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El PP tiene un problema y no lo aborda

2015 mayo 27
por José Ignacio Calleja

Un aspecto quizá menor, pero no despreciable. Y no lo entienden en el PP. Creen que es una cuestión de promesas incumplidas y yo no lo veo así. Hay tres millones de votos que buscan al PP si la cosa se pone económicamente mal con la izquierda; en cuanto se ve un poco de luz -y si además la gestión ha sido nefasta en corrupciones y ajustes de abajo a medio, ¡que no arriba!-, esa gente ya no les vota. Son tres millones que los votan para hacer un trabajo sucio y no porque los estimen en su ideología y en sus personas. Es un voto prestado a los adversarios (PP) que no dejan de serlo hagan lo que hagan. Tres millones de votos prestados que, en cuanto escampa, se van. Tres millones de votos que no ven al PP como un grupo gobernante, sino como una “clase dirigente”, la que hay que soportar un tiempo, pero sin confianza, ni afecto ni identificación. Me sorprende que no caigan en cuenta en este aspecto. La sociedad española tiene un imaginario social heredado y bastante estable, y ahí el PP es la riqueza y el poder nada desinteresados. No lo ven, y se sorprenden cuando pierde esos tres millones. Me sorprende. Es que hoy por hoy no son suyos, son prestados, y lo serán mientras el PP no represente una derecha liberal, moderna y social que atraiga a esos tres o cuatro millones por sí misma, y no como un remedio pasajero, tan inevitable como indeseable. Es mi punto de vista de lo que ha pasado.

La Iglesia española vuelve sobre sus pasos ante la larga crisis “económica”

2015 mayo 5
por José Ignacio Calleja

 

Para profundizar en la Iglesia, servidora de los pobres

 

            En realidad, esto que sigue es una lectura inicial de la Instrucción Pastoral de la CEE, La Iglesia, servidora de los pobres (abril de 2015), acogida con gran afecto y compartida muy de cerca. El lector verá si le aporto alguna clave de lectura que le resulte significativa para implicarse más en la evangelización social y, en algún caso, para llevarla más allá de sus actuales orillas. Así entiendo yo el acoger una enseñanza eclesial con afecto. Veamos

 

            Los nn 2-14, me parecen muy logrados en cuanto al tono moral y espiritual que adoptan; y me gusta la selección de hechos que nos presentan para hacernos cargo, cargar y encargarnos de la realidad social que nos interpela. Podían elegirse algunos otros, pero esta selección está muy bien para lo que se pretende.

 

            En el n 15, los factores que explican esta situación, dice: “una crisis previa: “La negación de la primacía del ser humano”, (y debió añadir desde el enunciado “negación de la primacía del ser humano por una economía del dinero a cualquier precio y, por ende, de la exclusión social de los sobrantes”. Algo así, explicaría mejor la negación del ser humano pues, a secas, se presta a un uso etéreo del principio, aunque luego se explique sobradamente. Tanto más, cuanto que está muy extendida la idea de que “la crisis es moral”, dicho como un eslogan apolítico).

 

            En el n 16: Urge recuperar una economía basada en la ética y en el bien común. (Lo de recuperar es optimista al mirar al pasado. El presente es tan negativo que estamos mitificando el pasado del capitalismo).

            En el n 19: “Entre nosotros, las causas de la actual situación, según los expertos, son la explosión de la burbuja inmobiliaria, un endeudamiento excesivo,…”. (Comentario: Aquí había que haber profundizado más en la denuncia de por qué esa burbuja y no dejarlo sólo en un endeudamiento excesivo. Se ha querido evitar la discusión sobre las causas. Esto es muy benigno con los prestamistas de Europa y los Bancos españoles; muy benigno con los gestores de la política española desde hace veinte años; muy benigno con el capitalismo de casino en cuanto tal. Queda muy corta la frase y se corresponde con el principio de las deudas se pagan. ¿Sí? ¿Todas son justas? ¿No hay que hablar de esto? ¿No había posiciones de privilegio al conocer, al facilitar y al decidir? No es fácil acordar las causas y su orden, lo reconozco).

 

            En el n 23: el concepto ético de la dignidad humana, y a continuación, la cita de los pobres, queda con un vínculo tenue, sin la fuerza ética y política que debería tener aquí, y que en otros momentos adquiere.

