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Otra vez Venezuela… como yo te veo (I)

2017 agosto 6
por José Ignacio Calleja

            A mi juicio (…) no sitúa los datos en su debida magnitud y eso desenfoca el planteamiento del tema. Es una osadía por mi parte decir esto cuando mi conocimiento de Venezuela es casi nulo. Sean ocho millones de venezolanos los que han aprobado la ANC, sean siete o incluso seis, nada de esto es definitivo. El 40% del censo electoral no es el pueblo venezolano. Sin duda hay un problema de base en es participación. Aunque sean (y son) los sectores populares más pobres los que defienden a Maduro y le apoyan en esta ANC -conforme lo posibilita la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela-, hay un problema de base; y aunque la ausencia de los demás ciudadanos queda a su cargo, sigue habiendo un problema de base. Una parte del pueblo ha avalado a Maduro y su propuesta de solución y otra parte del pueblo, no. Claro, si yo dejase sobreseído que éstos no son pueblo venezolano, entonces sí puedo decir que “el pueblo ha hablado definitivamente”, pero si considero que la inmensa mayora de la gente que apoya a la oposición política es “pueblo venezolano”, entonces, qué diré. Porque no han querido participar, de acuerdo, pero en el análisis sé que no puedo decir sin más ni más “el pueblo venezolano ha dicho”. Si gobierno, tengo un problema. Y las elecciones a la Asamblea Nacional de hace poco me lo muestran.

 

 

            He leído por ahí, no sé dónde, que con el 31% de los votos gobiernan en las democracias muchos partidos, por ejemplo, el PP en España. Pero no se tiene en cuenta que una cosa es gobernar, a base de pactos con unos y con otros para sacar leyes por la mínima, y otra cambiar la Constitución, que en lo principal, sin un apoyo de 2/3 de las Cortes Generales, no puede hacerse. Quiero decir que no se puede sostener una Constitución en una exigua mayoría y, menos aún, en una minoría mayoritaria. Aunque esta minoría mayoritaria sea la más pobre y más injustamente tratada en el pasado, y una democracia formal al uso no le garantice lo mejor en el futuro, una Constitución reformada por los representantes de una parte del pueblo, uf! Y si luego va a referéndum, ni tan mal, pero es muy difícil que el resto de la población (¿la puedo llamar pueblo?) la considere suya. (Citado queda el problema de a quién llamamos “el pueblo”. Leyendo por ahí, veo muchas diferencias).

 

            Las Constituciones, y más la Bolivariana de Venezuela, dependen por completo del concepto, “quién es pueblo”. Mientras crece la revolución, el pueblo es mayoritario en el empeño (y se va tras Chávez); cuando la revolución padece dificultades desde fuera (se rehacen sus enemigos interiores y exteriores), y desde dentro (se vician los que la ganaron), la correlación de fuerzas va igualándose, hasta que por cauces democráticos convencionales (sin interpretaciones bolivarianas) la oposición se viene arriba, crece la parte del pueblo que la apoya, y el conflicto es total. Como escribí en otro hilo, la negociación y pacto político es imprescindible en Venezuela para evitar la violencia en todas las direcciones (las víctimas inocentes), pero los interlocutores (en el poder: Maduro et alii) y en la oposición (los otros) no tienen ningún motivo para pactar: Maduro y su partido ya no tiene nada que ganar con el pacto y la oposición, tampoco.

 

            Dije y mantengo que si económica y políticamente las potencias occidentales pueden ahogar al régimen bolivariano, la oposición no va a ceder. Sólo si el régimen consigue conectar sus intereses con los de Rusia  y China, no sé cómo y por qué, tiene su oportunidad. Y sólo si a ambos, régimen y oposición, les abruma  moralmente la suma de víctimas entre la población civil, pueden acercarse a un pacto. Pero el pacto casi nunca viene, en principio, por acercamientos morales, sino por intereses de supervivencia en el poder, para retenerlo o conquistarlo. Con más contenido popular o con menos en las políticas (y tiene mucha importancia), pero en última instancia se trata siempre de conservar el poder, y lo del pueblo viene después. Yo creo que el pueblo te puede llevar al poder, pero una vez en él, el pueblo más pobre se hace poco a poco periférico para todas las partes. Y, entonces, ¿la revolución? Sí, una especie de vuelta a empezar mil veces y a ver si es posible en cada momento conservar un peldaño ganado en la escalera interminable de la justicia. (Tengo que repensar este pesimismo histórico, lo admito).

 

            Luego he querido decir que se utiliza pueblo de forma particular, y esto no se quiere tener en cuenta, y he querido decir que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela es muy peculiar, a ojos de las democracias occidentales y del simple juego de mayorías y minorías; y que ésta particularidad vale mientras la derecha está en minoría, pues cuando se rehace, no la quiere así de ningún modo; donde no haya un ciudadano, un voto, sin filtros colectivos y orgánicos, no hay nada que hacer. Sé que esto último no es la postrera palabra en el tema, porque la democracia que reconocemos tal, huye de las formas directas como de la quema y está rodeada de poderosos medios de influencia desigual por doquier. ¿Mi opinión? La estimo en mucho, es un mínimo como procedimiento de decisión entre distintos, pero las reglas, los cauces, los sujetos y la igualdad de oportunidades, reclaman mucho más. Sobre todo, la igualdad de oportunidades para construir la voluntad popular y la justicia social: “La democracia, como sistema de organización social, otorga a la ciudadanía un arma potente para el ejercicio de este poder, pero, por sí sola, no es suficiente para contrarrestar la fuerza que otros actores tienen para secuestrar las instituciones y utilizarlas en su propio beneficio”, Sansón Carrasco/Mustaqh Khan.

