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Raúl Arévalo, de Móstoles a la gloria

2017 enero 30

El actor es favorito en los Goya con ‘Tarde para la ira, una película “nacida desde las tripas”

A los once años, Raúl Arévalo rodó un cortometraje titulado “Superagente 000″, que debe andar perdido en casa de sus padres. “La actriz era mi hermana, que hoy es la jefa de sonido de mi película. También salía mi primo y un vecino. Metía efectos especiales a la virulé, con ketchup haciendo de sangre…”. El actor recuerda las primeras películas que vio en el cine: “ET”, “Conan el Bárbaro”, “Cocodrilo Dundee”… El socio número 131 del videoclub Iris de Móstoles, fan de Bruce Lee, rodaba cortos gore en el instituto. También llevaba una cámara cuando estudiaba Interpretación en la escuela de Cristina Rota tras aguantar un año en la carrera de Historia. “Solo terminé aquel primer corto, el resto se frustaron”, cuenta. “Empecé a trabajar como actor y ya no tuve tiempo para nada más. Se me fue creando una bola cada vez más grande por esa necesidad de dirigir”.

A los 37 años, Arévalo se ha sacado con creces esa espinita clavada. Su ópera prima, “Tarde para la ira”, arrasó en los Premios Forqué que conceden los productores y en los Feroz de la crítica. El próximo 4 de febrero se sabe favorito para los Goya, donde el runrún predice que se impondrá a “Un monstruo viene a verme” (12 nominaciones) y a “El hombre de las mil caras”, con la que empata en número de candidaturas: 11. “Todavía estoy encajando lo de ser favorito”, reconoce. “Hasta ahora no había sido consciente de ello. Hará que tenga más nervios pero que disfrute más de la gala. Como luego todo es tan subjetivo… Ganar el Goya no significa que seas mejor ni peor que los otros”.
“Tarde para la ira” parte con ventaja no solo por los premios recibidos; la mayor parte de los votantes de la Academia son actores, y Arévalo ha logrado nominaciones para cinco de sus intérpretes. “Soy actor y empatizo con sus necesidades. Intento respetar su trabajo y su espacio. Al haber elegido a todo el reparto y ser amigos míos, todo es más fácil. Por ejemplo, conozco cada mirada y cada tic de Antonio de la Torre. Así es más fácil pedirle lo que quiero”.
“Tarde para la ira” cuenta la historia de una venganza. La que lleva a cabo la víctima de un atraco en una joyería que salió mal y que espera durante años a que el ladrón salga de la cárcel. Una historia “nacida de las tripas”, que Arévalo ha tardado ocho años en sacar adelante. “Me nace de una necesidad, de algo pasional, que no tiene que ver con lo racional de pensar una historia. Necesitaba dar mi punto de vista sobre la violencia inherente al ser humano, una violencia cruda y descarnada que huye de la parte más efectista del cine”. A muchos sorprendió que Arévalo, ganador del Goya como actor de reparto por “Gordos”, se atreviera con un relato tan sórdido y crudo. “Supongo que tiene que ver con el momento en el que empecé a escribir el guion”, apunta. “En ciertas épocas de la vida tiendes a sacar más la parte mala para después sacar la luminosa, que es lo que me gustaría ahora”.

“Tarde para la ira” está ambientada en una España suburbial que su director conoce bien, con bares de partida de mus y serrín en el suelo, primeras comuniones a los sones de una rumba, moteles cutres y gimnasios peligrosos. También hay una fuga a un pueblo castellano azotado por la solana, Martín Muñoz de las Posadas, en el que Arévalo pasó todos sus veranos. La casa que sale en la película es la de su abuela, la misma en la que rodó aquel corto de chaval. “Llevé a mi terreno los escenarios y retraté los sitios y la gente con la que me he criado. Cuando vemos una película coreana que está bien contada y habla de seres humanos su mensaje local se vuelve universal. Es lo que hace que Almodóvar sea el director español más conocido y valorado en el mundo”.
El perfil de Arévalo en Twitter luce la frase de un filósofo japonés: “Por amor a la memoria llevo sobre mi cara la cara de mis padres”. Con su aire a un joven Sean Penn, el actor explica el porqué. “Las cosas que me ponen nervioso de mi padre son las que cada vez hago más”. En su formación considera igual de importantes la escuela de Interpretación y el Krug, la cervecería alemana que su familia regenta desde hace veinte años en Chamberí. “Cristina Rota siempre dice que un actor tiene que tener vivencias. Cada vez soy más consciente de ello. Trabajar en el bar de mis padres es una vivencia en sí que me ha aportado mucho”. En el Krug ha escuchado muchas veces comentarios despectivos hacia el cine español. “Odios y mierda enquistada que te lleva a pensar en las dos Españas… Gente que te dice que no va a ver una película española ni para atrás, pero que te pregunta si conoces a Paco León o Fernando Tejero para llevarle un autógrafo a su cría. ¡Coño, pero si son los mismos que en las películas!”.


Raúl Arévalo está orgulloso de “Tarde para la ira”. Se empeñó en rodarla en Super 16, un formato que obligaba a enviar cada día las latas a Rumanía para revelar el celuloide. “Cualquier otro productor que no fuera Beatriz Bodegas me hubiera mandado a la mierda”. En las tibias recaudaciones del filme tras su estreno el pasado septiembre (poco más de un millón de euros) tiene mucho que ver la escasa promoción que hizo TVE. “Cuando he protagonizado una película, mi tía me dice: “Esa película debe de ser muy buena, porque la anuncian mucho en la tele”. Agradezco a TVE que me haya ayudado a hacerla, pero creo que haría falta mucho más apoyo a la hora de promocionarla. Ha sido frustrante”.

Entrevista publicada en el diario EL CORREO el 29 de enero de 2017.