 

            En el n 26, el concepto de propiedad privada podía cobrar más fuerza como problema social, al ser, hoy, propiedad privada capitalista, acumulada en pocas manos de un modo y cantidad tan incontrolables, que de facto hace inviable el uso justo de este derecho. Además es el que más afecta a la Iglesia y al uso social de su patrimonio.

 

            En los nn 27-30, muy bien haber presentado con esa fuerza la solidaridad, como alma de la justicia social, y cumplida la justicia, prolongada en el don y la comunión. Y algo obscura la cita de la caridad política como forma excelsa de la caridad. Noble y atinada la conexión de la defensa de la vida (n 28) con la exigencia de una legislación protectora de la infancia y la maternidad.

 

            En el n 31, muy bien la llamada de atención para que el Estado no descargue su responsabilidad de justicia social en las instituciones privadas. Y debió tener más fuerza el contrapunto de que, por solidaridad con los más pobres, el Estado tiene que controlar  la iniciativa civil de los más fuertes cuando, con apariencia de libertad democrática y de empresa, se hacen con un poder económico o cultural omnímodo. Ésta es en gran medida la situación internacional y nacional.

 

            En el n 32, muy bien la expresión de un trabajo digno y estable; ahí es nada, y como forma destacada de caridad y justicia social; yo hubiera dicho, como forma absolutamente primordial.

 

            En el n 33, al decir, “En la Palabra de Dios encontramos luz suficiente para ordenar las cuestiones sociales”, se entiende, pero lo de suficiente suena pretencioso sin añadir en qué plano se mueve esta convicción. Los de las ciencias sociales pueden pensar que competimos en el mismo plano. Trenzados, sí, el mismo, no. Y muy bien decir que “la Iglesia es Caridad” como su Cristo.

 

            En el n 34, al apelar a la conversión, la idea debería estar más expresada desde la primera línea como conversión al Evangelio del Reino, Buena Noticia de la Salvación para los pobres, y por ellos, para todos. La palabra conversión, a secas, se presta a usos muy espiritualizantes y tarda en conectarse a Dios y a Cristo por los pobres y a éstos, desde ese Dios samaritano, vaciado de sí, crucificado, y ahora sí, resucitado.

 

            En el n 35, “El servicio privilegiado a los pobres está en el corazón del Evangelio… no sólo como destinatarios… sino como configuradores de nuestro ser y nuestro hacer”. Amén. ¿Cómo decirlo mejor?

 

            En el n 36, muy lograda y directa la teología del Dios cristiano para fundar en su Amor la vida cristiana, y el vínculo indisoluble y único de vida activa y contemplativa, de mística y política: evangelizadores con Espíritu.

 

            En el n 38 prosigue con acierto y gusto exquisito la espiritualidad trinitaria del compromiso cristiano de la caridad y su conexión absoluta con la Eucaristía. Hermoso pasaje, y denso.

 

            En los nn 39-40, “Entre la evangelización y la promoción humana existen lazos muy fuertes”, un lugar clásico en la teología de la caridad… El compromiso social en la Iglesia no es algo secundario u opcional sino algo que le es consustancial y pertenece a su propia naturaleza y misión”. Mil veces repetido y poco a poco, aceptado.

 

            En los nn 41-45, “porque la Iglesia existe para evangelizar… y Si Dios es amor, el lenguaje que mejor evangeliza es el del amor… No podemos olvidar que la Iglesia existe, como Jesús, para evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos y que, evangelizar en el campo social, es trabajar por la justicia y denunciar la injusticia. Nuestra caridad no puede ser meramente paliativa, debe de ser preventiva, curativa y propositiva…El acompañamiento es otra forma muy válida de presentar el Evangelio… y el recto ejercicio de la función pública representa una forma exquisita de caridad, … y, así, en el modo justo de gobernar, en la promoción de políticas fiscales equitativas, en propiciar las reformas necesarias para una razonable distribución de los bienes, en la efectiva supervisión de las instituciones bancarias, en la humanización del trabajo industrial, en la regulación de los flujos migratorios, en la salvaguardia del medioambiente, en la universalización de la sanidad y la educación… Tenemos, además, el reto de ejercer una caridad más profética. No podemos callar cuando no se reconocen ni respetan los derechos de las personas, cuando se permite que los seres humanos no vivan con la dignidad que merecen… La caridad social nos urge a buscar propuestas alternativas al actual modo de producir, de consumir y de vivir. (Comentario: A mi juicio, una parte muy lograda en la concreción de la caridad interpersonal y social o lucha por la justicia).

