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Uso y abuso “político” de la caridad cristiana

2013 enero 27
por José Ignacio Calleja

¿Es verdad que el empeño solidario de la iglesia española frente a la crisis está siendo ejemplar, - en particular, a través de pastorales, y sobre todo, de Cáritas y de mil iniciativas más -, como se dice desde los sectores más próximos a la Conferencia Episcopal Española, o, al contrario, tienen razón quienes lo juzgan “tibio y evasivo” en su dimensión de justicia social?

No escribiré una tesis doctoral para el caso. Me lo ha provocado un simple comentario de urgencia en un blog. Yo escucho al respecto no pocas quejas de cristianos al final de cada conferencia y reunión. De hecho, - y si comenzamos por las pastorales y reflexiones episcopales sobre la crisis social de España, y hablando en general -, comparto la opinión común en buena parte de la Iglesia de que esa reacción ha sido tardía y a remolque de la realidad; incluso, demasiado escorada a la dimensión espiritual del problema, sin tocar su dimensión de injusticia en leyes, estructuras y poderes. La denuncia social en serio no ha llegado casi nunca. Ha habido algo así como la toma de un atajo espiritual del problema que, no por casualidad, libra a la Iglesia de responsabilidades y le da mucha cancha en el futuro de la vida social española. La culpa siempre es de la modernidad desbocada, la cultura sin raíces morales y la ausencia de Dios. (Aseguro que en muchos círculos católicos hay descontento sobre ese papel. En otros muchos, no, desde luego). El texto más directo, puntual y claro fue el de los Obispos vascos, y la CEE nunca ha hecho algo ni parecido.

Luego está lo de Cáritas. La admirada y admirable Cáritas es la Iglesia, pero no podemos escudarnos en ella. De hecho Cáritas está muy descontenta, - bastante si usted quiere -, del acompañamiento episcopal en la denuncia social, hoy, - pregunte, pregunte en general -, y muy descontenta de la asunción de la caridad en el último Sínodo sobre la Nueva Evangelización. Muy descontenta, - pregunte, pregunte -. El Sínodo no ha acogido la caridad social como dimensión constitutiva de la evangelización y no ha pensado desde esa clave qué es evangelizar de nuevo. Y claro, sin éste lugar vital y hermenéutico, a ver qué evangelio seguimos.

Tampoco debemos callar que Cáritas hace un gran papel, pero no sin gran apoyo económico público, y, para no enredar, diré que tanta alabanza sobre Cáritas, - desde la Iglesia y la sociedad -, a mí me inquietaría sobre por qué y hasta qué punto es buena señal. A lo mejor si molestara más, no habría tanto parabién y premios. Y no es que haya que molestar por molestar, pero tal y como están las cosas, - en el mundo y en la iglesia -, un poco más sí que habría que molestar, ¿no? Sólo eso, me inquietarían los halagos y que alguien me esté utilizando; por lo demás, sin distraerme de lo fundamental, los más pobres y vulnerables de a crisis.

Sí es cierto que ha habido iniciativas episcopales y eclesiales de solidaridad, en general, muy hermosas y ejemplares, - y con gran sacrificio de las personas -, pero eso, siempre sin enredarse en denuncias más complejas y análisis más exigentes. ¿Usted cree que a los poderosos de España, - finanzas, política, medios, economía -, la Iglesia en la crisis los ha incomodado de verdad, y menos aún, traído de cabeza por mor de la justicia? Ni por asomo. Por algo será. Decimos, “porque importan los pobres y no las palabras huecas”; sí, es cierto, pero ¿sólo por eso? No me lo creo.

Que Cáritas ha atendido en 2012 a 6.5 millones y medio de personas, - se dice -, y no sé; yo que la quiero tanto, me gustaría saber si son un millón de personas seis veces cada una, o más de seis millones de personas; no es lo mismo; yo sé que una ayuda requiere varias visitas y citas, y controles, etc. Yo creo que el número no es claro, y a mí no me gusta dar una idea por otra, ni extenderla. Como no lo sé, pregunto. Mañana yo tendré en misa sesenta personas, pero si son las mismas que el domingo anterior, y que el siguiente, siguen siendo sesenta, no 180. Es un ejemplo, y no tengo interés alguno en mermar la labor social de Caritas. Al contrario.

En fin, sí, hay gestos y hechos maravillosos desde la iglesia contra la crisis, pero aquí se han mojado con crítica social en serio, - cuestionando el sistema social, su gestión financiera y política, su régimen de propiedad absoluto, los derechos inalienables de los más vulnerables y la propia responsabilidad moral y material de la Iglesia, en bienes y palabras -, entre los Obispos, Algora, Munilla a su modo y en algún aspecto, los vascos en una pastoral consistente, y pocos más… todo lo demás que se ha dicho, “suave, suave, despacito, y sin mordiente social”. Para evitar las ideologías sociales, se dice. ¿Sí? ¿Para evitar qué? ¿Para evitar el partidismo ideológico nos situamos fuera del conflicto social? Y, ¿dónde tocamos tierra, en el cielo? ¿En el Evangelio, sin pasar por la tierra? No sé, esto tiene truco; sin encarnación, la fe tiene truco. Cuidado con las ideologías “religiosas” de quienes no tienen ideología social como mediación instrumental; instrumental y mediación criticada, pero inevitable. ¿No será que no queremos politizar la caridad, en términos de justicia social, no sea que la fotografía salga con menos gente y nuestro rostro eclesial más desenfocado?

Son unos elementos de diálogo. Paz y bien.