 

‘Dos en la carretera’ cumple medio siglo

2017 enero 23

Stanley Donen dirigió en 1967 a Audrey Hepburn y Albert Finney en el mejor retrato de los estragos de la vida en pareja

Hay un gag al inicio de “Dos en la carretera” que da buena prueba de su tono agridulce. Audrey Hepburn y Albert Finney descubren a una pareja de novios que sale de una iglesia. “No parecen muy felices”, observa ella. “¿Por qué deberían serlo? Acaban de casarse”, zanja él. A lo largo del metraje volverán a aparecer otros matrimonios discutiendo o de morros ante la mirada cómplice de los protagonistas. Stanley Donen dirigió hace medio siglo una comedia romántica trufada de glamour y amargura, que el tiempo ha convertido en el mejor retrato cinematográfico jamás hecho de la vida en pareja.
Del enamoramiento al hastío y la infidelidad. Tanto Donen como Hepburn y Finney se estaban divorciando durante el rodaje de un filme que no fue muy bien recibido en la época: se quedaba a medio camino entre la comedia hollywoodiense y la sofisticación del cine europeo. El director de “Siete novias para siete hermanos” y “Cantando bajo la lluvia” supo a finales de los años 50 que el público perdería interés por los musicales con la llegada del rock and roll. Así que se instaló en Londres y se convirtió en realizador y productor independiente. “Indiscreta”, “Charada” o “Arabesco” habían mostrado un París chic. En “Dos en la carretera”, el realizador recorre las carreteras comarcales de Francia, metáfora del matrimonio protagonista.
Son diez años de vida conyugal, de 1957 a 1967, con la particularidad de que solo les veremos durante sus vacaciones, en un mismo viaje que se repite desde Londres a la Costa Azul pasando por la Provenza: Grimaud, Ramatuelle, Niza, Saint-Tropez… Cuando se conocen, él es un flamante arquitecto con el título en el bolsillo y ella una estudiante de música. Cuando llega la vida de éxito soñada descubrirán la simplicidad de lo perdido. Se querían más haciendo autostop que a bordo de un Mercedes descapotable. Cuanto menos tenían, más felices eran.
El guion de Frederic Raphael entremezcla cinco épocas distintas sin atender a un orden cronológico. Pasado y presente, recuerdos y memorias se funden mientras los escenarios cambiantes de su idilio evocan los estragos del tiempo. La influencia de la Nouvelle Vague y, en concreto, del Alain Resnais de “Hiroshima, mon amour” y “El año pasado en Marienbad” es palmaria.
El resultado en pantalla de un guion tan complejo es deslumbrante, nadie se pierde entre tanta ida y venida. Pero sobre el papel la cosa no estaba tan clara. De ahí que Donen tuviera que convencer a una remisa Audrey Hepburn para que volvieran a trabajar juntos y aceptara el papel de Joanna. Paul Newman rehusó el personaje del engreído y mujeriego Mark, que finalmente recayó en Albert Finney, el actor salvaje del cine y el teatro inglés gracias a “Tom Jones”. Si hacemos caso al temible Donald Spoto, biógrafo de las estrellas, ambos vivieron un idilio durante el rodaje. Su química traspasa el celuloide.


Maurice Binder firmó los títulos de crédito deliciosamente pop, mientras Henry Mancini compuso una banda sonora que destila melancolía en cada nota. El autor de “Moon River” siempre la consideró su mejor partitura. Donen se negó a que Hubert de Givenchy vistiera a Audrey Hepburn, como había ocurrido en sus otras películas, y optó por modelos prêt-à-porter de diseñadores de la época, como Paco Rabanne y Mary Quant. El vestuario es fundamental en “Dos en la carretera” para determinar la época. A sus 38 años, la actriz resulta igual de creíble como jovencita que como madre y esposa hastiada.
Stanley Donen, que todavía goza de buena salud a sus 92 años, considera “Dos en la carretera” su película favorita. Mucha gente se le ha acercado a lo largo de su vida para confesarle que ninguna otra cinta les ha marcado tanto. Cuántas parejas han visto en Mark y Joanna un espejo de sus avatares matrimoniales… Donen recuerda aquel rodaje como el más duro de su carrera. El realizador trasladó los métodos de filmación de la Nouvelle Vague a una producción de un gran estudio. Todos los hoteles, restaurantes y emplazamientos que aparecen son reales. Un ejército de técnicos recorría Francia cargado de focos gigantescos, cámaras pesadísimas, grupos electrógenos y los diez coches que conduce Finney en la cinta.
“Dos en la carretera” se tuvo que conformar en 1967 con una nominación al Oscar al mejor guion. Aquel año, Audrey Hepburn fue candidata a la estatuilla, pero por su papel de ciega en “Sola en la oscuridad”. Todos los estudios rechazaron un proyecto adelantado a su tiempo, cuya elaborada estructura asustaba. Por no hablar del ácido mensaje de lo que, en apariencia, era una comedia romántica. “Matrimonio es cuando la mujer pide al marido que se quite el pijama… para llevarlo a la tintorería”, ironiza el guion.
Al final, el productor Richard Zanuck logró que la Fox distribuyera el filme. Donen cuenta que un publicista del estudio le preguntó en mitad del rodaje si aquello era un drama o una comedia. Este le contestó: “¿Y la vida, qué es?”.

 

Enrique Urbizu: “Alatriste es lo peor de mi carrera’

2016 octubre 15

 

Han pasado cinco años desde la lluvia de Goyas a ‘No habrá paz para los malvados’ y Enrique Urbizu sigue sin rodar. El director regresaba esta semana a Bilbao para celebrar los 25 años de ‘Todo por la pasta’ con una proyección en el teatro Campos de la mano de la fundación SGAE. Volvía a una ciudad muy distinta a la que dejó para buscarse la vida en Madrid.

