La cuestión moral es política, ¿cómo se reparten los sacrificios?

A estas alturas del revolcón que viven los pueblos de Europa, parece casi estúpido pretender alguna novedad en la ponderación de los hechos sociales que nos abruman. Si insisto en ello es por lo mal que lo están pasando tantos, casi siempre, con tan escasa culpa propia. Defiendo, desde el principio, que nos encontramos más ante un problema de distribución que de percepción. Sabemos qué nos pasa y por qué, pero no nos ponemos de acuerdo en cómo resolverlo. Y es que las formas son varias y el choque de intereses, brutal. La idea tan extendida de que no sabemos qué nos sucede, está superada; prima ya la cuestión política del reparto de esfuerzos.

 

Puede sorprender, no lo sé, esta manera de arrancar el comentario que les propongo. Parecería, de hecho, que cada uno de los grupos con peso público reconocido carece de intereses privativos, ante una crisis tan majestuosa, y busca desazonado el bien común. En una clave social más material o espiritual, pero tras el bien común. Así parece y, sin embargo, sólo parece.

 

La diferencia prioritaria entre las posiciones sociales sobre lo que nos pasa, y en cómo lo resolvemos, tiene más que ver con los intereses materiales en conflicto, y el reparto de sacrificios en términos muy tangibles, ¡por no decir contables!, que con cualquier otro factor humano. Creo en el peso histórico de lo espiritual, pero, hoy y aquí, apuesto por la observación de que la clave política y económica recién dicha, es la decisiva en la materialización incipiente del bien común. Y denuncio que hay un uso falaz del concepto bien común. Sanarlo exige voluntad de realización universal: unas oportunidades mínimas de vida digna para cada ciudadano, las que corresponden al esfuerzo que razonablemente también se nos exige. Un trabajo decente y la soberanía política de la gente, no parece mucho pedir.

 

Luego, en mi opinión, al fondo de una vistosa lucha por las ideologías, prima la falta de pacto justo por una vida digna para tantos en mil sentidos. Y si la clave ética de nuestra mirada social no puede ser otra que las carencias inmerecidas de los más débiles, es la hora de reconocer cuán lejos de esta mirada justa quieren “los poderosos” de Europa y España componer su bien común. Por aquí comienza la política en serio y, por ende, las ideologías. Paz y bien.

 

(Original en Revista 21)

La Banca, un mundo de “atracos”

La Banca, un mundo de “atracos”, (y la gran empresa, y el fútbol, y…).

 

 

El Banco de España ha dado de plazo, hasta hoy, sábado, 31 de Diciembre, a las entidades con ayudas públicas para publicar las remuneraciones de los directivos y consejeros de 2011 de manera individualizada. La medida la tomó tras los escándalos de las indemnizaciones multimillonarias.

 

 

La advertencia: Sólo se trata de las entidades financieras que han recibido ayudas públicas directas; al margen quedan las demás que no las hayan recibido, y cuyos directivos componen un ranking que al parecer lidera Alfredo Sáez, Consejero Delegado del Santander, con más de 12 millones de euros, y recientemente indultado por el gobierno Zapatero. A partir de esa cifra, suponemos que bruta, todos los demás, pasando por las Cajas más cercanas, hasta llegar a estos “pobres” que gestionan cajas o bancos en ruina.

 

 

Ejemplos (es un decir):

 

El presidente de Bankia, Rodrigo Rato, percibió este año 2,34 millones de euros en retribuciones fijas. El consejero delegado de Bankia, Francisco Verdú, que se incorporó ya entrado el año, percibió 1,57 millones, aunque su salario anual es de 2,26 millones. José Manuel Fernández Norniella, el cuarto consejero ejecutivo de Bankia, percibió este año una remuneración de 725.000 euros. Bankia ha recibido 4.465 millones de ayuda pública. Además de las retribuciones fijas, Rato, Verdú y Norniella tienen un salario variable que podría ascender a un máximo de 2,2 millones adicionales para los tres. Los ejecutivos destaca Ildefonso Sánchez Barcoj, con 1,28 millones; Pedro Vázquez, 400.000 euros; Miguel Crespo, 363.000; Luis Maldonado, 358.000 y Pilar Trucios, 310.000

 

El Banco de Valencia, filial de Bankia y actualmente intervenida por el Estado, destaca la retribución de Domingo Parra, ex consejero delegado durante una década, el tiempo en el que la entidad casi se hundió. Parra ganó 1,053 millones. Adolf Todó, presidente de CatalunyaCaixa, entidad controlada por el Estado tras inyectarle 2.968 millones, cobra 1,55 millones. Además, tiene 3,46 millones en pensiones. El número dos de CatalunyaCaixa, Jaume Masana, obtuvo 866.000 euros y tiene una pensión de 637.000 euros. Andreu Plaza cobra 394.000 euros y Francisco José Tárrega, 365.000 euros. La retribución del resto de ejecutivos varía entre los 260.000 y 219.000 euros.

 

En NovaGalicia, que percibió 2.600 millones del FROB, el presidente José María Castellano cobró 884.790 euros mientras que el consejero delegado, César González-Bueno, 876.040 euros. El documento dice que el exdirectivo José Luis Pego percibió un total de 13,09 millones; Gregorio Gorriarán, 8,41 millones y Óscar Rodríguez, 1,35 millones.

 

En Banca Cívica, su presidente Antonio Pulido tuvo una remuneración de 903.660 euros más 300.000 de pensión. Enrique Goñi, copresidente, cobró mil euros menos en sueldo y la misma pensión.

 

En Banco BMN, liderado por Caja Murcia, su presidente cobra 456.000 euros, por debajo de otros colegas con menor tamaño. Tiene una pensión de 2,15 millones de Caja Murcia donde trabaja desde hace 30 años. Joaquín Cánovas, director general, tiene un sueldo de 395.000 euros. La entidad recibió 915 millones del Estado.

 

En el caso de Unnim, una de las entidades más pequeñas, la retribución del presidente es más alta que en BMN. El primer ejecutivo, Jordi Mestre, ganó 963,5 millones en 2011. Albert Renté, director de la entidad, obtuvo 283.270 euros. La entidad está en proceso de venta tras inyectar el Estado 948 millones. En octubre el FROB despidió a todos los consejeros. Hasta esa fecha, el consejero Pere Gil Sanchis ganó 281.110 euros. El resto de retribuciones de consejeros y directivos oscila entre los 240.000 euros y los 150.000.

 

Sin duda, donde el enfrentamiento fue más palpable fue en Caja Duero-España, que ha recibido 525 millones del Estado. El presidente y consejero delegado de Caja España-Caja Duero, Evaristo del Canto, y el director general de la entidad, José María dela Vega Carnicero, no dieron su consentimiento como representantes del nuevo Banco de Caja España de Inversiones, Salamanca y Soria para publicar la retribución percibida en 2011.

 

La queja: “Los directores generales de los bancos no desglosan sus retribuciones”. (Fuente: El País, 31 de Diciembre de 2012)

 

 

Postdata: Cuando tantos “atracan” en tantos sitios, la excepción se hace norma social, la norma social se convierte en ley, y la ley se asimila a moralidad y conciencia recta.  ¡Es un drama social. Y todavía andan preguntando que qué proponen los del 15M. Es un drama social!

 

 

 

Claves sociales de última hora. Leemos para ti.

Escrito por: igcalleja el 29 Dic 2011 – URL Permanente

El papel estructurador de las nuevas tecnologías inmateriales (Internet). Pero la verdad es que la sociedad vira a la derecha porque la izquierda liberal no es percibida como una alternativa. Por último, la toma de conciencia de la revolución que se ha producido en las mentalidades. Lo que han demostrado tanto la primavera árabe como el magnífico ejemplo del 15-M español es la irrupción masiva de la demanda ciudadana en la elaboración del interés general por parte de las mismas poblaciones. Es la crítica a la forma partido, que ha perdido su legitimidad a consecuencia de la sordera y la arrogancia respecto a las aspiraciones profundas de las fuerzas más vivas de la sociedad… para aprender a cristalizar las aspiraciones populares democratizando su relación con el pueblo, rechazando su consideración únicamente como una masa de electores manipulables; en su función, definiendo unos programas realistas y realizables.

Sami Naïr es profesor invitado de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

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Tres asuntos cruciales: la transformación de la estructura de poder del sistema mundial para sancionar el declive del eje occidental que ha dominado el mundo; la reforma drástica del capitalismo (el dilema Polanyi-Sweezy); y la reconfiguración política, social y económica del mundo para hacer frente con urgencia a los “límites al crecimiento” (Meadows) de manera que la especie humana no vea comprometida su presencia en el planeta. El pronóstico de Beck podría ahora hacerse realidad (situación pre-revolucionaria)… la transformación exigida es de tal magnitud e implica a intereses tan poderosos que es ilusorio pensar que, a pesar de la gravedad de la situación, pueda efectuarse consensuadamente. Tres, que el nuevo conflicto social deja una situación histórica por delante completamente abierta: ni mucho menos está garantizada una salida progresiva de la crisis. Y cuatro, que si esta no se produce, son las formas civilizadas de vida las que peligrarán. Tiene la palabra la sociedad civil global, porque lo que vaya a ocurrir no está predeterminado

Salvador Aguilar Firman también este artículo Arcadi Oliveres, Jaime Pastor y Carlos Zeller.

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De ahí que hoy la democracia se gobierne en respuesta no a las demandas ciudadanas sino a las demandas de los mercados, expresadas por la prima de riesgo de la deuda externa… los mercados le han expropiado su poder al pueblo (al demos), para privatizarlo en exclusivo beneficio de los acreedores privados. Así, la calidad de la democracia ya no se mide hoy por la legitimidad de sus resultados políticos sino por el valor de mercado de su deuda soberana. Y de este modo, la democracia ya no representa el autogobierno del pueblo sino la sumisión contra natura del Gobierno civil a los mercados externos, subvirtiendo así la relación entre poder democrático y soberanía popular. En efecto, la democracia moderna se basaba en un pacto fiscal, un contrato social establecido entre el Estado y los ciudadanos, por el cual estos se obligaban a pagar impuestos a cambio de que aquel se comprometiese a reconocer, proteger y garantizar los derechos universales: civiles, políticos y sociales. Mientras que hoy en cambio ese pacto fiscal está siendo sustituido por otro pacto clientelar, por el cual los ciudadanos se ven excusados de pagar impuestos (directos) a cambio de que el Estado se vea eximido de universalizar derechos, que quedan reservados en exclusiva a la clientela privada del gobernante deudor. Pero con ello el Estado ya no pertenece a todos los ciudadanos titulares de derechos sino solo a sus acreedores internos y externos. Hemos pasado de una democracia de ciudadanos-contribuyentes a otra seudodemocracia de clientes-acreedores, donde lo que cuenta ya no es el título público de ciudadanía que permite ejercer derechos sino el título privado de deuda pública que permite exigir pagos al Gobierno deudor. Y el Estado social y democrático de derecho, obligado a rendir cuentas ante los electores (accountability), deja paso a un Estado de mercado clientelar y privado, que solo rinde cuentas ante sus acreedores.

