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Su nombre es Francisco

2013 marzo 15
por José Ignacio Calleja

Su nombre es Francisco

La salida del cardenal Bergoglio al balcón principal del Vaticano como nuevo Papa parecía la escenificación de una obra largamente ensayada; tal me pareció la sencillez de los modos. Y sin embargo no era así. Aquel punto de timidez y humildad no era ficticio sino bien cierto. Por un momento sentí que la situación le iba a desbordar. Pero no, no hubo tal. Cuando tomó la palabra y supe su nombre, Francisco, pensé que algo nuevo en la Iglesia podía suceder.
No es la senda de la apologética lo que aquí voy a recorrer. El cónclave ha elegido a un cardenal que no es joven, – me ha parecido que está torpe cuando camina -, que viene de América Latina, que es jesuita (religioso), que ya fue la alternativa a Benedicto XVI, y que combina una posición doctrinal conservadora, – dicen -, con una práctica muy probada de cercanía a los pobres y a la gente sencilla. Cuentan que no le falta firmeza en el ejercicio de la autoridad, que es perseverante y decidido, por más que, a la vez, sepa escuchar y sumar en la diversidad. Comprenderá quien esto lea que tengo que hablar de oídas.
Las cábalas sobre cómo han sucedido las cosas dentro del cónclave, y si representa un consenso posible entre contrarios, o una cesión de confianza a alguien que la despierta entre ellos a raudales, no lo sé. Si quieren digo que esta forma de hablar no es justa con la intervención del Espíritu. Pero los caminos de Dios son inescrutables. El caso es que este hombre, el papa Francisco, está en el centro de una tarea que es ya irrenunciable para la Iglesia: Aligerar la Curia y hacerla una mediación eclesial, servidora y transparente; el carrerismo, las camarillas, la burocracia y la opacidad económica, – cuando no el fraude y la corrupción -, son un mal endémico que está arruinando a la Iglesia. Esclarecer y asumir las situaciones de responsabilidad y encubrimiento eclesial en los delitos pasados o presentes de pederastia. Desarrollar el concepto y la práctica de la evangelización, tan explícita sobre Jesucristo, como comprometida con la centralidad de la justicia para con los más pobres y vulnerables del mundo en ella. Sin ellos, sin oportunidades de vida digna para ellos, no hay dignidad para los demás, ni las sociedades democráticas merecen bien el nombre que les damos. Implementar la colegialidad episcopal, mostrando que el Papa se sabe y se siente Obispo con los Obispos, y con las iglesias locales, para favorecer la creatividad de todas ellas en su lugar y cultura, y la ósmosis de los frutos del Espíritu que por doquier se reciban. Por fin, dialogar con el mundo para mostrar lo que la Iglesia piensa sobre la verdad y el bien, y aprender sobre ellos de otras experiencias humanas; todos debemos asegurarnos de que no ignoramos derechos humanos fundamentales en ningún caso. Donde está en juego la dignidad de la persona, – partiendo de los más pobres -, nunca está dicha la última palabra sin esfuerzo en común. Es el signo de los tiempos por excelencia, y la Iglesia no puede fallar en esto, ni dentro, ni fuera, ni en clave de libertad ni en clave de justicia social.
Benedicto XVI, mucho más intelectual y teólogo que pastor y hombre de acción, lo ha intentado, y ha dejado entreabierta la puerta que apenas cruzó. Pero lo ha visto y ha dicho, por aquí. Yo no puedo, pero por aquí. El papa Francisco parece que puede, y que sabe, y que quiere. No pienso en mitos. Algunos hablan de que no fue claro contra la dictadura argentina. No lo sé. Yo confío en que fue honesto, a la medida de los humanos, y confío en que va a abordar algunas reformas cristianas de la Iglesia. Tiene pocos años por delante, pero el surco puede ser muy profundo. Hay tiempo y hay ganas en muchos. No faltarán adversarios. Pero el nombre, Francisco, ya es una declaración de intenciones. Mi confianza está ahí.

José Ignacio Calleja
Profesor de Moral Social Cristiana
Vitoria-Gasteiz

El Correo, 15 de Marzo de 2013

elcorreo.com

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