– ¿Cómo era aquel Bilbao de finales de los ochenta?
– La principal huella de ‘Todo por la pasta’ es el retrato de la ciudad. Queríamos mostrar un Bilbao puro Chester Himes. La rodamos en el verano de la gran sequía, con cortes de agua. Se ven uniformes marrones de la Policía conviviendo todavía con los azules. Bilbao ha cambiado su prestancia, el golpe de vista. Aquella ciudad postindustrial, en decadencia, del hierro y el astillero se ha transformado en una comedia musical.
– Da la sensación de que ya no hay bajos fondos.
– Son distintos, je, je. Bajos fondos siempre hay, se han trasladado. Antes la frontera entre bajos fondos, actividad social, movimientos obreros y juveniles era muy borrosa. Era un momento de convulsión, estaba todo el mundo moviéndose. San Francisco era un barrio de frontera, de convivencia. Estaba la galería Safi de Álex de la Iglesia y aquellos locos, el caballo de los gitanos y las putas de toda la vida. Mi madre está allí ahora en una residencia recién construida, impecable. Siguen las putas, pero podíamos hacer un parque temático.
– ¿Por qué el cine negro es esencial en su filmografía?
– No sé, supongo que tiene que ver con la infancia, el juego, la atracción por las primeras imágenes que te fascinan en la tele, con las películas de la Hammer… ‘Sed de mal’, el cómic, Chandler, Hammett, Himes, Thompson… Todo eso mezclado con la conciencia de que el cine ha de tratar temas contemporáneos. Y el negro es el mejor género para pegarle un repaso a cómo va esto. Te recuerda que lo más importante no nos lo cuentan nunca. Los ‘thrillers’ te muestran el cableado por detrás del panel. Y hay pistolas, corbatas, bares… Sintácticamente es un género que no admite tonterías ni adornos.
– Cinco años ya desde ‘No habrá paz para los malvados’.
– No he parado de escribir, cuesta ser financiado. Hay varios guiones rulando y estoy desarrollando una serie por encargo de Movistar, ‘Gigantes’, que el año que viene habría que dar motor. Un melodrama criminal sobre un clan con un tono bastante arriesgado.


– ¿Quedó satisfecho de ‘Alatriste’?
– Es una experiencia muy frustrante de la que prefiero no hablar. A veces hablo sobre ella en clase, para contar la verdad a los chavales. ‘Alatriste’ fue el peor trabajo de mi carrera; de hecho, lo que se emitió no era mío en su totalidad. Cosas que pasan en este oficio. Las televisiones son ahí las que mandan.
– ¿Y eso que dicen que el mejor cine se hace hoy en televisión?
– Eso es una chorrada. Se están contando historias magníficas en televisión, atreviéndose a cosas a las que nunca se habían atrevido. Parece que hay signos de autonomía creativa, aunque a mí me parecen engañosos. Las series tienen la gran ventaja de que puedes desarrollar muchísimo los tiempos muertos, las tramas paralelas, la vida de los personajes… Son disfrutonas, me encantan. Pero, ¿HBO produciría ‘Saló o los 120 días de Sodoma’ de Pasolini? ¿Quién está produciendo a David Lynch? Los franceses. La pantalla grande es otra cosa. No puedes intervenir durante la proyección para irte a mear, es una experiencia colectiva… Y eso cambia el lenguaje. Lo que pasa es que en el cine solo están dejando hacer películas de hombres en mallas para un público muy joven. El espectador de casa, repantingado en el sofá, tiene pasta para suscribirse a los canales de pago. Lo que no sé es por qué no se puede hacer ‘The Wire’ en una cadena generalista para el resto de la población, igual es que somos todos tontos y no vamos a entenderla. ‘Ida’, ‘Caballo dinero’… no están en televisión.
– ¿Qué pasó con ‘2014 hijos de puta’, de la que se había hecho ya hasta el casting?
– No hubo acuerdo entre pares. No podía aceptar lo que se me ofrecía y lo dejamos. Teníamos el 70% de las localizaciones hechas. Decir no es tan importante como decir sí. Tampoco vamos a hacer chorradas.
– ¿Se hará algún día? ¿Era muy atrevida una película que arrancaba con el suicidio de un banquero en un campo de golf?
– El contrato contempla que si encontramos una nueva novia podemos recuperar el guion. Era una comedia picaresca con mala leche que contaba cómo la corrupción es transversal. De arriba a abajo, todos pringados. No ponía el dedo sobre nadie en concreto. Además, la tropa está inmunizada con el tema.


– ¿Echa de menos productores independientes?
– Echo de menos al productor cineasta, el que tenía ideas locas, como Andrés Vicente Gómez. Está más capacitado para correr riesgos que el financiero de una empresa que pertenece a un grupo de comunicación.
– Su labor de profesor en la universidad le permite estar en contacto con las nuevas generaciones. ¿Cómo las ve?
– Doy clases en la uni y en la escuela de cine de la comunidad de Madrid, son mejor que ir al gimnasio. Son chavales en un nivel unversitario a los que se les supone unos intereses definidos. A veces se nota que vienen con una edad emocional más joven de lo que éramos nosotros. Cada año ves las prácticas de fin de curso y el que se está examinando también eres tú. Hay razones para la esperanza, lo que les falta es que miren para atrás.

