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Julio Medem: “Montoro odia el cine español”

2017 abril 12
por Oskar Belategui

 

La última película de Julio Medem (San Sebastián, 1958) es ‘El pelotari y la fallera’, un anuncio de cerveza Amstel de 20 minutos con Asier Etxeandia y Miriam Giovanelli como cocinero vasco amante del txuleton y chef valenciana prendada de los experimentos en la mesa. Una excusa para charlar con el realizador, que en septiembre volverá al cine a lo grande con un ambicioso largometraje que rodará en parte en Euskadi.

- Se apunta al carro de los tópicos regionales.

- En un principio me encargaron un documental sobre una ruta gastronómica, y yo sugerí que podíamos hacer una ficción con personajes. Un cocinero vasco, una cocinera valenciana y su incompatibilidad gastronómica. Me dejaron libre y fui más alla: él de pequeño fue pelotari y ella, una fallera.

- ¿Le gustó ‘8 apellidos vascos’? Hubo quien se molestó por hacer humor con ciertos temas.

- Me resultó muy graciosa, te da lo que esperas, una comedia llena de tópicos. El cine se puede hacer desde muchos sitios distintos. Yo sé que hay personas a las que no les gustan mis películas. Incluso intuyo por qué. Yo es lo que sé hacer.

- ¿Ejerce de vasco?

- ¿Como el pelotari de este anuncio? Ya me gustaría. Tengo una fijación por los pelotaris desde pequeño. De hecho, preparo una serie, ‘Jai Alai’, sobre los pelotaris que fueron a Miami. Yo soy vasco por parte de madre y allí me formé como cineasta. Mis primeras películas hablan de Euskadi. Mi padre era hijo de un alemán y una valenciana, mi apellido es alemán. Tengo una mezcla, pero el País Vasco es el sitio al que he querido pertenecer, a veces más de lo que me correspondía.

- No es la primera vez que hace publicidad, una actividad muy lucrativa. Después de quedarse temblando tras el fiasco económico de ‘Caótica Ana’, proyectos así son bien recibidos.

- Yo hago publicidad por el dinero, está claro. El cine lo hago por necesidad y por placer. He aprendido mucho de la síntesis publicitaria. Vender un producto explícitamente ya ha cansado. Ahora es más ‘no te quiero vender nada y te cuento una historia con personajes que se toman una cerveza’. Y te caen bien.

- ¿Qué relación guarda con la gastronomía? ¿No cree que nos hemos vuelto locos con los cocineros?

- Yo me vine a Madrid hace veinte años. Y ya entonces me daba cuenta de la importancia que venían adquiriendo. A mí me parece bien, porque la gastronomía es una forma de cultura. Ahora es algo televisivo, los hijos pequeños de mis amigos cocinan. Y eso es sanísimo. En casa el que cocina soy yo, hago siempre las cenas. Suelo preparar mucho menú vasco.

- ¿Cuándo va a rodar su nueva película?

- En septiembre. Se titula ‘El árbol de la sangre’ y es una historia coral con quince personajes que rodaré en el País Vasco, Cataluña, Valencia, Alicante, Madrid y Sevilla. Un ‘thriller’ potente y oscuro, cuya estructura recuerda a ‘Los amantes del Círculo Polar’. Los protagonistas son Úrsula Corberó y Álvaro Cervantes. También están Alberto Ammann, Daniel Grao, Marta Etura y Najwa Nimri.

- Regresa a Euskadi a rodar. ¿La historia tiene algo que ver con el ‘conflicto vasco’?

- No es una película política, aunque tiene algo simbólico. Es la historia de unas familias, pero no toco el tema de la violencia. La historia se cuenta desde el caserío de una escritora, el personaje de Marta Etura. Va a ser una película con gancho comercial, porque ‘Ma ma’ en España fue muy floja. Y se vendió en todo el mundo. Fuera quieren muchísimo a Penélope Cruz.

- ¿Y aquí no?

- Ya sabes, en este país… No se alegran de que alguien triunfe fuera. Yo me dediqué el año pasado a acompañar la película por todo el mundo. Fuera notas que la gente se sienta a ver tu película con ganas de que le guste, y aquí no te lo ponen tan a favor.

 

- Estuvo viviendo tres años y medio en Los Ángeles.Huyó de España porque estaba muy quemado.

- ‘Habitación en Roma’ tuvo dos millones de descargas piratas. Hoy ha cambiado bastante la cosa porque hay plataformas que te permiten ver películas pagando. Justo entonces hice una campaña de publicidad, ‘I need Spain’. Me pagaron muy bien y me dije: ‘me voy’. Me fui por un año y me quedé tres y medio.

- ¿Y qué país se encontró al volver?

- Aún estaba la crisis. La corrupción vista desde fuera todavía es peor, aquí te acostumbras más a tanta porquería. Me daba mucha tristeza. Y vergüenza. Yo me vine porque me llamó Penélope. Y me quedé. Me gusta vivir y trabajar aquí. Llevo veinte años en Madrid y cada vez tengo más ganas de ir volviendo a Donosti. Pero está muy caro. Y en verano está petado, es como un parque temático gastronómico.

- ¿Y cómo lleva la conciliación con tres hijos? No solo se lo vamos a preguntar a las directoras.

- Peru tiene 28 años y es arquitecto. Alicia 24, tiene síndrome de Down y vive con su madre. Y yo estoy con mi mujer actual (la directora de arte Montse Sanz), con la que llevo veinte años, y Ana, que tiene 13 años. Trabajo mucho en casa. Allí escribo y monto las películas. Cocino y hago la compra, aunque reconozco que la mujer claramente siempre hace más en casa.

- El IVA del cine no baja.

- Es una muestra clara y descarada de desprecio. No tiene ningún sentido, como tampoco lo tiene que España no se ofrezca como lugar de rodaje de películas internacionales. Tenemos tantos paisajes, horas de sol y equipos técnicos estupendos… Montoro se niega a algo que sería muy bueno para la propia Hacienda. Odia el cine español, es muy evidente, le gusta ponérnoslo difícil. Es la venganza por el ‘no a la guerra’ de 2003.

- Una frivolidad. Usted tiene 58 años y está igual que a los 30. ¿Cuál es su secreto?

- Últimamente empiezo a pensar que algo pasa, ja, ja. No me cuido mucho. Hay una parte de genes, mi padre era muy atlético, y tengo un pelo muy bueno. Aunque el otro día me vi en unas imágenes recibiendo el Goya por ‘Vacas’ y pensé, ‘mira qué cara de crío’.

 

Entrevista publicada en el diario EL CORREO el 6 de abril de 2017.