Enrique Gil Calvo es catedrático de Sociología de la Universidad Complutense.

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Este paralizante círculo vicioso, en Estados Unidos y en la UE, solo puede romperse con inversión, que únicamente los Estados pueden activar. No a través de más deuda -que ya es insostenible-, sino de tributos que graven a las mayores rentas, que han sido golpeadas menos por la crisis, y a quienes han sido más ayudados a soportarla (servicios financieros) después de una responsabilidad clara en su desencadenamiento. Esto requiere una decisión política. Pero aún no se ha adoptado en Europa y América. EE UU y la Unión Europea cometieron el mismo pecado en el último cuarto de siglo, durante la era del neoliberal Consenso de Washington: la elevación incontenible de la deuda y el papel cada vez más reducido de los impuestos (especialmente sobre las rentas del capital) en los ingresos públicos. Hace ya tiempo que vengo insistiendo en el callejón sin salida en que nos ha metido esta política ciega, que explica las desigualdades sociales y generacionales cada vez más visibles y desestabilizadoras en EE UU y Europa… Y la segunda estrategia, seguramente la más trascendente, es una alianza en la política fiscal. Para decirlo muy elementalmente: la deuda tiene que bajar, y los impuestos directos progresivos tienen que subir, para ocupar el lugar preeminente que hoy ostenta la gigantesca deuda que colapsa a las Haciendas públicas y que amenaza el Estado de bienestar…la tasa de transacciones financieras, que la Comisión Europea ha propuesto como ingreso propio de la Unión; la tasa sobre el carbono; el impuesto sobre beneficios financieros y sobre el tamaño de la entidad por su riesgo sistémico; y un impuesto sobre las grandes fortunas… Lo que crea empleo sostenible y de calidad es la inversión, en infraestructuras tecnológicas, educativas y físicas básicamente, y esto solo lo pueden impulsar o incentivar hoy los Estados. Esa acción, ahora más que nunca, ha de ser acordada y coordinada desde ambos lados del Atlántico… El rechazo de la derecha española a todo lo que huela a imposición progresiva sobre el capital, o la banca, o a cambios en el impuesto de sociedades (plagado de exenciones y deducciones que permiten su escandalosa evasión), esa postura del partido de Rajoy, digo, convierte en inviable no solo nuestro Estado social sino, además, el cumplimiento de los compromisos de reducción del déficit y consolidación fiscal (4,4 % de déficit para 2010 y 3 % para 2013) que España tiene contraídos con la Unión Europea.

Diego López Garrido es secretario de Estado para la Unión Europea

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¡Hay alternativas! ¿Buenas ideas (científicas) o preferencias distributivas (políticas)?, en Instituto Manu Robles, Monográfico 39, pp 38-42, resumen de libro de Lina Gálvez y Juan Torres, Desigualdades, Ed. Icaria, 2010.

 

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Para paliar esto es legítimo exigir que los principales responsables de esta catástrofe financiera y económica sean juzgados. Porque, a lo largo de toda nuestra reflexión, hemos destacado que muchas categorías de actores tienen responsabilidades en esta crisis. El neoliberalismo con sus desregulaciones, el dinero fácil, la falta de dominio de productos financieros muy sofisticados, las ganancias excesivas del capitalismo patrimonial, los inversores-especuladores que sólo han visto las ganancias financieras a corto plazo, el permisivismo de los organismos de vigilancia… y nosotros todos en la medida en que nos hemos aprovechado de alguna forma del “sistema”. Hay materia de reflexión para todo el mundo. Deseamos que surjan ciudadanos con coraje que, en este periodo en el que los presupuestos de los Estados van a ser muy ajustados, se atrevan a exigir que los programas sociales para el servicio de los más pobres no sean completamente olvidados. Brevemente, que sería deseable volver a la ética.

 

Édouard HERR, S.J.

 

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¿Por qué no hablan los economistas de esos efectos de la deflación por deuda, que se han convertido en el fenómeno más destacado de nuestro tiempo? Abogan por dar más dinero a los bancos, en la esperanza de que, de una u otra forma, todo fuera a ir bien por ese camino; como si los bancos fueran a prestar dinero para financiar producción y empleo nuevos. Los economistas de la corriente dominante y los dirigentes políticos de ambos partidos no se preguntan por qué los bancos se sirven de esos obsequios para especular por doquier , pagar a sus ejecutivos bonos y elevadas remuneraciones o para pagar dividendos, en vez de prestar a la pequeña empresa o hacer cosas que realmente pongan de nuevo en marcha a la economía. Eso no puede explicarse, si no nos percatamos de que el servicio de la deuda actúa como un sifón que extrae renta para inyectarla en un sector financiero incapaz de reciclarla, derivándola de nuevo hacia la economía de la producción y el consumo. Michael Hudson | Sin permiso | Hoy a las 14:38 | 223 lecturas

www.kaosenlared.net/noticia/catastrofe-deflacion-sobreendeudamiento-europa-eeuu-entrevista

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Pero si la política no recobra su autonomía frente a los mercados financieros, y la sociedad no es capaz de manifestar su indignación ante estas conductas, no habrá límites eficaces a la economía especulativa, a la volatilidad financiera y a la desigualdad. De ser así, el mayor riesgo de la próxima década será la creciente ingobernabilidad de nuestras sociedades democráticas. Algunas señales apuntan ya en esa dirección. Antón Costas es catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona.

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  1. Los poderes públicos se están “encogiendo”. Una gran parte de los problemas que experimentamos en nuestra vida diaria no pueden ser abordados aisladamente por cada país (el problema de la deuda soberana o la regulación de los mercados financieros, terrorismo global o cambio climático). Esto plantea el problema de los límites de la democracia: resulta difícil al ciudadano dar el voto a cualquier opción política, sabiendo que su capacidad para resolver problemas está más que restringida… las redes sociales se están revelando como un poderosísimo multiplicador y facilitador de la intervención masiva de los ciudadanos corrientes en la agenda pública… Y estas cifras no son sino el anuncio de las crisis de seguridad alimentaria, de agua y de energía que seguiremos experimentando intermitentemente en el futuro. Manuel Escudero es director general de la Deusto Business School.

 

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_inspeccionadas de cerca, estas revueltas anómicas contemporáneas no parecen prepolíticas. Son el recurso de los grupos populares marginales, carentes de voz política institucional, para marcar terreno en la defensa de sus intereses … [En el capitalismo moderno] se ha intentado erigir una organización social crecientemente explícita sin el soporte de una moralidad social, lo que ha dado como resultado una tensión estructural tanto en el mecanismo del mercado como en el mecanismo político diseñado para regularlo y complementarlo”. Los saqueadores de Londres no mostraron menos moralidad pública, sino tal vez más, que la exhibida en los cuatro años de crisis por las élites financieras y económicas globales. ¿Por qué razón deberíamos dar más crédito los ciudadanos a unos que a otros? Esto expresa el problema central del capitalismo neoliberal: cómo concitar cohesión social y obligación moral entre los habitantes de un sistema basado estrictamente en el autointerés, la ventaja comparativa, la depredación y la desprotección pública de la mayoría de la población… La anomia y la protesta pasiva contra todo tienen sus raíces en la estructura social característica del capitalismo neoliberal. ¿Qué se pensaban? Hay pocos precedentes históricos de un sistema de dominación tan cruel y antidemocrático como el instaurado bajo la globalización neoliberal, y los “costes” mínimos que han de afrontar los beneficiarios de tal sistema social hiperdesigual e irresponsable (está arrasando el planeta) son la hostilidad de la izquierda mundial, pero también este otro tipo de protesta política que se manifiesta a primera vista como antipolítica y puramente orientada al pillaje ocasional. La gente que busca un mundo mejor y acabar con esta expresión bárbara de la anomia deberá asociarse y presionar para escapar del neoliberalismo y atacar las causas por medio de un sistema social diferente y racional, basado en la igualdad, la democracia y el bienestar de la mayoría de la población.

Salvador Aguilar es profesor de Estructura y Cambio Social en la Universidad de Barcelona.

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Pero no solo estamos ante una cuestión que afecte a la gestión del ciclo o de la coyuntura. Estamos también ante una cuestión de primer orden que afecta a la concepción del Estado: ¿queremos un Estado que sea un agente activo en la economía, tal y como establece el artículo 128 de la Constitución, o un Estado que se limite a la administración de sus gastos corrientes?… La reforma puesta en marcha, no solo disminuye los grados de libertad de los que debe disponer un Gobierno democrático, es también una limitación al voto de los ciudadanos que quieran optar por propuestas políticas que promulguen una mayor presencia del Estado en la economía. La reforma anula, en definitiva, una de las razones que a muchos ciudadanos les conducía a introducir un voto socialdemócrata.

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¿Cómo afrontar nuevos e inevitables momentos de perturbación y crisis si las economías quedan al albur de los capitales sin control y sin regulación, cómo garantizar que haya resortes capaces de reestablecer el equilibrio si los estados pierden toda su capacidad de maniobra para dejar que las cosas funcionen según las reglas de no-gobierno de mercados dirigidos solamente por la búsqueda del lucro?

Antes y durante la crisis, las autoridades, permanecieron prácticamente impasibles ante el creciente riesgo que conllevaban los procesos de titulización, que previamente habían permitido y promovido como mecanismos extraordinarios para fomentar el crecimiento económico.

Naturalmente, la mayoría de las veces, todo eso ha ocurrido como consecuencia del poder adquirido por los grandes grupos bancarios y financieros que se impone incluso por encima del que tienen los propios gobiernos. Pero ¿no se pone así de relieve que los principios que están gobernando las relaciones económicas y financieras están al margen de todo criterio moral, o de cualquier consideración ética que no sea la que admite e impone que la búsqueda del beneficio es superior a cualquier otra aspiración social? ¿No es evidente que las cuestiones económicas y el modo en que se resuelven es algo estrechamente vinculado con la democracia y con el poder?

¿Tiene sentido que los recursos financieros se sigan utilizando simplemente para obtener ganancias especulativas provocando directamente con ello la muerte de cientos de miles de personas? ¿No indica eso que la economía es, sobre todo, una cuestión de principios? ¿Y puede creerse que éstos son sinceros o coherentes, como cuando hablamos del derecho a la vida como un principio indudablemente básico, si al mismo tiempo no se cuestiona el orden económico e institucional que directamente provoca la muerte a través de estos procesos?

Puede disimularse, como se está haciendo, pero ha sido patente que la generación ilimitada de deuda como soporte del negocio bancario es un proceso insostenible que cuando estalla se lleva consigo la actividad productiva. Y hasta los propios defensores del orden establecido han reconocido que los paraísos fiscales, el secreto bancario, la opacidad en la relaciones financieras o la ingeniería financiara que convierte al dinero en un fin en sí mismo son elementos perversos que habría que eliminar. Solo así ha sido posible confundir las conciencias y hacer que el incremento vertiginoso del sufrimiento humano en todas sus manifestaciones se considere como algo inevitable e independiente de la desigualdad y del poder tan asimétrico y poco democrático que condiciona nuestras vidas. Es así, precisamente, porque las crisis, como esta financiera que asola las economías del mundo entero, son el resultado en último término de la carencia de esos principios (éticos) y de la debilidad de la democracia. Por ello es fundamental que los economistas y científicos sociales en general aborden y los políticos planteen los problemas económicos a los ciudadanos como cuestiones de principios, poniendo en primer plano sus implicaciones éticas y su relación con el poder, con la justicia y con la democracia. Juan Torres López

[Catedrático de Economía Aplicada.