Ángeles González-Sinde: “Jamás volveré a la política”

2015 octubre 19

 

La escritora y cineasta se recupera del “parón enorme” que supuso su polémico paso por el Ministerio de Cultura

 

Ángeles González-Sinde sabe que jamás podrá tener una cuenta con su nombre en Twitter o Facebook. “No me atrevería. Desgraciadamente, internet es un medio hostil para mí, lo tengo asumido y lo acepto”. Ministra de Cultura entre abril de 2009 y noviembre de 2011, su apellido bautiza una ley (en realidad, un apéndice normativo de la Ley de Economía Sostenible) que pretendía acabar con las descargas en internet y las webs de enlaces. Su lucha contra la piratería la convirtió en la villana oficial de la Red. El acoso llegó a tal extremo que tuvo que cambiar los números de teléfono de su casa y el móvil ante las amenazas que recibía.
Han pasado cuatro años de su marcha del Gobierno Zapatero, pero todavía no se ha recuperado. “Estar en política es una experiencia que te transforma, no vuelves a ser la misma persona”, reflexiona. “Para bien, porque te enriquece vital e intelectualmente. La política es muy noble y apasionante, pero para mí fue muy duro, he tardado bastante en recuperarme. Sobre todo en lo que se refiere a tu identidad, a cómo te percibe la gente”. González-Sinde, que recibió en Bilbao el Premio de la muestra Zinemakumeak, se siente orgullosa de que una ley que nació para proteger los derechos de autor y la propiedad intelectual lleve su apellido. “Al menos me da la sensación de que hubo una realidad en la que participé y que tuvo unas consecuencias. La gestión pública a veces es intangible, piensas: “Me mataba a trabajar todo el día, ¿y qué hacía?”. En la política local los resultados son más concretos”. La polémica “ley Sinde”, reivindica, fue un empeño solitario. “Nadie más la apoyaba, salvo el sector afectado. Y en el Gobierno solo la defendía el presidente Zapatero, que no tenía el apoyo ni de su propio partido ni de los demás ministros. Sí, está bien puesto el nombre si significa que fue un acto solitario”.
A la directora y guionista le sorprendió descubrir la agresividad en la Red. “Cuánto odio y cuántos intereses se mueven, enmascarados bajo banderas supuestamente inocentes”. Los defensores de la “cultura libre” (gratis) la acusaron de actuar al dictado de “lobbies” estadounidenses. Hasta figuró en el escándalo de los cables de Wikileaks. “De internet sacan beneficio unas multinacionales muy poderosas que nadie cuestiona. A esos grandes internautas libertarios les parece fantástico que Apple les cobre 700 euros por un teléfono. ¿Por qué eso puede costar dinero y los contenidos no? Incluso muchos artistas se lo creen. El otro día leía el blog de una ilustradora que me gusta mucho y que está en contra de la propiedad intelectual. Me quedo perpleja. ¿Por qué Microsoft y Google son mejores que las diabólicas discrográficas? Ellas, por lo menos, permitían que los Beatles grabaran discos y con sus beneficios muchos grupos tuvieron futuro”.


La “ley Sinde” no ha resultado efectiva y los cierres de páginas piratas han sido simbólicos. A tres días de la llegada a España de Netflix –el portal de series y películas on-line más poderoso–, el discurso antipiratería sigue sin calar. “Es como cuando abres el grifo y sale agua; hasta el día que no salga sin una moneda seguirá así”, compara la exministra, a la que hace gracia la socorrida excusa tecnológica de que no se pueden poner puertas al campo. “El campo está lleno de puertas, y las aguas internacionales tienen límites que llevan a la cárcel a los pesqueros que las traspasan. Por desgracia para los ciudadanos, internet ofrece una facilidad enorme de control. Sabe todo de nosotros”. ¿Por qué entonces no hay voluntad política de acabar con las descargas ilegales? “No se hace porque es impopular en nuestro país, aunque no poder acceder gratis a la discografía de los Stones no es algo que amenace tu vida. Cuando aquí quieran hacer negocio con los contenidos la piratería será más difícil”.

Ángeles González-Sinde (Madrid, 1965) llegó al Ministerio de Cultura después de ir aceptando cargos gremiales empujada por sus colaboradores. Hija del productor José María González-Sinde, fantaseó con la idea de ser actriz, se licenció en Filología Clásica y realizó labores de prensa en editoriales y compañías de discos antes de encontrar su vocación. Mario Onaindía y José Luis Borau fueron sus maestros en el primer máster de guion que se impartió en nuestro país. Completó su formación en Estados Unidos y se forjó en series de televisión como “Truhanes”, “Turno de oficio” y “Cuéntame”. Escritora de libros para niños, el Goya por el guion de “La buena estrella” en 1997 la animó a ponerse tras la cámara, obteniendo otra estatuilla en 2003 como directora novel de “La suerte dormida”. Suyo era el guion de la cinta española más taquillera el año que la nombraron ministra, “Mentiras y gordas”, objeto de chanza para sus críticos en internet. Estuvo al frente de la Asociación Literaria de Medios Audiovisuales defendiendo los derechos de los guionistas hasta que Enrique Urbizu la convenció para que se presentara a la presidencia de la Academia del Cine, desde donde saltó a Cultura. Su carrera, se lamenta, ha sufrido un parón de cinco años.
“Han sido casi tres años de dedicación a la política y dos más de incompatibilidad. Un parón enorme a una edad que en el cine no es un valor sino un hándicap, salvo excepciones como Emilio Martínez Lázaro, que todavía es visto como un director comercial”. La reincorporación a su oficio no está siendo fácil. “Me he encontrado una industria que han hundido en esta legislatura que termina. Se nota en el desánimo de los productores, en su falta de energía y fe para iniciar proyectos. Las películas se ruedan en menos semanas, los técnicos cobran sueldos bajos y todo es más precario”.


