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¡Socorro!, que no es una barca, es una patera

2017 junio 8
por José Ignacio Calleja

 

¡Socorro!, que no es una barca, es una patera

 

            Aunque ustedes no lo crean, la iglesia católica busca con ahínco cómo renovar los métodos de su acción evangelizadora. Digo que tal vez ustedes “no lo crean”, refiriéndome a los que viven lejos de ese mundo eclesial. Los de dentro, bien sabemos que esto nos ocupa y preocupa. Mi diócesis (Vitoria) ha dedicado las jornadas sacerdotales de junio a esta cuestión.

 

            A unos y a otros nos moviliza la inquietud por cómo desciende el número de quienes se reconocen miembros de la Iglesia y lo practican. Con preocupación, digo desde hace un tiempo que la barca de Pedro no es barca, sino patera. Que nadie lea esto como desprecio. Ser una patera, en los tiempo que corren, es una imagen de mucha dignidad. Desde el punto de vista de la inconsistencia social, sí que me preocupa la metáfora, pero desde la condición moral, la imagen es envidiable.

 

            En las jornadas sacerdotales a que me refiero ha estado muy presente la cuestión de los métodos de la acción evangelizadora; el método, los métodos en plural, como cauce renovado para aliviar una situación de extrema debilidad eclesial, de desconexión con gran parte de la sociedad contemporánea, de renovación compartida de la acción evangelizadora.

 

            Al concluir esas jornadas, y escuchar de varios modos lo de métodos renovados de evangelización (Acción Católica General y cursos Alpha, p. e.), quedaba claro que los métodos son cauces y que son plurales, pero no quedaba tanto el para qué, los fines. El otro polo de la acción evangelizadora es su contenido como experiencias, convicciones, sensibilidades y prácticas características de Reino de Dios: celebrar, testimoniar, compartir y transformar. Esto se puede decir de mil modos, siempre que Jesucristo y el Reino de Dios como Buena Nueva de Salvación para los pobres, y con ellos para todos, sea lo sustantivo.

 

            Cuando volvamos a hablar de la renovación de la acción evangelizadora en cuanto a los métodos o cauces, no debemos olvidar el otro polo, el qué de esa acción; porque el método ayuda mucho a alcanzar un objetivo pero el objetivo, si hay suficiente claridad, ayuda mucho a perfilar el método. Es una relación que nunca debemos plantear por separado. De hecho, si nos referimos a que el método sirve a la acción evangelizadora y la renueva porque logra una honda experiencia personal de Dios, y acoge en verdad la acción del Espíritu, y genera una pertenencia sentida a la comunidad, y se verifica como fe celebrada, testimoniada y practicada, todo eso es fantástico, pero sólo abiertos al otro polo podemos atisbar el contenido incipiente de esas intenciones o logros. Los fines y su identidad (el qué) configuran el método por dentro.

 

            Tengo la impresión a veces de que en esta búsqueda de nuevos métodos o cauces, se da por conocido el territorio a explorar, el para qué de la evangelización, sus referencias normativas en el Evangelio, mientras que crecen en demasía los catecismos las emociones particulares. Esta es la razón de que sea decisivo reconocer siempre el doble polo en nuestra delicada aproximación a la acción evangelizadora en nuestro tiempo. En esta relación, por ejemplo, los métodos se manifiestan a las claras como lo que son, cauces, y los cauces poco discernidos en el para qué suelen operar como embudos; al principio lo acogen casi todo, pero poco a poco, van estrechándose y uniforman definitivamente al grupo y su fe.

 

            Es muy importante verificar siempre que nuestra planificación pastoral evangelizadora cuida el doble polo: el método y el proyecto evangélico de fondo, y desde luego, éste tiene prioridad normativa sobre aquél. Albert Boadella me llevaría la contraría. Lo pongo como ejemplo. No pertenece a la Iglesia ni lo desea, pero nos recomienda extremar el cuidado en la liturgia, cuya belleza misteriosa es lo único que puede interesar hoy al ser humano religioso, concluye. Boadella ama el cauce y lo ve en clave de teatro intenso y bello. Está bien, pero es poco en cristianismo. O ¿es mucho en religión cristiana y no son lo mismo?  Cierta sociología de la religión (Peter Berger dixit) nos augura escasos frutos en el camino de un cristianismo con vocación de encarnar socialmente sus bienaventuranzas, y, sin embargo, notables posibilidades en un cristianismo de misterio, espíritu, credo y calor humano. ¿Qué dirá el evangelio de Jesús de esta elección?

 

            No pocos hablan de la iglesia como pequeña familia de comunidades de fe y vida en contraste con el mundo y sus valores, comunidades de hermanos con convicciones de sentido y vidas morales alternativas, -contraculturales he leído alguna vez-, pero qué significa esto si no acogemos el otro polo, el Evangelio de Dios en Cristo y el servicio a los más pobres del mundo en el qué de los nuevos cauces y logros.

 

            Pues eso. Para pensarlos como una relación circular y jeraquizada (el evangelio). Eso me ha quedado en la mente de estos días como deseo para el futuro que ya está aquí.

 

Vitoria-Gasteiz, 8 de junio de 2017

José Ignacio Calleja

José Antonio PAGOLA y la Facultad de Teología de Vitoria-Gasteiz

2017 junio 3
por José Ignacio Calleja

Léase como borrador. Como yo lo veo). Es imposible salir con bien de un diálogo sobre este asunto y el instinto me dice “mejor callar”, pero anoto esto por situar el buen juicio; luego, que cada cual piense lo que quiera y sopese sus razones:

 

José Antonio Pagola fue profesor de la Facultad de Teología de Vitoria-Gasteiz, mientras quiso y tuvo tiempo. A ella ha vuelto cuando quiere como “a su casa”.