            Y en el n 47: “El acompañamiento a las personas es básico en nuestra acción caritativa. Es necesario “estar con” los pobres – hacer el camino con ellos- y no limitarnos a “dar a”… Ya no se trata sólo de asistir y dar desde fuera, sino de participar en sus problemas y tratar de solucionarlos desde dentro. (Es un rosario de perlas prácticas, ¿qué decir?).

            Y en el n 48: “La pobreza no es consecuencia de un fatalismo inexorable, tiene causas responsables. Detrás de ella hay mecanismos económicos, financieros, sociales, políticos… nacionales e internacionales… Los principales obstáculos para conseguirlo (removerlos) no son técnicos, sino económicos y políticos”. (Aquí el texto está siguiendo la Evangelii gaudium de Francisco, y por eso mismo, es más directo en el juicio moral de las estructuras económicas de pecado; más directo con la perversión de las estructuras capitalistas que en otros pasajes).

            Y en el n 49, para eliminar esas causas estructurales de las pobrezas, hay objetivos ya factibles e irrenunciables, como crear empleo digno, mantener y mejorar el Estado de Bienestar, la responsabilidad social de los mercados, el protagonismo de la sociedad civil y un Pacto Social contra la pobreza, aunando los esfuerzos de los poderes públicos y de la sociedad civil, las actitudes de vida más austeras y modelos de consumo más sostenibles, iniciativas de economía social y de comunión, el cuidado de la cooperación internacional y formación de la conciencia socio-política.      

            (Comentario: Es una buena relación de lugares sociales para mejorar nuestra convivencia, pero en términos de cambio de modelo social, de superación de las causas estructurales de la pobreza, es posibilista. Es como si el texto echara el freno político, finalmente; también digo que más por sentido común que por temor político partidista; así lo creo; al final, la gente de Iglesia tenemos este punto insuperable de contención política, y más todavía, si un Episcopado lo refrenda. El paso dado, de todos modos, es muy importante).

            Y prosigue, “Es preciso superar el actual modelo de desarrollo y plantear alternativas válidas sin caer en populismos estériles” (n 52). (Comentario: A este gran objetivo de fondo quieren apuntar esas medidas recién citadas. Debió reconocerse que son dos caminos de no fácil encuentro y que casi siempre siguen cursos políticos paralelos. La misma crítica del crecimiento debió tener en cuenta que un modelo social más justo, hoy y para todos, seguramente tiene que pensarse en clave de decrecimiento y postcapitalista en cuanto al alcance que en éste tiene ya la propiedad privada financiera, y la propiedad privada en cuanto tal; no tiene por qué significar lo mismo que negar la libre empresa y la competencia de mercado; mercado libre, según su alcance efectivo, ; sociedad sometida a los mercados, no).

            Y añade, “Es preciso dar paso a una economía de comunión, a experiencias de economía social que favorezcan el acceso a los bienes y a un reparto más justo de los recurso”, dice el n 53, siguiendo a la Caritas in veritate. (Comentario: Lógico que se cite, pero ver ahí una alternativa, cuesta; no es un camino despreciable, todo suma, pero cuesta como alternativa social).

            Y la caridad, toda ella, la interpersonal y la social, es y ha de ser obra al cuidado y responsabilidad de toda la comunidad eclesial (n 54), con todo el apoyo y cuidado, en formación y espiritualidad, que este voluntariado social requiere (n 55) (Comentario: Apuntes tan clásicos como necesarios y acertados). Dando prioridad absoluta a los procesos que crecen con cercanía y ternura hacia los pobres, y con dedicación y tiempo de los protagonistas para incluir a todos y cambiar a fondo la realidad (n 58). (¿Cómo no compartirlo?).

            Y por fin, el n 50: la vida y la familia constituyen los pilares fundamentales y bienes inmateriales supremos de la vida social. (Comentario: Lógica esta reflexión, después de lo que se ha dicho sobre el ser humano y la dignidad que corresponde ver respetada y cumplida en todos). “Nos preocupan las desigualdades que sufren las mujeres en el ámbito familiar, laboral y social… Nuestras instituciones sociales deben movilizarse para asistir, acompañar y ofrecer respuestas suficientes a las mujeres que se encuentran en estas difíciles situaciones” (con tentación de abortar). (Comentario: Bien tratado el problema, con cercanía y auto-implicación).