Ya fuera de su cargo, la directora de “Una palabra tuya” volvió a estar en el ojo del huracán hace un par de años, cuando quedó finalista del Planeta. “Me machacaron a críticas, fue muy amargo. Después de pasar dos años en el dique seco escribiendo una novela, la publicas y te reciben con sospechas y acusaciones. Me entró el pánico. Pensé qué iba a hacer si no podía dedicarme a escribir. No tengo otro oficio”. Haber estado en política, concluye, es un demérito, “un estigma que no ayuda en tu carrera”.
– ¿Volverá entonces a la política?
– Jamás. Admiro mucho a los que se dedican a ello, tienen una resistencia de la que yo carezco. Lo bueno de cumplir cincuenta años es que me he dado cuenta de que lo que mejor se me da en la vida es escribir. Me produce serenidad. Si puedo volver a rodar algún día me encantará, y si no vuelvo a hacer películas porque se pasó mi tiempo tampoco pasa nada.

De momento, González-Sinde prepara un guion que dirigirá Daniela Fejerman y rueda vídeos para empresas y piezas audiovisuales. Escribe en prensa, sigue sin hacer demasiado caso a Twitter –”a veces cree mos que es el BOE”– y ayer se sentía orgullosa de recoger un galardón bautizado con el nombre de Simone de Beauvoir. “Es de los mejores premios que me han dado. Muchas veces ves cosas en tu entorno que te indignan en cuanto a la desigualdad de las mujeres, y te sientes muy sola. Piensas si estarás obsesionada con el tema. Que me premie un grupo de mujeres de otra ciudad que no te conoce y tiene las mismas inquietudes te respalda”.

– El cine no es un mundo especialmente machista, pero seguimos sin directoras.
– Sí. No es más machista que el periodismo. Uno pensaría que habría más incorporaciones con las nuevas generaciones, pero sigue siendo un goteo. En las artes se dan fenómenos de inercia. Y el patriarcado es un modelo que se perpetúa sin tener que hacer ningún esfuerzo para ello.

 

(Entrevista publicada en el diario EL CORREO el 17 de octubre de 2015).

 

 

Álex de la Iglesia: “Hace mucho que ya no se oye lo de españolada”

2015 octubre 19
por Oskar Belategui

 

Álex de la Iglesia (Bilbao, 1965) puede estar horas hablando de las sensaciones de la infancia, cuando devoraba “Astérix” o veía cinco veces seguidas “Tiburón” en el Astoria. “Mi gran noche” bebe de millones de horas de televisión y de su desánimo ante un país crispado y hortera. “Sufro España”.

– ¿Por qué le interesa tanto el reverso tenebroso del mundo espectáculo, el sufrimiento que es necesario para hacer reír a los demás?
– Es el mundo del espectáculo pero también la vida. Intento no ser pretencioso, saco lo que me aterroriza y lo coloco en un entorno ficticio, una farsa teatral. Así te puedes reír de ti mismo y generar una catarsis. El espectador se siente liberado al verse reflejado de una manera grotesca. Yo solo intento hacer feliz a la gente.

– ¿Siempre pensó en Raphael como protagonista?
– Sí. Escribimos el guion pensando en él, si nos decía que no, se caía la peli. El día que cenamos con él y Enrique Cerezo yo estaba acojonado “¿Qué te parece el guion?”, le pregunté. “Bien”, contestó. “¿O sea, que la vas a hacer?”. “Sí”. Cuanto más loca era la secuencia, más entregado. Raphael es la persona más generosa que he conocido. Incluso venía días en que no le tocaba rodar solo para estar con nosotros.

– ¿Y por qué él?
– Porque es un icono. Raphael es España, Raphael somos todos.

– ¿Usted también es España? Fernando Trueba dijo en San Sebastián que no se siente español.
– Digamos que sufro España. Eso es muy unamuniano, aunque también venga de Bilbao.

– Encierra un país que no le gusta en un plató.
– Una España histriónica, exagerada. La única comedia que conozco es la grotesca, la farsa. Y la mejor manera de sobrevivir a todo lo que estamos viviendo es una carcajada. Me interesaba hacer una mascarada, porque si hablara realmente del país sin encerrarlo en un plató no funcionaría.

– ¿”Mi gran noche” refleja el caos que usted tiene en su mente?
– Absolutamente, no podría expresarlo mejor. No me gusta decir que rodar es terapéutico, pero es como sacar jugo de mis propias deficiencias.
Tebeos y carga de los grises

– En todas sus películas aparece la Policía dando palos. ¿Se lo ha hecho mirar?
– Ya. La manifestación y las Fuerzas del Orden. Eso es muy de Bilbao. Me recuerdo en mi infancia leyendo un “Mortadelo” de la colección Olé, concretamente “Chapeau, el esmirriau”, y por la ventana ver a los manifestantes corriendo delante de las lecheras de los grises. Y seguías leyendo. ¿Qué pasa?, preguntabas. Nada, lo de siempre.

– ¿Ve esos programas de la televisión que satiriza?
– En la peli se habla de “Supervivientes”. No tengo tiempo de ser fanático de ellos, si no lo sería. Me gustaría mucho verlos. Me interesa el fenómeno. Y me descubro con nostalgia de aquella televisión que nos unía, de toda España viendo a Pajares y Esteso, a Martes y Trece. Se ha perdido esa sensación de fraternidad. Ahora hay tanta cantidad de cosas… Aunque tampoco sé si aquella televisión era mejor que la de ahora.

– “Mi gran noche” se estrena el 23 de octubre, casi en pleno periodo electoral. Toca el paro, las ETT, la corrupción, los ERES…
– La comedia funcionaría igual sin esas referencias concretas a la actualidad. Son elementos cotidianos que la aliñan. Desgraciadamente, lo que en otros países es una farsa grotesca aquí es el telediario. Todos sufrimos este espectáculo guiñolesco, del que somos responsables. Debemos dejar de ser figurantes de nuestra propia vida y no pensar que los otros son los corruptos. Tú también lo eres, colega.