 

José Antonio Pagola tiene y ha tenido siempre el máximo aprecio y reconocimiento de esa Facultad.

 

José Antonio Pagola ha tenido en esa Facultad el reconocimiento teológico de su obra y el apoyo público de no pocos de sus profesores, en los momentos más críticos de su “proceso” por la CDF de la CEE.

 

José Antonio Pagola sabe que la Facultad de Teología de Vitoria ha sido la más comprometida de España y, por ende, criticada, con lo que representa su empeño pastoral y cristológico. La más comprometida, así de claro.

 

No me extraña que no haya dicho ni palabra sobre esa Facultad, porque la ama tanto y se sabe tan amado, que cualquier decisión que su Consejo tome, por razones internas a esa Facultad, a José Antonio Pagola le ha de parecer buena para él. Estoy seguro.

 

También comprendo que haya cristianos que esto no lo entiendan ni lo acepten. Por supuesto y es legítimo. Desde fuera, yo tampoco lo haría fácilmente. José Antonio Pagola no estaba designado, ni se le denegó por el Consejo. Había varios candidatos, a modo de lluvia de nombres, y ninguno designado. Vista la oposición del Vice Gran-Canciller y de algunos miembros del Consejo sobre la candidatura de Pagola, se decidió no proponer a ninguno de los teólogos-as que estaban sobre la mesa, es decir, no seguir con el plan de conferir un doctorado honoris causa. Supongo que el Consejo pensó que en este proyecto era mejor contar con (casi) la unanimidad, incluido el Vice-Gran Canciller, que no romperse en grupos, hasta imponerse uno de ellos, con claro daño para la Facultad y para los candidatos. Comprendo que, desde fuera y sin esta perspectiva, otros exijan aceptar el conflicto y mostrar las costuras abiertas de la Iglesia en la Facultad, pero la Facultad, su Consejo, al parecer, no pensó que debía jugarse todas las cartas en esta decisión. Supongo que cualquiera pasa por tesituras personales e institucionales así en su vida, y decide lo que considera mejor, sin ser injusto.

 

Actualmente, es imposible volver con el asunto del doctorado honoris causa al Consejo, ni de Pagola, ni de los demás candidatos, ni del mío (entiéndase la broma), porque sin (casi) unanimidad la Facultad no va a sacar adelante una decisión de honor que la rompe por dentro, o que manifiesta un conflicto de teologías y pastorales que no quiere empujar a primer plano por ese camino; para eso están las revistas, las publicaciones, las mesas redondas, los consejos pastorales, los foros de teología, etc. Otra cosa es que tal o cual profesor apoye o critique esto o lo otro, sobre Pagola o sobre el teólogo que quiera, pero la Facultad es imposible que vuelva a esta cuestión.

 

Y si se trata de ensalzar a José Antonio Pagola y su obra, no hay ninguna dificultad en reconocerlo por mi parte, y de muchos otros, pero no con la forma de un doctorado honoris causa porque la Facultad no es (casi) unánime en este deseo, y preferimos preservar otros objetivos imprescindibles para nuestra vida académica, sin ser injustos. José Antonio Pagola lo sabe, porque esto mismo lo ha vivido de mil modos en sus responsabilidades pastorales. O ¿desde cuándo la lectura samaritana y kenótica del Evangelio ha provocado unanimidades en la Iglesia, en las Facultades y en la Teología? Siempre provoca rupturas y Pagola es candidato natural a padecerlas, lo sabe, y sabe que nuestra Facultad es, como institución, la más próxima a sus empeños teológicos. Luego, llegará hasta donde el momento y la ponderación requieren, y yo lo entiendo. Sin injusticia de por medio, prima la prudencia. Como todo el mundo -con responsabilidades hacia otros- hace en lo suyo.

LA PAZ, EN CRISTIANO (Francisco)

2017 enero 1
por José Ignacio Calleja

Mensaje del Papa Francisco

para la L Jornada Mundial de la Paz

La no violencia: estilo de una política para la paz” es el tema del Mensaje del Santo Padre para la celebración de la L Jornada Mundial de la Paz que se celebra el 1 de enero de 2017 y cuyo texto integral reproducimos a continuación
1. Al comienzo de este nuevo año formulo mis más sinceros deseos de paz para los pueblos y para las naciones del mundo, para los Jefes de Estado y de Gobierno, así como para los responsables de las comunidades religiosas y de los diversos sectores de la sociedad civil. Deseo la paz a cada hombre, mujer, niño y niña, a la vez que rezo para que la imagen y semejanza de Dios en cada persona nos permita reconocernos unos a otros como dones sagrados dotados de una inmensa dignidad. Especialmente en las situaciones de conflicto, respetemos su «dignidad más profunda» [1] y hagamos de la no violencia activa nuestro estilo de vida.


