ley justa siempre mejorable”). Y entonces, sí, el creyente debe hablar de la misericordia gratuita y sus obras propias y de cómo exigen, humanizan y prolongan la justicia. (En lenguaje laico, y a su modo, la solidaridad).

 

            Entiéndase bien. Caridad, misericordia, compasión, justicia humana, justicia misericordiosa de Dios… tienen cada una su significado especial, pero en su trazo grueso, en lo fundamental, cobran el significado que acabamos de ver. Y ahora sí es mucho más fácil verificar esta máxima repetida: nadie puede dar en caridad/misericordia/solidaridad lo que debe en justicia, porque la justicia es el primer camino, la primera vía, la medida mínina de las anteriores.

 

            En lo concreto, las obras de misericordia -corporales y espirituales- tienen su valía excelsa, como el juicio final de San Mateo 25 lo explica, pero nosotros, hombres y mujeres del siglo veintiuno, ya sabemos que el pecado social -las estructuras sociales de injusticia- tienen un peso extraordinario en facilitar o no una vida misericordiosa. No podemos engañarnos en esto y mostrarnos inocentes o desinformados.

 

            Luego la justicia social nos reta como tarea ineludible de la misericordia. ¿Más que la vida misericordiosa? Las comparaciones son odiosas. Las buenas personas en estructuras de injusticia se pierden con las mejores intenciones, y las mejores estructuras sociales sin personas buenas, se desploman. Personas buenas (justas y misericordiosas) y estructuras justas (dignas de las personas e inclusivas para los pobres), a la vez. Nadie puede escapar a esta doble interpelación social y cristiana.

¿Acoger a los refugiados? Sí, ¡lo vamos a lograr!

Manifiesto #YoAcojo

Espacio Acogedor 

Quienes firmamos este manifiesto queremos acoger. Y consideramos que Europa no está dando la respuesta adecuada a las personas refugiadas. Al contrario, todo su esfuerzo hasta ahora se ha centrado en proteger las fronteras y convertir Europa en una Fortaleza.

La consecuencia de esta absurda situación es que centenares de miles de personas se ven empujadas a emprender viajes peligrosos por mar o tierra que pueden costarles la vida. Miles ya no podrán contar su historia porque mueren en el camino, muchas veces ahogadas. Otras se han quedado atrapadas en campamentos de refugiados, sobreviviendo en condiciones extremadamente difíciles.

Especialmente trágica es la situación de mujeres y niñas expuestas a explotación y violencia sexual, y la de las personas en situación de mayor vulnerabilidad, como por ejemplo, las que tienen una discapacidad. Todas ellas han visto cercenada la vida que llevaban y se enfrentan a abusos y violaciones de sus derechos que nunca hubieran imaginado. Por no hablar de las miles de familias que se han roto y que encima sufren rechazo en los países que deberían ofrecerles una acogida digna.

Queremos que los países de la Unión Europea, y España como parte de ella, garanticen a las personas refugiadas el apoyo que les corresponde, que den un paso adelante, que escuchen nuestra voz, que ACOJAN.

Queremos que Europa grite #YoAcojo.

Por ello, pedimos al gobierno de España:

  • Que garantice una respuesta rápida para las personas refugiadas y solicitantes de asilo que llegan a Europa, bien por tierra, bien por mar.
  • Que cumpla con sus obligaciones internacionales y aumente el número de plazas de reasentamiento, especialmente para mujeres, niñas y personas en situación de especial vulnerabilidad.
  • Que garantice unas condiciones de acogida dignas.
  • Que se comprometa a impulsar medidas que garanticen el derecho de asilo  y al establecimiento de rutas legales y seguras para que nadie tenga que arriesgar su vida en busca de refugio.