            Y conclusión, n 56, el genial y necesario, “pedimos perdón por los momentos en que no hemos sabido responder con prontitud a los clamores de los más frágiles y necesitados… Las víctimas de esta situación social sois nuestros predilectos”.

            Así de “pedagógica”, por compañera de lectura, es mi aportación a esta Instrucción Pastoral, La Iglesia, servidora de los pobres. Dejo al lector de estas notas que saque sus consecuencias. No es difícil.

            Buen camino a todos en este hacerse cargo, cargar y encargarse de la vida digna de todos, desde los más pobres y desvalidos del mundo. Así es Dios.

Un filósofo se cae del caballo y despierta

2015 mayo 1
por José Ignacio Calleja

            Juan Carlos Monedero, argumenta su marcha: “A veces (actuando por los votos) nos parezcamos a lo que queremos sustituir. Eso es una realidad”; los grupos entran “en el juego electoral y empiezan a ser rehenes de lo peor del Estado, de su condición representativa”; “el baile electoral es muy frustrante porque no deja espacio para los matices… Y perdemos insolencia, desobediencia, coraje. Podemos se ha construido así y es importante que no perdamos esa frescura”; y se pierde, “si su meta es tener responsabilidades de gobierno, que incluye explorar pactos, hacer equilibrios con el programa y, en definitiva, ser un partido político”.

 

            Me encanta escuchar esto en clase de filosofía política y en el círculo de un movimiento social, pero ¿en boca de un político que piensa gobernar? ¿Si no pasas por el juego electoral y por la representación, y por las responsabilidades de gobierno y por los pactos, cómo llegas al poder y gobiernas en sociedades tan diversas, ideológica y materialmente, como las nuestras? No puedes aspirar a gobernar sino a influir como contrapoder y ganar a la gente para formas de democracia más reales; más -adverbio de cantidad y quizá de calidad-, no absolutamente, que eso es para el aula y el cielo. Las dos cosas a la vez, no. La política tiene unos mínimos de organización y pacto que, sin ellos, no subsiste como actividad colectiva. O eres movimiento social o eres partido, no hay salida.

 

            (Claro es que Monedero había sido maltratado por una asunto económico que seguramente no puede desvelar que era del partido, y se ha tenido que tragar “el marrón”; lógico que piense que “a ese precio”, no le compensa seguir, cuando ese estigma le va a perseguir en cuanto aparezca en público. Le entiendo perfectamente).

Restos y rastro del vocabulario popular castellano en la Rioja Alavesa

2015 abril 6
por José Ignacio Calleja

 

Restos y rastro del vocabulario popular castellano de la Rioja Alavesa

 

            Mi madre, Mª Ascensión Sáenz de Navarrete y Varela, nacida en Navaridas (Álava) el 28 de mayo de 1919 y fallecida en el mismo lugar, el 4 de septiembre de 2011, utilizaba a menudo palabras “en castellano” que apenas he podido escuchar más tarde y que resuenan en mi cabeza cuando pienso como si ella estuviera presente. Ofrezco una relación de todas las que recuerdo y digo cuál es el significado que les daba. A veces, muchas, se trata de uno que admite el diccionario de la RAE; otras veces, el concepto existe, pero ella le daba un significado peculiar y común a esas tierras alavesas (la Rioja Alavesa); y algunas, las menos, el concepto ha sufrido una transformación local en su grafía y pertenece al lenguaje vulgar de la zona. Pero lo llamativo es que es un conjunto de términos, hoy, casi perdidos.

 

            Paso sin más a mostrar el listado de las palabras que recuerdo después de casi cuatro años de su muerte y añado el significado con que las usaba. Si me interesa este recuento, y puede que a otros también, es porque muy pocos jóvenes del lugar los entenderían ahora. Por supuesto, a lista puede ampliarse y el significado de las palabras ser discutido o precisado. Gracias.

 

 

            Veamos:

 

 

            Adán: persona que se ha ensuciado.

            Adefesio: persona fea en cuanto al porte o ropa.

            Aire: ir rápido, trabajar con ganas, es decir, “tener mucho aire”.

            Airón: ráfagas de viento muy fuertes.

            Amolar: fastidiar.

            Andana: coger el camino y echar a andar.

