La Madre de todas las Batallas de Obélix

El dibujante Albert Uderzo salta a la palestra de la opinión publica por las nuevas aventuras de los célebres Astérix y Obélix que creó junto a su compañero René Goscinny allá en 1956. Esta vez es una historia real protagonizada por el fisco francés que no le reconoce la autoría de la obra que atribuyen en exclusiva al guionista. Y le reclama nada menos que 203.000€ al no poder desgravar el 20 % que le correspondería en su condición de coautor. Para Uderzo “lo más grave no es la demanda económica, lo más preocupante es la desposesión del derecho de ser coautor, una injusticia y un escándalo”.

La gran mayoría de medios presentan el asunto como una mera anécdota, un apunte de los afanes recaudatorios típicos de todos los fiscos del mundo. No he leído ni un sólo comentario sobre la cuestión de fondo. No me imagino ni por asomo que este problema se hubiera planteado a la inversa, sobre un escritor. Vengo insistiendo en este blog sobre la profunda desconsideración de la comunicación visual y no cómo un mero problema que nos concierne a los profesionales especializados sino como una cuestión clave de la comunicación humana. Se considera que los dibujantes no tenemos capacidad ni categoría para comunicar contenidos, si acaso poco profundos o superficiales.

Un comentarista tiene criterio, opinión y conocimientos, los dibujantes de humor sólo cierta capacidad de distensión, una divertida capacidad de hacer bromas. Los comentaristas necesitan de amplias agendas, los humoristas tan sólo afilaminas. La legislación no nos considera creadores de la obra audiovisual. Esto no es un mero capricho de un celoso inspector sino que pone al descubierto el problema de fondo en términos legales. El problema tiene ramificaciones en todos los campos. En la educación, lo gráfico y el dibujo se enseñan como meros juegos decorativos sin plantear la más mínima redacción de contenidos visuales. Se juzga la expresión artística que elabora cada alumno desde lo “expresivo”, desde el genio personal sin un análisis básico de los rasgos comunes para fundamentar unos códigos de comunicación a compartir. No tiene lo gráfico categoría de lenguaje, además los verdaderos artistas deben buscar su propio lenguaje (condición fundamental para lograr la definitiva incomunicación). Los que no sabemos escribir comunicamos ciertos conceptos con imágenes que tradicionalmente es la “biblia” de los analfabetos. Las obras de arte sólo se pueden interpretar desde la primacía de los textos escritos. La historia comienza con la escritura y no antes. Y los grandes maestros del mundo del arte, Picasso en nuestro caso, no son dibujantes sino pintores, autores de “artes mayores”. Y para terminar este indice de casos quiero apuntar a nuestro propio campo editorial. Ningún periódico español, desconozco la realidad europea, tiene un mínimo párrafo dedicado a la gráfica de opinión, al “cartoon editorial” en expresión anglosajona que aquí tanto disgusta, en los relevantes “libros de estilo”, manuales del periodismo que ejercemos.

En mi experiencia personal, por edad ya bastante larga, he tenido una amarga experiencia en la Audiencia Nacional en 1986. Estaba ante un tribunal de categoría, no un mero juzgado de primera instancia, local y marginado. No puedo negar que sangro por mi propia herida. En juego estaban varios años de cárcel por unas caricaturas que había hecho sobre el gobierno socialista de entonces. La revista El Cocodrilo traía en portada un artículo escrito sobre el Rey que la fiscalía consideró delictivo. Como yo sí sabía escribir (aunque no me hicieron ninguna prueba) me caía la carga penal que atribuían al texto que ni yo firmaba ni con el que tenía nada que ver mi trabajo. No era director del medio ni redactor jefe o cosa parecida. Claro, como los escritores no sabían coger un lápiz no estaban implicados en la pena que se aplicaba sobre mis caricaturas. Sería lo más lógico desde las premisas de estar todo ello publicado en el mismo número de la revista según proclamaba la fiscalía. Era yo quién cargaba con la peor parte. El fiscal me hizo la pregunta de si alguien me había dado indicaciones sobre los contenidos del dibujo. Nunca hizo esa pregunta a los escritores. Tampoco se molestó en preguntarme si yo había marcado pautas a los redactores. La cuestión de fondo es esa, la comunicación gráfica no tiene capacidad propia. Claro, se aplica siempre en nuestra contra. Uderzo que sabe dibujar debería ser autor de los dibujos y como también sabe leer y escribir tendría que compartir la autoría de los textos. Los fiscales lo interpretan así. Los del fisco, que deben ser algo diferentes de los fiscales, lo leen al revés.

Todo mi último libro, Black&White está centrado en este tema. Algunos amigos, incluso en las recensiones que han publicado, me dicen con cariño que exagero. Yo insisto, vivimos en la llamada sociedad de la imagen y el gran público es un perfecto analfabeto audiovisual. Y me parece cosa muy grave, pero allá ustedes. Uderzo ha levantado la liebre. Debe ser nuestra batalla. Yo me alisto sin duda alguna entre sus filas. Al menos ya tenemos a Idefix y podemos ladrar. ¡Por Tutatis!.

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