¡Pasmao!

Esta mañana oí la noticia: Ya ha llegado a territorio nacional el primer preso de Guantánamo, un palestino sin antecedentes.

Hasta ahí nada novedoso. Ya nos lo habían advertido, y si somos incapaces de manifestarnos por la crisis de hoy, por los que sufren y pasan hambre hoy –las pensiones del futuro son importantes, pero aún mediatas, mientras que las necesidades de nuestros parados sí son inmediatas-, no me extraña que esta noticia nos deje indiferentes.

Lo que me indigna es cómo continúa la noticia: al preso le van a dar la residencia, una casa y un trabajo.

Por respeto a los lectores no transcribo mis pensamientos. Se resumen en una palabra: indignación.

Al hilo de la noticia he reflexionado sobre cuál puede ser el trabajo que puede conseguir una persona con semejante perfil: posiblemente no hable ni castellano, ni euskera, ni catalán, “tropecientos” años de experiencia como víctima de torturas en Guantánamo y dominio en el padecimiento de la ausencia de cualquier derecho humano.

Si yo fuera empresario, incluso aunque mi primo fuera un alto cargo socialista, me negaría a contratar a esta persona. Nada podría aportarme al valor añadido de mi empresa. Por ello, se me ocurre que tal vez sea el próximo fichaje como asesor del Gobierno.

Además algún ministerio cualquiera puede invitarle a que escriba un informe titulado “No ponga un Guantánamo en su vida” y pagarle una sustanciosa cantidad.

Y yo, mientras tanto, sigo matándome a trabajar para pagar un mísero alquiler y llegar a fin de mes. Pues eso.

Carlos Benito CBC

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