Univ. de Sevilla]

PROYECCIÓN

LVI/235 (oct.-dic. 2009) 371-388.

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La rotundidad de las dos citas anteriores prueba que la derecha sí tiene ideología. Lo que se echa en falta es una ideología alternativa capaz de mover voluntades, un marco conceptual y una orientación política que permita hacer las cosas de modo diferente a como se están haciendo… Los ciudadanos solo son libres si son mínimamente iguales. Para lograrlo es necesaria la intervención política. El mercado hace correctamente muchas funciones, pero entre ellas no está producir igualdad social. Más bien hace lo contrario. Años antes, el mismo Greenspan lo había explicado: “Tengo una ideología. En mi opinión los mercados libres y competitivos son un sistema para organizar las economías que no conocen rival. Hemos probado regulaciones. Ninguna ha funcionado de manera significativa”. Ha impuesto su ideología, es decir, su “marco conceptual para abordar la realidad”. En 1975, Margaret Thatcher, sobre la mesa una copia de Fundamentos de Libertad, de F. Hayek, el más radical ideólogo del liberalismo, les dijo: “Esto es en lo que creemos”.

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La pérdida de los valores que emanan de la ética religiosa, la imparable secularización de las sociedades occidentales tiene también sus efectos en el modo de comprar, de vender, de competir y de generar riqueza. El ascetismo laico se ha trasvestido en hedonismo impenitente, los valores de la constancia y la sobriedad han sido eclipsados en lo que algunos denominan la ‘sociedad de la eyaculación precoz’.

Con ética renovada

01.12.2008 –

FRANCESC TORRALBA

| DIRECTOR DELA CÁTEDRA ETHOSDELA UNIVERSIDAD RAMÓNLLULL

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Se está empezando a urdir una auténtica crisis de autoridad democrática, un amotinamiento implícito, porque el sistema financiero altera el sentido finalista de las decisiones públicas y las canibaliza, al tiempo que no da muestra de permeabilidad a los mensajes políticos (que son lanzados desde instancias democráticas, pequeño detalle que no debe olvidarse) que le están requiriendo una cierta flexibilidad. Esta situación es muy grave porque añade a la crisis financiera otra crisis, la política, que consiste en que los Estados salvan a las entidades del sector pero éstas no se sienten concernidas por el esfuerzo colectivo… Y así la crisis adquiere una nueva dimensión que es la política: la falta de confianza no es sólo en el sistema financiero y entre sus agentes, sino hacia el entero mecanismo político, que es el que rige y gobierna a las sociedades occidentales. Porque lo que ocurre empieza ser más grave de lo que parece: la declaración de autonomía (¿de rebelión?) del sistema financiero respecto del sistema. (Zarzalejos-ABC).

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Es sencillamente falso que los economistas no tengan respuestas. Pero antes de pedírselas es cosa de todos contestar a otras preguntas: qué intereses consideramos prioritarios y qué poderes intocables.

Félix Ovejero Lucas es profesor de Ética y Economía de la Universidad de Barcelona.

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A buen seguro que no es suficiente, claro, con acometer reducciones en los niveles de producción y de consumo. Es preciso reorganizar nuestras sociedades sobre la base de otros valores que reclamen el triunfo de la vida social, del altruismo y de la redistribución de los recursos frente a la propiedad y al consumo ilimitado. Hay que reivindicar, en paralelo, el ocio frente al trabajo obsesivo, como hay que postular el reparto del trabajo, una vieja práctica sindical que, por desgracia, fue cayendo en el olvido. Otras exigencias ineludibles nos hablan de la necesidad de reducir las dimensiones de las infraestructuras productivas, administrativas y de transporte, y de primar lo local frente a lo global en un escenario marcado, en suma, por la sobriedad y la simplicidad voluntaria. Y es que hay que partir de la certeza de que, si no decrecemos voluntaria y racionalmente, tendremos que hacerlo obligados de resultas del hundimiento, antes o después, de la sinrazón económica y social que padecemos.

CARLOS TAIBO

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Éste me parece que es el principal fallo de la política ante una crisis de carácter global: el gran error de los Estados ha sido olvidar su responsabilidad en materia de riesgos sistémicos. El sistema político, absorbido por los riesgos sociales más inmediatos, ha incumplido sus responsabilidades en materia de supervisión y prevención de riesgos sistémicos, que había delegado en otras instancias a quienes no corresponde esa responsabilidad, como el mercado o las autoridades independientes.

 

(Y concluye, con una idea tan metafísica como acostumbra, y, a mi juicio, arruinando el tenor político del resto de su reflexión): La recomposición a la que nos va a obligar la crisis incluye una renovación global del papel de los Estados para devolverles los márgenes de maniobra que han ido perdiendo. El debate entre partidarios y detractores distrae la atención del problema fundamental: no es una cuestión de más o menos Estado, ni siquiera de reforma del Estado, sino de redefinición de sus misiones en una sociedad del conocimiento global, es decir, en un mundo en el que la soberanía está abocada a la impotencia y en el que los poderes públicos no tienen más conocimientos que los actores a los que deben regular. Si no reflexionamos nuevamente en este contexto sobre las finalidades de la política -para las cuales el Estado no es más que un medio- seguiremos impidiendo que el Estado cumpla las misiones que le son propias.

 

Una crisis política, por Daniel Inerarity, El Correo 17 de Agosto de 2009

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. Y es que hoy se dan cita, en una combinación explosiva, la crisis del capitalismo global, la derivada del cambio climático, la surgida del encarecimiento inevitable de las principales materias primas energéticas que empleamos y, en fin, y si así se quiere, la nacida de un crecimiento demográfico de efectos muy delicados. En semejante escenario, si la crisis de 1929 sirvió de asiento a la consolidación de los fascismos enla Europa del decenio siguiente, con las consecuencias conocidas, la de hoy anuncia procesos tanto o más inquietantes. Carlos TAIBO PROFESOR

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Esta gran operación de crear un nuevo modelo de desarrollo democrático, social y sostenible tienen que liderarla las fuerzas progresistas, políticas y sociales, pasando a la ofensiva en el terreno de las ideas, de los valores, de las políticas y de las alianzas.

Nicolás Sartorius es vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas

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Habrá quien considere que esta disquisición es poco ilusionante y que arroja un jarro de agua fría sobre nuestras mejores expectativas en relación con la calidad de la democracia. Peroestoy convencido de que la experiencia política incluye una cierta desmitificación de la democracia, lo que no nos impide ni apreciarla, ni defenderla ni abandonar el trabajo por mejorarla. Más bien al contrario: son las expectativas desmesuradas lo que más puede cegarnos frente a las reformas posibles. La cuestión es distinguir qué insatisfacciones corresponden a defectos que deben corregirse y cuáles son consecuencia de la limitación de la condición humana y de nuestras formas de organizarnos. Saber en qué, cómo y cuándo no existen alternativas es fundamental para desenmascarar a quienes apelan interesadamente a que no hay alternativas cuando puede y debe haberlas.

Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía, investigador en la Universidad del País Vasco y director del Instituto de Gobernanza Democrática.

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El sufragio universal no conlleva por sí solo la soberanía popular en ámbitos económicos, sociales y culturales. Tenemos una democracia unilateralmente identificada con el parlamentarismo, incapaz de expandirse y convertirse en democracia económica y democracia cultural. Los partidos y sindicatos tienen una grave responsabilidad en esta reducción de la democracia… Poderes económicos y financieros) Han sido capaces de crear alianzas con los poderes políticos y mediáticos y ocultar su sistema de explotación enmascarándose con sus obras sociales y sus patrocinios culturales. Han mantenido bien atados a los partidos por sus deudas con los bancos y les han ganado a los sindicatos en su capacidad de presión sobre los gobiernos. Utilizan mecanismos financieros para reducir sus contribuciones a Hacienda y operan en paraísos fiscales. Han logrado que las Universidades investiguen sobre la situación de los pobres, pero no sobre el poder de los ricos. El movimiento del 15 M ha puesto por fin el foco sobre ellos (PSOE) Especialmente en los últimos ocho años ha confundido totalmente su papel y ha creído que progresismo es igual a socialismo. Y para estos cambios necesitamos que el movimiento del 15 M se fortalezca, genere contrapoder ciudadano, cree un nuevo antagonismo social basado en el conflicto no violento y la propuesta de alternativas, penetre entre el precariado que ha votado al PP para reorientar su comportamiento cultural y político. Me parece que sería más útil una estrategia neogandhiana de resistencia, desobediencia civil, ocupación del espacio público. Se trata de crear un movimiento amplio de ciudadanos que sufren la precariedad, no una nueva vanguardia antisistema hiperideologizada. Es hora de organizar la confluencia para ir elaborando una plataforma programática que se ofrezca desde la sociedad civil… Los campos prioritarios han de ser el control democrático de la riqueza, una nueva fiscalidad, la creación de una banca pública, nuevas leyes laborales para la democracia en la empresa, la creación de empleo decente y la progresiva extinción del trabajo precario, formas para lograr “trabajar menos, trabajar todos y vivir mejor”, cambios en las formas de elegir a los diputados, creación de observatorios independientes de políticas públicas, nuevas políticas de acceso a viviendas dignas, etc. un futuro con esperanza pasa por la construcción de alternativas anticapitalistas, ecologistas e internacionalistas. Rafael Díaz-Salazar

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Lo que el mundo necesita para sobrevivir es un verdadero programa de democratización del aparato productivo y financiero. Ignacio Muro Benayas es economista

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Las protestas suplen la falta de política global con oposición popular

En su parecer, el origen de todos los graves problemas de la crisis actual tiene su principal causa en “la disociación entre las escalas de la economía y de la política”. Las fuerzas económicas son globales y los poderes políticos, nacionales. “Esta descompensación que arrasa las leyes y referencias locales convierte la creciente globalización en una fuerza nefasta. De ahí, efectivamente, que los políticos aparezcan como marionetas o como incompetentes, cuando no corruptos”. En opinión de este sabio de 86 años, el efecto que puede esperarse de este movimiento es “allanar el terreno para la construcción, más tarde, de otra clase de organización”. Ni un paso más. La superindividualidad (de la modernidad líquida) “crea miedos, desvalimientos, una capacidad empobrecida para hacer frente a las adversidades”. Zigmunt Bauman, el filósofo y sociólogo polaco famoso por su concepto de la modernidad líquida