Álex de la Iglesia: “No paro, porque cuando te detienes piensas”

2017 marzo 31
por Oskar Belategui

 

Álex de la Iglesia (Bilbao, 1965) entró en la cincuentena siendo padre por tercera vez. Su felicidad vital contrasta con el pesimismo y la negrura que desprende “El bar”, la cinta con la que inaugura este viernes el Festival de Málaga, una semana antes de su estreno en los cines. Su escenario, una tasca madrileña de las de porras en la barra y tele a todo volumen, en la que sus parroquianos se ven obligados a permanecer encerrados: a los dos que han salido por la puerta les ha volado la cabeza un francotirador.
– ¿Los bares son iguales en todas partes?
– Cambia el “look”, los de Bilbao son más acogedores. En Madrid sobreviven muchos con ese punto de pescadería, con las luces de neón y unos pintxos que no tienen nada que ver con los nuestros. Pero si hay algo que nos une en este país son los bares. Allí te puedes encontrar con gente que no conoces de nada. Curiosamente, te sientas muy cerca físicamente de una persona sin tener la necesidad de hablar con ella. Puede ser un asesino o el amor de tu vida.
– ¿Qué encuentra en un bar?
– Cercanía, una sensación de “stop” en la lucha diaria. Te metes a un bar y parece que no te pueden atacar, de ahí el punto de partida de la película.
– ¿No hay demasiados bares en España? ¿No nos iría mejor si hubiera más librerías y menos tascas?
– No nos vendría nada mal que hubiera más librerías, por supuesto. Pero los bares son un síntoma de cómo somos. Nos gusta estar tranquilos un rato y socializar. Eso está muy bien en esta época en la que nos conducen hacia un solipsismo total, en el que la gente solo se comunica a través del móvil y el ordenador. Da miedo.
– El cine de catástrofes siempre nos ha enseñado que una situación límite saca lo mejor del ser humano. Usted demuestra lo contrario.
– Totalmente. Bajo “El bar” se oculta una película de catástrofes. El miedo es un detonante para que surja tu verdadero yo, que suele ser bastante decepcionante. “El bar” cuenta la historia de un grupo de gente desesperada que se ve obligada a mostrar sus propias miserias.
– Le ha salido una película muy pesimista.
– Bueno, también hay una oportunidad de sobrevivir, una salvación. Pero es una película bastante naturalista, no quiero ocultar esa sensación de angustia que tenemos todos. “El bar” está muy unida al tiempo que vivimos, al miedo e incertidumbre que sentimos. A la paranoia, porque no nos creemos al Gobierno, ni a la Policía, ni a la gente que tenemos alrededor. Cuando en la película los personajes descienden al purgatorio del sótano, antes de llegar al infierno de las cloacas, empiezan a dudar de ellos mismos.
– Habla entonces de la España actual.
– No hay una intención de pontificar sobre cómo son las cosas, pero sí de describir la angustia y el desamparo que sufrimos. Por eso el bar de Terele Pávez se llama “El Amparo”.
– Los personajes son arquetipos: el loco, la pija, el hipster…
– Eso viene de las películas de catástrofes. ¿Te acuerdas de “El coloso en llamas”? Es la película que más me gustó de pequeño. La vi en el Astoria de Bilbao, que ya no existe, y en el cartel había unas fotitos que ponía: el héroe, el cobarde, la chica… Eso me volvía loco.
– Está en la fase de posproducción de su siguiente película, “Perfectos desconocidos”. Además, ha producido “Pieles” y “Errementari”. Es como si tuviese la necesidad de respirar cine.
– Es exactamente lo que me pasa. Me encuentro muy bien mentalmente, con muchas ganas e ilusión. Y como tengo la oportunidad, la aprovecho. No me basta con mis propias películas. De “Errementari” oí hablar por primera vez en un estreno. El técnico de maquillaje me enseñó unas fotos de unos demonios. ¿Pero dónde habéis hecho esta maravilla? Es una película que estamos rodando en Vitoria. Y dije que quería estar ahí. La hemos presentado en Berlín y conseguido distribución internacional.
– Es como si tuviera miedo a quedarse quieto.
– Sí. Porque cuando te detienes, piensas. Y tienes una triste visión global. Creo en el movimiento como origen de la vida.

 


– Usted fue uno de los introductores de Twitter en España. ¿Qué piensa del boicot a “La reina de España” y “El guardián invisible” promovido desde esa red social?
– Es muy triste. Por otro lado, es el precio a pagar por tener una comunicación global. Es lo mismo que sucedió con el correo electrónico. Estábamos encantados hasta que se nos llenó de mensajes no deseados. En Twitter no puedes filtrar, estás expuesto todo el tiempo a los pensamientos de una inmensa masa que antes no tenía manera de comunicarse. Y eso es terrible, porque te llegan opiniones de gente a la que no quieres escuchar. Pero si te cierras, te pierdes a otra gente que dice cosas interesantes. Habría que dar clases de cómo utilizar Twitter. Yo tengo muchos amigos que solo conozco virtualmente, porque me enganché a lo que decían. Hay que tener cuidado con cómo se habla, te asomas a un balcón con millones de personas escuchándote. Y ellos te pueden responder.
– ¿Pero Twitter lleva gente a las salas?
– Esa no es la intención, sirve para estar en contacto. Yo ahora tengo una manera diferente de ver las cosas gracias a Twitter. La gente piensa y actúa de otra manera a partir de lo que lee allí. Das a conocer tu trabajo y las cosas que te gustan. Yo tuiteo mucho sobre libros y cómics. El secreto de Twitter y de la buena educación en la vida es hablar de lo que te gusta y no buscar la disensión.
– Le veo muy fan de Netflix y nada nostálgico de los cines.
– Como cineasta, me vuelve loco el cine. Una película hasta que no se ve en pantalla grande no es película. Pero como productor y consumidor de material audiovisual, obsesionarse con las salas es un grave error. Hoy el público está en otro sitio. Una película tampoco es película si nadie la ve. Aferrarse exclusivamente a la distribución y exhibición en salas es estar en contra del futuro. Ahora comprobamos lo que yo había vaticinado hace cinco años. Habría sido maravilloso que en vez de estar pensando en Netflix, HBO y Amazon, hubiésemos creado nuestras propias plataformas en España. No supimos aprovechar la oportunidad, no tuvimos la habilidad ni la paciencia necesarias.
– ¿Cómo le sienta cambiar pañales después de tantos años?
– Fantásticamente bien. No solo existen los bares, también los pañales, ja, ja. El mundo se detiene cuando me estoy ocupando de la niña. El momento del baño es maravilloso. Con cincuenta tacos, un bebé en lugar de ser un problema es una ventaja. Tienes la paciencia necesaria que yo antes no tenía.
– ¿Tiene más miedos ahora que cuando fue padre por primera vez?
– Todo lo contrario, lo llevo con mucha más tranquilidad. Con Rebeca y Claudia corríamos a urgencias todos los días. Ahora, el poso de la madurez te lleva a decir, bueno, a ver cómo está la niña mañana.

 

Entrevista publicada en EL CORREO el 14 de marzo de 2017

 

 

Raúl Arévalo, de Móstoles a la gloria

2017 enero 30

El actor es favorito en los Goya con ‘Tarde para la ira, una película “nacida desde las tripas”

A los once años, Raúl Arévalo rodó un cortometraje titulado “Superagente 000″, que debe andar perdido en casa de sus padres. “La actriz era mi hermana, que hoy es la jefa de sonido de mi película. También salía mi primo y un vecino. Metía efectos especiales a la virulé, con ketchup haciendo de sangre…”. El actor recuerda las primeras películas que vio en el cine: “ET”, “Conan el Bárbaro”, “Cocodrilo Dundee”… El socio número 131 del videoclub Iris de Móstoles, fan de Bruce Lee, rodaba cortos gore en el instituto. También llevaba una cámara cuando estudiaba Interpretación en la escuela de Cristina Rota tras aguantar un año en la carrera de Historia. “Solo terminé aquel primer corto, el resto se frustaron”, cuenta. “Empecé a trabajar como actor y ya no tuve tiempo para nada más. Se me fue creando una bola cada vez más grande por esa necesidad de dirigir”.

