Y llegó el despido libre y gratuito

Yo también tengo un primo.

Quien más quien menos casi todos tenemos ese primo increíble que se ve envuelto en las situaciones más ridículas. Ese primo que se enfrenta a problemas de los que la gente normal no quiere ni oír hablar. Ese primo que lleva a cabo acciones inconfesables a su pareja, a la familia, a su jefe y a algunas amistades. La vida de nuestro primo es, ni más ni menos, todo lo que nos avergonzaría contar en primera persona.

El otro día me llamó para tomar una cerveza. Tenía algo que contarme.

“He estado en Comisiones Obreras”. Me espetó a bocajarro. “No tranqui… no fui a afiliarme. Por lo del curro… ya sabes. Quería que me asesoraran”.

Sus manos mostraban nerviosismo. Se me estaba confesando y temía ser juzgado. Por lo que yo sabía de él, siempre había vivido sin sindicatos o, más bien, los sindicatos habían pasado de él, ya que ni su trayectoria profesional ni su sueldo eran precisamente los del currito. Ignoraba lo que votaba, le sabía harto de políticos, pero siempre supe que tenía un corazón proletario, de izquierdas.

“¡Vaya! ¡vaya!… Eres como Indiana Jones. De la paz del claustro de profesores a la aventura del látigo y el sombrero… de tu sillón de ejecutivo al mismísimo sindicato comunista… no tienes punto intermedio”. Ciertamente estamos en crisis. El mundo patas arriba.

Mientras me contaba que lo de Comisiones Obreras parecía más una multinacional que un sindicato, el brillo de sus ojos no ocultaban envidia. Todo un edificio para ellos solitos en Vía Laietana, pasillos interminables con despachos y despachos, secretarias por doquier, actividad y ajetreo. Le cambia el semblante cuando insinúa que la crisis de verdad la viven los trabajadores de a pie, que los sindicalistas allí tenían trabajo y se les veía a todos risueños y felices. Ni una media sonrisa, ni una cara triste.

Ahora entiendo yo por qué los sindicatos callan en estos tiempos y arriman el hombro con el gobierno.

El asesor del sindicato que le atendió le ha mostrado un horizonte muy negro. Primero ha de mover ficha la empresa, le dice. Si le dan la carta de despido con los cuarenta y cinco días que le corresponden, se puede dar con un canto en los dientes. Porque todo pinta, le advierte de acuerdo a los hechos que él ha expuesto, a que la empresa le va a presentar una carta de despido objetivo, alegando situación financiera insostenible debido a un descenso brusco de las ventas y blablablá, con una indemnización de veinte días por año trabajado, que posiblemente se niegue a pagar. Si la empresa no paga o mi primo no está de acuerdo con los veinte días, habrá que ir por el largo y tortuoso camino jurídico. Después de la resolución judicial, el expediente acabará en el Fondo de Garantía Salarial (FOGASA) que pagará cuando quiera y mucho menos que lo que el juez haya decidido. Entre pitos y flautas el asunto se puede alargar año y medio.

Sin creer lo que estoy oyendo, recapitulo el peor de los escenarios: la empresa le despide y no le paga un duro; y al final el FOGASA le entrega una propinilla con sus propios impuestos.

Mi primo me interrumpe y añade que el acto de conciliación –parece ser el primer asalto jurídico en todo este combate- duraría cerca de un mes y que mientras tanto no se podrá apuntar al INEM.

¡Glorioso!… más facilidades.

Como siempre, mi primo se ahoga en un vaso de agua. Y se lo hago saber. Ambos sabemos que su empresa, aunque ahora esté pasando apurillos, tiene una aceptable salud financiera y que puede pagarle su indemnización y cien más.

Es entonces cuando se me derrumba el primo. Le ha dicho el asesor que corresponde al trabajador demostrar ante el juez que la empresa sí es solvente.

No tengo nada que responder. Simplemente le doy una par de palmadas en el antebrazo y me sumo en mis propias cavilaciones. Lo tiene realmente difícil. ¿Qué trabajador puede demostrar la solvencia de una empresa? Alguno del departamento financiero y pocos más.

“Siempre cabe que no te hayas enterado bien o que el asesor que te atendió no tenga mucha idea”.

“Siempre cabe que alguien nos haya estado engañando hasta ahora y que el despido libre y gratuito ya sea un hecho en España”, me responde.

Sin réplicas. Medito. La derecha y los empresarios pidiendo más flexibilidad laboral, que se concretaría en el despido gratis, cuando ya es una realidad hoy en día. ¡Puros fuegos de artificio para distraer al personal! El gobierno y Zapatero hablando de solidaridad a los que lo van a pasar mal, cuando permite que el despido gratuito y este FOGASA esquilmen al trabajador. ¡Mientras no se enteren, votos para el zurrón!

Ganas me dan de emborracharme con mi primo.

Carlos Benito CBC

&

su primo

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