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El papel de las calles en este momento es justamente liberar a la economía de la fraudulenta camisa de fuerza ‘técnica’ que circunscribe la búsqueda de alternativas a los límites intocables de los intereses que generan la crisis… Los movimientos de calle tendrán que revisar sus propios límites y romperlos a través de alianzas y convergencias con fuerzas, partidos y plataformas de corte progresivamente mas objetivo. Pero el paso que antecede a todos los demás es éste, el que está siendo jugado en este momento: la politización de la economía y el ejercicio práctico y urgente de otra democracia. Saúl Leblon

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Y aquí la política profesional, que lo sabe perfectamente, cuando no participa de buen grado como administrador (in)fiel, lo hace en silencio, y a la trágala. Pero siempre en una posición cómplice o sometida. Y esta es la cuestión que plantea mucha gente a la política, ¿por qué? Y más profundamente, toda la política profesional, a mi juicio, padece el síndrome de un grupo-casta, especializado en una tarea social necesaria, “gobernar”, que acepta que sólo sea “gestionar en nombre de otros más poderosos”, a cambio de que les respeten el control de su juguete y su estatus social. Así, la política, se profesionaliza, se acartona en los partidos, se blinda en sistemas electorales rígidos y con listas cerradas, se especializa hasta hacer imposible su sustitución, se hace profesión de por vida, se hereda en las familias, se enreda en el boato a la mínima y protege con celo de lobby a los suyos, se hace ideología del todo vale para ganar elecciones, se transforma en juego de estrategias entre “fanáticos” subvencionados y hasta aparenta recrearse en una modo de vida virtual…

se dan todos los ingredientes para que la política profesional sea la primera en pagar los platos rotos: está en primera línea, presume de tener poder, sigue con sus consumos hasta que le estalla el presupuesto, pacta con los grupos de la administración que la acompañan mientras es posible, se empeña en sus juegos electorales hasta la víspera del hundimiento del Titanic, y defiende sin pudor alguno hasta la última ventaja económica que les “corresponda”. (¿Tengo que dar nombres?)… Se trata del irrenunciable derecho de resistencia a los abusos de un poder incontrolado.

Ahora bien, en el día a día, la clase política profesional tiene el primer problema democrático en demostrar que está ahí al servicio de la gente y atendiendo a sus prioridades; y para eso, al menos, que llegado un momento difícil, es la primera que se abre a la reforma democrática y la primera que cuestiona sus “derechos económicos adquiridos”… No sé si a muchos políticos profesionales les interesará la política en estas condiciones, pero en la crisis, ¡siquiera en la crisis!, la gente lo reclama. En su defecto, esa política profesional no es la solución para la democracia, sino parte fundamental del problema. Sin adjetivos para la democracia. La única.

Mío

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La democracia es un sistema político que inflama nuestras expectativas; nos hace creer en cosas tan irrenunciables e imposibles como que una sociedad libre se gobierna por sí misma, que son idénticos los que gobiernan y los gobernados. Este ideal de autodeterminación forma parte de las ficciones útiles para la democracia, lo que no significa que sea un ideal del que debamos prescindir, pero que tampoco refleja un hecho cierto o un derecho literalmente exigible. Es, como tantas propiedades por las que definimos una democracia, un horizonte, un principio crítico o normativo, o sea, como siempre, algo más complejo de lo que pudiera dar a entender su mera formulación… Estas pretensiones no son nuevas y frente a ellas hay posiciones más realistas que sostienen, con distintos matices, que la mayor democracia a la que podemos aspirar es una oligarquía competitiva… ¿Cómo definimos el ideal de autodeterminación en sociedades grandes, complejas y con preferencias heterogéneas, en las que no parece posible evitar que, al menos algunos y durante algún tiempo, vivan bajo leyes que no les gustan?… Cualquier liderazgo tiene costes inevitables en términos de autorización democrática, distanciamientos exigidos por la adopción de decisiones (especialmente de algunas, que solemos llamar “impopulares”).La noción de autogobierno no es incoherente ni impracticable salvo que se formule de una manera débil: una democracia no es un régimen en el que se hace lo que todos queremos sino un régimen en el que las decisiones individuales tienen alguna influencia en la decisión colectiva final. La democracia es el sistema que mejor refleja las preferencias individuales, nada más y nada menos… Toleramos que otros nos gobiernen porque es posible la alternancia, que es el procedimiento que permite realizar el ideal de autogobierno en sociedades complejas. Como dice Bernard Manin, la libertad democrática no consiste en obedecerse únicamente a uno mismo, sino en obedecer a alguien en cuyo lugar puede encontrarse uno mañana… Al final va a resultar que algo tan corriente y poco extraordinario, que nos sabe a poco y que apenas interesa a una mitad de la población, es lo que mejor refleja el ideal de autogobierno y nos protege frente a la apropiación del nosotros por cualquier mayoría triunfante… así no criticaremos a la democracia por no proporcionar lo que no debemos esperar de ella y estaremos a salvo de los llamamientos demagógicos que prometen lo que no se puede prometer. Más bien al contrario: son las expectativas desmesuradas lo que más puede cegarnos frente a las reformas posibles. La cuestión es distinguir qué insatisfacciones corresponden a defectos que deben corregirse y cuáles son consecuencia de la limitación de la condición humana y de nuestras formas de organizarnos. Saber en qué, cómo y cuándo no existen alternativas es fundamental para desenmascarar a quienes apelan interesadamente a que no hay alternativas cuando puede y debe haberlas.

Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía, investigador en la Universidad del País Vasco y director del Instituto de Gobernanza Democrática. ¿Solo cada cuatro años?

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La democracia tiene que regenerarse en la igualdad mínima y efectiva de sus ciudadanos, ¡también material! frente a la formalización extrema que la devora y aliena. Me sorprende que mucha gente no pueda entender que, en las presentes circunstancias, un movimiento social alternativo es una necesidad, moral y política, de la propia sociedad democrática para sobrevivir. (Mío)

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Una sociedad es democráticamente madura cuando ha asimilado la experiencia de que la política es siempre decepcionante. La política es inseparable de la disposición al compromiso o pacto, y de la frustración… esto es lo que la constituye… política: que nadie, y menos en política, consigue lo que quiere, lo cual es por cierto una de las grandes conquistas de la democracia… los límites que proceden del hecho de reconocer otros poderes de grupos o intereses sociales con tanto derecho como uno para disputar la partida…. (hoy) cuyos conflictos no tienen la función estructurante del viejo conflicto social y donde las demandas ciudadanas no encuentran su cauce en la representación sindical o política. Porque no estamos en una lógica de equilibrio democrático, sino de antipolítica. Lo que hay son autoridades alternativas, que no pretenden equilibrar al poder oficial sino neutralizarlo…Si alguien consiguiera colmar todas sus aspiraciones no compartiría nuestra condición humana y mucho menos nuestra condición política.

DANIEL INNERARITY 29/10/2011

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¿Por qué debo aceptar límites a mi libertad?

 

 

¿Cuál es el fundamento común de lo incondicionalmente respetable en la vida de los humanos? Algo así nos preguntábamos en la típica tertulia navideña. Típica por decir algo, pues no pocos me dirán que de típica, nada. La dignidad, he ahí lo que es incondicional en cada uno; ahora bien, siendo la misma en lo demás, no lo es en solitario, sino como dignidad con otros, y por tanto, como libertad condicionada por la de ellos; ellos tienen que poder hacer lo mismo, y en lo concreto, esto supone renuncias.

 

Bajo el mismo punto de vista, en lo que haces, como en lo que renuncias, para que los demás hagan lo suyo, tienes que tener claro por qué debes actuar así. No es porque sí, ni por pragmatismo, ni por miedo a ellos, sino ante todo por respeto a tu dignidad; tú no aceptas perder tus derechos legítimos, ni tampoco quieres apropiarte de los derechos de los otros. Ya tengo una referencia incondicional, y una razón convincente: tenemos la misma dignidad, la debo respetar en todos, exijo la mía, la respeto al tratarme y tratarlos, y apelo a que somos personas y no cosas sustituibles, etc.

 

De esa dignidad arrancan los derechos y deberes de todos, y especialmente los de las víctimas, y concretarlos en sus exigencias es la tarea común. Por eso defiendo hace tiempo que la ética es relativa a la dignidad de la persona, – y hay que concretar sus exigencias entre todos -, y no directamente relativa a Dios. No se puede ir a Dios, los que creemos, por atajos que ignoren la razón común y la moral civil. Esto es lo común y de todos, inteligible para todos. Y luego, quien llegue a Dios, dirá qué significados nuevos halla en esa fe, pero no qué normas nuevas; si encuentra normas nuevas, o son de ética, y por tanto, comunes y también de razón, o no son exigencias morales, sino de perfección religiosa o de ordenación eclesial. Es otro nivel; no es el moral (universal), sino el religioso o de otra cosmovisión.

 

Que la ética humanista no es objeto común de nuestra  práctica histórica, eso ya lo sé, pero la cuestión es si cuenta con razones de peso extraordinario para que su postulado básico, “el ser humano es persona con dignidad incondicional, en cualquier lugar y cultura”, sea irrenunciable siempre; con todas las modulaciones que se quiera, pero, al final, nunca se puede negar que los seres humanos, hombres y mujeres, tenemos la misma dignidad, y, por tanto, que nadie puede ser tratado o pensado como un ser inferior a otros en dignidad, o como “medio” y “cosa”. Esto no cambia el mundo, ya y aquí, pero sabemos dónde está el límite de lo intolerable en cualquier lugar e ideología. Este es su valor. Y creo que es un principio ético irrenunciable. Puede traducirse a “libera al empobrecido” en las éticas de la liberación, pero en cuanto al porqué tiene detrás lo mismo.

 

Entiendo que de lo que digo, y pensando en las sociedades complejas y multiculturales, se puede deslizar uno a la conciencia moral “superior”, la que lo sabe todo para todos, y antes que ellos, lo cual es falso; pero la salida no es negar una ética de fundamento universal en su referencia primera, sino cuestionar a quienes se la apropian y se creen con derecho a traducir esa referencia primordial en concreciones evidentes, aquí y allá, pensando que gozan de un privilegio divino en la filosofía moral natural y en la vida civil. Yo creo que no habría que confundir el mal uso de algo por muchos, con negar ese algo primordial y común: tratarás siempre al otro como una persona con dignidad igual y así respetarás la tuya y tendrás derecho a exigirlo de otros. Como he dicho antes, concretar este valor incondicional en sus exigencias cotidianas, ésa es la tarea común en las sociedades libres. Paz y bien.

¿Por qué tenemos que ser buenos?

¿Por qué tenemos que ser buenos? Además de cómo, lo cual es más difícil, no deberíamos despreciar la preguntar por el porqué. Cuando yo digo que hemos de preguntarnos “por qué ser buenas personas”, no estoy interrogando a nadie, sino que es una pregunta que me hago yo; es pedir que demos base razonable a nuestras opciones ética y personales; y esto para poder contarlo a otros y a nosotros mismos.