A los 37 años, Arévalo se ha sacado con creces esa espinita clavada. Su ópera prima, “Tarde para la ira”, arrasó en los Premios Forqué que conceden los productores y en los Feroz de la crítica. El próximo 4 de febrero se sabe favorito para los Goya, donde el runrún predice que se impondrá a “Un monstruo viene a verme” (12 nominaciones) y a “El hombre de las mil caras”, con la que empata en número de candidaturas: 11. “Todavía estoy encajando lo de ser favorito”, reconoce. “Hasta ahora no había sido consciente de ello. Hará que tenga más nervios pero que disfrute más de la gala. Como luego todo es tan subjetivo… Ganar el Goya no significa que seas mejor ni peor que los otros”.
“Tarde para la ira” parte con ventaja no solo por los premios recibidos; la mayor parte de los votantes de la Academia son actores, y Arévalo ha logrado nominaciones para cinco de sus intérpretes. “Soy actor y empatizo con sus necesidades. Intento respetar su trabajo y su espacio. Al haber elegido a todo el reparto y ser amigos míos, todo es más fácil. Por ejemplo, conozco cada mirada y cada tic de Antonio de la Torre. Así es más fácil pedirle lo que quiero”.
“Tarde para la ira” cuenta la historia de una venganza. La que lleva a cabo la víctima de un atraco en una joyería que salió mal y que espera durante años a que el ladrón salga de la cárcel. Una historia “nacida de las tripas”, que Arévalo ha tardado ocho años en sacar adelante. “Me nace de una necesidad, de algo pasional, que no tiene que ver con lo racional de pensar una historia. Necesitaba dar mi punto de vista sobre la violencia inherente al ser humano, una violencia cruda y descarnada que huye de la parte más efectista del cine”. A muchos sorprendió que Arévalo, ganador del Goya como actor de reparto por “Gordos”, se atreviera con un relato tan sórdido y crudo. “Supongo que tiene que ver con el momento en el que empecé a escribir el guion”, apunta. “En ciertas épocas de la vida tiendes a sacar más la parte mala para después sacar la luminosa, que es lo que me gustaría ahora”.

“Tarde para la ira” está ambientada en una España suburbial que su director conoce bien, con bares de partida de mus y serrín en el suelo, primeras comuniones a los sones de una rumba, moteles cutres y gimnasios peligrosos. También hay una fuga a un pueblo castellano azotado por la solana, Martín Muñoz de las Posadas, en el que Arévalo pasó todos sus veranos. La casa que sale en la película es la de su abuela, la misma en la que rodó aquel corto de chaval. “Llevé a mi terreno los escenarios y retraté los sitios y la gente con la que me he criado. Cuando vemos una película coreana que está bien contada y habla de seres humanos su mensaje local se vuelve universal. Es lo que hace que Almodóvar sea el director español más conocido y valorado en el mundo”.
El perfil de Arévalo en Twitter luce la frase de un filósofo japonés: “Por amor a la memoria llevo sobre mi cara la cara de mis padres”. Con su aire a un joven Sean Penn, el actor explica el porqué. “Las cosas que me ponen nervioso de mi padre son las que cada vez hago más”. En su formación considera igual de importantes la escuela de Interpretación y el Krug, la cervecería alemana que su familia regenta desde hace veinte años en Chamberí. “Cristina Rota siempre dice que un actor tiene que tener vivencias. Cada vez soy más consciente de ello. Trabajar en el bar de mis padres es una vivencia en sí que me ha aportado mucho”. En el Krug ha escuchado muchas veces comentarios despectivos hacia el cine español. “Odios y mierda enquistada que te lleva a pensar en las dos Españas… Gente que te dice que no va a ver una película española ni para atrás, pero que te pregunta si conoces a Paco León o Fernando Tejero para llevarle un autógrafo a su cría. ¡Coño, pero si son los mismos que en las películas!”.


Raúl Arévalo está orgulloso de “Tarde para la ira”. Se empeñó en rodarla en Super 16, un formato que obligaba a enviar cada día las latas a Rumanía para revelar el celuloide. “Cualquier otro productor que no fuera Beatriz Bodegas me hubiera mandado a la mierda”. En las tibias recaudaciones del filme tras su estreno el pasado septiembre (poco más de un millón de euros) tiene mucho que ver la escasa promoción que hizo TVE. “Cuando he protagonizado una película, mi tía me dice: “Esa película debe de ser muy buena, porque la anuncian mucho en la tele”. Agradezco a TVE que me haya ayudado a hacerla, pero creo que haría falta mucho más apoyo a la hora de promocionarla. Ha sido frustrante”.

Entrevista publicada en el diario EL CORREO el 29 de enero de 2017.

 

‘Dos en la carretera’ cumple medio siglo

2017 enero 23

Stanley Donen dirigió en 1967 a Audrey Hepburn y Albert Finney en el mejor retrato de los estragos de la vida en pareja

Hay un gag al inicio de “Dos en la carretera” que da buena prueba de su tono agridulce. Audrey Hepburn y Albert Finney descubren a una pareja de novios que sale de una iglesia. “No parecen muy felices”, observa ella. “¿Por qué deberían serlo? Acaban de casarse”, zanja él. A lo largo del metraje volverán a aparecer otros matrimonios discutiendo o de morros ante la mirada cómplice de los protagonistas. Stanley Donen dirigió hace medio siglo una comedia romántica trufada de glamour y amargura, que el tiempo ha convertido en el mejor retrato cinematográfico jamás hecho de la vida en pareja.
Del enamoramiento al hastío y la infidelidad. Tanto Donen como Hepburn y Finney se estaban divorciando durante el rodaje de un filme que no fue muy bien recibido en la época: se quedaba a medio camino entre la comedia hollywoodiense y la sofisticación del cine europeo. El director de “Siete novias para siete hermanos” y “Cantando bajo la lluvia” supo a finales de los años 50 que el público perdería interés por los musicales con la llegada del rock and roll. Así que se instaló en Londres y se convirtió en realizador y productor independiente. “Indiscreta”, “Charada” o “Arabesco” habían mostrado un París chic. En “Dos en la carretera”, el realizador recorre las carreteras comarcales de Francia, metáfora del matrimonio protagonista.
Son diez años de vida conyugal, de 1957 a 1967, con la particularidad de que solo les veremos durante sus vacaciones, en un mismo viaje que se repite desde Londres a la Costa Azul pasando por la Provenza: Grimaud, Ramatuelle, Niza, Saint-Tropez… Cuando se conocen, él es un flamante arquitecto con el título en el bolsillo y ella una estudiante de música. Cuando llega la vida de éxito soñada descubrirán la simplicidad de lo perdido. Se querían más haciendo autostop que a bordo de un Mercedes descapotable. Cuanto menos tenían, más felices eran.
El guion de Frederic Raphael entremezcla cinco épocas distintas sin atender a un orden cronológico. Pasado y presente, recuerdos y memorias se funden mientras los escenarios cambiantes de su idilio evocan los estragos del tiempo. La influencia de la Nouvelle Vague y, en concreto, del Alain Resnais de “Hiroshima, mon amour” y “El año pasado en Marienbad” es palmaria.
El resultado en pantalla de un guion tan complejo es deslumbrante, nadie se pierde entre tanta ida y venida. Pero sobre el papel la cosa no estaba tan clara. De ahí que Donen tuviera que convencer a una remisa Audrey Hepburn para que volvieran a trabajar juntos y aceptara el papel de Joanna. Paul Newman rehusó el personaje del engreído y mujeriego Mark, que finalmente recayó en Albert Finney, el actor salvaje del cine y el teatro inglés gracias a “Tom Jones”. Si hacemos caso al temible Donald Spoto, biógrafo de las estrellas, ambos vivieron un idilio durante el rodaje. Su química traspasa el celuloide.