            Andorga: llenar la andorga o la tripa o estómago.

            Antiparras: las gafas.

            Apeto: aspecto, ¡qué mal apeto tiene! (Seguramente, deriva de aspecto)

            A retaque: lleno.

            Armatoste: trasto desconocido y grande.

            Arrecáncano: persona cercana que te complica la vida por sus carencias.

 

            Balde: gratis; y cubo para recoger líquidos.

            Bisalma: que es o te está grande. (Puede venir de bisarma).

            Boche: hombre ceñudo y bruto.

            Buchaca: bolsa; estómago.

            Buellaó: grito para que la caballería vaya hacia la izquierda.

            Buesque: grito para que la caballería vaya hacia la derecha.

            Bureo: bullicio.

 

            Cachapada: cantidad grande de alguna cosa, como comida o fruta. No dinero.

            Cachicano: enfermo por bastante tiempo o definitivamente.

            Canilla: grifo.

            Capino: tonto: más tonto que Capino.

            Capirote: capuchón de cuaresma y “tonto de capirote”.

            Castachinche: persona sin criterio ni fundamento.

            Catafalco: mueble grande.

            Cencerro: persona sin fundamento y gritona.

            Cirriarse: cargarse.

            Correa: ¡qué buena correa! -es decir- ¡qué buena salud para trabajar!

 

            Cucujón: cada una de las bolsas del serón.

            Cucurubela: fruta madura pero muy pequeña.

            Currusco: el extremo de una barra de pan.

            Cuscus: golpe a un niño que enreda.

 

            Chaparro: persona baja.

            Chapucero: travieso.

            Chinín: pequeño. (Remite al euskera, txiki, pequeño).

            Chotada: darse un golpe contra el suelo.

            Desbarajuste: desorden.

            Descambiar: cambiar una cosa comprada por otra.

            Devoro: destrozo.

 

            Empecer: afectar, dañar.

            Engarrarse: quedar con la ropa cogida entre los matos o las púas de una cerca.

            Filostra: mala cara o figura de un enfermo.

            Flamenco/a: persona fuerte y alta

            Fruñido: fastidiar. “Nos ha fruñido”.           

            Fudre: persona muy gorda.

            Golorito: pájaro pequeño de la zona. (Es el jilguero).

            Granuja: pícaro, pillo, dicho con simpatía.

            Guarán: sucio, descuidado.

           

            Hondón: el fondo o parte baja de una finca; o de un depósito grande.

            Jarcia: grupo de chicos-jóvenes que van juntos y sin plan claro.

            Jaro: vino turbio.

            Javetada: corte de navaja o cuchilla.

            Julai: alguien sin personalidad.

            Lifraz: persona mal ataviada. (Derivado de disfraz).

            Mamarro: tonto.

            Mameluco: persona torpe y sin formación.

            Mangarrán: desaliñado, sucio.

            Matraca: persona ruidosa.

            Mejunje: mezcla fea o rara de comida, o similar.

            Mequetrefe: hombre poco serio en el trato y en todo lo demás.

            Meticón: persona entrometida.

            Mostrenco: torpe por peso o falta de inteligencia.

 

 

            Ojete: orificio del culo.

 

            Palemán: idiota, imbécil.

            Palomillas: perchas.

            Pampurria: desvanecimiento.

            Panadera: paliza.

            Pantarra: idiota, imbécil.

            Pendón: persona que va de aquí para allá sin motivo.

            Pesco: trago de vino.

            Petacón: alguien pesado en su forma de ser.

            Petacho: remiendo en la ropa.

            Pincho: elegante en el vestir.

            Rendibú: agasajar en exceso o con interés.   

            Retoliquear: andar uno a solas con quejas y reproches.

            Ringlín(es): prenda-ropa que ha perdido valor o nunca lo tuvo, pero que se usa.

 

            Salchucho: provocar un enredo en la vida; revuelto de comida extraño.

            Sandez: opinión o noticia tonta; una tontería.

            Sarandilla: lagartija.

            Sarcasmo: hacer o decir algo para burlarse; exagerar hasta hacer burla.

            Serón: alforja grande de cáñamo que sirve para transportar algo en la caballería.  

            Simprovecho: persona de poco peso y estatura.         

            Soba: provocar cansancio a alguien en el trato o en el trabajo. ¡Menuda soba!

            Somanta: paliza.