 

Lo que importa es la vida de compromiso por la justicia y la dignidad, claro que sí. Pero hay docenas de corrientes de pensamiento, y miles de pensadores, y millones de personas en la opinión pública, que ven el cristianismo y a los mejores cristianos como “activistas de un buenismo moral tan valioso como opcional y particular”. Yo digo que hemos de salir al paso de esta ideología tan escéptica y dar cuenta del fundamento profundamente antropológico de nuestra vida. No sólo religioso, sino en continuidad o mezcla, antropológico y común.

 

Por eso importa tanto referir la dignidad de todos, y especialmente la de los excluidos y víctimas, a alguna experiencia humana común e incondionada. A la medida de los humanos en cuanto a cómo la captamos y describimos, pero común e incondicionada. Que nadie así la pueda ignorar. A esta referencia ultimísima muchos le llamamos fe, algún tipo de fe, al fondo de la incondicionalidad de la dignidad humana de todos y siempre; algunos la traducen como fe en Dios, y hacen de ese Dios un ídolo a la medida de una religión; hay que criticarlo; pero reconozcamos que no es fácil obviar algún tipo de fe, con minúscula o con mayúscula, al fondo de la incondicionalidad de esa dignidad humana. Son cuestiones que manejan los filósofos en sus discusiones, y que los teólogos reciben prestadas dela filosofía. Muchosde ellos, totalmente ajenos a una Fe, reconocen que hay una fe sin explicitar al fondo del compromiso con la digna humana de forma incondicional.

 

Es por tanto, en principio, un tema laico, que nos afecta a todos. Lo cual no significa que todos lo vamos a tratar con el mismo detalle o que vayamos a abandonar la vida para pensarlo. Yo sólo digo que pensarlo es una parte de la vida, y no hacerlo, una manera de aceptar cierta alienación en el lucha por la justicia como cristiano o como humanista. Es como si yo dijera, tengo una razón para mí, y me sobra. Alguien me diría, muy bien, pero es tu razón. Yo, sin embargo, aspiro a que mi razón se vea como razón común por sus motivos, que desazone a los que me interpelan, no por la fuerza.

    

A la luz de esa condición inalienable de nuestra dignidad, exigible es tambiénla ética. No como el derecho, que lo es ante los tribunales de justicia, sino antela conciencia. Pero exigible esla ética. Lo que no es exigible, no es ética, sino invitación a la santidad o a la perfección en torno a un ideal particular; pero la ética, siempre es universal en lo que pretende y exigible. La diferencia con el derecho está en que siendo ambos exigibles en su propio ámbito, el derecho lo es mediante la fuerza de la ley, y en su caso, la pena o sanción; y la ética mediante la obligación de conciencia. Son modos muy distintos, pero ambos obligatorios.

 

Vive sencillamente para que otros, sencillamente, puedan vivir

 

VIVE CON SENCILLEZ Y OTRO MODELO DE DESARROLLO NOS HARÁ FELICES

Vive sencillamente para que otros, sencillamente, puedan vivir

Día Diocesano de Caridad, 18/12/2011

 

La campaña de Navidad es un clásico de Cáritas: otra vez toca a nuestras

puertas, exigiendo desde la fe una respuesta solidaria. Cuando todos

estamos mirando nuestros bolsillos, porque la crisis nos ha golpeado,

Cáritas reclama nuestra atención sobre quienes más sufren la dureza de las

medidas económicas y sociales.

 

El lema de este año es atractivo y sugerente, muy en línea con la llamada

social al decrecimiento. No es posible seguir viviendo como lo hemos hecho:

no lo permite la naturaleza, ni el cálculo económico, ni la justicia…ni la fe.

 

Desde la Palabra de Dios, sugerimos otra manera de vivir, más sencilla y

austera, para que todos tengamos lo necesario para vivir con dignidad.

Compartir el pan de la eucaristía es un signo que llama a compartir los

bienes de la tierra y tus propios bienes esta Navidad.

El compromiso de la Iglesia vasca por la paz, en el 2012

– La paz, como ausencia de violencia, lo que yo veía como terrorismo, es un paso sustancial. Es emocionante palparlo y lo valoro en mucho. Ahora bien, en su realidad profunda es todavía una experiencia incipiente. Tiene que ver con las víctimas (memoria, dignidad y justicia), las armas, los presos, el relato de los hechos, las ideologías “totales”, el proyecto político, … el corazón de las personas,… la trayectoria de la Iglesia y…. la reconciliación social…

 

– Entiendo que a nosotros, hablo como “iglesia”, nos toca estar en todo, pero más directamente en la justicia para con las víctimas, en el relato veraz del pasado, en la crítica de las ideologías y, desde luego, en la humanización de la ley penitenciaria, todo, por la reconciliación social y la conversión personal. (Insisto en las ideologías. Todos tenemos que aprender a cuestionar nuestra ideología social y nacional; pero, con claridad, el movimiento social en torno a ETA se ha desarrollado como una ideología cerrada y absoluta, y esto ha sido terrible en el pasado y lo será en el futuro, si no se corrige. Sin remedio).

 

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COMENTARIO

 

– Ahora bien, llegar a la reconciliación social y más aún, al perdón,  tiene visos de ser el ideal.  Por tanto, tenemos que entender esto con medida humana, y ahí, se puede avanzar mucho. Hasta el momento, surgen iniciativas muy interesantes por la memoria, la justicia yla reconciliación. Hay que valorarlas, pero no magnificarlas.

 

– Nunca olvidemos que en el secreto de cada corriente social está la idea de preservar y hacer triunfar un relato que salve a “los nuestros” y nuestra ideología de base. El pórtico de la reconciliación, es (1) cuestionar el relato de “los nuestros”, (2) hacer memoria de las víctimas (todas pero no todas igual) y (3) cuestionar las ideologías que amamos.

 

– (En particular, la izquierda nacionalista vasca no creo que lo vaya a hacer en un largo tiempo. Aunque ayer mismo Otegi parecía dar pasos de gigante. Pero, insisto en quedará para más allá de una o dos generaciones compartir un relato casi único sobre las víctimas y sobre qué ha sido ETA en esta historia. No soy optimista en cuanto a este resultado a corto plazo. Hablo a largo plazo y de relato mayoritario; yo, un relato único,  no lo veo. Este tipo de “valoraciones históricas”, el relato, entra en la memoria colectiva de los grupos con diversidad casi insuperable y muy duradera.

 

  (Pienso en el caso español, ¡es sólo un ejemplo!, todo el mundo reniega de la guerra civil, pero no la interpreta del mismo modo en cuanto a sus responsabilidades históricas y en cuanto a las víctimas. Han pasado 72 años). 

 

 

– A pesar de todo, muy poco a poco, los relatos del pasado y la memoria para con las víctimas se irán aproximando, y se sucederán gestos de reconocimiento mutuo entre las corrientes sociales mayoritarias; los suficientes para hacer posible la vida política entre distintos. No es todo, pero no es poco. Está creciendo algo muy bueno, pero que lo va a hacer a la medida de los seres humanos, no de los dioses o de los santos, siquiera.

 

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            CONCLUSIONES

 

 

 

– En cuanto “Iglesia”:

 

(1) Habrá que trabajar en definir un cuerpo de valores éticos fundamentales en clave de justicia, paz y reconciliación (profundamente cristianos, por supuesto);

 

(2) Habrá que ofrecer, cómo no, claves de la sabiduría moral cristiana, ¡sin duda!, para la conversión y reconciliación;

 

(3) Habrá que cuestionar las ideologías políticas y sus absolutizaciones;

 

(4) Habrá que trabajar-participar en la construcción-escucha de un relato lo más veraz posible de lo que ha sucedido.

 

(5) Habrá que hacer revisión crítica de la trayectoria eclesial, y escuchar especialmente a las víctimas;

 

(6) Habrá que atender a la humanización de las situaciones de los presos, teniendo en cuanta la posibilidades de la propia ley.

 

 

He apuntado a lo que nos corresponde más directamente como Iglesia, pues, por supuesto, son necesarias reglas, diálogos y pactos (tarea política), que escapan a nuestra tarea más inmediata de comunidad eclesial. No es el primer sitio en que esta paz con vocación de reconciliación se logra. Insisto, a la medida de los humanos.

 

Última idea:

 

–       Un principio democrático muy importante a cuidar: nadie debe recibir, ningún derecho que no le corresponda; nadie debe perder ningún derecho que le pertenezca. (Mucha tarea para concretar).

 

–       Un principio práctico muy importante: no callar claves del evangelio por causas políticas, sea para aliviar a los verdugos, sea, como es más comprensible, por aliviar a las víctimas. (Mucha cautela pastoral para lograr esto bien).

 

José Ignacio Calleja

Vitoria-Gasteiz

8 de Diciembre de 2011

Límites éticos del realismo económico

 

El planteamiento de la ética en el ámbito religioso enseguida deriva hasta la vida política. Personalmente me parece lógico este paso. No es fácil. El paso de la fe a la política por la ética, o de la ética a la política, si no hay fe, requiere reconocer que no hay una sola manera de traducirla; por eso lo del pluralismo legítimo de los partidos políticos, para un cristiano y para un ciudadano de bien.

 

El problema es si ese pluralismo es absoluto. Todos decimos que no. Y para ello, al menos la ética cristiana suele repetir algunos criterios de concreción. Son los dela DSI. Siuno va al Manual de la DSI, tampoco resuelve las políticas concretas, hasta poder decir, mejor PP que PSOE, o IU que ERC, o PNV que Aralar, o mejor, socialdemocracia que liberalismo social, etc. Hay un punto de conciencia personal, que te lleva a optar en una salida que te parece más justa desde los más débiles, más honesta desde los gestores, y razonablemente eficaz, desde la realidad. (No me apuréis a hablar del mundo en su conjunto, porque entonces apaga y vámonos en esta discusión).

 

Porque, claro, la mera eficacia de un grupo y un buen resultado a cualquier precio humano, no es plan. Eso ya te lo proporcionan los mercados financieros. Déjalos a su aire, le sumas una gestión a su medida, y viento en popa a toda vela. Y es que esos criterios morales que he dicho intentan traducir el bien común, pero el bien común no siempre es bueno para todos, sino que en situaciones de desigualdad extrema e injusta, ¡cuando suceda, y sucede!, conlleva sacrificios muy distintos en exigencia, lo cual no se traduce en “alegre la mañana que nos habla de ti, buen Dios”, sino en lucha social muy intensa. Y si la democracia, que podría resolver esto mal que bien como armonía razonablemente justa entre distintos, ¡no siempre complementarios, y que todos ganen!, si la democracia, – decía -, tiene que tragar las decisiones de “los mercados financieros”, una tras otra, entonces no está claro eso del bien común. Está muy obscuro.

 

No digo, entonces, que no tenemos una parte de culpa en lo que ha pasado, por haber mordido de la zanahoria durante diez años o más, pero la idea de que el pasado es pasado, y ya sólo queda mirar al futuro y vale todo con tal de salir, no me convence éticamente; eso es política pragmática, que por inevitable, ¡quién lo crea!, hemos de tragar, pero de ahí a “éticamente, buena”, no. Cuando la barbarie es el único camino, sigue siendo un mal. No sé si inevitable, pero un mal. Lo único que en moral, el mal nunca se elige; puede que en situaciones extremas se consienta para evitar otros males mayores; pero elegirlo no, y, hoy, mucho experto y profesional de la política pide elegirlo con buena conciencia, presentado como “una cuestión técnica”. Hummmmm!