Este es el Mensaje para la 50 Jornada Mundial de la Paz. En el primero, el beato Papa Pablo VI se dirigió, no sólo a los católicos sino a todos los pueblos, con palabras inequívocas: «Ha aparecido finalmente con mucha claridad que la paz es la línea única y verdadera del progreso humano (no las tensiones de nacionalismos ambiciosos, ni las conquistas violentas, ni las represiones portadoras de un falso orden civil)». Advirtió del «peligro de creer que las controversias internacionales no se pueden resolver por los caminos de la razón, es decir de las negociaciones fundadas en el derecho, la justicia, la equidad, sino sólo por los de las fuerzas espantosas y mortíferas». Por el contrario, citando Pacem in terris de su predecesor san Juan XXIII, exaltaba «el sentido y el amor de la paz fundada sobre la verdad, sobre la justicia, sobre la libertad, sobre el amor». [2] Impresiona la actualidad de estas palabras, que hoy son igualmente importantes y urgentes como hace cincuenta años.
En esta ocasión deseo reflexionar sobre la no violencia como un estilo de política para la paz, y pido a Dios que se conformen a la no violencia nuestros sentimientos y valores personales más profundos. Que la caridad y la no violencia guíen el modo de tratarnos en las relaciones interpersonales, sociales e internacionales. Cuando las víctimas de la violencia vencen la tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles en los procesos no violentos de construcción de la paz. Que la no violencia se trasforme, desde el nivel local y cotidiano hasta el orden mundial, en el estilo característico de nuestras decisiones, de nuestras relaciones, de nuestras acciones y de la política en todas sus formas.

Un mundo fragmentado
2. El siglo pasado fue devastado por dos horribles guerras mundiales, conoció la amenaza de la guerra nuclear y un gran número de nuevos conflictos, pero hoy lamentablemente estamos ante una terrible guerra mundial por partes. No es fácil saber si el mundo actualmente es más o menos violento de lo que fue en el pasado, ni si los modernos medios de comunicación y la movilidad que caracteriza nuestra época nos hace más conscientes de la violencia o más habituados a ella.
En cualquier caso, esta violencia que se comete «por partes», en modos y niveles diversos, provoca un enorme sufrimiento que conocemos bien: guerras en diferentes países y continentes; terrorismo, criminalidad y ataques armados impredecibles; abusos contra los emigrantes y las víctimas de la trata; devastación del medio ambiente. ¿Con qué fin? La violencia, ¿permite alcanzar objetivos de valor duradero? Todo lo que obtiene, ¿no se reduce a desencadenar represalias y espirales de conflicto letales que benefician sólo a algunos «señores de la guerra»?

 

La violencia no es la solución para nuestro mundo fragmentado. Responder con violencia a la violencia lleva, en el mejor de los casos, a la emigración forzada y a un enorme sufrimiento, ya que las grandes cantidades de recursos que se destinan a fines militares son sustraídas de las necesidades cotidianas de los jóvenes, de las familias en dificultad, de los ancianos, de los enfermos, de la gran mayoría de los habitantes del mundo. En el peor de los casos, lleva a la muerte física y espiritual de muchos, si no es de todos.

La Buena Noticia
3. También Jesús vivió en tiempos de violencia. Él enseñó que el verdadero campo de batalla, en el que se enfrentan la violencia y la paz, es el corazón humano: «Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos» (Mc 7,21). Pero el mensaje de Cristo, ante esta realidad, ofrece una respuesta radicalmente positiva: él predicó incansablemente el amor incondicional de Dios que acoge y perdona, y enseñó a sus discípulos a amar a los enemigos (cf. Mt 5,44) y a poner la otra mejilla (cf. Mt 5,39). Cuando impidió que la adúltera fuera lapidada por sus acusadores (cf. Jn 8,1-11) y cuando, la noche antes de morir, dijo a Pedro que envainara la espada (cf. Mt 26,52), Jesús trazó el camino de la no violencia, que siguió hasta el final, hasta la cruz, mediante la cual construyó la paz y destruyó la enemistad (cf. Ef 2,14-16). Por esto, quien acoge la Buena Noticia de Jesús reconoce su propia violencia y se deja curar por la misericordia de Dios, convirtiéndose a su vez en instrumento de reconciliación, según la exhortación de san Francisco de Asís: «Que la paz que anunciáis de palabra la tengáis, y en mayor medida, en vuestros corazones». [3]

 

Ser hoy verdaderos discípulos de Jesús significa también aceptar su propuesta de la no violencia. Esta —como ha afirmado mi predecesor Benedicto XVI— «es realista, porque tiene en cuenta que en el mundo hay demasiada violencia, demasiada injusticia y, por tanto, sólo se puede superar esta situación contraponiendo un plus de amor, un plus de bondad. Este “ plus ” viene de Dios». [4] Y añadía con fuerza: «para los cristianos la no violencia no es un mero comportamiento táctico, sino más bien un modo de ser de la persona, la actitud de quien está tan convencido del amor de Dios y de su poder, que no tiene miedo de afrontar el mal únicamente con las armas del amor y de la verdad. El amor a los enemigos constituye el núcleo de la “revolución cristiana”». [5] Precisamente, el evangelio del amad a vuestros enemigos (cf. Lc 6,27) es considerado como «la charta magna de la no violencia cristiana», que no se debe entender como un «rendirse ante el mal […], sino en responder al mal con el bien (cf. Rm 12,17-21), rompiendo de este modo la cadena de la injusticia». [6]

 

 

Más fuerte que la violencia
4. Muchas veces la no violencia se entiende como rendición, desinterés y pasividad, pero en realidad no es así. Cuando la Madre Teresa recibió el premio Nobel de la Paz, en 1979, declaró claramente su mensaje de la no violencia activa: «En nuestras familias no tenemos necesidad de bombas y armas, de destruir para traer la paz, sino de vivir unidos, amándonos unos a otros […]. Y entonces seremos capaces de superar todo el mal que hay en el mundo». [7] Porque la fuerza de las armas es engañosa. «Mientras los traficantes de armas hacen su trabajo, hay pobres constructores de paz que dan la vida sólo por ayudar a una persona, a otra, a otra»; para estos constructores de la paz, Madre Teresa es «un símbolo, un icono de nuestros tiempos». [8] En el pasado mes de septiembre tuve la gran alegría de proclamarla santa. He elogiado su disponibilidad hacia todos por medio de «la acogida y la defensa de la vida humana, tanto de la no nacida como de la abandonada y descartada […]. Se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes —¡ante los crímenes!— de la pobreza creada por ellos mismos». [9] Como respuesta —y en esto representa a miles, más aún, a millones de personas—, su misión es salir al encuentro de las víctimas con generosidad y dedicación, tocando y vendando los cuerpos heridos, curando las vidas rotas.

