Menú del día para la crisis (i)

Desde antes del verano se palpaba un ligero debate respecto a las acciones que el ejecutivo debería abordar para poner freno a la tan cacareada crisis. Primero parecía que las voces dominantes abogaban para ayudar a toda costa al sector del ladrillo. Al poco, una brisa fresca traía mensajes de que no se iban a socializar las pérdidas, mensajes firmados por el partido en el poder. No voy a abundar en los argumentos que se han cruzado hasta nuestros días entre los que apelan por una postura u otra.

Escribo como ciudadano de a pie, con doctorado de no ser experto en nada, que se basa en lo no mucho que ha leído u oído en los medios de comunicación y que reconoce que no se ha “comido el coco” buceando en las aguas virtuales de Internet para marearse con cifras, benchmarking internacional, posiciones, porcentajes y otros chismes. Con esos ingredientes básicos, más un poco de sentido común, todo ello aderezado con mi sesgo ideológico, he elaborado una receta que quiero compartir. Platos de menú del día, advierto. Quien espere un menú a la carta Una Estrella Michelin… pues que cambie de post, ¡muy a mi pesar!

De entrante, para las economías familiares, ofrezco mucho optimismo.

No sé lo que pasará si actúa el gobierno americano. Ni idea de hasta dónde resistirá el sistema económico actual si los bancos centrales se meten las manos en los bolsillos. ¿Estamos en un punto de inflexión? ¿O más bien, en plena caída libre? ¡Entonces para qué preocuparme!

No quiero que seas el avestruz que se engaña a sí misma escondiendo la cabeza bajo la arena. Simplemente estate preparado, con todas las energías intactas, para actuar cuando sea necesario. Y la única espera no destructiva es la que va cargada de esperanza, confianza y optimismo.

Y el entrante lo voy a acompañar con una copa de prudencia financiera, como aperitivo.

No importa lo que hayas hecho hasta ahora. Aguanta en el punto donde te encuentres. No te endeudes ni un céntimo de peseta más. Ahorra, si llegas a fin de mes. No dejes de llegar a fin de mes para ahorrar. Consume, en unos límites tolerables, mientras cumplas con las anteriores premisas. Aperitivo difícil de preparar, pero si encuentras el punto justo en todos los componentes de la bebida, habrás dado un paso importante.

De primer plato, para la economía nacional, ofrezco nacionalizar el sector del ladrillo.

Se oye que ésta es una crisis financiera. En total desacuerdo. Esta es una crisis inmobiliaria. La crisis empezó cuando la burbuja inmobiliaria explotó. Sin este bluf de la burbuja del ladrillo, los bancos se hubieran seguido recreando con las hipotecas subprime. Si estos dos últimos años los precios de los pisos hubieran seguido subiendo una media del diez por ciento, nadie estaría hablando de crisis. Los especuladores seguirían en los ladrillos y no habrían huido a las cosechas, los precios no hubieran subido, el euribor seguiría por cauces normales y los bancos prestándose dinero entre ellos y aprovechándose del ciudadano medio.

Hace semanas me indignaba que las pérdidas se socializaran cuando tenían nombres y apellidos tan evidentes. Ahora reconozco que puede ser la única solución.

Pero no debemos regalar nuestros impuestos a los de siempre. Ellos jugaron y apostaron. Durante muchas manos se han reído de todos nosotros, han incluso reventado la banca. Ahora la suerte les dio la espalda y la banca debe ganar. ¡En qué casino se ve que la banca muestre compasión!

Y la única forma viable es la nacionalización. Yo papá estado me quedo con todo. Con los trabajadores, con el suelo, con las promociones y con el pasivo. ¡Las deudas ya las estoy asumiendo de una forma u otra! Los contratos blindados de los miembros de los consejos de administración los rompo. A la calle, sin un duro. Las indemnizaciones por encima de la ley de los directivos a la basura. A la calle, con los mismos derechos que un albañil. ¡Y el que se mueva se enfrentará a una fiscalía especializada creada para estos fines! Se acabó el cachondeo. El capital, esto es las acciones, expropiadas a valor cero. Sólo vería la posibilidad de poner en marcha un instrumento transparente para salvar del desastre a los accionistas minoritarios.

Suelo y promociones en curso, trabajadores en plantilla, a toda máquina. ¡Más madera!, diría Groucho. Con el objetivo inmediato de poner viviendas en el mercado de protección oficial, a precio de coste más un margen razonable y un impuesto especial razonable. Así se pararía la sangría de parados, posiblemente se revertiría la tendencia del paro en el sector de la construcción e industrias auxiliares. Menos paro, más consumo inducido y un flotador para todas las industrias.