 

            Talanga: dinero para comprar y vender.

            Talegada: fuerte caída de una persona.

            Temple: carácter bueno o malo, según el caso.

           

            Tamaratoje: acumulación grande y desordenada de algunas cosas.

            Tratable: persona amable.

            Tocorro: pieza de leña gruesa; persona torpe. (Procede de tocorno).

            Tole: uso intensivo de algo. ¡Menudo tole le has dado al calzado!

            Tollazo: golpe con “el tollo del zadón”.

            Tollo: parte de atrás del “zadón”.

            Trompatalega: de prisa, corriendo en el comer.

            Tronzado/a: muy cansado.

            Tunda: trote a las cosas o paliza a las personas.

            Turrumbero: loma que sirve a la vez de basurero.

            Tute: usar o disponer de algo en demasía, ¡qué tute les has dado al jamón!

 

            Zadón: azada grande de hierro.

            Zalamero: mostrar afecto extremo, casi empalagoso.

            Zamina: paliza.

            Zanquear: mover las patas un animal, adivinándose que todavía vive.

            Zarandear: remover algo.

            Zarapito: ni rastro o sobra de comida, “no quedó ni zarapito”.

            Zoquete: persona torpe; trozo de pan grande.

            Zurrupeleas: te pedorreas.

Construir un pueblo para la reconciliación

2015 marzo 6
por José Ignacio Calleja

 

Construir un pueblo para la reconciliación social

 

            Por casualidad releía yo estos días La Alegría del Evangelio (EG) de Francisco y me topaba con unos pasajes de gran valor para la justicia y la reconciliación de una sociedad como la nuestra. La EG presenta la paz social de manera muy tangible, es decir, como justicia en la distribución de la renta, como inclusión social de los pobres y como respeto de los derechos humanos de todos (n 218). No es la paz, por tanto y sin más, la ausencia de guerra y violencia en la ciudad, sino el fruto social que nace de un orden social justo, es decir, el que realiza el bien común de un pueblo y de todos los pueblos juntos (n 220).

 

            Y aquí un aspecto muy curioso que he conocido hace poco y que procede de la llamada Teología argentina del Pueblo. En esta corriente, el pueblo es una construcción de los ciudadanos que se responsabilizan de su futuro para no vivir sometidos a la manipulación de las élites; cada persona tiene que trabajar con los demás para construir un pueblo en justicia y paz, lo cual es más que coincidir o estar al lado de otros: es articular “una cultura del encuentro” que sustente, a la vez, la justicia social y la legítima diversidad (n 220).

 

            Crear pueblo y pueblos, en justa y multiforme armonía, con base en la dignidad humana, tiene un proceder peculiar: frente a la prisa y el rédito político fácil, la paciencia, el discernimiento, la dedicación y la generosidad. El conflicto es y será una realidad social, pero el pueblo lo puede transformar en un estadio social nuevo; porque hablamos de tensiones bipolares y no de contradicciones absolutas (n 221); las tensiones bipolares exigen una lucha social que recupera al antipueblo; las contradicciones absolutas e insuperables piensan en su aniquilación (ibid); eso sí, superar el conflicto requiere de personas muy generosas que, al sufrirlo, lo transforman en el eslabón de una realidad social nueva (n 227). Cada generación lo debe intentar para su tiempo y circunstancias.

 

            En la fe, por el Espíritu de las bienaventuranzas, es posible “una diversidad reconciliada” (n 230); en la sociedad política, por la cultura moral del encuentro, también; hace falta gente o pueblo que coloque, por delante de toda ideología y política absolutizadas, la memoria, la equidad y la compasión para con las víctimas; las del terrorismo y las de toda injusticia social; las víctimas de ayer, de hoy y de mañana. Sin compararlas, sin compensarlas, sin olvidarlas.

¡Por favor, Sr. Director, por favor!

2015 febrero 16
por José Ignacio Calleja

 

¡Por favor, Sr. Director, por favor!