 

Y luego, la cuestión de remitir nuestros problemas socio-económicos en su máxima medida a Zapatero, ¡no digo la responsabilidad política, sino la causalidad material! Ya me gustaría que este fuese el problema. En poco tiempo España cambiaba de modelo productivo, y saldría adelante como un cohete. No sé, me temo que todo es más complejo, en causas y culpas; me temo que ni lo partidos, todos, son tan malos como se dice, ni tan clarividentes como se tienen a sí mismos; ni las cosas van mal por los de fuera, ni sólo por los de casa; ni se resuelven porque seamos buenos cada uno, porque requerimos cambios de estructuras, ni las estructuras nos resuelven los problemas, si no mejoramos nosotros. Todo es más dialéctico, y hay que ponderar mejor causas, responsabilidades, medidas, reparto, intereses, ideologías, conciencias… todo lo que pueda pensarse para acertar en cómo ser eficaces, pero sin arruinar la justicia del bien común; y como ser justos, pero sin incurrir en el derroche de lo que necesitamos para generar empleo y liquidez en el ámbito privado y en el público.

 

Pero claro, esto tiene que ver con la capacidad de ahorro, austeridad y buena administración, seriedad laboral, renovación tecnológica, reformas varias, y tiene que ver con pagar impuestos, respetar las leyes, cuidar el gasto social, evitar paraísos fiscales, reinvertir beneficios, olvidarse de los pelotazos en inversiones especulativas, … tenemos muchas más responsabilidades hacia el pasado y hacia el futuro que si Zapatero o Rajoy son más o menos clarividentes y morales. Que sí, que esto también importa mucho, pero no es definitivo ni de lejos. De hecho, pienso que la ética en la política se la ha tenido, definitivamente, que tragar Zapatero por mor de la eficacia, durante este el último año. (Los tres anteriores, los ha vivido en los laureles del primer mandato, soñando que pronto escamparía. Mandato primero, desde luego, cuatro años, que no fue sino la continuación del último del PP. No lo justifica, porque su tiempo exigía esa renovación del modelo productivo con mayor premura, pero es un hecho que he estudiado con detalle).

 

Y por mor de la eficacia, seguramente Rajoy se va a tragar la ética en su política, si bien, como ya está claro el escaso margen de maniobra que tiene, puede haber debate acerca de si el mal moral lo elige o sólo lo consiente en su expresión  más reducida. Pero, lo comentamos cuando empiece a suceder. En fin, que toda posición social que, hoy, agobiada por los hechos, no trate bien el equilibrio razonable entre moralidad política y eficacia económicas, no me convence. Paz y bien.   

¿POR QUé LA LLAMAN PRIMA DE RIESGO SI ES PRIMA DE USURA?

¿Por qué llaman “prima de riesgo” a lo que es “prima de usura? Es curiosa la perversión del lenguaje en la actividad económica normalizada. Con total inconsciencia, oímos repetir por doquier que la prima de riesgo española, el diferencial con el bono alemán, roza los 500 puntos básicos (496); eso se traduce en un interés del 6,975%, el mayor desde 1997, para el Tesoro español, es decir, nosotros. Cualquiera puede comprender lo que supone un 7%, en la formalización de un crédito por los particulares o por la hacienda pública. Tiene todas las características de la usura, Entonces, ¿por qué llaman “prima de riesgo” a lo que es “prima de usura?

Se dice que es fácil de entender de este modo: Nadie va a prestar su dinero a quien lo necesita, si tiene dudas razonables de que se lo pueda devolver. Lo entiendo. Pero, entonces, si el problema es de mínima confianza, ¿por qué al 7% se recupera la confianza en que un Estado lo pueda devolver? Todo lo contrario. Los prestamistas deberían pensar que superado el precio medio de mercado, mucho más difícil va a ser cobrar su préstamo a las economías nacionales más desequilibradas. Luego lo inteligente sería no prestar nada. Pero no es así, la lógica de los mercados es prestar cuando los intereses están bien primados por lo que llaman exposición al “riesgo”.

Es evidente que estamos ante la simple y llana “usura”. Es muy sencillo explicarlo en su “verdad” económica y moral: Yo le cobro a usted unos intereses desorbitados por mi dinero porque usted no está en condiciones de exigir nada y de encontrarlo más barato; y yo me aprovecho. Es más, voy buscando el eslabón más débil del sistema del euro, y me concentro sobre él para primar el riesgo y cobrármelo usurariamente; potencio una situación de riesgo por insolvencia de un país, y le cobro el problema como un riesgo que yo tengo que correr. Después salen todos los expertos en tropel y explican con sencillez de tendero de barrio lo lógico que es mi proceder. ¿Por qué la llaman prima de riesgo si es prima de usura?

Es de chiste, si no fuera por la gente que lo sufre más cruelmente. Primero nos roban la propiedad de la riqueza creada entre todos, con mil artilugios de ingeniería financiera; después les pedimos que nos la presten, y nos ponen prima de usura por si no les devolvemos los intereses. Por fin, si usted les recuerda lo del 15M, apelan a que la propiedad privada es sagrada y nadie puede cuestionarla como primera libertad. Para pensárselo.

Un Adviento “programático”, “en cristiano”

            Comienzo por una petición; se trata de un poco de pausa y calma para pensar en algunos aspectos del Adviento recién estrenado; es una osadía, claro está;  pero vayamos a ello, y propongo hacerlo en el horizonte de esta intención evangelizadora: “Proponer el anuncio del Evangelio de Jesucristo, de modo significativo, a los hombres y mujeres de nuestro tiempo”.

1. Tres grandes anhelos espirituales y prácticos del Adviento

            Es un lugar común decir que el ADVIENTO es un tiempo de espera activa, por tanto, de preparación a la venida del Niño-Dios en Belén y, como insistiré, a su presencia perenne en la historia. Porque el Niño-Dios que viene, ya está aquí, siempre está aquí.     

            Esa preparación o espera activa, se traduce para mí en tres grandes anhelos espirituales y prácticos:

–       Es renovar nuestra confianza en la promesa de Dios y, por ende, alimentar y celebrar nuestra esperanza: “Confiad siempre en el Señor”, en palabras del profeta Isaías 26, 1-6. 

–       Es renunciar a todo aquello que se nos ha pegado al “espíritu” y nos hace vivir sin tensión cristiana alguna, perfectamente acomodados al “espíritu” del tiempo y su insoportable levedad: “Nosotros esperábamos que él fuese el liberador de Israel,… pero, hoy, son ya tres días que ocurrió” (Lc 24, 21).

–       Es acoger una misión que nos sobrepasa, la de testigos, de palabra y obra, dela Buena Nueva del Reino de Dios, “un tesoro que llevamos en vasijas de barro” y que quisiéramos responder con un “proclama mi alma la grandeza del Señor… porque se ha fijado en la humillación de su sierva” (Lc 47-48).

2. A la espera del que ya está aquí, aunque todavía no en plenitud

 

Pero, amigos y amigas, vivir el ADVIENTO es más que una espera activa a la venida del Niño-Dios en Belén, Jesús. Nosotros creemos que ese Niño-Dios, en Jesús de Nazaret, ya entró en la historia para siempre, se encarnó en ella y la recuperó como Historia Universal de Salvación. Creemos y decimos que en ella permanece por su Espíritu. Por tanto, no esperamos en Navidad sólo un acontecimiento festivo, la memoria de un nacimiento, el nacimiento por excelencia, sino que ADVIENTO, la fe misma, es reconocer, y por ende convertirnos a ello, que Jesús, el Cristo, por el Espíritu, está ya y “estará con nosotros hasta el final de los tiempos”. Él está aquí por siempre. ADVIENTO es, así, acogida activa de lo que “ya sí” es y no sólo se espera.

– Y, amigos y amigas, ADVIENTO es, también, una espera activa de lo que un día llegará a ser en plenitud, y respecto a lo que hemos de mantenernos despiertos y preparados, porque “no sabéis cuándo va a llegar el Señor de la casa… no sea que, al llegar de improviso, os encuentre dormidos” (Mc 13, 35-36). El cristianismo, nuestra fe, si algo es, es una fe en tensión escatológica, es decir, totalmente pendiente de la promesa de la plenitud, cuando vuelva el Hijo del Hombre y “Dios sea todo en todas las cosas” (1 Cor 15, 28). Somos, por encima de todo, creyentes en una promesa que busca su perfecto cumplimiento, pero que ya está aquí cumpliéndose.

3. Un cristianismo en tensión escatológica con el presente

–  Y si ADVIENTO es acogida renovada del Cristo presente “ya sí”, y expectación por el Cristo esperado, “todavía no” en plenitud, y es fiesta renovada de la memoria de su nacimiento en Belén, la cuestión es si vivimos de verdad esa presencia, esa memoria y esa promesa de plenitud.

Recuerdo haber leído que el cristianismo actual tiene su talón de Aquiles, antes de nada, en la pérdida de tensión escatológica. Me quedé perplejo en su momento. Siempre había pensado que su déficit sería más concreto y social. Pero, no. Es cierto, aunque pensemos a menudo lo contrario. Porque, pensemos, ¿quién vive, hoy, expectante de la vuelta definitiva del Señor, convencido de su posible inminencia? Y, por ende,  ¿quién vive con la libertad, el coraje, la gratuidad y la misericordia de esta confianza existencial? Quien no espera algo absolutamente nuevo, no puede arriesgarse a perder lo absoluta o relativamente viejo. Es lo de “si tan largo me lo fías…”.

Es cierto que un cristianismo que sólo mira al futuro de Dios, suele convertir el futuro en un cielo espiritual, desencarnado y ahistórico; pero, no es menos cierto, que un cristianismo sin tensión con la plenitud de la promesa de Dios, es un cristianismo plano, religión a la carta, al gusto de los comensales de turno. Por eso es tan vital la tensión interior a la fe entre el ya sí de la promesa cumplida enla Encarnacióny el todavía no de su plenitud posthistórica. Este juego interior de la promesa es el secreto de la fe cristiana.

– Amigos y amigas, no quiero meterme, ya, por los caminos evangélicos de lo que debería ser la perfección cristiana, la que vive en tensión escatológica. Temo que nos desazonemos antes de tiempo. El cristianismo es una “buena noticia”, el evangelio de la salvación de Dios ofrecida a todos los hombres y mujeres y, muy especialmente, a los pobres y pecadores; es mensaje de que Dios es siempre noticia buena para los hombres y mujeres que se saben necesitados de amor y de perdón, porque tienen experiencia de pobrezas y de pecado, de sencillez y de bondad. ¿Habríamos de desfallecer al descubrirnos, en su caso, pecadores e insensibles a las pobrezas?, o ¿al sabernos miedosos y muy interesados? Al contrario, si sabernos pecadores y egoístas nos hunde, es que sumamos a la falta de fe, el orgullo de no confiar en la gracia del Dios dela Misericordia, el que espera como un Padre la vuelta del hijo cada jornada, día y noche, y nos impele a gritar, “cantaré eternamente las misericordias del Señor” (Salmo 82, 2-5). Sin esta experiencia personal es difícil que la buena nueva resuene con sentido. Si no sabemos de la bondad inconmensurable de Dios, de qué Dios hablaremos: “Pero este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que todos vean que una fuerza tan extraordinaria procede de Dios y no de nosotros” (2 Cor 4,7).

