El macho y el torero gay

Este es uno de esos momentos en los que la realidad gana al más imaginativo de los creadores. Vamos a ello. En esta entrevista que hoy publica LATimes se habla de la biografía de un torero, Sidney Franklin, gran amigo de Hemingway. Franklin era judío, hijo de un policía de Broklyn. Se hizo matador en México y acabó en España. No he encontrado gran cosa de su historial hispano, pero parece que en 1936 era el asistente de Hemingway cuando éste andaba por las plazas españolas buscando material para sus novelas.

En más de una ocasión he leído que el machismo exacerbado de Hemingway, su imagen de matahombres boxeador, bebedor, cazador etc…no era sino la máscara de alguien que reprime su homosexualidad. En este resumen de la biografía americana de Franklin -apodado ‘la espada de doble filo’- se menciona la propia situación del torero, “un gay en el más masculino de los mundos”.

Al parecer, Hemigway y Franklin compartían cama en los viajes por España cuando las circunstancias lo requerían. Supongo que la tensión de ese momento daría para un buen relato corto.

Por fin, un político que sabe de qué va

El alcalde de Reikiavik, el cómico Jon Gnarr, ha obligado a los socialdemócratas a ver The Wire si quieren pactar con él la alcaldía. Aquí pueden leerlo. (Gracias Mar, por el dato)

Si alguien piensa que es una frikada, lleva parte de razón. La historia de Gnarr así lo demuestra. Pero es algo más. Obligar a un político a ver The Wire es lanzarle varios mensajes. Supongo que Gnarr diría algo así:

1) Si no la has visto, es que te interesa relativamente la realidad. El mundo es más que tu ombligo.

2) Cuando la veas, entenderás que sé de qué va la corrupción. Sé que tengo que tener cuidado contigo, político profesional, porque estás dispuestos a cometer unas cuantas burradas con tal de seguir en el poder y que, en realidad, tu pueblo te importa muy poco.

3) Sé que los que quieren cambiar las cosas lo llevan muy crudo. Pero eso no significa que no vaya a intentarlo.

4) Sé que hay gente honrada que, en un momento dado, puede ponerla las cosas muy mal a los corruptos. Ojo conmigo.

En fin, espero que sea algo más que una frikada. Hay les dejo el vídeo de Treme, el nuevo producto de los creadores de The Wire.

Ficción militar en España

¿Tiene sentido la ficción militar en España? El anuncio de que Telecinco va a rodar una serie sobre la presencia militar española en Afganistán me sugiere esa pregunta. Cuenta con el apoyo del Ministerio de Defensa así que es complicado creer que va a entrar a degüello en cuestiones como los medios con los que se envían las tropas a Afganistán, la claridad política de las órdenes que reciben los militares, el propio sentido de la presencia en el país o la relación con Estados Unidos.

En una primera impresión, la sensación es que no seguirá la estela de una serie como ‘Generation Kill’ , de David Simon, que fue criticada por el Pentágono y que muestra el desconcierto y la desorganización de la invasión de Irak por parte de los Marines norteamericanos. ¿Veremos en España casos de soldados que se han comprado el material en Ebay porque el que proporciona el Ejército era de pésima calidad? ¿Nos contarán cómo se intenta ocultar la muerte de civiles? La HBO sí lo hizo.

Pero además, hay otro componente. En España, el interés por las cuestiones militares está al nivel de menos cero. Por distintos componentes -la Guerra Civil, la ‘mili’, los nacionalismos, las propias actuaciones de los militares, el éxito de la insumisión- se trata de una profesión que no despierta especial pasión. Las noticas sobre cuestiones militares, por ejemplo, son residuales en los medios de comunicación.

A lo que quería llegar. ¿Tiene futuro una serie ambientada en el mundo militar en un país en el que la ficción sobre el Ejército de más éxito ha sido ‘Historias de la puta mili’?

Va de retro


Imelda May es un terremoto. La cantante irlandesa actuó el viernes en Vitoria, en uno de los conciertos más interesantes del ARF. Arriba tienen una de las canciones que interpretó en directo. Les aviso. En el vídeo oficial -imposible reproducirlo aquí- la secuencia comienza con una imagen de la portada del ‘Adiós a las armas’ de Hemingway, un toque cultural que probablemente conseguirá que prohiban el vídeo en varias cadenas de televisión.

Una de las imágenes que me intrigó del concierto es la invasión de una nueva estética rockabylly siniestra. Una especie de retro que se actualiza con toques góticos. Tatuajes de esqueletos con naipes y anillos de calaveras.