Maurice Binder firmó los títulos de crédito deliciosamente pop, mientras Henry Mancini compuso una banda sonora que destila melancolía en cada nota. El autor de “Moon River” siempre la consideró su mejor partitura. Donen se negó a que Hubert de Givenchy vistiera a Audrey Hepburn, como había ocurrido en sus otras películas, y optó por modelos prêt-à-porter de diseñadores de la época, como Paco Rabanne y Mary Quant. El vestuario es fundamental en “Dos en la carretera” para determinar la época. A sus 38 años, la actriz resulta igual de creíble como jovencita que como madre y esposa hastiada.
Stanley Donen, que todavía goza de buena salud a sus 92 años, considera “Dos en la carretera” su película favorita. Mucha gente se le ha acercado a lo largo de su vida para confesarle que ninguna otra cinta les ha marcado tanto. Cuántas parejas han visto en Mark y Joanna un espejo de sus avatares matrimoniales… Donen recuerda aquel rodaje como el más duro de su carrera. El realizador trasladó los métodos de filmación de la Nouvelle Vague a una producción de un gran estudio. Todos los hoteles, restaurantes y emplazamientos que aparecen son reales. Un ejército de técnicos recorría Francia cargado de focos gigantescos, cámaras pesadísimas, grupos electrógenos y los diez coches que conduce Finney en la cinta.
“Dos en la carretera” se tuvo que conformar en 1967 con una nominación al Oscar al mejor guion. Aquel año, Audrey Hepburn fue candidata a la estatuilla, pero por su papel de ciega en “Sola en la oscuridad”. Todos los estudios rechazaron un proyecto adelantado a su tiempo, cuya elaborada estructura asustaba. Por no hablar del ácido mensaje de lo que, en apariencia, era una comedia romántica. “Matrimonio es cuando la mujer pide al marido que se quite el pijama… para llevarlo a la tintorería”, ironiza el guion.
Al final, el productor Richard Zanuck logró que la Fox distribuyera el filme. Donen cuenta que un publicista del estudio le preguntó en mitad del rodaje si aquello era un drama o una comedia. Este le contestó: “¿Y la vida, qué es?”.

 

Enrique Urbizu: “Alatriste es lo peor de mi carrera’

2016 octubre 15

 

Han pasado cinco años desde la lluvia de Goyas a ‘No habrá paz para los malvados’ y Enrique Urbizu sigue sin rodar. El director regresaba esta semana a Bilbao para celebrar los 25 años de ‘Todo por la pasta’ con una proyección en el teatro Campos de la mano de la fundación SGAE. Volvía a una ciudad muy distinta a la que dejó para buscarse la vida en Madrid.

– ¿Cómo era aquel Bilbao de finales de los ochenta?
– La principal huella de ‘Todo por la pasta’ es el retrato de la ciudad. Queríamos mostrar un Bilbao puro Chester Himes. La rodamos en el verano de la gran sequía, con cortes de agua. Se ven uniformes marrones de la Policía conviviendo todavía con los azules. Bilbao ha cambiado su prestancia, el golpe de vista. Aquella ciudad postindustrial, en decadencia, del hierro y el astillero se ha transformado en una comedia musical.
– Da la sensación de que ya no hay bajos fondos.
– Son distintos, je, je. Bajos fondos siempre hay, se han trasladado. Antes la frontera entre bajos fondos, actividad social, movimientos obreros y juveniles era muy borrosa. Era un momento de convulsión, estaba todo el mundo moviéndose. San Francisco era un barrio de frontera, de convivencia. Estaba la galería Safi de Álex de la Iglesia y aquellos locos, el caballo de los gitanos y las putas de toda la vida. Mi madre está allí ahora en una residencia recién construida, impecable. Siguen las putas, pero podíamos hacer un parque temático.
– ¿Por qué el cine negro es esencial en su filmografía?
– No sé, supongo que tiene que ver con la infancia, el juego, la atracción por las primeras imágenes que te fascinan en la tele, con las películas de la Hammer… ‘Sed de mal’, el cómic, Chandler, Hammett, Himes, Thompson… Todo eso mezclado con la conciencia de que el cine ha de tratar temas contemporáneos. Y el negro es el mejor género para pegarle un repaso a cómo va esto. Te recuerda que lo más importante no nos lo cuentan nunca. Los ‘thrillers’ te muestran el cableado por detrás del panel. Y hay pistolas, corbatas, bares… Sintácticamente es un género que no admite tonterías ni adornos.
– Cinco años ya desde ‘No habrá paz para los malvados’.
– No he parado de escribir, cuesta ser financiado. Hay varios guiones rulando y estoy desarrollando una serie por encargo de Movistar, ‘Gigantes’, que el año que viene habría que dar motor. Un melodrama criminal sobre un clan con un tono bastante arriesgado.


– ¿Quedó satisfecho de ‘Alatriste’?
– Es una experiencia muy frustrante de la que prefiero no hablar. A veces hablo sobre ella en clase, para contar la verdad a los chavales. ‘Alatriste’ fue el peor trabajo de mi carrera; de hecho, lo que se emitió no era mío en su totalidad. Cosas que pasan en este oficio. Las televisiones son ahí las que mandan.
– ¿Y eso que dicen que el mejor cine se hace hoy en televisión?
– Eso es una chorrada. Se están contando historias magníficas en televisión, atreviéndose a cosas a las que nunca se habían atrevido. Parece que hay signos de autonomía creativa, aunque a mí me parecen engañosos. Las series tienen la gran ventaja de que puedes desarrollar muchísimo los tiempos muertos, las tramas paralelas, la vida de los personajes… Son disfrutonas, me encantan. Pero, ¿HBO produciría ‘Saló o los 120 días de Sodoma’ de Pasolini? ¿Quién está produciendo a David Lynch? Los franceses. La pantalla grande es otra cosa. No puedes intervenir durante la proyección para irte a mear, es una experiencia colectiva… Y eso cambia el lenguaje. Lo que pasa es que en el cine solo están dejando hacer películas de hombres en mallas para un público muy joven. El espectador de casa, repantingado en el sofá, tiene pasta para suscribirse a los canales de pago. Lo que no sé es por qué no se puede hacer ‘The Wire’ en una cadena generalista para el resto de la población, igual es que somos todos tontos y no vamos a entenderla. ‘Ida’, ‘Caballo dinero’… no están en televisión.
– ¿Qué pasó con ‘2014 hijos de puta’, de la que se había hecho ya hasta el casting?
– No hubo acuerdo entre pares. No podía aceptar lo que se me ofrecía y lo dejamos. Teníamos el 70% de las localizaciones hechas. Decir no es tan importante como decir sí. Tampoco vamos a hacer chorradas.
– ¿Se hará algún día? ¿Era muy atrevida una película que arrancaba con el suicidio de un banquero en un campo de golf?
– El contrato contempla que si encontramos una nueva novia podemos recuperar el guion. Era una comedia picaresca con mala leche que contaba cómo la corrupción es transversal. De arriba a abajo, todos pringados. No ponía el dedo sobre nadie en concreto. Además, la tropa está inmunizada con el tema.