La no violencia practicada con decisión y coherencia ha producido resultados impresionantes. No se olvidarán nunca los éxitos obtenidos por Mahatma Gandhi y Khan Abdul Ghaffar Khan en la liberación de la India, y de Martin Luther King Jr. contra la discriminación racial. En especial, las mujeres son frecuentemente líderes de la no violencia, como, por ejemplo, Leymah Gbowee y miles de mujeres liberianas, que han organizado encuentros de oración y protesta no violenta ( pray-ins ), obteniendo negociaciones de alto nivel para la conclusión de la segunda guerra civil en Liberia.
No podemos olvidar el decenio crucial que se concluyó con la caída de los regímenes comunistas en Europa. Las comunidades cristianas han contribuido con su oración insistente y su acción valiente. Ha tenido una influencia especial el ministerio y el magisterio de san Juan Pablo II. En la encíclica Centesimus annus (1991), mi predecesor, reflexionando sobre los sucesos de 1989, puso en evidencia que un cambio crucial en la vida de los pueblos, de las naciones y de los estados se realiza «a través de una lucha pacífica, que emplea solamente las armas de la verdad y de la justicia». [10] Este itinerario de transición política hacia la paz ha sido posible, en parte, «por el compromiso no violento de hombres que, resistiéndose siempre a ceder al poder de la fuerza, han sabido encontrar, una y otra vez, formas eficaces para dar testimonio de la verdad». Y concluía: «Ojalá los hombres aprendan a luchar por la justicia sin violencia, renunciando a la lucha de clases en las controversias internas, así como a la guerra en las internacionales». [11]
La Iglesia se ha comprometido en el desarrollo de estrategias no violentas para la promoción de la paz en muchos países, implicando incluso a los actores más violentos en un mayor esfuerzo para construir una paz justa y duradera.
Este compromiso en favor de las víctimas de la injusticia y de la violencia no es un patrimonio exclusivo de la Iglesia Católica, sino que es propio de muchas tradiciones religiosas, para las que «la compasión y la no violencia son esenciales e indican el camino de la vida». [12] Lo reafirmo con fuerza: «Ninguna religión es terrorista». [13] La violencia es una profanación del nombre de Dios. [14] No nos cansemos nunca de repetirlo: «Nunca se puede usar el nombre de Dios para justificar la violencia. Sólo la paz es santa. Sólo la paz es santa, no la guerra». [15]


 
La raíz doméstica de una política no violenta

 
5. Si el origen del que brota la violencia está en el corazón de los hombres, entonces es fundamental recorrer el sendero de la no violencia en primer lugar en el seno de la familia. Es parte de aquella alegría que presenté, en marzo pasado, en la Exhortación apostólica Amoris laetitia, como conclusión de los dos años de reflexión de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia. La familia es el espacio indispensable en el que los cónyuges, padres e hijos, hermanos y hermanas aprenden a comunicarse y a cuidarse unos a otros de modo desinteresado, y donde los desacuerdos o incluso los conflictos deben ser superados no con la fuerza, sino con el diálogo, el respeto, la búsqueda del bien del otro, la misericordia y el perdón. [16] Desde el seno de la familia, la alegría se propaga al mundo y se irradia a toda la sociedad. [17] Por otra parte, una ética de fraternidad y de coexistencia pacífica entre las personas y entre los pueblos no puede basarse sobre la lógica del miedo, de la violencia y de la cerrazón, sino sobre la responsabilidad, el respeto y el diálogo sincero. En este sentido, hago un llamamiento a favor del desarme, como también de la prohibición y abolición de las armas nucleares: la disuasión nuclear y la amenaza cierta de la destrucción recíproca, no pueden servir de base a este tipo de ética. [18] Con la misma urgencia suplico que se detenga la violencia doméstica y los abusos a mujeres y niños.
El Jubileo de la Misericordia, concluido el pasado mes de noviembre, nos ha invitado a mirar dentro de nuestro corazón y a dejar que entre en él la misericordia de Dios. El año jubilar nos ha hecho tomar conciencia del gran número y variedad de personas y de grupos sociales que son tratados con indiferencia, que son víctimas de injusticia y sufren violencia. Ellos forman parte de nuestra «familia», son nuestros hermanos y hermanas. Por esto, las políticas de no violencia deben comenzar dentro de los muros de casa para después extenderse a toda la familia humana. «El ejemplo de santa Teresa de Lisieux nos invita a la práctica del pequeño camino del amor, a no perder la oportunidad de una palabra amable, de una sonrisa, de cualquier pequeño gesto que siembre paz y amistad. Una ecología integral también está hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo». [19]

Mi llamamiento
6. La construcción de la paz mediante la no violencia activa es un elemento necesario y coherente del continuo esfuerzo de la Iglesia para limitar el uso de la fuerza por medio de las normas morales, a través de su participación en las instituciones internacionales y gracias también a la aportación competente de tantos cristianos en la elaboración de normativas a todos los niveles. Jesús mismo nos ofrece un «manual» de esta estrategia de construcción de la paz en el así llamado Discurso de la montaña. Las ocho bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-10) trazan el perfil de la persona que podemos definir bienaventurada, buena y auténtica. Bienaventurados los mansos —dice Jesús—, los misericordiosos, los que trabajan por la paz, y los puros de corazón, los que tienen hambre y sed de la justicia.