Sr. Director, tal vez esté yo equivocado, pero no consigo interpretar el poco eco en las ediciones digitales de la prensa del lunes (16.II.2015) y hasta la ausencia de la noticia de la decapitación en Libia de 21 cristianos coptos (egipcios) a manos de la rama libia de Estado Islámico. No sé…, si Europa ha sido un clamor con Francia por Charlie Ebdo, y si lo fue ayer con Dinamarca, (bastante menos, lo reconozco), es que esta gente de Libia ¿no son personas? ¿Qué tiene que pasar en el EI, o en Egipto y Siria, o en Libia y Nigeria… qué tiene que pasarle a centenares o miles de personas cristianas, o a musulmanes de no sé que particular tendencia y etnia…, para que los consideremos noticia de primera plana cuando los masacran? En fin, por compasión si no puede ser por justicia, ¿hasta cuándo callaremos en Occidente? ¿Hasta cuándo le daremos vueltas y vueltas en exclusiva a nuestras víctimas? “¿Éstos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amallos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís?”. Y ahora, Sr. Director, ¿volveremos a las cuitas de que si el PSOE y sus primarias en Madrid, que si Rajoy no nombra los cabezas de lista del PP, que si Podemos esconde a Monedero, que si Mas no va a la fiesta en que está el Rey…? ¡Qué sociedades! ¡Qué cruz!  Saludos y gracias.

          José Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete (Vitoria-Gasteiz)

 

 

No me gustaba Charlie Hebdo, pero infinitamente menos el terror: nada y nunca.

2015 enero 12
por José Ignacio Calleja

 

Amiga Isabel, ocupado en urgencias personales, no he tenido tiempo para atender a esta cuestión que planteas. Me importa mucho a título personal y social. Yo creo que tú orientas bien el tema. El terrorismo es terrorismo, y no hay justificación posible. Además, todo tu celo por la libertad de expresión lo comparto, y todas las sospechas de que nos equivoquemos al regularla, también. Más vale pecar de largos que de cortos en asuntos de libertad de expresión. Las democracias tienen, sin embargo, que regular algunos límites de la libertad de expresión pues concurre con el ejercicio de otros derechos fundamentales entre los ciudadanos. Las personas son absolutamente respetables, las ideas y creencias son absolutamente discutibles.

       Pero de hecho van juntas, y no es tan fácil separarlas, por eso que la democracia puede poner límites a la libertad de expresión y tribunales que valoren los casos extremos. No veo por qué es más democrática y justa una sociedad que sacraliza la libertad de expresión y banaliza el derecho a un trabajo digno o unas oportunidades de vida digna para los niños. Y algo de esto pasa. Eso sí; nadie, nunca, puede tomarse la justicia por su mano porque es terror puro y duro.

       En suma, en cuanto al derecho o plano jurídico, si la ley no dice nada en contra, o los tribunales no lo han considerado hasta hoy, poco que discutir; las ideas y creencias son absolutamente discutibles. Sólo la ley puede decir cuando la crítica o la broma pone en peligro cierto y grave otros valores sustantivos de la convivencia social y la persona. En caso contrario, la repuesta es terrorismo, por muy ofendido que me encuentre. En cuanto al valor moral de Charlie Hebdo –que no el jurídico y según la ley de Francia-, yo no podría trabajar en esa revista, ni ejercer mi libertad de expresión de ese modo, ni decir como lector que me gusta su ejercicio de la libertad. Yo les diría esto: diga usted lo que cree que puede decir, pero no me pida que no piense que hace un uso perverso de su libertad moral de decir. La libertad de expresión puede ser moral como procedimiento e inmoral por su resultado. Este es el caso de Charlie Hebdo a veces.

 

Un dibujante de ‘Charlie Hebdo’: “Vomitamos sobre toda esta gente que ahora dice que son nuestros amigos”. Es una opinión aislada, pero lo suponía; de ahí las distinciones que propongo, Isabel. De hecho, cuando vi la portada referida a la Trinidad, -el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en una relación sexual completa y por detrás-, no me molesté especialmente, pero vi claro que lo mejor (la libertad de expresión) también puede utilizarse para lo estúpido y soez. Lógicamente, no dije ni voy a decir que yo soy la revista. Sí voy a decir que han muerto a manos del terrorismo ideológico y político yihadista. Esto es así y lo rechazo una y mil veces, incondicionalmente.

El Papa Francisco, ¿es comunista?

2014 octubre 29
por José Ignacio Calleja

Francisco: “Reclamar tierra, techo y trabajo no es comunista, es la doctrina social de la Iglesia”

“¡Ninguna familia sin vivienda! ¡Ningún campesino sin tierra! ¡Ningún trabajador sin derechos!”