– ¿Echa de menos productores independientes?
– Echo de menos al productor cineasta, el que tenía ideas locas, como Andrés Vicente Gómez. Está más capacitado para correr riesgos que el financiero de una empresa que pertenece a un grupo de comunicación.
– Su labor de profesor en la universidad le permite estar en contacto con las nuevas generaciones. ¿Cómo las ve?
– Doy clases en la uni y en la escuela de cine de la comunidad de Madrid, son mejor que ir al gimnasio. Son chavales en un nivel unversitario a los que se les supone unos intereses definidos. A veces se nota que vienen con una edad emocional más joven de lo que éramos nosotros. Cada año ves las prácticas de fin de curso y el que se está examinando también eres tú. Hay razones para la esperanza, lo que les falta es que miren para atrás.

Ángeles González-Sinde: “Jamás volveré a la política”

2015 octubre 19

 

La escritora y cineasta se recupera del “parón enorme” que supuso su polémico paso por el Ministerio de Cultura

 

Ángeles González-Sinde sabe que jamás podrá tener una cuenta con su nombre en Twitter o Facebook. “No me atrevería. Desgraciadamente, internet es un medio hostil para mí, lo tengo asumido y lo acepto”. Ministra de Cultura entre abril de 2009 y noviembre de 2011, su apellido bautiza una ley (en realidad, un apéndice normativo de la Ley de Economía Sostenible) que pretendía acabar con las descargas en internet y las webs de enlaces. Su lucha contra la piratería la convirtió en la villana oficial de la Red. El acoso llegó a tal extremo que tuvo que cambiar los números de teléfono de su casa y el móvil ante las amenazas que recibía.
Han pasado cuatro años de su marcha del Gobierno Zapatero, pero todavía no se ha recuperado. “Estar en política es una experiencia que te transforma, no vuelves a ser la misma persona”, reflexiona. “Para bien, porque te enriquece vital e intelectualmente. La política es muy noble y apasionante, pero para mí fue muy duro, he tardado bastante en recuperarme. Sobre todo en lo que se refiere a tu identidad, a cómo te percibe la gente”. González-Sinde, que recibió en Bilbao el Premio de la muestra Zinemakumeak, se siente orgullosa de que una ley que nació para proteger los derechos de autor y la propiedad intelectual lleve su apellido. “Al menos me da la sensación de que hubo una realidad en la que participé y que tuvo unas consecuencias. La gestión pública a veces es intangible, piensas: “Me mataba a trabajar todo el día, ¿y qué hacía?”. En la política local los resultados son más concretos”. La polémica “ley Sinde”, reivindica, fue un empeño solitario. “Nadie más la apoyaba, salvo el sector afectado. Y en el Gobierno solo la defendía el presidente Zapatero, que no tenía el apoyo ni de su propio partido ni de los demás ministros. Sí, está bien puesto el nombre si significa que fue un acto solitario”.
A la directora y guionista le sorprendió descubrir la agresividad en la Red. “Cuánto odio y cuántos intereses se mueven, enmascarados bajo banderas supuestamente inocentes”. Los defensores de la “cultura libre” (gratis) la acusaron de actuar al dictado de “lobbies” estadounidenses. Hasta figuró en el escándalo de los cables de Wikileaks. “De internet sacan beneficio unas multinacionales muy poderosas que nadie cuestiona. A esos grandes internautas libertarios les parece fantástico que Apple les cobre 700 euros por un teléfono. ¿Por qué eso puede costar dinero y los contenidos no? Incluso muchos artistas se lo creen. El otro día leía el blog de una ilustradora que me gusta mucho y que está en contra de la propiedad intelectual. Me quedo perpleja. ¿Por qué Microsoft y Google son mejores que las diabólicas discrográficas? Ellas, por lo menos, permitían que los Beatles grabaran discos y con sus beneficios muchos grupos tuvieron futuro”.


La “ley Sinde” no ha resultado efectiva y los cierres de páginas piratas han sido simbólicos. A tres días de la llegada a España de Netflix –el portal de series y películas on-line más poderoso–, el discurso antipiratería sigue sin calar. “Es como cuando abres el grifo y sale agua; hasta el día que no salga sin una moneda seguirá así”, compara la exministra, a la que hace gracia la socorrida excusa tecnológica de que no se pueden poner puertas al campo. “El campo está lleno de puertas, y las aguas internacionales tienen límites que llevan a la cárcel a los pesqueros que las traspasan. Por desgracia para los ciudadanos, internet ofrece una facilidad enorme de control. Sabe todo de nosotros”. ¿Por qué entonces no hay voluntad política de acabar con las descargas ilegales? “No se hace porque es impopular en nuestro país, aunque no poder acceder gratis a la discografía de los Stones no es algo que amenace tu vida. Cuando aquí quieran hacer negocio con los contenidos la piratería será más difícil”.

Ángeles González-Sinde (Madrid, 1965) llegó al Ministerio de Cultura después de ir aceptando cargos gremiales empujada por sus colaboradores. Hija del productor José María González-Sinde, fantaseó con la idea de ser actriz, se licenció en Filología Clásica y realizó labores de prensa en editoriales y compañías de discos antes de encontrar su vocación. Mario Onaindía y José Luis Borau fueron sus maestros en el primer máster de guion que se impartió en nuestro país. Completó su formación en Estados Unidos y se forjó en series de televisión como “Truhanes”, “Turno de oficio” y “Cuéntame”. Escritora de libros para niños, el Goya por el guion de “La buena estrella” en 1997 la animó a ponerse tras la cámara, obteniendo otra estatuilla en 2003 como directora novel de “La suerte dormida”. Suyo era el guion de la cinta española más taquillera el año que la nombraron ministra, “Mentiras y gordas”, objeto de chanza para sus críticos en internet. Estuvo al frente de la Asociación Literaria de Medios Audiovisuales defendiendo los derechos de los guionistas hasta que Enrique Urbizu la convenció para que se presentara a la presidencia de la Academia del Cine, desde donde saltó a Cultura. Su carrera, se lamenta, ha sufrido un parón de cinco años.
“Han sido casi tres años de dedicación a la política y dos más de incompatibilidad. Un parón enorme a una edad que en el cine no es un valor sino un hándicap, salvo excepciones como Emilio Martínez Lázaro, que todavía es visto como un director comercial”. La reincorporación a su oficio no está siendo fácil. “Me he encontrado una industria que han hundido en esta legislatura que termina. Se nota en el desánimo de los productores, en su falta de energía y fe para iniciar proyectos. Las películas se ruedan en menos semanas, los técnicos cobran sueldos bajos y todo es más precario”.


Ya fuera de su cargo, la directora de “Una palabra tuya” volvió a estar en el ojo del huracán hace un par de años, cuando quedó finalista del Planeta. “Me machacaron a críticas, fue muy amargo. Después de pasar dos años en el dique seco escribiendo una novela, la publicas y te reciben con sospechas y acusaciones. Me entró el pánico. Pensé qué iba a hacer si no podía dedicarme a escribir. No tengo otro oficio”. Haber estado en política, concluye, es un demérito, “un estigma que no ayuda en tu carrera”.
– ¿Volverá entonces a la política?
– Jamás. Admiro mucho a los que se dedican a ello, tienen una resistencia de la que yo carezco. Lo bueno de cumplir cincuenta años es que me he dado cuenta de que lo que mejor se me da en la vida es escribir. Me produce serenidad. Si puedo volver a rodar algún día me encantará, y si no vuelvo a hacer películas porque se pasó mi tiempo tampoco pasa nada.

