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Los tres palos de la baraja

2014 diciembre 7
por IÑAKI CERRAJERIA

 

MOBILIARIO URBANO por ÁNGEL RESA

Con la historia de las derechas en Álava, Rivera y De Pablo abrochan la trilogía que completan el nacionalismo y las izquierdas

La Casa de la Cultura colocó el jueves el barómetro social en la pared para transformar  sospechas en certezas y admitir que algunos temas abren un abismo entre generaciones. Los catedráticos de la UPV Antonio Rivera y Santiago de Pablo presentaron el desenlace de una trilogía histórica que peina las tendencias y los poderes ejercidos en Álava durante los dos últimos siglos. Después de sendos volúmenes dedicados a analizar el influjo de las izquierdas y del nacionalismo vasco en el territorio, ambos especialistas de los avatares contemporáneos desgranaron la fuerza tradicional de las derechas. Han escrito un volumen que casi dobla el grosor de los anteriores. Sencillamente, como manifestó Rivera, porque los representantes del conservadurismo han manejado los mandos político y económico a lo largo de muchos más años que sus rivales ideológicos.

De existir taquillas como en los estadios de fútbol, la sala del edificio que honra a Ignacio Aldecoa habría pegado sobre el ventanuco el cartel de ‘no hay billetes’. Todo el cuerpo central de butacas repleto, igual que las sillas habilitadas junto al muro y gente de pie al fondo. Llenazo de reventa que demuestra el interés de personas ya talluditas hacia los asuntos públicos y el poso de la historia. Casi nula representación de jóvenes entre la concurrencia,  quizá porque sus vidas se conjugan en presente continuo y futuro (im)perfecto, no en un pasado del que apenas han escrito un párrafo. Ignoran, con el pecado propio de la edad, que todo cuanto sucede ahora es la consecuencia de lo que antes hubo. Tal vez les interese el devenir de acontecimientos pretéritos el día que una empresa del sector arroje sobre el ávido mercado de los videojuegos alguno sobre la materia.

El éxito de la convocatoria del jueves viene a demostrar que al personal de cierta edad le importa la política como modo de ordenar las relaciones sociales porque los intereses contrapuestos necesitan un sistema donde apoyarse. Otro tema es la degeneración de los asuntos comunes por algunos profesionales de la cosa pública que se reparten entre las siglas conocidas. El hartazgo ciudadano por el hacer burdo y extendido como la mancha del aceite no implica una renuncia a entender y valorar la organización de la sociedad. Ni a minusvalorar el peso de la historia, una cadena cuyos eslabones anteriores sirven para explicar realidades presentes.

Desde luego, el mérito de congregar a tanta audiencia en un acto corresponde al contenido de la propuesta. Pero también, indudablemente, a la talla de ponentes y acompañantes. Las publicaciones de Rivera y De Pablo llevan cosidas a la solapa la etiqueta del rigor. Y también la editorial, Ikusager, aporta su cuota de valor añadido. Flanqueando a los autores de la obra -la que abrocha el círculo de ideologías sobre el suelo de Álava- estaban Ernesto Santolaya, responsable del sello literario, y Ramón Rabanera, delegado de una de las familias que han representado tradicionalmente a las derechas en la provincia. Y ambos proporcionan juego.

Santolaya es un alma libre con la pasión de editar. Una avalancha dialéctica, un discurso acerado, una expresión rebelde, un cierto orden en el caos, un hombre que no entiende el dicho viejo de los pelos en la lengua. Se ciñó más o menos al tiempo disponible porque si no existieran relojes hablaría hasta la noche misma del juicio final. Siempre escucha uno algo divertido en las palabras de Ernesto, un volcán que cubre de lava el valle. Y también encuentra motivos para la sonrisa cuando oye a Rabanera, un político –al margen de ideologías- sin complejos entre tantos colegas acomplejados y pendientes del qué dirán. En estos tiempos de más enemigos que rivales y ascuas en torno a la sardina propia agrada la contemplación de una mesa bien avenida. Un señor de derechas con buena mano para conciliar pensamientos distintos, un editor de rompe y rasga que llama pan a la hogaza y vino al fruto de la vid y dos historiadores que han tocado todos los palos de la baraja. Que también Heraclio Fournier aparece en nueve páginas de ‘Profetas del pasado’.

 

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