Redacción de Religion Digital, 28 de octubre de 2014 a las 15:55

El Papa Francisco pidió hoy tierra para los campesinos, casas para las familias y derechos para los trabajadores durante el Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, en el que participa el presidente de Bolivia, Evo Morales.

“Este encuentro nuestro responde a un anhelo muy concreto, algo que cualquier padre, cualquier madre quiere para sus hijos; un anhelo que debería estar al alcance de todos, pero hoy vemos con tristeza cada vez más lejos de la mayoría: tierra, techo y trabajo”, afirmó el pontífice.

Es extraño pero si hablo de esto para algunos resulta que el papa es comunista“, añadió. “No se entiende que el amor a los pobres está al centro del Evangelio. Tierra, techo y trabajo, eso por lo que ustedes luchan, son derechos sagrados. Reclamar esto no es nada raro, es la doctrina social de la Iglesia“.

El Encuentro Mundial de Movimientos Populares “no responde a una ideología”, destacó el papa argentino. “Ustedes no trabajan con ideas, trabajan con realidades (…) tienen los pies en el barro y las manos en la carne. ¡Tienen olor a barrio, a pueblo, a lucha! Queremos que se escuche su voz que, en general, se escucha poco”.

“Jesús les diría hipócritas” a los que abordan “el escándalo de la pobreza promoviendo estrategias de contención que únicamente tranquilicen y conviertan a los pobres en seres domesticados e inofensivos”, señaló el líder de la Iglesia católica.

“Ustedes sienten que los pobres ya no esperan y quieren ser protagonistas, se organizan, estudian, trabajan, reclaman y sobre todo practican esa solidaridad tan especial que existe entre los que sufren, entre los pobres y que nuestra civilización parece haber olvidado”.

“Digamos juntos desde el corazón: ¡Ninguna familia sin vivienda! ¡Ningún campesino sin tierra! ¡Ningún trabajador sin derechos! ¡Ninguna persona sin la dignidad que da el trabajo!”, exhortó Jorge Bergoglio.

Días de niebla y plomo

2014 octubre 18
por José Ignacio Calleja

Días de niebla y plomo de José Ignacio Calleja (19 agosto 2014)

Ya es posible solicitar ejemplares de la obra en esta dirección

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Días de niebla y plomo: DÍAS DE NIEBLA Y PLOMO es una novela para sentir y pensar; para sentirnos y pensarnos a fondo, ahora y siempre; y en ese espejo tan personal de la vida de cada uno, y de todos juntos, se reflejan unos personajes que nos resultan muy próximos; gentes en cuyas vidas se entrecruzan la soledad y el miedo a amar, el gozo de ser amados, la honestidad política, la traición y la fidelidad en la vida cotidiana, la violencia terrorista y las víctimas, el perdón y la venganza, la crisis social que margina a los más vulnerables, el valor de la fe y las personas que se empeñan en una vida social más justa… PLOMO en las calles, por el miedo a la violencia cuando el terrorismo amenaza a quien es distinto y lo dice; y NIEBLA en las vidas, por la desconfianza hacia lo valioso y común cuando hay que compartir los sacrificios. Y, sin embargo, un resol de fondo con el que la gente de bien nos sorprende: su amor y su dignidad vividos a la medida de los humanos. A la medida de los humanos, eso es todo lo que podemos las personas y miran los dioses.

 

Sobre el Ébola, la justicia y la fe cristiana

2014 octubre 9
por José Ignacio Calleja

 

            Sobre el Ébola, expreso dos ideas que me estallan en la cabeza. Una, que el Ébola no lo vamos a abordar con determinación mientras no alcance a nuestras sociedades ricas. Es la única parte positiva de lo que está pasando. Lo temo, no lo deseo, pero así de cruel es la situación de injusticia entre los pueblos. Y la otra convicción gustará menos y acepto los reproches. Creo que los religiosos misioneros -y la iglesia en ellos- no han (hemos) acertado ¡Evangelio en mano! pidiendo estas repatriaciones. Hablo sin señalar a personas concretas. Las palabras de la Iglesia -leo a los Obispos españoles en África ante el Domund y su “todo por la gente de esos pueblos”- hoy me cuestan demasiado. Ha sido duro para mí. Lo comprendo, seguramente yo lo pediría en su situación, pero ¡Evangelio en mano! no estaría acertando. Como Iglesia, como gente de fe encarnada en la vida del pueblo más pobre, no hemos acertado.

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