Repito, muy importante, precios de la vivienda a precio de coste más un margen razonable –para la reinversión en estas nuevas empresas estatales- y un impuesto especial razonable –para papá estado-. Eso significaría hipotecas baratas, asequibles, garantizadas por el estado. El control de créditos de las hipotecas correría a cargo del estado, no de la banca. El sector financiero no se negaría a poner esos recursos en el mercado a precios razonables bajo el argumento de el que se mueva no sale en la foto –recordemos que el sector financiero ya está recibiendo suficiente apoyo mediante los bancos centrales y tal vez el gobierno americano como para argumentar dificultades-. Más hipotecas suscritas, más confianza en el sector financiero.

Todo esto exigiría un importante endeudamiento de papá estado. He leído estos días que en el mercado internacional el Estado español es ahora poco menos que un apestado. Nadie quiere prestarle un duro. La razón es clara. Todo pinta muy mal. Pero si se viera un gobierno activo, con ideas claras, con planes en marcha, siendo líder en la reconstrucción del cataclismo en el que se ha sumido, entonces sólo entonces, el mercado internacional creería en el Estado español y le aportaría los fondos que necesita –los estados árabes son amigos, pero no tontos, y sólo necesitan indicios y garantías de que les van a devolver el dinero que presten-.

Este primer plato lo acompañaríamos con un caldo de control extremado.

Se ha dibujado un panorama de nuevas promociones y nuevas hipotecas baratas. No olvidemos que existirán pisos en propiedad carísimos e hipotecas por las nubes.

Hubo quien, siendo consciente de ello, se dejó engañar y se metió en berenjenales de los que sabía que difícilmente podría salir. No, rectifico. Nadie se dejó engañar. Eran especuladores de poca monta. A principios de los 2000, cuando yo vivía en México, tenía amigos catalanes que confesaban que habían ido a México con un contrato de desplazado por dos años para hacerse con un pequeño capital, que su plan era, al volver, comprar un piso bajo plano en la Diagonal barcelonesa, pagar la entrada con lo que habían ahorrado en México, firmar la hipoteca, y cuando les dieran las llaves del piso, sin estrenarlo, venderlo y sacarse de cincuenta mil a cien mil euritos limpios en poco más de un año. Mis amigos no eran una excepción. Volvamos a la alegoría del casino. La burbuja inmobiliaria se creó a base de especuladores puros y duros, blanqueo de dinero y miles de españolitos de a pie especulando al máximo de sus posibilidades patrimoniales. La suerte les ha dado la espalda ahora, pues a empezar de nuevo.

¿Que habrá familias enteras que se declaren en quiebra y tengan que empezar de cero? ¿Que habrá familias enteras que tendrán que reducir su nivel de vida hasta límites insospechados para llegar a final de mes? Que les pregunten a los albañiles, y no albañiles, en paro cuánta pena les dan. Los puros especuladores y los que han blanqueado dinero y tienen los pisos vacíos que los vendan al nuevo precio de mercado o que se dediquen al cultivo del champiñón. No creo que sus problemas deban interesar a nadie.

Eso sí, habrá que poner en marcha planes de solidaridad social –nunca rescate- para todas estas familias especuladoras de poca monta que vean quebrado su patrimonio.

Volvamos al control extremado. La especulación ha sido el origen de la burbuja. Si hemos tenido que tomar aceite de ricino o nos han tenido que hacer un lavado de estómago, ¡no volvamos a indigestarnos de igual modo!. Así que habrá que poner en marcha herramientas de control transparentes para impedir que la especulación vuelva a hacerse dueña del mercado.

Y control extremado transparente para que no accedan a esas ayudas sociales, que comento en el penúltimo párrafo, los meros especuladores o los blanqueadores de dinero.

Para todos aquellos empresarios y familias empresarias, con nombres y apellidos conocidos, tanto del sector inmobiliario como de la banca que nos han llevado a este punto del camino, se les debería advertir que a partir de este momento Hacienda y la fiscalía correspondiente van a poner mucho más celo en auditar sus cuentas y las de sus empresas. Y recordarles que Al Capone –ni se me ocurre hacer comparaciones- acabó entre rejas por cuestión de impuestos.

Como hay que preparar el segundo y el postre, me despido hasta el próximo post.

Carlos Benito CBC

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