 
Esto es también un programa y un desafío para los líderes políticos y religiosos, para los responsables de las instituciones internacionales y los dirigentes de las empresas y de los medios de comunicación de todo el mundo: aplicar las bienaventuranzas en el desempeño de sus propias responsabilidades. Es el desafío de construir la sociedad, la comunidad o la empresa, de la que son responsables, con el estilo de los trabajadores por la paz; de dar muestras de misericordia, rechazando descartar a las personas, dañar el ambiente y querer vencer a cualquier precio. Esto exige estar dispuestos a «aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso». [20] Trabajar de este modo significa elegir la solidaridad como estilo para realizar la historia y construir la amistad social. La no violencia activa es una manera de mostrar verdaderamente cómo, de verdad, la unidad es más importante y fecunda que el conflicto. Todo en el mundo está íntimamente interconectado. [21] Puede suceder que las diferencias generen choques: afrontémoslos de forma constructiva y no violenta, de manera que «las tensiones y los opuestos [puedan] alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida», conservando «las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna». [22]
La Iglesia Católica acompañará todo tentativo de construcción de la paz también con la no violencia activa y creativa. El 1 de enero de 2017 comenzará su andadura el nuevo Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que ayudará a la Iglesia a promover, con creciente eficacia, «los inconmensurables bienes de la justicia, la paz y la protección de la creación» y de la solicitud hacia los emigrantes, «los necesitados, los enfermos y los excluidos, los marginados y las víctimas de los conflictos armados y de las catástrofes naturales, los encarcelados, los desempleados y las víctimas de cualquier forma de esclavitud y de tortura». [23]

 

 

En conclusión

 
7. Como es tradición, firmo este Mensaje el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. María es Reina de la Paz. En el Nacimiento de su Hijo, los ángeles glorificaban a Dios deseando paz en la tierra a los hombres y mujeres de buena voluntad (cf. Lc 2,14). Pidamos a la Virgen que sea ella quien nos guíe.
 
«Todos deseamos la paz; muchas personas la construyen cada día con pequeños gestos; muchos sufren y soportan pacientemente la fatiga de intentar edificarla». [24] En el 2017, comprometámonos con nuestra oración y acción a ser personas que aparten de su corazón, de sus palabras y de sus gestos la violencia, y a construir comunidades no violentas, que cuiden de la casa común. «Nada es imposible si nos dirigimos a Dios con nuestra oración. Todos podemos ser artesanos de la paz». [25]
 

Vaticano, 8 de diciembre de 2016

 
Francisco

Alepo, ¡cómo duele la impotencia de las víctimas!

2016 diciembre 18
por José Ignacio Calleja

Sobre la inhumanidad con la población civil de Alepo, los “Alepos”, no necesito más testimonios para creerlo. Me quita hasta el sueño; me indigna sin medida. Sobre entenderlo a fondo, tengo que oír más voces; dos ojos, incluso los propios, son dos ojos; después de todo lo que he podido leer, no me fío un pelo de ninguno de los que intervienen en esa guerra; la mayoría de la población civil es un juguete sin valor en manos de los “profesionales” de la guerra y la geoestrategia, (a cual más injusto en sus fines e inhumano en sus medios). No hay derecho a tener que tragarnos esto. Todo lo que se haga y se diga, es poco. La geoestrategia del Poder se impone: es genocida y las víctimas no cuentan. Material de desecho. Creo que los gobiernos de Europa no dicen nada por no mostrar que están desnudos, primero, y no malograr su cuota de intereses en la región, después; llegado el caso, es lo que digan los poderosos de las dos potencias militares, y punto. (Y entre Obama y Putin, todavía hay clases; no me esconderé, no quiero a Putin ni regalado; no sé si los sistemas de poder que representan, se equiparan; probablemente; seguramente; pero como concepto de la política y persona, no hay comparación).

Con los refugiados, ¡gracias! Alcaldes del mundo en el Vaticano

2016 diciembre 10
por José Ignacio Calleja

Alcaldes del mundo en el Vaticano. ¡Con los refugiados, gracias!

 

            Alcaldes de toda Europa se reúnen en el Vaticano este fin de semana, 9 y 10 de diciembre, para exigirse una respuesta concertada a la crisis de los refugiados. En medio de tanto conformismo político, es una esperanza que la red de ciudades refugio salte sobre sus Gobiernos nacionales y diga, “aquí estamos”, basta ya de esta barbarie a las puertas de nuestras casas engalanadas con luces y mensajes navideños. Y que sea en el Vaticano, porque la Iglesia Católica de Francisco los convoca, es un honor para nosotros los creyentes y un gozo para cualquier hombre y mujer de corazón limpio. Alguien tiene que dar un paso al frente y si es por la justicia, ya no hay color religioso o laico que importe. “Buscad el reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura”, enseña el Evangelio. La complicación tan falsa de que la justicia de Dios no es la nuestra, es otra barbaridad teológica; no es la nuestra, es como la mejor de las nuestras y elevada al cubo en humanidad; porque sin los más pequeños, ignorados, inocentes, pobres y prescindibles en el centro de nuestro ver, juzgar y hacer, no hay justicia; hay legalidad, y si esos que digo no están en el centro, con sus derechos iguales de persona, se trata de una legalidad para defender nuestra posición social, es decir, un tesoro podrido o robado; porque no sólo somos pueblos y Estados constituidos en fortaleza contra los refugiados y migrantes de la guerra y el hambre, sino que somos, a menudo, grupos de intereses antagónicos dentro de lo que parece la sociedad y el mundo único. ¡Qué suerte tienen los señores del dinero, de la guerra, y sus gobiernos, de que entendamos antes la nación que las personas, la legalidad que la justicia, la ideología que el pensamiento! ¡Qué suerte tienen y cómo aprovechan nuestros miedos al de fuera y a un futuro con más invitados a la mesa! Y ¡qué agradecidos estamos de que nos eviten verlos de cerca! ¿La prueba? En las últimas y reiteradas elecciones españolas, prácticamente, nadie tuvo que hablar de refugiados y migrantes de la guerra y el hambre. ¿Por qué? Porque hablar de esto con la verdad en la boca, quita votos. Se animó en Alemania la malísima señora Merkel, y dijo que lo hacía por piedad, y desde entonces ha perdido elección tras elección. Y ¡eso que cabía pensar que en Alemania era mano de obra abundante y barata, a medio plazo, en un país que la necesita! Pues ni así coló.