– Se está volviendo un adicto al trabajo, estrena una película por año.
– Es como una manía obsesivo compulsiva. Me fascina el hecho de rodar. Me he puesto a producir para que si yo no filmo, que al menos lo hagan otros. Quiero dirigir ya “El bar”. Arranca con un cliente que pide un desayuno en el bar pero atienden antes a una tía buena. El cliente sale del bar y, bang, le pegan un tiro en la cabeza. Cierran la puerta y se quedan dentro acojonados.

– ¿Cómo ve lo del cine español?
– Sinceramente, mejor que nunca. Hay un montón de películas interesantísimas. Estamos recuperando al público, oyes hablar a la gente muy bien. Mira que somos envidiosos y encabronados unos con otros, pero hace mucho que ya no se oye lo de españolada.

– ¿Le inquietan los jóvenes directores que vienen pisando?
– No. Yo les produzco, no quiero que hagan lo que hicieron conmigo.

– ¿Cuál ha sido su gran noche?
– ¿A qué te refieres, a nivel sexual, romántico, épico? No lo sé… Últimamente me lo estoy pasando muy bien.

(Entrevista publicada en el diario EL CORREO el 21 de spetiembre de 2015).

 

Jonás Trueba: el cine en el ADN

2015 septiembre 11

 

El pequeño de los Trueba captura en ‘Los exiliados románticos’ el espíritu de una generación desencantada y viajera 

 

Llamarse Jonás Groucho ya indica que tu padre es o muy cinéfilo o muy cachondo. Fernando Trueba reúne ambas características, así que no es extraño que su único hijo acabara dedicándose al cine. A diferencia de su padre y de su tío David, Jonás no creció en el populoso barrio de Estrecho, donde la educación sentimental se conformaba en las salas de cine que había en cada esquina en los 60 y 70. Tuvo el privilegio de vivir en el maravilloso caserón de Fernando Trueba y Cristina Huete en Arturo Soria, en cuyo estudio anexo en el jardín el autor de ‘Belle Epoque’ acumula discos, películas y fetiches.

Así, Jonás (Madrid, 1981) desarrolló su vocación entre fotos firmadas por Billy Wilder, tertulias con Rafael Azcona y El Gran Wyoming y los rodajes paternos. «Una de las grandes ventajas de pertenecer a una familia de cineastas es que desacralizas el cine; es el día a día, como comprar el pan», descubre. «Para mí es un oficio hecho por gente normal, maja y generosa como mi familia. No he perdido tiempo desmontando una idea del cine, algo que a otros les cuesta años».

La primera vez que supimos que Fernando Trueba tenía un hijo metido en el mundillo fue al ver su nombre como guionista de ‘Más pena que gloria’ y ‘Vete de mí’, ambas dirigidas por Víctor García León, el hijo de José Luis García Sánchez y la cantante Rosa León. Por ahí también andaban otros hijos de artistas ilustres: el montador Buster Franco –vástago del llorado Ricardo Franco, que tampoco se cortó al bautizarle– y el músico David San José, hijo de Ana Belén y Víctor Manuel. Una generación que, aparentemente, lo tuvo fácil para saltar al largo.

Tras escribir junto a Fernando Trueba el guion de ‘El baile de la Victoria’, Jonás debutó como director en 2010 con ‘Todas las canciones hablan de mí’, una cinta que dejaba clara su educación afrancesada y unos referentes fílmicos que bien podrían ser los de su progenitor: Truffaut, Rohmer, Woody Allen… La crónica sentimental de un Antoine Doinel criado en Argüelles incluia parlamentos a cámara, un sinfín de citas cinéfilas y literarias y el regodeo de quien se baña a gusto en la melancolía.

Tres años después llegaron ‘Los ilusos’, una película sobre el deseo de hacer cine que también era un canto de amor a un Madrid de cafés, librerías de viejo y la Filmoteca del cine Doré. Una cinta hecha con cuatro duros, entre amigos y en ratos libres, rodada en blanco y negro con una vieja cámara de súper 16 mm. que criaba polvo en la casa de su tío Javier. ‘Los ilusos’ bebía del desencanto de su primer largometraje, cuya distribución no fue como esperaba su autor, así que con este decidió moverse en salas alternativas y cinematecas, acompañando las proyecciones para debatir con el público.

La docencia de cine y sus artículos y reflexiones en medios de comunicación ayudaron a madurar su tercer largometraje, que se estrena el próximo 11 de septiembre. ‘Los exiliados románticos’ también está rodado sin esperar a las subvenciones, en apenas doce días y con una cámara de fotos que graba vídeo. El guion se iba reinventando sobre la marcha y los protagonistas son tan amigos en la ficción como en la realidad. Trueba habla de la amistad y de las relaciones amorosas «que han sido o que podrían haber sido». Lo hace embriagado de cinefilia, con el humanismo libertario de Truffaut y la aparente ligereza sentimental de Eric Rohmer.

‘Los exiliados románticos’, Premio Especial del Jurado en el último Festival de Málaga y Biznaga de Plata a la música de Tulsa, es una deliciosa ‘road movie’ que, como el que no quiere la cosa, atrapa el espíritu de una generación. Setenta minutos le bastan a su director para narrar el viaje de tres colegas en una Volkswagen California por las carreteras de Francia, con paradas en Toulouse, París y Annecy, ciudades con una larga tradición de acoger exiliados españoles. Cada uno de los protagonistas tiene una buena razón para unirse a la aventura ese verano: una chica que conoció en el pasado.

«Los personajes aspiran a encontrar esa idea idílica de la amistad entre hombres y mujeres», resume el director, que muestra de fondo el exilio de los jóvenes españoles en busca de trabajo y la realidad multicultural de una generación que, a diferencia de sus padres, habla idiomas y se mueve con libertad por el mundo. De nuevo aparecen la melancolía, cierta nostalgia y las citas cultas: «Ya sé que dicen que está mal visto meterlas pero, en mi caso, forman parte de la vida cotidiana».

