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“Creo en la convivencia entre Occidente y el Islam”

2013 julio 4

DEEPA MEHTA  DIRECTORA

 

 

 

La cineasta india más reputada lleva al cine “Hijos de la medianoche”, el novelón de Salman Rushdie que repasa la historia reciente del país.

 

“Fuego” sufrió en 1998 el boicot de grupos fundamentalistas en Bombay y Nueva Delhi porque versaba sobre una relación homosexual entre dos mujeres. Años después, el rodaje de “Agua” se tuvo que suspender por el ataque de colectivos religiosos radicales en Benarés. Deepa Mehta (Amristar, India, 1951) pudo filmar la película en Sri Lanka con un reparto distinto, un esfuerzo que se saldó con la nominación al Oscar en lengua extranjera.
Presentada en la pasada Seminci, “Hijos de la medianoche” adapta el novelón de Salman Rushdie, tan admirador de la obra de Mehta que le cedió los derechos por un solo dólar. La cineasta india más reputada reclutó al escritor como guionista de esta saga épica que arranca con dos bebés intercambiados al nacer el 15 de agosto de 1947, el momento justo en el que India se independizaba de Gran Bretaña. El filme se estrena el 5 de julio en España.

 
- Leyó “Hijos de la medianoche” por primera vez en 1982. ¿Por qué esperó tantos años para llevarla al cine?
- Quizá parezca muy vieja, pero en aquella época yo era una estudiante y todavía no hacía películas, ja, ja. Rushdie escribió la primera novela que convirtió el idioma inglés en indio, creando algo nuevo que llamamos “hinglish” (contracción de hindi e inglés). Es la primera gran novela épica postcolonial sobre el país. Habla de cómo nuestra historia informa el presente: somos de donde venimos.

- ¿Qué le dijo Rushdie cuando vio la película?
- Yo estaba nerviosísima. Me senté detrás de él durante la proyección y salí varias veces porque no hacía más que observarle. Cuando acabó, él estaba llorando. Al empezar a trabajar le pedí que apuntara en un papel qué debía aparecer en la película, porque la novela tiene más de 600 páginas. Yo hice lo mismo, y al comparar habíamos coincidido en todo.

- ¿Le asustaban los elementos de “realismo mágico” de la obra?
- Cuando Salman me dijo adelante, mi primera reacción fue: “¡Dios mío, cómo voy a adaptar esto!”. Quise abordarlo desde la pasión, de un modo instintivo. No podía asustarme por ninguno de los aspectos del libro. Tuve en mente lo que hizo Emir Kusturica en “El tiempo de los gitanos” y los “Cuentos de la luna pálida” de Mizoguchi. La magia surge en estos filmes como si fuera un aura de los personajes, sale de su interior, no como en “X-Men” y “Harry Potter”, donde la gente puede volar. La magia que me interesa explora el potencial del ser humano.

- ¿Quiere que el espectador occidental piense en la turbulenta historia reciente de India o que se quede con el exotismo?
- Creo que una cosa no funciona sin la otra. Toda la película trata sobre mi país y es política, pero también es una visión muy personal y emocional. Mi director favorito, Luis Buñuel, decía que cuando eres muy específico te conviertes en universal.

- La religión juega un papel importante en su cine. A los ojos occidentales, las religiones orientales se ven muchas veces como un lastre para el desarrollo de esos países.
- La religión puede ser un impedimento si es fundamentalista, cuando se convierte en lo único de la vida de creyentes que no se dejan guiar por su cabeza. Comparto la idea de Rushdie de que no hay una conspiración universal contra el Islam. Puede que se hayan tomado decisiones políticas equivocadas en el pasado, pero creo en la convivencia entre Occidente y el Islam. Hay tantos problemas en el mundo: educación, pobreza, igualdad entre hombres y mujeres, agua corriente… Lo último que necesitamos es ponernos a discutir sobre creencias.
- Deposita el optimismo en los niños del filme.
- Absolutamente. Sin esperanza no hay nada que hacer. Aparece un sij, un musulmán, un hindú y un cristiano. Representan ese optimismo con el que encaro el futuro.

 

- ¿Cómo la ven a usted en India? ¿Ven allí sus películas?
- Sí. “Agua” tuvo mucha controversia en su estreno, pero cuando fue nominada al Oscar les encantó. No sé muy bien qué imagen tienen de mí. Yo paso seis meses en India y seis en Canadá. Mantengo una relación muy estrecha con mi país, allí viven mis padres y tengo mi casa.

- 15 millones de indios van a las salas de cine a diario.
- Hay dos tipos de cine. Uno popular, Bollywood, y otro digamos independiente. El primero solo busca el entretenimiento, la pura evasión. En Bollywood se llegan a producir 1.500 títulos al año. Alargan todo lo que debería cambiar, la gente ve esas películas como una escapatoria porque tiene vidas muy difíciles y quiere escapar de la realidad. Duran tres horas y se suceden las canciones, los bailes y las historias de amor. De cine independiente salen 15 o 20 títulos. En los últimos años está surgiendo un cine popular que también llama a la reflexión. Y está muy bien que se vaya estrechando el abismo entre el cine popular y el de autor. Cuando la gente tiene educación, sanidad y bienestar puede plantearse ir al cine a ver algo que le haga reflexionar.

- India tiene los mejores informáticos del mundo, pero el 67% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza.
- Es un país con un potencial enorme sojuzgado bajo el peso de la corrupción. Está surgiendo una nueva clase media formada por consumidores a los que se les ordena: “¡compra, compra, compra!”. El problema es que esta riqueza está tardando en filtrarse a las clases más bajas, el grado de corrupción brutal impide que ese reparto sea más equitativo. Hace unos años los grandes escándalos de corrupción política ni siquiera salían en los periódicos. Hoy hay activismo social y se denuncian las cosas. Son personas que quieren transformar el país, pero se topan con una maquinaria política trasnochada.

 

 

Elafantes desaparecidos y realismo mágico

 

 

Condensar el último medio siglo de la historia de India en dos horas y media no es una tarea fácil. En “Hijos de la medianoche” desfilan 124 actores y 64 localizaciones. Deepa Mehta cuenta que en el rodaje se escaparon unas cuantas cobras y se perdieron varios elefantes. Uno de ellos todavía sigue sin aparecer.
Salman Rushdie concibió su novela como un canto de amor a un país que se sacudía el yugo británico e introdujo elementos cercanos al realismo mágico latinoamericano a través de esos “hijos de la medianoche”, nacidos durante la primera hora de independencia de India, con poderes sobrenaturales que les hacen escuchar voces y tener dotes telepáticas.
Mehta logra una cinta colorida que no desfallece en su ritmo y que disfrutará presumiblemente de un largo recorrido entre el público adulto de versión original. Otra cosa es cómo se recibirá el filme en India. «Espero que esta vez sepan ver la esperanza en el futuro que desprende», confía la directora, cuyo padre fue distribuidor de películas. «Cuando le dije que quería dedicarme al cine me advirtió: no olvides dos cosas de las que nunca tendrás una respuesta de antemano. Una es cuándo te vas a morir; la otra, la acogida que va a tener una película».

 

 

 

elcorreo.com

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