 

            ¿Qué más puede suceder para que la opinión pública mundial reaccione, severamente ante sus gobiernos, pidiéndoles responsabilidades? ¿Qué estáis haciendo para detener definitivamente la guerra de Siria y sus consecuencias para la gente? Esta debería ser la pregunta de nuestros ciudadanos. “No, dicen, ¡es un asunto muy complejo,  que no puede pensarse en términos de buenos y malos!”. Pues sí, es cierto, pero las guerras se pueden parar, y los instrumentos de presión internacional están ahí cuando la barbarie alcanza estos límites. Y si nuestros Estados no pueden hacerlo, es que el terror los constituye y los compensa entre sí en su naturaleza. ¿Cómo podemos aceptarlos en estas condiciones? Hobbes tendría razón, pura violencia pactada. En las calles de Alepo las bombas destrozan a hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos, luego la indiferencia es lo único que no podemos aceptar. Probablemente el “cansancio mediático” ha hecho mella en nosotros y nuestra fuente de fraternidad compasiva se ha secado, escribe un maestro andaluz de teología.

 

            Lo comparto como el ser o no ser de este momento para las democracias del mundo; lo de Alepo (y Siria toda), y lo de los refugiados de las varias Sirias que en el mundo son, es el paradigma de lo que no puede ser; no podemos seguir con “un bla, bla, bla” inocente en política, en ética y en religión; en realidad, hace tiempo que perdimos la inocencia; por una vez, permítame el lector que lo diga en lenguaje teológico; lo que sucede es un verdadero contrasigno, donde el celebrado anuncio del Reino de Dios (Navidad) fracasa a manos de las estrategias, propósitos e ideologías de quienes niegan a conciencia la Buena Nueva de Dios y su justicia; la justicia del Reino de Dios devuelve la dignidad a la gente de a pie, a los que quieren vivir y dejar vivir, a los que se implican y complican para vivir juntos con respeto de las personas; por el contrario, sus enemigos dirigen, compiten y viven de guerras contra ellos; ¡estos últimos son los hijos de Satanás! Ese sí que es el demonio. Y si consentimos que potencias, estrategas, dinero, castas y fanáticos de las ideologías totalitarias, ¡verdaderos hijos de Satanás contra la Buena Nueva del Reino!, machaquen con nuestros silencio, votos y consumos a la gente inocente, debemos denunciarlo; y cuando con nuestras liturgias y fiestas navideñas, tan hermosas y manipulables a la vez, dejamos que la vida de los más pobres discurra según la ley de hierro del dinero, sólo queda que el mismo Dios siga siendo bueno con nosotros. Cada cual tiene buenas razones para legitimar su conciencia humana compasiva, pero lo que es innegociable es darle cauce personal, familiar y social; personal, cuando se hace lúcida, sincera, sobria, solidaria, justa; familiar, cuando eso mismo trasciende a la conciencia personal y puede ser conversada y compartida por una casa de jóvenes, niños y mayores; y social, cuando esa bondad navideña se hace justicia en la empresa, en el fisco, en el gobierno, en la acogida de inmigrantes, en la renta de garantía con los que no pueden más. Solo estas prácticas de justicia pueden recuperarnos contra los intereses de la guerra y a favor de la gente que la odia, que la sufre, que no la busca ni se enriquece con ella, que la padece en sus hijos y en sus mujeres, más si cabe; solo estas prácticas de justicia social pueden recuperarnos contra las ideologías que prosiguen su camino del templo, de la ley, del banco y la nación, dando un rodeo para no ver a los caídos del camino; más todavía, que quieren llegar al templo, a la ley, al banco o a la nación a cualquier precio, porque solo en ellos se sienten a salvo. ¡Pobres diablos! Quien quiera salvarse en solitario, con millones de refugiados a las puertas de sus ciudades, y la gente pillada en Alepo como en una ratonera, no podrá quejarse por mucho tiempo de que los bárbaros le estropeen la cena de Navidad. ¡Bien por los Alcaldes reunidos en Roma!

 

José Ignacio Calleja

Profesor de Moral Social Cristiana

Vitoria-Gasteiz

 

En El Correo, 9 de diciembre de 2016, 30

Una “Carta Apostólica” para calmar las aguas revueltas en la Iglesia

2016 noviembre 22
por José Ignacio Calleja

 

Una Misericordia et misera para calmar la tormenta

 No me ha entusiasmado el texto de la Carta Apostólica Misericordia et Misera; bien, breve y buen recuento de intenciones y propuestas para la vida pastoral de la Iglesia y para la vida cotidiana de los cristianos, pero sin la fuerza ética y social que esperaba. Entiendo que hay varias manos en la redacción, porque el fondo y la forma fluctúan demasiado. La claridad y radicalidad de la primacía de la misericordia sobre la norma, en el perdón y como gracia de Dios, muy reconfortante; y su finalidad, la rehabilitación de la dignidad de las personas, muy clara. Las idas y venidas sobre el Sacramento de la Reconciliación (Confesión), un tanto obsesivas en relación a una visión de conjunto de la misericordia de Dios.