De momento, González-Sinde prepara un guion que dirigirá Daniela Fejerman y rueda vídeos para empresas y piezas audiovisuales. Escribe en prensa, sigue sin hacer demasiado caso a Twitter –”a veces cree mos que es el BOE”– y ayer se sentía orgullosa de recoger un galardón bautizado con el nombre de Simone de Beauvoir. “Es de los mejores premios que me han dado. Muchas veces ves cosas en tu entorno que te indignan en cuanto a la desigualdad de las mujeres, y te sientes muy sola. Piensas si estarás obsesionada con el tema. Que me premie un grupo de mujeres de otra ciudad que no te conoce y tiene las mismas inquietudes te respalda”.

– El cine no es un mundo especialmente machista, pero seguimos sin directoras.
– Sí. No es más machista que el periodismo. Uno pensaría que habría más incorporaciones con las nuevas generaciones, pero sigue siendo un goteo. En las artes se dan fenómenos de inercia. Y el patriarcado es un modelo que se perpetúa sin tener que hacer ningún esfuerzo para ello.

 

(Entrevista publicada en el diario EL CORREO el 17 de octubre de 2015).

 

 

Álex de la Iglesia: “Hace mucho que ya no se oye lo de españolada”

2015 octubre 19
por Oskar Belategui

 

Álex de la Iglesia (Bilbao, 1965) puede estar horas hablando de las sensaciones de la infancia, cuando devoraba “Astérix” o veía cinco veces seguidas “Tiburón” en el Astoria. “Mi gran noche” bebe de millones de horas de televisión y de su desánimo ante un país crispado y hortera. “Sufro España”.

– ¿Por qué le interesa tanto el reverso tenebroso del mundo espectáculo, el sufrimiento que es necesario para hacer reír a los demás?
– Es el mundo del espectáculo pero también la vida. Intento no ser pretencioso, saco lo que me aterroriza y lo coloco en un entorno ficticio, una farsa teatral. Así te puedes reír de ti mismo y generar una catarsis. El espectador se siente liberado al verse reflejado de una manera grotesca. Yo solo intento hacer feliz a la gente.

– ¿Siempre pensó en Raphael como protagonista?
– Sí. Escribimos el guion pensando en él, si nos decía que no, se caía la peli. El día que cenamos con él y Enrique Cerezo yo estaba acojonado “¿Qué te parece el guion?”, le pregunté. “Bien”, contestó. “¿O sea, que la vas a hacer?”. “Sí”. Cuanto más loca era la secuencia, más entregado. Raphael es la persona más generosa que he conocido. Incluso venía días en que no le tocaba rodar solo para estar con nosotros.

– ¿Y por qué él?
– Porque es un icono. Raphael es España, Raphael somos todos.

– ¿Usted también es España? Fernando Trueba dijo en San Sebastián que no se siente español.
– Digamos que sufro España. Eso es muy unamuniano, aunque también venga de Bilbao.

– Encierra un país que no le gusta en un plató.
– Una España histriónica, exagerada. La única comedia que conozco es la grotesca, la farsa. Y la mejor manera de sobrevivir a todo lo que estamos viviendo es una carcajada. Me interesaba hacer una mascarada, porque si hablara realmente del país sin encerrarlo en un plató no funcionaría.

– ¿”Mi gran noche” refleja el caos que usted tiene en su mente?
– Absolutamente, no podría expresarlo mejor. No me gusta decir que rodar es terapéutico, pero es como sacar jugo de mis propias deficiencias.
Tebeos y carga de los grises

– En todas sus películas aparece la Policía dando palos. ¿Se lo ha hecho mirar?
– Ya. La manifestación y las Fuerzas del Orden. Eso es muy de Bilbao. Me recuerdo en mi infancia leyendo un “Mortadelo” de la colección Olé, concretamente “Chapeau, el esmirriau”, y por la ventana ver a los manifestantes corriendo delante de las lecheras de los grises. Y seguías leyendo. ¿Qué pasa?, preguntabas. Nada, lo de siempre.

– ¿Ve esos programas de la televisión que satiriza?
– En la peli se habla de “Supervivientes”. No tengo tiempo de ser fanático de ellos, si no lo sería. Me gustaría mucho verlos. Me interesa el fenómeno. Y me descubro con nostalgia de aquella televisión que nos unía, de toda España viendo a Pajares y Esteso, a Martes y Trece. Se ha perdido esa sensación de fraternidad. Ahora hay tanta cantidad de cosas… Aunque tampoco sé si aquella televisión era mejor que la de ahora.

– “Mi gran noche” se estrena el 23 de octubre, casi en pleno periodo electoral. Toca el paro, las ETT, la corrupción, los ERES…
– La comedia funcionaría igual sin esas referencias concretas a la actualidad. Son elementos cotidianos que la aliñan. Desgraciadamente, lo que en otros países es una farsa grotesca aquí es el telediario. Todos sufrimos este espectáculo guiñolesco, del que somos responsables. Debemos dejar de ser figurantes de nuestra propia vida y no pensar que los otros son los corruptos. Tú también lo eres, colega.

– Se está volviendo un adicto al trabajo, estrena una película por año.
– Es como una manía obsesivo compulsiva. Me fascina el hecho de rodar. Me he puesto a producir para que si yo no filmo, que al menos lo hagan otros. Quiero dirigir ya “El bar”. Arranca con un cliente que pide un desayuno en el bar pero atienden antes a una tía buena. El cliente sale del bar y, bang, le pegan un tiro en la cabeza. Cierran la puerta y se quedan dentro acojonados.

– ¿Cómo ve lo del cine español?
– Sinceramente, mejor que nunca. Hay un montón de películas interesantísimas. Estamos recuperando al público, oyes hablar a la gente muy bien. Mira que somos envidiosos y encabronados unos con otros, pero hace mucho que ya no se oye lo de españolada.

– ¿Le inquietan los jóvenes directores que vienen pisando?
– No. Yo les produzco, no quiero que hagan lo que hicieron conmigo.

– ¿Cuál ha sido su gran noche?
– ¿A qué te refieres, a nivel sexual, romántico, épico? No lo sé… Últimamente me lo estoy pasando muy bien.

(Entrevista publicada en el diario EL CORREO el 21 de spetiembre de 2015).

 

Jonás Trueba: el cine en el ADN

2015 septiembre 11

 

El pequeño de los Trueba captura en ‘Los exiliados románticos’ el espíritu de una generación desencantada y viajera 

 

Llamarse Jonás Groucho ya indica que tu padre es o muy cinéfilo o muy cachondo. Fernando Trueba reúne ambas características, así que no es extraño que su único hijo acabara dedicándose al cine. A diferencia de su padre y de su tío David, Jonás no creció en el populoso barrio de Estrecho, donde la educación sentimental se conformaba en las salas de cine que había en cada esquina en los 60 y 70. Tuvo el privilegio de vivir en el maravilloso caserón de Fernando Trueba y Cristina Huete en Arturo Soria, en cuyo estudio anexo en el jardín el autor de ‘Belle Epoque’ acumula discos, películas y fetiches.