4. La esperanza escatológica en una cultura antiutópica

– Amigos y amigas, hoy vivir el ADVIENTO y vivir en ADVIENTO, no es fácil; es difícil. El mundo en el que somos ciudadanos, nuestro querido mundo, no invita a expectativas como la de Jesús y su Dios. Sus esperanzas son de corto alcance y plazo. Se tienen que sustanciar en salud, dinero, ocio y familia. Con todo, el mundo, nuestro querido mundo, merece muchas críticas, pero no nos ensañemos con él y menos verlo como si nos fuera ajeno. Estamos llamados a reconocerlo en tantas y tantas cosas, y, a la vez, a compartir sincera y cada vez más atrevidamente lo que no vemos bien. Pero eso sí, desde dentro, sin creernos con un listado de valores y normas que, “cual nuevas filacterias y orlas” distinguirían nuestro vestir y utilizaríamos para imponer pesadas cargas a la gente sencilla (Mt 23, 1-12). ¡Cómo nos ronda la religión de “la ley y el clericalismo” a la hora de comprendernos!

Y es que “te doy gracias, Señor del Cielo y dela Tierra, porque has revelado estas cosas a la gente sencilla” (Lc10, 21-24). Por eso evangelizar es vivir y contar el misterio de la misericordia de Dios como buena noticia ofrecida, regalada, celebrada y consoladora: “Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha” (Salmo 32, 2-3).

 – Amigos y amigas, en medio de las idas y venidas diarias, nuestro cristianismo no espera en serio al Hijo, y el mundo no espera a menudo más que el próximo puente festivo. Se podía leer en el metro de París, y decía eso mismo, “en un mundo tan absurdo, lo único verdaderamente importante consiste en pensar dónde pasaremos las próximas vacaciones”. En medio de la insoportable levedad del mundo, rememorando a Milan Kundera, y con todas las condiciones propias de una sociedad neoliberalmente gestionada, el anuncio del Evangelio,la Buena Nuevadel Reino de Dios, el anuncio significativo de la persona, la vida y las palabras de Jesús, el Cristo, las bienaventuranzas, constituyen un anacronismo cultural. Y, sin embargo, para nosotros  sigue siendo el meollo de la misión evangelizadora. Debemos reconocer este conflicto de fondo, antes de pensar en otras causas reales, pero menos decisivas a la hora de valorar las posibilidades y dificultades de la evangelización. Por eso decimos que el Concilio Vaticano II, el genial Vaticano II, no percibió esta novedad cultural. Nosotros debemos hacerlo y, tras considerarla, confiar sin titubeos en que anunciarla Buena Nuevade Jesucristo, íntegra y significativamente, al hombre y la mujer de hoy, es un reto hermoso e inexcusable. Reconocida aquella dificultad, lo hacemos con nuestra sinceridad y coherencia de vida, y con coraje, libertad y sencillez, con el atrevimiento de la sencillez: “Te doy gracias, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado estas cosas a la gente sencilla” (Lc 10, 21). Esta fuerza interior va a ser más necesaria que nunca. Tengo para mí que estamos ante uno de los momentos más difíciles para la evangelización. Os acabo de decir por qué. Porque nos encontramos, por primera vez, ante destinatarios que, en muchos casos, no tienen conciencia religiosa, no la reconocen en su intimidad. En el inicio mismo del cristianismo, tan difícil, los destinatarios eran judíos o paganos, pero siempre con una conciencia religiosa, Por primera vez estamos ante gente que, culturalmente, no aprecia la respuesta religiosa ni como inquietud social ni personal. Sólo quería mencionar esta dificultad tan nueva, no conduciros al desánimo. “Bendito seas, porque si has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla”. Pero hay que saberla, para no dar palos de ciego y creer que de modernizar un poco la cara del clero y otro poco las eucaristías, esto sería otra cosa. No, el asunto es distinto. Algunos huyen hacia el pasado, y no les va mal, pero ¿son cristianismo de Jesús, o también, y más, religión a la medida de la nueva burguesía?; ¿los mueve la fe y la pasión cristiana o, en buena medida, una ideología religiosa  referida a Jesucristo y poco o nada discernida en Él?

5. ¿Sabemos del mundo? ¿Sabemos de Jesús? ¿Tenemos confianza de niños?

– Ahora bien, amigos y amigas, y antes de echar a correr a la calle para practicar el anuncio que se nos encomienda, vamos a pensar en sus andaderas. Y, así, ¿creemos saber del Dios de Jesús, con libertad interior para contarlo? Y, ¿creemos saber del mundo con cercanía para entenderlo? Y, por fin, ¿creemos con tanta confianza en Dios, que nada ni nadie podrá despojarnos de este tesoro, de manera “que no caigamos en la tentación” de abandono en tiempos de descrédito de la fe?

Vamos a ver esto. Conocer el mundo parece cosa de iniciados y hasta cierto punto es así. Pero el mundo también se conoce desde el sentido común y la experiencia cotidiana. Hay que saber discernir. Lo importante es dar con el lugar y la experiencia adecuada. Y, en esto, la cosa es clara: Mirar desde abajo, desde los últimos, para ver lo más posible, para ver lo imprescindible. Abajo, siempre más abajo y más al fondo, porque Dios es así: “Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión” (Lc 15, 4-7).

Conocer al Jesús de Dios, segunda reflexión, pues de esto se trata, de conocer al Jesús de Dios y no otra figura más a nuestro gusto, es asumir sus preferencias, sensibilidades y mirada ante la vida: Intimidad radical con Dios, como Padre de Misericordia; y los pobres, los últimos de todo signo, los enfermos y los pecadores, como “la niña de sus ojos”. De ahí la pregunta de los discípulos de Juan Bautista, y de Juan mismo. “Los envío para preguntarle: ¿Eres tú el que tenía que llegar o esperamos a otro? … Jesús contestó a los enviados… Id a informar a Juan de lo que habéis visto y oído… Y ¡dichoso el que no se escandalice de mí” (Lc 7, 20-23). No nos engañemos en esto. No es fácil creer en Dios, pero es imposible saber del Dios cristiano sin saber de Jesús, y no se puede saber de Jesús, sin captarlo en su relación con el Padre y en sus acciones de misericordia, de perdón y de indignación a partir de los últimos. Es cierto que Jesús se acerca a todos, pero nunca deja a los poderosos y ricos, a la vez,  ricos, poderosos y evangelizados. Los pobres no son sus predilectos por ser necesariamente mejores, sino por ser más débiles y sufrir más los males naturales y, sobre todo, los abusos ajenos; por haber sido educados en que su pobreza es merecida y en que es la prueba fehaciente de que ni Dios mismo los ama.

Si alguien quiere vivir el ADVIENTO dejando a un lado este exceso amoroso de Jesús, o tomándolo como un complemento caritativo de la fe, ¿cómo podrá llegar al Dios cristiano sin domesticarlo?: “Eres tú el que tenía que llegar o esperamos a otro”. Seamos serios en esto. La caridad no es sólo una consecuencia de la fe, sino su condición de posibilidad. Toda su entraña es caritativa o diaconal. Seamos serios para no evitar este reto, sin temerlo, pero sin evitarlo. Nadie es de Juan, de Pedro o de Santiago, sino de Jesús. Ni siquiera vale decir, siempre y a secas, “yo dela Iglesiaen todo caso”; porque sí, es principal referencia, pero tambiénla Iglesiatoda está al servicio del Reino y juzgada por Él. Por tanto, cuidado con la pereza, con ponerse a refugio de todo discernimiento compartido con los que nos son de mi tendencia o renunciando a la mayoría de edad de conciencia; cuidado con renunciar a la mínima libertad interior. Debemos evitar infantilismos sicológicos, dependencias políticas, trayectorias familiares, intereses dela Congregación, miedos propios de la edad… Decimos, “en mis tiempos”. Pero tus tiempos son estos. Estás aquí y ahora, ¿no? O, “mi familia siempre fue…”, pero estamos hablando de ti; o “el fundador dijo…”, pero, pero ¿dijo bien? Y, ¿cómo lo diría hoy? O, “a mi Pueblo se le debe…”, y él qué debe, ¿debe algo?

Entonces, ¿dónde pondrá, pondremos, un mundo de ricos la esperanza en nuestro Dios? Pues, desde luego, no es fácil, pero hay modos justos, desde luego, de conseguir y administrar la riqueza, el poder de gobierno, la inteligencia natural y la religión. En todo caso que la gente sepa que Dios es justicia y misericordia entrañable, corazón compasivo, Padre con perdón siempre ofrecido. El que no tenga esta experiencia personal, ¿cómo podrá compartirla? Si no tenemos la experiencia de ser perdonados y amados gratuitamente por Dios, pero de verdad, no de boquilla, ¿cómo podremos anunciar significativamente al Dios de Jesús? En realidad, es imposible que estemos entendiendo quién es Dios y cómo vive la gente sus pecados. “Te doy gracias, Señor, por haber ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y haberlas revelado a la gente sencilla”. Por eso que el mundo sepa, que el mundo rico sepa, que sólo estamos al servicio de la causa de Dios, y que no somos sus propietarios, sino sus servidores. Y servidores con modos, palabras y acciones firmes, pero siempre benignos y muy democráticos, más nunca instrumentos de sus planes sociales, económicos o políticos.

6. ¿Habla nuestra boca de lo que abunda en nuestro corazón?

– Y, por fin, tras saber del Dios de Jesús en el Jesús de Dios; y tras saber del mundo por implicación afectiva y vital, ésta era la tercera pregunta, ¿creemos con confianza de niños en que Dios es nuestro tesoro, el Dios de Jesús, y lo contamos significativamente?