Jonás Trueba se ha pasado el verano acompañando las proyecciones al aire libre de ‘Los exiliados románticos’ por toda España antes de que llegue a las salas. Integrante del colectivo Unión de Cineastas, reivindica la libertad de hacer películas sin victimismos y apelando a la unidad del sector. «Estoy donde quiero estar, que no sé muy bien dónde es… Hago las películas que quiero hacer, porque el cine español a veces es muy ‘o estás de este lado o del otro’, ‘o haces películas grandes y comerciales o autorales y marginales’. Yo pienso que el cine tiene que ser lo más amplio y generoso posible».

Juan Diego Botto: “Los héroes de la democracia se han dedicado a robar todo lo que han podido”

2015 abril 28
por Oskar Belategui

 

Juan Diego Botto (Buenos Aires, 1975) llegó a España con tres años huyendo de una dictadura que había hecho desaparecer a su padre. Su madre, la profesora de interpretación Cristina Rota, y sus dos hermanas, también actrices, intervienen en “Hablar”, la película de Joaquín Oristrell que inauguró el Festival de Málaga. Un fresco reivindicativo de la España de la crisis, rodado en un único plano-secuencia de 80 minutos por las calles de Lavapiés.

 
- Arranca Málaga con una película donde los actores no han cobrado. ¿Sintomático de la situación de la industria?
- Sí y no. Salimos de un año donde hemos batido todos los récords de taquilla. “Hablar” surge con la idea de cómo sería una película si los actores propusieran qué personaje quieren interpretar. A mí se me ocurrió hacer de patrón abusivo y racista, me pareció muy divertido.

 
- Lavapiés como reflejo de una España multicultural, en crisis, rabiosa, estupefacta.
- La rodamos en Lavapiés porque trabajamos allí. Fue el barrio castizo de Madrid y se ha convertido en el crisol de culturas donde conviven clase media, profesionales liberales y emigrantes a salto de mata. A pesar de llamarse “Hablar”, la película refleja soledad y desasosiego. Hay algo de desamparo, de pérdida, estamos todos desorientados.

 
- ¿Por qué ha elegido dar vida a este individuo representativo de cierta clase empresarial?
- Siempre me ha llamado la atención cómo las palabras a veces sirven para ocultar en vez de para desvelar. Este personaje está cargado de razones para decir absolutas barbaridades, trata de convencer a una empleada de que no le va a pagar por su propio bien y el de su raza. Es la perversión absoluta del lenguaje, porque las ideas más retrógradas se pueden parapetar detrás de una argumentación casi lógica.

 
- Hablando de emprendedores, ¿qué ha pensado hoy al abrir el periódico con Rodrigo Rato en portada?
- Me quedo con el comentario de un economista joven: a nuestra generación se nos dijo que el economista de referencia era Rato; a la anterior, Mario Conde. Es el símbolo de la decadencia de un modelo donde los que se suponen que tienen que custodiar las arcas públicas se han dedicado a robarlas. Rodrigo Rato fue el responsable del milagro económico de España. Sonó para presidente y llevó las riendas del Fondo Monetario Internacional. Curiosamente, todos los presidentes del FMI han estado imputados en distintas causas.

 
- A usted siempre le preguntamos por el exilio. ¿Empieza a sentirse exiliado también en un país que empieza a no reconocer?
- Crecimos pensando que si hacías tu carrera y tu máster ibas a encontrar trabajo, comprarte una casa y tener hijos. Ese relato nos lo han robado, y no ha sido porque la gran mayoría de la ciudadanía haya dejado de hacer sus deberes. Tenemos la juventud mejor formada de nuestra historia. Uno mira a su alrededor y no reconoce el país.

 
- Nuevos partidos, debates políticos en televisión a todas horas… ¿Tiene esperanza?
- Corremos el peligro de acostumbrarnos a todo, pero creo que esto es insostenible. Tenemos todas las herramientas para construir un país más justo, no nos merecemos estos gobernantes. No podemos batir récords de pobreza infantil. ¿Viste a la muchacha que le tiró confeti a Draghi? Ya está libre sin cargos. En España iría tres años a la cárcel. No sé si somos conscientes del nivel de barbaridad en que nos estamos sumiendo. La aparición de nuevos partidos y el entusiasmo de la gente joven por la política es muy positivo. No podemos delegar nuestro futuro en personas que en cuanto rascas un poquito se han dedicado a robar. Aquellos héroes de la democracia han robado todo lo que han podido.


- ¿Alguna vez le ha reprochado a su madre el tener la culpa de que usted sea actor?
- Todos los días. Cuando creces en camerinos, entre cajas, y escuchas a Chejov en el salón porque tu madre está dando clase puedes odiar el teatro a muerte o sentir el veneno y rendirte. Los tres hermanos nos hemos rendido.

 
- Asistió en Buenos Aires al juicio a la Escuela Mecánica de la Armada, donde desapareció su padre.
- Testificamos mi madre y yo. Fue intenso. Vi por primera vez el rostro de los acusados. Fue reparador, sentí por primera vez que algo me reconciliaba con Argentina. Ahora estamos pendientes de la sentencia.

 
- Usted ha vivido ya más que su padre.
- Once años más. El día antes de cumplir 28 tuve un ataque de ansiedad. No supe por qué hasta que hablé con un terapeuta. Tengo una hija de seis años y una vida que él nunca pudo gozar. Me asombro de lo joven que era cuando asumió unas responsabilidades tan gigantescas.

 
- Dicen que los que han crecido sin padre acostumbran a ser buenos padres.
- No lo sé. Todos los días me pregunto si debería ser más paciente o dedicarle más tiempo a mi niña. Los hijos vienen sin manual. Ser padre es una de las cosas grandes de la vida, y tengo la certeza de que siempre voy a estar ahí.

 

Entrevista publicada en el Diario EL CORREO el 18 de abril de 2015.