Así, Jonás (Madrid, 1981) desarrolló su vocación entre fotos firmadas por Billy Wilder, tertulias con Rafael Azcona y El Gran Wyoming y los rodajes paternos. «Una de las grandes ventajas de pertenecer a una familia de cineastas es que desacralizas el cine; es el día a día, como comprar el pan», descubre. «Para mí es un oficio hecho por gente normal, maja y generosa como mi familia. No he perdido tiempo desmontando una idea del cine, algo que a otros les cuesta años».

La primera vez que supimos que Fernando Trueba tenía un hijo metido en el mundillo fue al ver su nombre como guionista de ‘Más pena que gloria’ y ‘Vete de mí’, ambas dirigidas por Víctor García León, el hijo de José Luis García Sánchez y la cantante Rosa León. Por ahí también andaban otros hijos de artistas ilustres: el montador Buster Franco –vástago del llorado Ricardo Franco, que tampoco se cortó al bautizarle– y el músico David San José, hijo de Ana Belén y Víctor Manuel. Una generación que, aparentemente, lo tuvo fácil para saltar al largo.

Tras escribir junto a Fernando Trueba el guion de ‘El baile de la Victoria’, Jonás debutó como director en 2010 con ‘Todas las canciones hablan de mí’, una cinta que dejaba clara su educación afrancesada y unos referentes fílmicos que bien podrían ser los de su progenitor: Truffaut, Rohmer, Woody Allen… La crónica sentimental de un Antoine Doinel criado en Argüelles incluia parlamentos a cámara, un sinfín de citas cinéfilas y literarias y el regodeo de quien se baña a gusto en la melancolía.

Tres años después llegaron ‘Los ilusos’, una película sobre el deseo de hacer cine que también era un canto de amor a un Madrid de cafés, librerías de viejo y la Filmoteca del cine Doré. Una cinta hecha con cuatro duros, entre amigos y en ratos libres, rodada en blanco y negro con una vieja cámara de súper 16 mm. que criaba polvo en la casa de su tío Javier. ‘Los ilusos’ bebía del desencanto de su primer largometraje, cuya distribución no fue como esperaba su autor, así que con este decidió moverse en salas alternativas y cinematecas, acompañando las proyecciones para debatir con el público.

La docencia de cine y sus artículos y reflexiones en medios de comunicación ayudaron a madurar su tercer largometraje, que se estrena el próximo 11 de septiembre. ‘Los exiliados románticos’ también está rodado sin esperar a las subvenciones, en apenas doce días y con una cámara de fotos que graba vídeo. El guion se iba reinventando sobre la marcha y los protagonistas son tan amigos en la ficción como en la realidad. Trueba habla de la amistad y de las relaciones amorosas «que han sido o que podrían haber sido». Lo hace embriagado de cinefilia, con el humanismo libertario de Truffaut y la aparente ligereza sentimental de Eric Rohmer.

‘Los exiliados románticos’, Premio Especial del Jurado en el último Festival de Málaga y Biznaga de Plata a la música de Tulsa, es una deliciosa ‘road movie’ que, como el que no quiere la cosa, atrapa el espíritu de una generación. Setenta minutos le bastan a su director para narrar el viaje de tres colegas en una Volkswagen California por las carreteras de Francia, con paradas en Toulouse, París y Annecy, ciudades con una larga tradición de acoger exiliados españoles. Cada uno de los protagonistas tiene una buena razón para unirse a la aventura ese verano: una chica que conoció en el pasado.

«Los personajes aspiran a encontrar esa idea idílica de la amistad entre hombres y mujeres», resume el director, que muestra de fondo el exilio de los jóvenes españoles en busca de trabajo y la realidad multicultural de una generación que, a diferencia de sus padres, habla idiomas y se mueve con libertad por el mundo. De nuevo aparecen la melancolía, cierta nostalgia y las citas cultas: «Ya sé que dicen que está mal visto meterlas pero, en mi caso, forman parte de la vida cotidiana».

Jonás Trueba se ha pasado el verano acompañando las proyecciones al aire libre de ‘Los exiliados románticos’ por toda España antes de que llegue a las salas. Integrante del colectivo Unión de Cineastas, reivindica la libertad de hacer películas sin victimismos y apelando a la unidad del sector. «Estoy donde quiero estar, que no sé muy bien dónde es… Hago las películas que quiero hacer, porque el cine español a veces es muy ‘o estás de este lado o del otro’, ‘o haces películas grandes y comerciales o autorales y marginales’. Yo pienso que el cine tiene que ser lo más amplio y generoso posible».

Juan Diego Botto: “Los héroes de la democracia se han dedicado a robar todo lo que han podido”

2015 abril 28
por Oskar Belategui

 

Juan Diego Botto (Buenos Aires, 1975) llegó a España con tres años huyendo de una dictadura que había hecho desaparecer a su padre. Su madre, la profesora de interpretación Cristina Rota, y sus dos hermanas, también actrices, intervienen en “Hablar”, la película de Joaquín Oristrell que inauguró el Festival de Málaga. Un fresco reivindicativo de la España de la crisis, rodado en un único plano-secuencia de 80 minutos por las calles de Lavapiés.

 
- Arranca Málaga con una película donde los actores no han cobrado. ¿Sintomático de la situación de la industria?
- Sí y no. Salimos de un año donde hemos batido todos los récords de taquilla. “Hablar” surge con la idea de cómo sería una película si los actores propusieran qué personaje quieren interpretar. A mí se me ocurrió hacer de patrón abusivo y racista, me pareció muy divertido.

 
- Lavapiés como reflejo de una España multicultural, en crisis, rabiosa, estupefacta.
- La rodamos en Lavapiés porque trabajamos allí. Fue el barrio castizo de Madrid y se ha convertido en el crisol de culturas donde conviven clase media, profesionales liberales y emigrantes a salto de mata. A pesar de llamarse “Hablar”, la película refleja soledad y desasosiego. Hay algo de desamparo, de pérdida, estamos todos desorientados.

 
- ¿Por qué ha elegido dar vida a este individuo representativo de cierta clase empresarial?
- Siempre me ha llamado la atención cómo las palabras a veces sirven para ocultar en vez de para desvelar. Este personaje está cargado de razones para decir absolutas barbaridades, trata de convencer a una empleada de que no le va a pagar por su propio bien y el de su raza. Es la perversión absoluta del lenguaje, porque las ideas más retrógradas se pueden parapetar detrás de una argumentación casi lógica.

 
- Hablando de emprendedores, ¿qué ha pensado hoy al abrir el periódico con Rodrigo Rato en portada?
- Me quedo con el comentario de un economista joven: a nuestra generación se nos dijo que el economista de referencia era Rato; a la anterior, Mario Conde. Es el símbolo de la decadencia de un modelo donde los que se suponen que tienen que custodiar las arcas públicas se han dedicado a robarlas. Rodrigo Rato fue el responsable del milagro económico de España. Sonó para presidente y llevó las riendas del Fondo Monetario Internacional. Curiosamente, todos los presidentes del FMI han estado imputados en distintas causas.

 
- A usted siempre le preguntamos por el exilio. ¿Empieza a sentirse exiliado también en un país que empieza a no reconocer?
- Crecimos pensando que si hacías tu carrera y tu máster ibas a encontrar trabajo, comprarte una casa y tener hijos. Ese relato nos lo han robado, y no ha sido porque la gran mayoría de la ciudadanía haya dejado de hacer sus deberes. Tenemos la juventud mejor formada de nuestra historia. Uno mira a su alrededor y no reconoce el país.