 

            Pero lo que menos me agrada, y esto sí que me parece de Francisco, son las referencias a la mujer en el título (misera: la miserable) y en los dos primeros números, la adultera de Jn 8, 1-11 y  la pecadora-prostituta de Lc 7, 36-50. Sinceramente, creo que no debió preferir estas referencias a la mujer, en un contexto cultural y católico tan marcado por su subordinación. No acierta. Mejor evitarlas en el pórtico de una Carta Apostólica. Me dirán que ¡basta de lo políticamente correcto!, y diré, que sí, pero siempre contra las mismas. Además, la exégesis científica prima otros significados. Debieron elegir la traición de Pedro a Jesús y su perdón. En conjunto, correcta, pero… lo dicho. Podemos mejorar.

 

La cuestión cristiana, hoy (y siempre)

2016 noviembre 18
por José Ignacio Calleja

 

 

Para pensar en el quid de la cuestión cristiana hoy (y siempre)

            … Si algo hay claro, en los evangelios, es que el centro de las preocupaciones de Jesús fue Dios. Pero el problema, que plantean los evangelios, no está en eso. El problema está en cómo tenemos que buscar y encontrar a Dios. Ahora bien, si algo hay claro en el Evangelio, es que a Dios no lo encontramos primordialmente en la “observancia de la Religión”, sino en la “lucha contra el sufrimiento humano”…. (Hay que) irse derechamente a lo mismo que hizo Jesús. En cuanto se puso a anunciar el Reino de Dios, ¿qué hizo? Ponerse a curar enfermos, aliviar penas, acoger a gentes desamparadas, comer con los hambrientos…, sin tener en cuenta para nada si aquellas curaciones y aquellas comidas, con gentes de mala vida y mala fama, estaban permitidas o prohibidas por la religión.

            Sin duda alguna, la Iglesia tiene que cambiar. Pero, ¿tenemos claro en qué tiene que cambiar? El problema no está en cambiar los cargos y dicasterios, oficinas, de la Curia Vaticana. Ni siquiera el problema está en que el Vaticano afirme la importancia capital del Evangelio, cosa que ya ha hecho tantas veces. Todo eso puede quedarse en mera palabrería. El problema central y decisivo de la Iglesia está en que ponga el motor de su vida y su presencia en la sociedad en vivir como vivió Jesús.

            La fórmula determinante (ésta): “hablamos de la necesidad de un cambio para que la vida sea digna”. La “dignidad de la vida”. En esto está el centro de la religiosidad por la que tiene que afanarse y luchar la Iglesia. Y sobre este proyecto se tiene que re-hacer la Teología. Una Teología menos interesada por problemas tales como el pecado o la salvación eterna. Y centrada, sobre todo, en: 1. Poner la economía al servicio de los pueblos. 2. Construir la paz y la justicia. 3. Defender la Madre Tierra… Y tendremos obispos más interesados y afanados por enfrentarse, si es preciso, a gobernantes que favorecen a los ricos, al tiempo que esos gobernantes tan “piadosos” dictan leyes que aumentan la distancia entre los potentados y los débiles.  Y, sobre todo, si esto se toma en serio y con todas sus consecuencias, tendremos una Iglesia, no para el pueblo, sino del pueblo. No para los pobres, sino de los pobres. Y a la que se apuntarán los ricos, si es que tienen coraje para compartir su vida (la hipoteca social de sus bienes) con la de los pobres.

            No olvidando jamás una cuestión que es decisiva. Sólo una Iglesia así, estará capacitada para conocer la Cristología y, por tanto, para enterarse de quién es Jesús, cómo se vive cristianamente y cómo se anuncia el Evangelio. ¿Por qué? Esta pregunta se responde afrontando otra cuestión, que es la que más miedo nos da: ¿Cómo conocieron los primeros discípulos a Jesús? No lo conocieron estudiando Cristología, sino viviendo con ÉL y como ÉL. De este asunto tan decisivo, la Iglesia, los seminarios, los teólogos, los obispos y los papas, no nos hemos enterado. (Y ¿cómo conoció Jesús quién era ese Dios, tan distinto, a menudo, al aprendido de niño en la Sinagoga? ¿Por revelación milagrosa en el Bautismo? No, no; fue compartiendo la vida de los pobres y aceptando, ahí, que Dios se le revelaba como Buena Noticia de salvación integral para ellos, y en su respeto, para todos; pero, eso, en el respeto de su dignidad y medios de vida para los pobres).

            El día que esto se afronte de veras, ese día la Iglesia empezará a tener sentido y a dar sentido a la vida de la gente. Y esto, justamente esto, es lo que ha puesto en marcha, con sus “llamadas” ocurrencias y originalidades, el actual papa Francisco. Por eso podemos decir que tenemos un papa que cree en el Evangelio”

Tomado de José Mª Castillo, 14-noviembre-2016, en Atrio. Los paréntesis son añadidos míos.

Populismo, uso y abuso de la palabra

2016 noviembre 10
por José Ignacio Calleja
 
Sobre el uso y abuso del concepto “populismo” aplicado a toda clase de corrientes políticas, hoy: “Y el problema es que esa forma de razonamiento nos impide ver dos hechos fundamentales. Primero, que dentro de esa masa de elementos “populistas” hay algunos que definitivamente son una amenaza a la democracia, pero también ideas, experimentos políticos y organizaciones que tienen el potencial de ofrecer formas mejores y más sustantivas de democracia para las sociedades modernas. Y segundo, que el propio liberalismo, con sus valores individualistas, su ethos productivista y su compromiso irrestricto con los intereses de los empresarios es, de hecho, una de las mayores amenazas que corroen las democracias actuales”.
 