Europa ya tiene su mercado de esclavos

Las entidades de acción social de la Iglesia en España rechazan el acuerdo suscrito entre la Unión Europea y Turquía para devolver a todos los refugiados SIC 8 marzo, 2016 Las entidades de acción social de la Iglesia en España rechazan el acuerdo suscrito entre la Unión Europea y Turquía para devolver a todos los refugiados2016-03-08T14:06:44+00:00 Envío, Iglesia en España Cáritas refugiado TurquíaLas entidades de acción social de la Iglesia que trabajan con refugiados y migrantes —Cáritas, CONFER, el Sector Social de la Compañía de Jesús y Justicia y Paz— expresan su consternación y su más absoluto rechazo ante el acuerdo alcanzado ayer en Bruselas entre la Unión Europea y Turquía que permitirá devolver a territorio turco a todos los refugiados que en los últimos meses han llegado a Europa desde las costas del Egeo. Estas entidades quieren denunciar un acuerdo inédito, que supone un giro radical en la política migratoria y un serio retroceso en materia de derechos humanos. De hecho, la Unión Europea ha decidido comprar, con el desembolso de una partida extraordinaria de 3.000 millones de euros adicionales al Gobierno de Ankara y otras contrapartidas, la contención de los refugiados fuera de las fronteras comunitarias y permitir la devolución —incluso colectiva— a Turquía de todas las personas refugiadas que llegan a la Unión. Con ello, la imagen de una Europa de los mercaderes vuelve a emerger como escandaloso colofón a la larga serie de acciones caóticas, confusas y represivas que en los últimos meses vienen adoptándose contra los refugiados en la Frontera Este. El acuerdo adoptado con Turquía viola los convenios internacionales y europeos ratificados por los Estados miembros que prohíben expresamente la devolución de personas que son objeto de persecución o víctimas de guerra. Es, por tanto, inaplicable. Además, supondrá un incremento mayor si cabe del inmenso saldo de sufrimiento, dolor y muerte por parte de quienes siguen arriesgando cada día sus vidas mientras buscan bienestar, seguridad y protección a las puertas de Europa. Pedimos a los Estados miembros que defiendan la Convención de Ginebra y se atengan a los valores proclamados en sus constituciones. Instamos una vez más a la UE a que ofrezca canales legales y seguros para acceder a nuestro territorio, garantizando la protección de los derechos humanos y la dignidad de estas personas que huyen del terror y la desesperación. Invitamos a la comunidad cristiana y a toda la sociedad a expresar su rechazo inequívoco a este acuerdo, que condena a todos esos seres humanos —mujeres y niños en su mayoría— a ver cercenados sus anhelos de libertad. Como el Papa Francisco señaló en su discurso ante el Parlamento Europeo, “Europa será capaz de hacer frente a las problemáticas asociadas a la inmigración (…) si es capaz de adoptar políticas correctas, valientes y concretas que ayuden a los países de origen en su desarrollo sociopolítico y a la superación de sus conflictos internos —causa principal de este fenómeno–, en lugar de políticas de interés, que aumentan y alimentan estos conflictos. Es necesario actuar sobre las causas y no solamente sobre los efectos”. (Cáritas) ¡Compártenos!

Memoria viva del 3 de Marzo en Vitoria-Gasteiz

 

¿3 de marzo en Vitoria-Gasteiz? No quería intervenir en este tema, pero la tentación es fuerte. Yo estuve allí, en todas las asambleas de San Francisco, y en la del 3 de marzo; era joven y corrí mucho en la estampida; recuerdo perfectamente por qué puerta de la iglesia salí y en qué portal de Reyes Católicos me refugié. Corríamos arriba y abajo por la escalera de la casa y la gente nos abría sus pisos. Esto no me da más razón moral sobre aquellos hechos, ni me la quita. El 3 de marzo es de todos los que creen y están por la justicia. Y no se ha hecho justicia, no se ha hecho, y es imperecedera.

 

            Creo firmemente en la justicia, pero no puedo digerir actitudes de odio o venganza; quiero creer que en minorías; lo creo y es inevitable, no está bien; no es que yo sea bueno, es que no puedo con la justicia que sustenta sentimientos enfermos de odio después de cuarenta años. Me pasa con todas las memorias históricas: las encuentro tan justas como dislocadas en demasiados. Aquella lucha social era legítima por democrática y justa por sus reivindicaciones obreras, pero era y es discutible en su ideología global. Yo estaba de acuerdo, y en gran medida lo estoy todavía, pero los asesinados no sacralizan mis ideas sociales y, menos aún, las ideas nacionales de nadie. Ni ayer ni hoy. No va todo en el mismo lote. Debo diferenciar y lo hago. Lucha social y justicia para las víctimas, sí, sin silencios para nadie; ideologías globales, libertad de opinión.