 
- Nuevos partidos, debates políticos en televisión a todas horas… ¿Tiene esperanza?
- Corremos el peligro de acostumbrarnos a todo, pero creo que esto es insostenible. Tenemos todas las herramientas para construir un país más justo, no nos merecemos estos gobernantes. No podemos batir récords de pobreza infantil. ¿Viste a la muchacha que le tiró confeti a Draghi? Ya está libre sin cargos. En España iría tres años a la cárcel. No sé si somos conscientes del nivel de barbaridad en que nos estamos sumiendo. La aparición de nuevos partidos y el entusiasmo de la gente joven por la política es muy positivo. No podemos delegar nuestro futuro en personas que en cuanto rascas un poquito se han dedicado a robar. Aquellos héroes de la democracia han robado todo lo que han podido.


- ¿Alguna vez le ha reprochado a su madre el tener la culpa de que usted sea actor?
- Todos los días. Cuando creces en camerinos, entre cajas, y escuchas a Chejov en el salón porque tu madre está dando clase puedes odiar el teatro a muerte o sentir el veneno y rendirte. Los tres hermanos nos hemos rendido.

 
- Asistió en Buenos Aires al juicio a la Escuela Mecánica de la Armada, donde desapareció su padre.
- Testificamos mi madre y yo. Fue intenso. Vi por primera vez el rostro de los acusados. Fue reparador, sentí por primera vez que algo me reconciliaba con Argentina. Ahora estamos pendientes de la sentencia.

 
- Usted ha vivido ya más que su padre.
- Once años más. El día antes de cumplir 28 tuve un ataque de ansiedad. No supe por qué hasta que hablé con un terapeuta. Tengo una hija de seis años y una vida que él nunca pudo gozar. Me asombro de lo joven que era cuando asumió unas responsabilidades tan gigantescas.

 
- Dicen que los que han crecido sin padre acostumbran a ser buenos padres.
- No lo sé. Todos los días me pregunto si debería ser más paciente o dedicarle más tiempo a mi niña. Los hijos vienen sin manual. Ser padre es una de las cosas grandes de la vida, y tengo la certeza de que siempre voy a estar ahí.

 

Entrevista publicada en el Diario EL CORREO el 18 de abril de 2015.

Daniel Guzmán: “Nací robando en El Corte Inglés”

2015 abril 27
por Oskar Belategui

En ‘A cambio de nada’ aparece un barrio de verdad, con pisos de cocinas estrechas, talleres que trapichean con motos y un descampado donde los chavales matan las horas. Es Aluche, donde creció Daniel Guzmán, que ha rodado a los 41 años su ópera prima en los mismos escenarios de su adolescencia, incluido el piso de cincuenta metros cuadrados de sus padres. El popular actor de series como ‘Aquí no hay quien viva’ y ‘Velvet’ ha empleado diez años de su vida en sacar adelante una historia de iniciación protagonizada por chavales que sisan en El Corte Inglés, se cuelan en discotecas y procuran estar en casa lo menos posible.

‘A cambio de nada’ no es una cinta sobre marginalidad, sino el sincero y agridulce exorcismo autobiográfico del director, que creció en la calle y vivió el peligro como grafitero y boxeador antes de convertirse en un actor consolidado. Acompañado de su abuela, Antonia Guzmán, que tiene un papel en la cinta, Daniel Guzmán presentó en Málaga la más firme candidata a Biznaga de Oro. El próximo 8 de mayo llegará a los cines de la mano de Warner.

- ‘A cambio de nada tiene algo de cine quinqui.
- Sí, ¡José Antonio de la Loma! El cine quinqui me ha marcado, pero también el de Haneke o Von Trier. Era un cine que refleja una época determinada de nuestra cultura. En la cabecera de mi cama tengo un póster auténtico de ‘Perros callejeros’, uno de los títulos más impresionantes que haya visto nunca. Me gusta ese submundo. En el fondo yo también soy un perro callejero. Un tío que ha vivido muchas experiencias en la calle.

- Sin embargo, no ha hecho una película de delincuentes juveniles, aunque lleven camino de serlo.
- Si hiciéramos la secuela, seguramente esos chavales no habrían aprendido de este viaje. Buscan los límites que te da la adolescencia y la falta de afecto. Yo soy amoral, no creo en el bien y el mal, creo en las circunstancias. Y no quiero juzgar a un niño que en su huida hacia adelante se busca la vida. Enseguida moralizamos sobre la vida de los demás, pero tendríamos que vivirlas para ver qué haríamos en su situación.

- ¿Ha cambiado mucho Aluche?
- El descampado sigue igual, me daría mucha pena que los chavales ya no jueguen allí y vivan en una burbuja. Yo todo lo que sé lo aprendí en la calle, con mis amigos, regresando a casa con la cabeza abierta. Busqué la autenticidad y la verdad. Rodé en los sitios reales. La casa es la de mis padres, 50 metros cuadrados. La cámara no tenía distancia focal y el equipo esperaba en la escalera y entraba por turnos. El instituto es el mío, del que me echaron veinticinco veces. Hasta sale un profesor que me expulsó.

- ¿Por qué le echaban?
- Porque era un pieza. No iba a clase y cuando iba la liaba. Estaba perdido, solo buscaba llamar la atención. Soy muy inquieto, he vivido mucho y eso me viene bien para contar historias. A mí todo el barrio no me quería ni ver.

- ¿Qué queda de ‘Tifón’, su alias como grafitero?
- Algo debe quedar, porque hace un mes me fui a pintar yo solo. Tenía mucho estrés por la película y me cogí los esprais. Me reía de mí mismo… Pero Dani, ¿qué coño estás haciendo? Fue igual que antes: los mismos sonidos con el bote, los pasos por la noche… Terapéutico, como el cine.

- Las motos también le han gustado, como refleja en el filme.
- Sí, la moto que tuve con Luismi, mi colega… No teníamos carné y descubríamos la ciudad con la moto y el metro. Todo lo que descubres en la adolescencia te marca de por vida. Fíjate si me ha marcado, que he tardado diez años en hacer esta película…

- ¿Alguna vez ha robado en El Corte Inglés?
- Es lo mínimo. Yo nací robando en El Corte Inglés. Cuando rodamos allí les metía chivatos de la ropa a los del equipo para que les pitara al salir. ¿Quién no ha robado en El Corte Inglés?

- ¿Le hubiera gustado hacer una película ambientada en el mundo del boxeo, tan importante en su vida?
- Ya se han hecho muchísimas. Me gustan las historias con conflicto, el boxeo no me atrae para contar una historia. Además, hace año y pico que no entreno.

- Los protagonistas no usan móvil, algo insólito en un adolescente actual.
- No quería contextualizar la película en una época determinada para hacerla más universal. Esas vivencias que yo tuve siguen pasando hoy. En las películas todo se soluciona con una llamada de móvil, a mí no me hacía falta para esta historia.

- ¿Quiere dejar de ser actor?
- No. Yo disfruto mucho encima de un escenario, llevo años formándome. No creo que ser director sea excluyente. Y tengo necesidad de seguir contando historias.

(Entrevista publicada el 24 de abril en el Diario EL CORREO).

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