Medusa

La otredad.
Vemos en la máscara la cara oscura de nuestro propio yo, el ego. Es también la sombra de “lo otro”, es el miedo a los otros misteriosos y desconocidos, es “todo aquello”. Lo extranjero como reflejo simétrico de la oscuridad de mi persona. Persona significa máscara, y se utilizaba en el teatro clásico con una doble finalidad, por una parte destacar, hacer más visible al personaje y por otra, para definir su verdadera naturaleza. Es decir, el papel exacto que cumple la caricatura (aunque no aparezca así en ningún diccionario). La máscara de Medusa nos presenta descaradamente lo que no queremos ver.
Es el negativo fotográfico tanto del héroe guerrero portador y vencedor de Medusa como de los dioses que lo encauzan. Es el negativo de Hermes, la facultad de paralizar es lo contrario del movimiento, facultad característica del dios. Es lo negativo de Atenea conocida también como la diosa de las serpientes, la mirada que petrifica en oposición a la sabiduría que nos abre caminos.

La primera y gran caricatura.
Si en la más remota antigüedad encontramos otras representaciones personificadas de la fecundidad femenina, de la mujer, de las diosas madre de la tierra, son imágenes muy diversas en sus formas y se modelan en múltiples posturas y actitudes. El rostro de Medusa siempre aparece en una invariable posición frontal y puede reconocerse por tanto como la primera caricatura de la historia. Con el carácter relativo que hay que aplicar a toda consideración de primera.
Aparece desde el s. VII a.C. en múltiples pinturas de alfarería, en frisos y ornamentos de arquitectura, en mosaicos, en monedas y sobre todo en los escudos de los guerreros.

La máscara del guerrero
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La máscara representa el terror en abstracto e implícitamente el reconocimiento del guerrero derrotado, era su auténtico doble. El poder del vencedor implacable hace ostentación “con-vencido” y condensa en sí mismo todo el fragor del combate, la narración entera de la victoria. Es un aviso frente a las posibles nuevas amenazas. Es la representación de la guerra para alejar la realidad de la guerra: es la primera guerra de la imagen.

Simetrías especulares.
La Gorgona define toda la fuerza y simultáneamente la más radical contradicción de la imagen: ante ella es imposible permanecer impasibles y a la vez nos paraliza.
Representa los valores polisémicos, la profundidad de los significados, las multiplicidades superpuestas y contradictorias características de todo lo imaginario. Medusa estaba embarazada de Poseidón, el dios de las profundidades marinas , y cuando Perseo secciona su cuello, por él nacen sus dos hijos: Crisaor y Pegaso. Crisaor el gigante de la espada de oro, representación de la milicia, de las armas. Y Pegaso, el caballo alado símbolo en especial de la poesía, en general de las letras y las artes. Un curioso juego de muñecas rusas, dentro de lo negativo se esconde lo positivo en un juego de simetrías con desdoblamientos sucesivos.

Arquetipo de la feminidad.
No es necesario extenderse demasiado para explicar el carácter claramente patriarcal del mito de Perseo y Medusa, para ver en la máscara de la Gorgona los arquetipos que los varones hemos construido sobre la imagen de la mujer y sobre su cautiverio. La bella princesa Andrómeda paga el castigo de la arrogancia de la madre Cassiopea, orgullosa de su belleza, y ante la “incapacidad femenina” para solucionar sus problemas llega el apuesto machito y resuelve el conflicto generado por la suegra. Los estudios de las corrientes feministas aportan nuevas interpretaciones. Afrodita concita la imagen idealizada de la virginidad y Medusa es la otra cara del espejo: la sexualidad que hay que castigar. Freud describe la decapitación de Medusa como símbolo de la castración. En Medusa nace el paralelismo que a lo largo de la historia se ha desarrollado entre los valores de la imagen y los valores de la mujer. Los estudios de mitocrítica y de antropología de lo imaginario de Gilbert Durand enriquecen el papel de lo femenino asociado a la noche, lo que denomina régimen nocturno. Precisamente Durand integrante del Círculo de Eranos, la escuela de estudios multidisciplinares de la segunda mitad del siglo pasado, será quién advierta hace 40 años, del profundo carácter iconoclasta, doblemente paradójico, de la sociedad occidental.

La representación de Medusa.
Lo común de las numerosas representaciones de Medusa es su gesto frontal. Muchas veces tiene la cabellera de serpientes y colmillos, pero en otras las sierpes están en su cintura o en otras partes del cuerpo. Es frecuente que saque su lengua afilada. En principio siempre aparece con rostro femenino, incluso como centauro, pero después pasa a ser varón, en general con barba, tal vez al acentuarse su definición como demonio. Recuerden que la estrella principal de la constelación (constelación de Perseo que contiene a Medusa) se llama el “ojo del diablo”. En los dibujos estelares se suele adoptar a la postura de Perseo y se representa en el justo momento en que corta su cabeza. En el románico es práctica común que se minimicen los rasgos diferenciadores entre el rostro masculino y femenino.

La cabeza seccionada de la Gorgona Medusa la encontramos en las portada especulares de Eunate y Olcoz. No cayó ninguna Perseida no, está tallada en piedra tal y como se muestra en las fotografías. Tenemos la imagen más inequívoca por lo característico de su mueca aterradora, la más “re-presentada” entre las culturas mediterráneas, entre las imágenes más extendidas y citadas en todo tipo de obras y épocas… y nadie, absolutamente nadie, la reconoce en la amplia literatura escrita a día de hoy sobre estas obras románicas. Nadie ha establecido ninguna connotación con esta figura ni directa ni junto a las posibles y distintas significaciones a las que puedan asociarse. Repito y constato: el más puro desprecio al valor de la imagen de nuestra cultura actual. Da terror. Medusa no, la castración de lo visual, digo (como Durand). ¡¡¡GRITO!!!.

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