 

            Y no puedo con el odio para conseguir la justicia. Ya lo he dicho. En cristiano, no cabe. (Respeto la rabia de las familias, cuidado). Que así, con esos criterios, perdemos la lucha social y política. Puede ser. Que la derecha social se aprovecha de las buenas intenciones morales, puede ser. Quizá algo de esto paso con Jesús, ¿no? Astutos como los hijos del mundo, y nobles como los hijos de la luz -decía-, pero cómo.

 

            Creo que en cristiano es posible exigir justicia sin merma ética para la ciudadanía. Y en ética social democrática, también. Tal vez deberíamos celebrar la memoria de aquella masacre de alguna forma propia en aquella iglesia; no en alternativa, abierta a todos, pero con la especificidad cristiana ante la justicia inaplazable. Hay otro modo más ético de memorizar la historia de la justicia. ¿Sería crear división social? Puede ser. El evangelio, de todos modos, interpela y divide, y debería hacerlo más veces.

 

            Para tener los mismos sentimientos del fascismo en la lucha social contra ellos, me busco la vida justa por otro camino. He dicho los sentimientos, no las prácticas ¡Cuidado! Y digo, lo intento. Por eso amo tanto la política justa, y no valgo para ella. 

 

José Ignacio Calleja

Vitoria-Gasteiz

Padrenuestro en Barcelona

 

            Al saber del uso irreverente de nuestro padrenuestro, en un acto oficial del Ayuntamiento de Barcelona, el enfado es lo primero que nos viene a los católicos a la cabeza. Pero yo no me lo tomo tan a la tremenda. Alrededor de la política se mueve mucha gente con dificultades muy grandes para respetar a los otros. Va en el espíritu combativo de los personajes. Ganar y conservar el poder, sobreactuar a su alrededor, es un objetivo de vida o muerte para demasiados. Temibles.

 

            La actividad política que tanto defiendo y aprecio en su necesidad social y moral, en la práctica es un mundo de conciencia muy limitada en muchos de sus actores y pautas. Se molestan si lo dices, pero es así: si te gobierna el PP, no sabe hacerlo sin cobrarse el sueldo de varios modos, los legales y los ilegales; la corrupción cobra mil formas, se hace estructural y la gestión general presume de eficaz para parir un ratón, y contra los vulnerables. Si te gobierna el PSOE, la corrupción cobra (casi) otras mil formas y su gestión te lleva a la ruina en cuanto hay dificultades de caja. Si te gobiernan los que ahora llegan, todavía no sabemos de su eficiencia económica y social, pero de sus dificultades para respetar a los otros en sus convicciones religiosas, esto ya lo sabemos de muchos.

 

            La izquierda social más gritona tiene muchas dificultades para criticar y respetar a la vez a las gentes con idearios religiosos. Ahora hablamos de ellos; otro día será de nosotros. Criticar y respetar a la vez. Esto es así para todos. La diferencia de ideas salta del debate a la mofa, sin solución de continuidad, y de aquí al argumento ad hominem sin reparo. Desde luego, la solución no está en decir que “con el Islam no os atrevéis”, porque al cabo es un signo de calidad ética que se atrevan con el cristianismo: están reconociendo que nuestro sentido de la justicia en los medios de respuesta es noble; que será a la medida de la dignidad nuestra y suya. Esa convicción ajena sobre nosotros, nos honra y me alegra comprobarlo. Debemos cuidarla.

 

            Luego esto de Barcelona no me lo tomo a la tremenda, sino que intento situarlo en su contexto: éste es el país y su momento, ésta es la gente que lo dirige, ésta es la dificultad en muchos de respetar al distinto, ésta es la soberbia de buena parte de la izquierda en la cultura. Tranquilos. No son pocos los intelectuales de izquierda que ejercen como liberados en casi nada, para liberar de la nada, y a la fuerza, a quienes no se lo han pedido. Tranquilos. La derecha es más elitista y sus desprecios, parecidos, se le notan menos. Tranquilos. (Mañana hablaré de nosotros, hoy no toca).

            ¡Calma! Todos los creyentes sepan de su derecho a creer y ser respetados, y crezcamos, más y más, en opciones sociales de justicia y solidaridad ejemplares en la crisis. Por ahí va el Evangelio, lo que de veras nos importa para anunciarlo entero. Podemos mejorar.

 

            Así que ante lo sucedido y por venir, yo lo vivo con calma, porque la cultura, y la cultura religiosa también, es fuerte en la respuesta por la justicia, y fina para no repetir la vacuidad y el atropello de algunas vanguardias culturales subvencionadas. Eso queremos evitar. No es fácil enfadar a los cristianos por una mofa, no debería serlo.