 

            Y también he querido decir que más importante que esa discusión de filosofía política sobre la democracia real, es que siempre y en todo supuesto, si no consigues la participación mayoritaria del electorado en la Asamblea Constituyente y en la Constitución subsiguiente, no hay “el pueblo” que la avala; hay mucha gente del pueblo, pero no “el pueblo”. Y este es un problema que afecta ya a la legitimidad de Maduro, de su partido y de la condición Bolivariana de la República. Para mí, este es el problema. Si no le sigue el pueblo para aprobar la ANC y la renovada Constitución, con los millones de votos que logra, puede gobernar en una democracia parlamentaria, pero no rehacer una Constitución Nacional, ni hacer valer su Presidencia en la República. Salvando las distancias sobre qué pasa cuando “el pueblo en todas sus expresiones ya no te respalda”, el caso francés del socialista Hollande, es paradigmático.   

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            Nota: Conozco ahora el comunicado del Vaticano sobre la crisis en Venezuela, y sí, ahora sí que se entiende. Como no quiero tomar, o no, razón de él, cada cual saque conclusiones. Pero vamos, que Asamblea Nacional Constituyente, en estas condiciones, dice que no. Pero esta es una opinión sobre el procedimiento político que no puedo valorar todavía por falta de conocimiento del grado de conflicto que de hecho se da allí.

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            No te preocupes (…) por no comprender mi posición; ya le he dicho a Fortín que no conozco Venezuela; no sé valorar las condiciones del votar en este caso; pero comprendiendo muy bien tu tesis, no sé dónde le pones el punto de inflexión para decir “suficiente” o “insuficiente” al porcentaje de participación. Mira que no he cuestionado los datos oficiales, pero ¿cuántos votos serían suficientes para legitimar la Constituyente en nombre del Pueblo todo? ¿Y quién lo dice? Ya te digo que no estoy en el caso al detalle y lo valoro desde lejos, pero “si apelamos a las circunstancias” ¿quién determina si son suficientes o no para legitimar un proceso democrático? No sé, me pierdo. Y si esta pregunta es muy teórica allí, entonces sencillamente no es posible todavía la democracia.

            Y no puedo sino reconocer lo que ha hecho mucha gente del pueblo para votar -reconocer, admirar y sumarme- pero ¿si no fuesen mayoría, sus líderes no deberían acudir a un pacto con otros? Y si los adversarios no quieren, ¿no sería mejor decir que hay una democracia popular que procede de la revolución y que el sujeto que la encarna no puede transigir con los que la niegan, y que éste es el  marco de juego de la democracia en la República Bolivariana? Si se quiere decir esto, lo entiendo, pero quiero oírlo para saber de qué se habla. No pongo más intención política en ello que saber del concepto democracia en su uso allí por todos. Me lo imagino, pero lo planteo.

            En mis conceptos, ninguna revolución puede predefinir la Constitución antes de que sea avalada por un pacto entre distintos del mismo pueblo. Tengo mis preferencias políticas e ideológicas, pero prefiero entenderme con otros distintos en cuanto a las reglas de juego. Reconozco que “mis circunstancias” no son las de Venezuela y allí tal vez lo viera de otro modo; no lo sé, pero no diría que estoy en la política democrática, sino, como algo inevitable, en la prepolítica de asegurar el máximo de colaboraciones en el camino de la liberación social, recurriendo al mínimo uso posible de la fuerza en la ley. O quizá en el guerra por otros medios. Porque, a medio plazo, por muy perversos que sean mis contrarios, y hasta enemigos, en democracia yo he de aspirar a que ellos quepan y dispongan del máximo de libertad política, como yo, respetando la misma ley nacida del común. Es una reflexión lo que hago, no una batalla a favor de no sé quién. Saludos.

            Y (…), te entiendo en la respuesta perfectamente. (Quizá el caso Bachelet confirma lo que digo; no es lo mismo un gran triunfo para gobernar -con una mayoría minoritaria- que para cambiar la Constitución). Pero yo agradezco tu claridad sobre el pueblo y la revolución. Yo teorizo desde un lugar en que Podemos-IU viene a decir eso mismo y lo entiendo como declaración política, pero no sé cómo ponerlo en reglas compartidas y justas. De hecho, creo que cuando Iglesias defiende “el Parlamento y la calle”, está hablando del mismo problema. Y en clase la gente me dice “no hay democracia” y punto, es un paripé para engañar. Y yo digo, como los clásicos, vamos a distinguir, separar y valorar. Pero lo dejo aquí. Saludos.

            El discurso de Delcy Rodríguez y el de Cabello, en sus fundamentos, son un ejemplo de lo que no me gusta: los “otros”, todos, son enemigos, y la población que los apoya no es “pueblo venezolano”. Estas dos condiciones, con facilidad, te llevan al totalitarismo; con más justicia social, que no es poco, pero totalitarismo político. Yo sería mucho más autocrítico y exigente con los míos en política. Y lo soy.

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