Si creemos y cuánto, y con qué intensidad y confianza, lo dejo a vuestro discernimiento íntimo. Si lo contamos, esto es más claro reclamarlo. Sinceramente, es tiempo de comunicar la fe fuera de la Iglesia, pero también dentro de la Iglesia, en la comunidad. Los de dentro necesitamos del testimonio explícito de la fe tanto o más que los de fuera; necesitamos oír y contar la fe. Tenemos muchas celebraciones de la fe, pero se puede salir del paso con poca cosa. Una celebración fiel a las rúbricas y unas palabras más o menos convencionales y con buen gusto, y adelante. Sin embargo, necesitamos oír la voz (y el silencio) de gente con una fe adulta, equilibrada, practicada y festiva: “Proclama mi alma la grandeza del Señor…” (Lc 1, 46). Las acciones de la misión son muchas, el anuncio explícito de Jesús, la celebración de la fe, la creación de comunidad con comunión en lo imprescindible, libertad en lo opinable, y siempre con caridad; el servicio a los necesitados, propios y ajenos, con promoción de las personas y con denuncia social. Cada uno de nosotros tiene su sensibilidad peculiar. Hay muchos carismas y algunos ministerios. Debería haber más carismas y ministerios. Carismas de todos y ministerios de servicio para todos en la comunidad; comunidad de hombres y mujeres iguales por el Bautismo. Decía que hay entre nosotros muchas sensibilidades, sicológicas y pastorales, más intimistas o más públicas, y desde ellas, hay distinta atención a las diversas acciones de la Iglesia. No podemos ir contra nuestra naturaleza, me refiero a nuestra personalidad, al elegir en qué acción evangelizadora estamos más naturales. Pero todos debemos cuidar la  proporción e identidad de estas acciones en la misión eclesial; y, para mí, su proporción o equilibrio identitario está no sólo en no deformar nuestra expresión de la fe en una sola dirección, litúrgica, mística o social, es igual, sino en unificarlas todas en torno al Dios de Jesús y al Jesús de Dios. Es decir, impregnarlas en la experiencia personal de Dios como misericordia radical con lo más débil de cada ser humano y de la vida como tal. Hablo de la espiritualidad de la misericordia encarnada, es decir, de la intimidad con Dios, sí, pero sin saltarse  a los hombres y mujeres de carne y hueso, sin flotar en el espacio de lo espiritual, de lo vaporosamente espiritual; no, no es posible esto; hay que llegar a Él, o mejor, permitir que Él nos llegue por su camino, por el camino en que Él nos sale al encuentro, es decir, preferentemente por el rostro de los últimos, es decir, el rostro de los más necesitados y sencillos que provoca una oración que se sumerge en la Palabra y la Vive desde esa experiencia; es decir, allí donde mejor se refleja, como primer sacramento, el rostro de Dios (Padre-Madre), su rostro hecho humanidad y perdón para todos los hombres y mujeres que lo necesitan y, en primer lugar, para nosotros mismos,  pues quien no siente el perdón de Dios y no se perdona a sí mismo o misma, no puede perdonar a los demás. Ésta espiritualidad de la confianza en el Dios de los Necesitados es el quicio de nuestra teología y acción pastoral, de nuestra vida familiar, y hasta de nuestra vida cívica y política. No me extraña que Gustavo Gutiérrez respondiera a sus críticos, cuando le preguntaban por su modo de hacer teología, que “nuestro método teológico es nuestra espiritualidad”, es decir, la vida de fe entre los necesitados como acto primero del pensamiento teológico y de la pastoral. Y es que en ella arranca una lectura del Evangelio y una experiencia de vida cristiana claramente peculiares. Hay gente que quiere comenzar el anuncio significativo de Jesucristo por la moral sexual católica o por la espiritualidad intimista; y hasta lo hace con algunos resultados sociales, pero yo no veo respondida la cuestión de Dios desde el Dios de Jesús y el Jesús de Dios. Pero, me dicen, ¡mira qué resultados tienen hablando con esa rotundidad! Sí, tal vez, rotundos, sí, pero claridad es otra cosa; además, ¿es el Dios de Jesús? ¿Ese fundamentalismo exitoso es claramente cristiano? Para mí, no, no puedo con él. Y es que, “no basta decir, ¡Señor, Señor!, para entrar en el Reino de Dios; no, hay que poner por obra el designio de mi Padre del cielo” (Mt 7, 21). En todo caso, entre hermanos, siempre sinceridad al discernir, y, a la vez, siempre caridad[1].   

Decía que necesitamos de testigos adultos, equilibrados, festivos, coherentes. Alguien ha dicho, en referencia al orden social, que hoy es el tiempo de las minorías ejemplares y no de las vanguardias que lo saben todo para todos. Necesitamos de esos testigos, cerca unos de otros, en las comunidades familiares y locales que formamos, en los lugares de trabajo y ocio, en los medios y en la cultura, necesitamos esto para que Jesucristo resuene significativo enla Iglesiay en este mundo. Más aún, para que pase lo que pase en este mundo y con las formas institucionales conocidas enla Iglesia, la fe en Dios, por todos los caminos de las religiones, siempre al servicio de los últimos, siga apareciendo como una noticia que aclara al hombre y a la mujer esto: Si escuchas en tu interior el anhelo de vivir y ser feliz, de que todo y todos sobrevivamos más allá del final humano de la historia, de que la injusticia no sea la última palabra de la historia para las víctimas, ese anhelo no es un sueño o ideología, sino tu vocación, la huella en ti de Dios, su llamada. Piensa que también de ti se puede decir, “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1, 28). 

Nosotros creemos y apostamos por que ese anhelo por tantos compartido, nuestro anhelo, es el eco de quien nos llama a la plenitud de su Vida, al regazo dela Vidaen cuanto tal, Dios. Así lo percibió y vivió Jesús con hondura inigualable. Cristo, el Señor, ya está en ella.. Quien viva como Él, quien lo desee honestamente, conocerála Vida, porque Dios es Vida. Jesús, en la conciencia humana que compartió con nosotros, sintió tan íntimamente este Misterio de Vida y Amor, que lo reconoció así: Mi PADRE; y Dios se vio tan profundamente reconocido por la conciencia humana de Jesús que lo reconoció como “mi HIJO”: “Hijo mío eres tú, yo hoy te he engendrado” (Lc 3, 22) y “Tú eres mi Hijo, el amado, en ti he puesto mi favor” (Mc 1, 11). Ésta es nuestra fe y nuestra esperanza, la que pone nombre, rostro y palabra en Jesucristo al anhelo de vida y plenitud que reconocemos al fondo de nuestra existencia. ¿Quieres hacer el camino interior y vital con nosotros? La llamada de Dios resuena para todos, y respeta la libertad de todos; sólo pide, desde ese respeto a la libertad, que “no acalléis la voz de Espíritu”, es decir, que no metamos la cabeza en la tierra reseca de mi dinero, mi belleza, mi viaje, mi partido, mi nación, mi doctorado, mi sexualidad, mi noche de juerga, mi equipo de fútbol, mi parroquia, mi colegio, mi religión… 

7. El Reino de Dios crece de tantas maneras que debemos cuidar no impedirlas

– Amigos y amigas, para creer y evangelizar, dentro y fuera de la Iglesia, vamos a recuperar lo mejor de la fe, en confianza existencial, sinceridad, fiesta y solidaridad y, el mundo, no sé si reaccionará algún día, pero, sin duda, que lo habremos servido en lo que tanto necesita, “Dios como sentido, exigencia de justicia y oferta de amor”, y su mejora y dicha, la del mundo, en todo y en todos, es ya y siempre Reino de Dios que crece. Por tanto, “dad razón de la esperanza que os anima”, cuando de palabra, palabra que no agrede, sino que aclara, toma posición y anima; cuando de obra, mano que apoya y cura; cuando con las actitudes, con una sencillez que atrae; cuando con la mística, ojos y pies en la tierra de los pobres y pecadores; quien con la denuncia, con la esperanza de quien cree en la vuelta del hijo que se “perdió”; quien desde la rebeldía social y eclesial, amplio de miras y con pedagogía; quien lleno de firmeza en sus convicciones, cuidadoso ante la legítima diversidad; quien convencido de lo natural de las cosas, con sentido crítico para fundamentar y con sensatez para diferenciar actuaciones, opiniones y personas; el que con fina sensibilidad social, presto al silencio y la oración que conecta la vida con el corazón de Dios… Que todo el mundo sepa que sólo Dios está en el secreto absoluto de cuáles son sus caminos finales para ofrecer su salvación al mundo, pero, pase lo que pase, los hay y habrá, y ningún empeño sincero, justo y benigno se perderá y será en vano. No pidamos por ello tanto el Espíritu, cuanto que no lo acallemos en cada uno y en la comunidad, y que acertemos a obedecerlo con generosidad: “ Yo os he bautizado en agua, él os bautizará con Espíritu Santo” (Mc 1, 8).

He dejado entrever hace un instante que las formas institucionales conocidas hoy enla Iglesiapueden pasar; seguramente están ya pasando muchas de ellas; algún colega habla de “desplome” en cuanto a esas formas; he dicho que lo primero ha de ser una Iglesia toda ella de hermanos y hermanas iguales en dignidad, la dignidad única y primera de los bautizados. El futuro dela Iglesiano sé por dónde irá, ni con cuántos, una fe más personal y comunitaria, parece seguro; una cristianismo menos numeroso, parece que también; pero, sin duda, un cristianismo con ministerios ordenados menos solemnes y acartonados.La Iglesiatoda está en ebullición, por obra del Espíritu y por obra del cambio en los tiempos, (¿tendrán algo que ver?); es importante que quienes tienen el ministerio de gobierno reconozcan junto a sí a quienes tienen el carisma de la profecía y el discernimiento, pues Dios sabrá por qué  no siempre coinciden, pero, en todo caso, está en nuestra mano el hacer que se reconozcan y ayuden. Pero, aquí, hay tanto que corregir en instituciones, organizaciones y personas, que sólo cabe decirlo mil veces y otras tantas perseverar sin desmayo en la esperanza y la paciencia. 

– ADVIENTO, tiempo de acogida sin reservas al Espíritu que grita, “ya está aquí, salid a recibirlo, que llega el esposo”. Y “le entregaron el volumen del profeta Isaías y, desenrollando el volumen, dio con el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido. Me ha enviado a dar la buena noticia a los pobres, a proclamar la libertad a los cautivos, y la vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar el Año del Gracia del Señor (Is 61, 1-2). Enrolló el volumen… y empezó  a hablarles: Hoy se ha cumplido este pasaje que acabáis de oír. Todos se declaraban en contra… Pero, ¿no es éste el hijo de José?” (Lc 4, 14-22).

Que crezca en nosotros la confianza de que acoger el Evangelio de Jesucri es nuestra dicha y que anunciarlo está preñado de sentido, humaniza y salva, y que crezca la conciencia samaritana que reconoce a Dios en cada uno de los hermanos más pequeños y en cada una de las situaciones que reclaman de su gracia sanadora, porque al cabo, Señor, cuándo te vimos con hambre, o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y te ayudamos?: “Os lo aseguro, cada vez que lo hicisteis con uno de esos hermanos míos tan insignificantes lo hicisteis conmigo” Mt 25, 40. Hermanos y hermanas, conciudadanos de un mundo de satisfechos, y vosotros, también, los más pobres y excluidos, cada uno según su peculiar situación, “no acalléis al Espíritu”.

Amén. “Hágase en nosotros, Señor, según tu Palabra”. Muchas gracias.

 

José Ignacio Calleja

Vitoria-Gasteiz

Noviembre de 2011

 


[1] Por lo general, pienso que quienes presumen de “yo al pan, pan, y al vino, vino”, más bien suele ser que llaman “al pan, pan, y al vino, pan también”; o sea, siempre lo mismo, con lo cual la complejidad de la vida y sus matices,  no los ven, o no los quieren ver.

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