Comentario: cierto, esa es la conclusión, y volvemos a la casilla de salida, es decir, cuáles, cuándo, cómo y por qué, son esas ideas, actitudes personales, experimentos políticos y organizaciones con potencial de ofrecer formas más sustantiva de democracia en las sociedades modernas. Subrayo lo de las actitudes personales, porque me parece importante y poco valorado en los análisis políticos. Pero eso, sopesando cada realización, en la complejidad de los procesos sociales, y sin poner el movimiento o grupo por delante de los hechos. Parafraseando al periodismo, que en el movimiento popular no valga aquello de que la realidad nunca nos estropee una buena ideología. Este sentido aucrítico no nos debilita a medio plazo, al contrario, nos fortalece siempre.

Trato digno para nuestros difuntos

2016 octubre 26
por José Ignacio Calleja

 

 

 

 

           Para Resucitar con Cristo es un documento en que la Iglesia trata de poner algún orden en los nuevos modos de disponer del cuerpo del difunto. La Instrucción es para los que nos confesamos cristianos ante la muerte y, sólo derivadamente, para todos los quieran apreciarla en su sensatez. En el ambiente de la Iglesia, y en no pocos círculos sociales laicos, sí que había alguna inquietud por si no estaba degenerando el uso final de las cenizas hasta supuestos ridículos. No inmorales, cuidado, sino chocantes. En cuanto al resto de la sociedad, la Iglesia no puede ir más allá de recomendar a todos un cuidado que dignifique el recuerdo del familiar fallecido. Que la Iglesia exprese su preferencia por el enterramiento respecto de la incineración, tiene un peso en su tradición teológica y religiosa -no tengo espacio para considerarlo-, pero hoy el argumento más sólido tiene que ser el “histórico y solidario”, es decir, qué es mejor para el cuidado de la Tierra y qué es menos gravoso para el finado y su familia. Todo ello sin perder dignidad. Preferir que las cenizas estén en un lugar “sagrado”, es razonable, pero que no sea un negocio añadido para nadie. En clave creyente, pensar que “yo con las cenizas de los míos hago lo que quiero”, es respetable, pero no me convence. En cuanto a incinerar o inhumar, en cristiano, no deja de ser un acto moral libre, que en nada merma la fe en la Vida, y elegir la dispersión de las cenizas “en el aire, en la tierra, en el agua, o en cualquier otra forma”, es una decisión perfectamente legítima y libre en conciencia para todos; la razón de que se impida “para evitar cualquier malentendido panteísta, naturalista o nihilista”, es una gesto de desconfianza hacia la mayoría de edad de los creyentes. Lo lógico sería advertir del peligro y apelar a la conciencia de los fieles. Si su uso expresa una  ausencia de fe, poco cabe discutir ya. Y si es ridículo o enfermizo, menos. En todo caso, un funeral religioso no debería negarse a nadie que lo pida y celebre con respeto. No es un examen de fe, sino una Eucaristía de la Vida que se puede compartir fraternalmente con todos.

 

 

26 de octubre de 2016, El Correo, p 51

 

 

 

 

Podemos, pudo y no quiso

2016 octubre 12
por José Ignacio Calleja

 

Pues se pongan como se pongan en Podemos, tuvieron el gobierno de Sánchez al alcance de la mano, pero no quisieron; con Ciudadanos de por medio,  no quisieron; sabían que de ese modo se desprestigiaban ante sus votantes, que de inmediato habría escisiones y mucha gente los dejaría; pensaron, además, que unas nuevas elecciones se llevarían a Sánchez por delante, pero no sucedió;  y eligieron ser una fuerza política pura en su proclama de una alternativa social, y se quedaron sin novio; tenían miedo de perder las plazas y avenidas, lo entiendo; es más fácil ser puro que arriesgar un pacto provisional; y ahora pasa esto; querían gobernar cambiando la realidad social española a fondo, pero con mando en plaza antes de ganar las elecciones y sin transigir con nadie; ahora pasa esto; Rajoy va a seguir; y en dos años o en cuatro, quién lo sabe, tal vez sí, tal vez no, sueñan con una oportunidad mejor. De momento, Rajoy va a seguir, y si Susana Díaz tiene su culpa, la de Iglesias no es menor. Monedero lo explica todo muy bien, pero para una clase de filosofía política; fuera del aula, hay más gente y pareceres. De esto sé algo. Cuando quieres representar a un pueblo en sus mayorías y no puedes pactar con nadie que no comparta tu estrategia, tu ritmo y la misma modulación de objetivos sociales, tienes un problema para gobernar. Sólo te queda el consuelo de ir presumiendo con este lugar común: no hemos pactado, ni gobernado, pero hemos sido coherentes. O sea, como en el deporte, hemos jugado bonito, pero hemos perdido. Y Rajoy va a seguir. Se pongan como se pongan, Podemos también lo tuvo en la mano, pero no quiso mancharse con la casta. Luego fue tarde y otros, muy poderosos, vigilaban que no se repitiera. Y no se ha repetido la oportunidad. Pues eso. Rajoy va a seguir. Se pongan como se pongan, Podemos pudo y no se atrevió. El balón es mío y juega el que yo diga; o sea, nadie. No se atrevió. Si vives pendiente de que nadie te adelante por la izquierda, pasa esto. No se atrevió.

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