 

            Calma, fortaleza y a mejorar.

¡Feliz Navidad y feliz año nuevo!

 

 

               He buscado para mi familia y amigos una foto donde pareciera contento y a fe que me ha costado; siempre miro a la cámara como si me robara el alma; esta puede valer… Y sin más, que quería felicitaros la Navidad y desearos lo mejor a vosotros y a vuestras familias, a toda la gente de bien que anda por la vida con corazón y manos abiertas; a la que se merece una pizca más de suerte y ha pasado el año esperándola; a los que se me han acercado con expresión de que se sentían mejor al coincidir; a los que me reclamaban más tiempo y los he dejado a un lado con descuido; a los que me han soportado con paciencia en el desacuerdo “político”; a los que saben que la persona más frágil y olvidada es mi primera confianza y credo.

 

 

               Porque Dios, lo que sea que fuere, esto sin duda que es: el ser que pasa por su corazón el dolor de los últimos y más necesitados, y que lo hace propio. Confío en que esta experiencia de Dios crezca en Navidad para todos y se haga tierra que acoge, medicina que cura, capital que emplea, autoridad que sirve, ley que respeta, pareja que ama, niño que juega, pueblos que acuerdan, oración que se encarna, ideología que no ofusca… Os deseo lo mejor en todo, y hagamos lo posible por ponérselo más fácil a Dios. Eguberri On eta Urte berri On. Feliz navidad y feliz año nuevo.

 

José Ignacio Calleja

Vitoria-Gasteiz

El Pacto de las Catacumbas (1965) – Vaticano II

EL LIBRO DEL MES: ‘El Pacto de las Catacumbas. La misión de los pobres en la Iglesia’

Publicado el 27.11.2015

Una obra de Xabier Pikaza y José Antunes da Silva, editada por Verbo Divino

El pacto de las catacumbas. La misión de los pobres en la Iglesia, Xabier Pikaza y José Antunes da Silva (Verbo Divino)

JOSÉ IGNACIO CALLEJA| Este es un libro en colaboración, hecho con mucho amor a la causa de la Iglesia y los pobres, y eso fluye por todos los espacios y los alumbra. Hay diferencias en estilos y compromisos con la idea, pero en lo fundamental es muy coherente. No uniforme, que sería otra cosa, sino coherente. No puede evitar algunas repeticiones al acercarse a los hechos históricos (el Vaticano II) y los conceptos (el Pacto y los pobres), pero preserva muy bien la identidad y el interés de cada parte (I-VI). Bien escrito, bien presentado por la editorial Verbo Divino, bien distribuido en sus temas y claves, ¿qué más se le puede pedir a un libro en colaboración?

La obra responde a que, durante el Concilio Vaticano II (1962-1965), un grupo de obispos, principalmente de América Latina, liderado por Hélder Câmara y conocido como Iglesia de los Pobres, se reunía periódicamente en la estela de “la Iglesia de los pobres” de Juan XXIII y del impactante discurso del cardenal Giacomo Lercaro al concluir la primer sesión.

Poco tiempo antes de la clausura conciliar, unos 40 obispos de ese grupo se reunieron en las Catacumbas de Domitila de Roma, el 16 de noviembre de 1965, para celebrar la Eucaristía y firmar un compromiso, el llamado Pacto de las Catacumbas, al que se adhirieron otros 500 obispos del Concilio. Probablemente, lo compartían unos 700 de los 2.400 padres conciliares. Junto a ciertos compromisos de tipo personal, los firmantes añaden distintas opciones apostólicas y sociales, que definen el perfil pastoral y social de la Iglesia que amaban. Leído desde el hoy, todo un antecedente de Francisco.

Origen y evolución

La participación de los veinticuatro colaboradores se ordena alrededor de seis capítulos que van desde el texto del Pacto –su “sentido y origen” (1)– a la “teología de fondo” (2), “El Pacto en la Iglesia de América Latina (3), “Un Pacto misionero: evangelizar a los pobres, los pobres evangelizan” (4), “Un Pacto de vida cristiana” (5) y dos testimonios, de los obispos Proaño y Angelelli (6). En la primera parte, la colaboración de Joan Planellas –”Los artífices del Pacto. Origen, evolución y crepúsculo del grupo llamado ‘Iglesia de los pobres’” (pp. 81-109)– es muy importante para entender el hecho eclesial del que hablamos. La sexta parte tiene un subtítulo –“Madurez, pobreza, comunión”– que da más de lo que promete ese epígrafe.

