Violencia y más violencia

Guatemala es el cuarto país más violento de Latinoamérica”, con un índice de 28.5 homicidios por cada cien mil habitantes. Los países que tienen la desdicha de estar a la cabeza de este ranking son El Salvador (48.8), Colombia (43.8) y Venezuela (29.5).Sin embargo, estos índices a su publicación ya resultan desfasados. Se trata de un estudio elaborado por la Red de Información Tecnológica Latinoamericana (Ritla) con datos hasta 2004… y aunque dibuja una realidad, echando la vista a la evolución desde 10 años atrás, han pasado 4 años.

Como referencia es interesante, pero no son necesarias estadísticas para apreciar la constante inseguridad y la violencia estructural de la región centroamericana, siempre “justificada” por su historia reciente y la cercanía en el tiempo del conflicto armado.

En declaraciones del Presidente Álvaro Colom, el pasado 24 de abril existen grandes avances ya se han disminuido los robos de autos y en las calles. Los homicidios pasaron de 17 diarios a sólo 12.8”. Sin comentarios…

No solamente es impactante el número elevadísimo de muertes, sino la sangrienta forma que tienen de terminar con la vida de otras personas. El pasado fin de semana, tras un traslado de presos pertenecientes a pandillas a una cárcel liderada por otra mara rival, hubo una revuelta. El resultado fueron 7 presos muertos, a los que dentro de la cárcel, otros reos dispararon, decapitaron exhibiendo sus cabezas como trofeo y quemaron…

Sería un error reducir el problema de la violencia únicamente a la existencia de maras, mientras los asaltos violentos continúan y los homicidios juveniles van en aumento. Sólo en la capital tenemos registros de al menos dos adolescentes muertos al día, lo que nos da un resultado de hasta 60 al mes”. Resulta inquietante apreciar la normalidad con la que los y las ciudadanas guatemaltecas conviven con estas noticias y este grado de violencia. Es asumido conscientes de la falta de medios (y generalmente también de preparación) de la policía, en muchas ocasiones implicados en robos, amenazas y asesinatos. Las exigencias al gobierno son inconstantes, llevados por la interiorización del problema como algo “natural”.

Sinceramente, yo no tengo una solución milagrosa, pero sé que es necesario centrarse e invertir en oportunidades. Mucho del problema es educacional, ligado a la desmotivación social, la impunidad de los actos delictivos y la pasmosidad con la que las autoridades se quedan mirando mientras la población se mata unos a otros.


Llevaba días pensando en sentarme y escribir sobre la violencia en Guatemala, sin embargo, los atentados en Bombay me han impulsado a hacerlo y no dejarlo pasar. No podemos, ni debemos seguir callados ante semejantes actos, no podemos “anestesiarnos” antes estas noticias… es responsabilidad nuestra reflexionar, al menos, en que mundo vivimos y hacía donde vamos.

Otro día negro que se une al suma y sigue…

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elcorreo.com

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