Los 50’s se están recuperando, no sólo en la moda, sino también en la música. Algunos de los grupos de éxito que renuevan la banda sonora de aquellos años son los alemanes The Baseballs, en su versión más comercial, o Kitty Daisy and Lewis , en su lado más exquisito. Además de la propia Imelda. Es curioso que sean los europeos los que relancen a los clásicos norteamericanos. En el fondo, los yankees siempre han fascinado, incluso a quienes les odian.

Haciendo una interpretación quizás demasiada sencilla me parece normal la llegada de una moda retro que nos conduce a los años en los que todo estaba a punto de saltar por los aires pero la gente no lo sabía e intentaba ser feliz. Los cincuenta vistos como paso previo a la Guerra Fría, Vietnam, Cuba, el mundo a punto de partirse en dos por La Bomba, las crisis del modelo de sociedad, la revolución en ciernes y todo eso.

Quizás estamos viendo la estética del fin de una era y la crisis nos ha colocado ya en las puertas del cataclismo. Mientras tanto, disfrutemos de Imelda. Ahí va otra.

Siempre hay una esperanza

No es posible tanta belleza.

Una canción se hace mayor

‘H-D-H,’ son las siglas de Lamont Dozier y los hermanos Brian y Edward Holland. La cantidad de hitos de la música que compusieron es brutal. La historia del pop y del soul no sería la misma si estos tres personajes no hubieran nacido.

En 1966, The Supremes grabaron esta maravilla de ‘H-D-H’: ‘My word is empty without you’.


La canción resume el espíritu de ‘H-D-H’. Ese tono épico, casí próximo al muro de sonido de Spector, mezclado con una letra intimista y dolorosa. Una especie de tango sesentero y soul. La tristeza que se baila, vamos. Si buscan entre los individuos que la han cantado verán que la han tocado desde Stevie Wonder hasta José Feliciano.

Aquí tienen una reinterpretación de esta cima del soul por Lee Fields, uno de los artistas del ‘neo-soul’.


Es casi una deconstrucción del tema original. El coro se convierte en un salmo hipnótico mientras Fields eleva el ritmo de la canción. La vibración de los violines presupone un drama. Pone los pelos de punta.

No sé cuál será el secreto de partituras que, 44 años después de haberse escrito, no pierdan ni un sólo ápice de fuerza.

No puede evitar poner otro vídeo de ‘H-D-H’ con las Supremes. La propina, si han llegado hasta aquí.

Dostoievski, Lakua y el póker

Dostoievski es uno de los grandes ludópatas de la historia de la literatura. Probablemente, todos sus dramas de redenciones y castigos no pueden ser entendidos sin tener en cuenta su pulsión por el juego. El dijo: «En lo que a mí respecta, a lo largo de mi vida no he hecho más que llevar al extremo todo aquello que vosotros habéis dejado a la mitad». Aquí pueden leer ‘El jugador’, una obra clave para comprender lo que supone poder la vida en manos de un giro del azar.

Sin embargo, el Departamento de Interior del Gobierno lo ha elegido como el autor de una las grandes frases que alienta su campaña a favor del juego responsable . «En toda situación es posible comportarse con dignidad. Si hay lucha, que sea noble y no humillante», se lee en uno de los carteles. Dentro de una campaña con consejos realmente prudentes, indispensables, así que el que hayan recurrido a esta frase se me hace extraño. En un primera lectura, creo que lo que está aconsejando Interior es que no se hagan trampas.

Sin embargo, la frase más peligrosa de toda la campaña es la que ha ilustrado los carteles rojos que han llenado las calles. El lema es: «El destino se puede cambiar». Para muchos jugadores, esa esperanza es la que engancha al juego. Y casi nunca se puede cambiar el destino si sólo se confía en las cartas, la ruleta o los dados.

Abajo les dejo el trailer sobre la mejor película de todos los tiempos sobre los demonios del juego, el destino y la pasión. Verán que este es un asunto peligroso, entre otras cosas, porque tiene glamour.

Hopper

Uno de los enigmas de Dennis Hopper es saber cómo consiguió llegar a los 74 años con la cantidad de excesos que se le atribuyen. Su muerte, por otro lado, le alcanza en un momento en el que su papel en la historia del cine ya estaba escrito y archivado. En mi opinión, desde ‘Terciopelo azul’ ya sólo era un profesional de nivel, pero sin la alta tensión que había transmitido hasta entonces.