He adelantado mi impresión tan positiva sobre el libro al comienzo. La importancia que se le concede al Pacto está justificada, pero que haya influido tanto fuera de América Latina no es claro. De hecho, varios de los autores reconocen no haber oído hablar de él (pp. 111 y 400). En las facultades de Teología de Europa, apenas se ha mentado este hecho “conciliar”. También añadiría que en varios momentos es muy benigna la lectura del Vaticano II y su asunción de la Iglesia de los pobres; las citas son importantes y varias, pero de significado teológico impreciso; y su perfil eclesial –pastoral y social–, bajo. Yo sería en el juicio más exigente con el Vaticano II.

También me ha llamado la atención que no se incide mucho en la perspectiva de que “los pobres nos evangelizan”; sí aparece que son sujeto de la evangelización, pero no queda tan claro como en la Evangelii gaudium de Francisco que ellos nos evangelizan a nosotros, a la Iglesia que viene pensando en ellos y dirigiéndose a ellos y con ellos. Esta clave me parece vital y lo más interpelante de la Teología de la liberación para toda la teología actual. Muy interesantes, como lector, las aportaciones sobre la Iglesia en África, India y China, y la emergencia de las mujeres en la renovación del Pacto hoy (Mercedes Navarro).

Gracias, Pikaza y Antunes da Silva, por esta obra que retoma el surco de una Iglesia toda ella testigo y samaritana, como Jesús.

Lo recomiendo por…

Porque creer y actuar desde los más pobres de la vida nos convierte y evangeliza. ¿No es eso el Vaticano II hoy?

Otro imprescindible

Marciano Vidal, Concilio Vaticano II y Teología Pública. Un “nuevo estilo” de ser cristiano en el mundo, Perpetuo Socorro (Madrid, 2012).

 

FICHA TÉCNICA

Título: El Pacto de las Catacumbas. La misión de los pobres en la Iglesia

Editores: Xabier Pikaza y José Antunes da Silva

Editorial: Verbo Divino, 2015

Ciudad: Estella (Navarra)

Páginas: 521

– See more at: http://www.vidanueva.es/2015/11/27/el-libro-del-mes-el-pacto-de-las-catacumbas-la-mision-de-los-pobres-en-la-iglesia-xabier-pikaza-y-jose-antunes-da-silva-verbo-divino/#sthash.JLhBu3nu.dpuf

Católicos a la greña sobre los refugiados sirios

 

 

            Dicen que si un miembro de los comandos terroristas de París entró como refugiado, y ya está aquí la polémica social y católica. O sea, ¿quiere decir que si un yihadista (o veinte) se ha colado entre los refugiados, eso transforma el problema de la justicia con los refugiados de moral a inmoral? Y ¿quiere decir que esto mismo hace oportunas las palabras del cardenal Cañizares sobre que todos no son trigo limpio, y verdadera su idea de que han de primar los derechos de la civilización cristiana de Europa? ¿Pero alguien cree que los refugiados vienen porque hemos ido allí a decirles, “pasen y vean, vacaciones gratis”? ¿Alguien cree que en la vida humana se puede decidir nada en justicia absoluta? ¿Alguien cree que no se puede correr ningún riesgo en el trato con las víctimas? ¿Alguien piensa que el mejor de los grupos humanos no va a tener excepciones y garbanzos negros?

 

            Cañizares se disculpó, viendo lo equívoco de sus palabras. Pero sabíamos que otros volverían. Munilla lo ha hecho y detrás, un buen grupo de católicos. ¿Por qué? No es la perspicacia cultural y la vocación de justicia, no. Hay que ser un demagogo del tres al cuarto para volver a esto y así. Porque es no saber discernir el ministerio eclesial de la vocación política que los consume; es un ego descontrolado que los hace creer que son vigías y salvadores del occidente cristiano, cuando solo ven a dos palmos de sus narices.

 

            Son agoreros que se pasan el día diciendo que son las doce, y al final, necesariamente, aciertan dos veces. Y se lo creen. ¡Qué cruz!

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