En ‘Moteros tranquilos, toros salvajes’, el ensayo de Peter Biskind, sobre el cine desde Easy Rider hasta los 90, se insinúa que la decadencia de Coppola está relacionada con el consumo de pastillas para combatir sus problemas psiquiátricos. No sé si con Hopper sucedió lo mismo. En estos casos siempre me hago una pregunta: Si ciertos talentos dependen de una radical y única forma de ver el mundo -lo que les convierte en inapatados y les hace sufrir-, solucionar esa alteración, ¿permite mantener el genio?

En cualquier caso, seguro que Hopper disfrutó de la vida.

Los muertos – Lost

El azar me ha puesto en las manos la novela de Jorge Carrion ‘Los muertos’ al mismo tiempo que ‘Lost’ ha finalizado. Curiosamente, el título del escritor tiene una extraña coincidencia con el capítulo final de ‘Perdidos’. Pero, como creo que decía Jack en la serie de ABC, no confundamos la casualidad con el destino.

Carrión, al que se la incluye en la denominada ‘generación Nocilla’ para su disgusto, ha creado una gran historia sobre la ficción, la realidad y las series de televisión. Incluye un par de buenas reflexiones sobre obras como ‘Lost’ o ‘The Wire’, es original y se lee de un tirón. Es muy recomendable pero exige un esfuerzo.

Su novela concluye de una forma que voy a plagiar a la hora de imaginar el mejor desenlace posible para ‘Lost’.

¿Cual sería el final más tremebundo? Pues que ahora los creadores desaparecieran. Se esfumasen. Que J.J. Abrams, Damon Lindelof y Jeffrey Lieber viajaran hasta una isla que han comprado con sus ganancias y allí se les perdiera la pista para siempre. La realidad se confundiría con la ficción y estallaría el mejor giro argumental posible. De vez en cuando, alguno de ellos podría aparecer en Youtube dando pistas o en una imagen de Google Earth. La tecnología multiplicando el misterio.

Bueno, les dejo con un vídeo cuyo título es el más adecuado para una historia con desaparecidos y viajes en el tiempo. ‘Where or when’ Dónde o cuando. Es Frank.

Lost, esperado y evitable

Imagine que alguien le invita a una comida maravillosa. Y no en un lugar cualquiera, sino que tiene lugar en algún espacio mítico, espectacular. Pongamos que se trata de un menú exclusivo creado por Ferrán Adriá y servido en una villa en la orilla de algún mar especialmente azul. Vendría al pelo que fuese en Hawai. Una terraza con mesas de mármol, brisa marina, viandas exquisitas. Mariscos gallegos. Rioja de reserva. Y entonces, a los postres, le sirven un ‘bollycao’ y, además, de marca blanca.

Y así ha sido el final de ‘Lost’. Después de seis temporadas llenas de sorpresas y tramas complicadas, de personajes extraordinarios, de giros de guión de aplaudir a la pantalla…te tiran a la cara ese final tan poco original. A las ocho de la mañana, según iba acercándose el final del final, no podía dar crédito. ¿Cómo es posible que unos artistas tan imaginativos como para haber creado una serie mitológica simplifiquen de tal forma una trama de culto? ¿Todo se limita a ese ojo cerrándose? No comentaré más para no dañar a quienes no lo han visto…pero el asunto es grave.

Aristóteles, en su ‘Poética’, dice que los finales de las obras dramáticas tienen que ser «inesperados e inevitables». En cierta forma, ese es el canon que diferencia una obra de arte de una patochada. El último fotograma de ‘Lost’ es esperado y evitable. Esperado, porque desde la primera temporada era una de las posibles explicaciones que se había dado a la historia de la isla y de los supervivientes del Oceanic 815. Hace seis años, ya se venía venir.

Evitable, porque había suficientes historias cruzadas como para buscar un argumento que ponga el cierre a la serie sin recurrir a una salida que muchos escolares emplean en sus redacciones. Es una estafa.

Aquí les dejo el final de ‘The Wire’. Como creo que esta serie se come por los pies a ‘Lost’, la considero un ejemplo. Este final me emocionó. Tiene además, un punto de ajuste de cuentas con los distintos personajes de la trama y también con la propia biografía del creador:David Simon. En una reciente entrevista, Simon aseguró que el periodismo actual en Estados Unidos era un oficio de «usureros y de putas». El mismo dejó la profesión para crear una serie de televisión irrepetible en la que volcó todo lo que había aprendido como simple redactor de sucesos. El capítulo final de ‘The Wire’, dedicado precisamente a los medios de comunicación, es la broma más pesada que se puede hacer sobre este oficio. Y la música es maravillosa.

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