Daniel Guzmán: “Nací robando en El Corte Inglés”

2015 abril 27
por Oskar Belategui

En ‘A cambio de nada’ aparece un barrio de verdad, con pisos de cocinas estrechas, talleres que trapichean con motos y un descampado donde los chavales matan las horas. Es Aluche, donde creció Daniel Guzmán, que ha rodado a los 41 años su ópera prima en los mismos escenarios de su adolescencia, incluido el piso de cincuenta metros cuadrados de sus padres. El popular actor de series como ‘Aquí no hay quien viva’ y ‘Velvet’ ha empleado diez años de su vida en sacar adelante una historia de iniciación protagonizada por chavales que sisan en El Corte Inglés, se cuelan en discotecas y procuran estar en casa lo menos posible.

‘A cambio de nada’ no es una cinta sobre marginalidad, sino el sincero y agridulce exorcismo autobiográfico del director, que creció en la calle y vivió el peligro como grafitero y boxeador antes de convertirse en un actor consolidado. Acompañado de su abuela, Antonia Guzmán, que tiene un papel en la cinta, Daniel Guzmán presentó en Málaga la más firme candidata a Biznaga de Oro. El próximo 8 de mayo llegará a los cines de la mano de Warner.

- ‘A cambio de nada tiene algo de cine quinqui.
- Sí, ¡José Antonio de la Loma! El cine quinqui me ha marcado, pero también el de Haneke o Von Trier. Era un cine que refleja una época determinada de nuestra cultura. En la cabecera de mi cama tengo un póster auténtico de ‘Perros callejeros’, uno de los títulos más impresionantes que haya visto nunca. Me gusta ese submundo. En el fondo yo también soy un perro callejero. Un tío que ha vivido muchas experiencias en la calle.

- Sin embargo, no ha hecho una película de delincuentes juveniles, aunque lleven camino de serlo.
- Si hiciéramos la secuela, seguramente esos chavales no habrían aprendido de este viaje. Buscan los límites que te da la adolescencia y la falta de afecto. Yo soy amoral, no creo en el bien y el mal, creo en las circunstancias. Y no quiero juzgar a un niño que en su huida hacia adelante se busca la vida. Enseguida moralizamos sobre la vida de los demás, pero tendríamos que vivirlas para ver qué haríamos en su situación.

- ¿Ha cambiado mucho Aluche?
- El descampado sigue igual, me daría mucha pena que los chavales ya no jueguen allí y vivan en una burbuja. Yo todo lo que sé lo aprendí en la calle, con mis amigos, regresando a casa con la cabeza abierta. Busqué la autenticidad y la verdad. Rodé en los sitios reales. La casa es la de mis padres, 50 metros cuadrados. La cámara no tenía distancia focal y el equipo esperaba en la escalera y entraba por turnos. El instituto es el mío, del que me echaron veinticinco veces. Hasta sale un profesor que me expulsó.

- ¿Por qué le echaban?
- Porque era un pieza. No iba a clase y cuando iba la liaba. Estaba perdido, solo buscaba llamar la atención. Soy muy inquieto, he vivido mucho y eso me viene bien para contar historias. A mí todo el barrio no me quería ni ver.

- ¿Qué queda de ‘Tifón’, su alias como grafitero?
- Algo debe quedar, porque hace un mes me fui a pintar yo solo. Tenía mucho estrés por la película y me cogí los esprais. Me reía de mí mismo… Pero Dani, ¿qué coño estás haciendo? Fue igual que antes: los mismos sonidos con el bote, los pasos por la noche… Terapéutico, como el cine.

- Las motos también le han gustado, como refleja en el filme.
- Sí, la moto que tuve con Luismi, mi colega… No teníamos carné y descubríamos la ciudad con la moto y el metro. Todo lo que descubres en la adolescencia te marca de por vida. Fíjate si me ha marcado, que he tardado diez años en hacer esta película…

- ¿Alguna vez ha robado en El Corte Inglés?
- Es lo mínimo. Yo nací robando en El Corte Inglés. Cuando rodamos allí les metía chivatos de la ropa a los del equipo para que les pitara al salir. ¿Quién no ha robado en El Corte Inglés?

- ¿Le hubiera gustado hacer una película ambientada en el mundo del boxeo, tan importante en su vida?
- Ya se han hecho muchísimas. Me gustan las historias con conflicto, el boxeo no me atrae para contar una historia. Además, hace año y pico que no entreno.

- Los protagonistas no usan móvil, algo insólito en un adolescente actual.
- No quería contextualizar la película en una época determinada para hacerla más universal. Esas vivencias que yo tuve siguen pasando hoy. En las películas todo se soluciona con una llamada de móvil, a mí no me hacía falta para esta historia.

- ¿Quiere dejar de ser actor?
- No. Yo disfruto mucho encima de un escenario, llevo años formándome. No creo que ser director sea excluyente. Y tengo necesidad de seguir contando historias.

(Entrevista publicada el 24 de abril en el Diario EL CORREO).

Gracia Querejeta: “Discutía a gritos con mi padre, le echo mucho de menos”

2015 abril 10

La hija de Elías Querejeta, nueva vicepresidenta de la Academia de Cine, estrena ‘Felices 140′

‘Felices 140′ no es la película que uno espera de Gracia Querejeta (Madrid, 1962). “Quería explorar cómo el di nero pone a prueba la amistad”, justifica la directora, que reúne a una familia en una idílica casa rural convocados por una anfitriona (Maribel Verdú), que suelta la bomba: le han tocado 140 millones de euros en la lotería. Querejeta regresa a la familia como una institución muy poco acogedora y retrata a una generación de cuarentones insatisfecha, movida por la codicia y la mezquindad. “En el momento en que escribí el guion (con Antonio Mercero) estaba bastante cabreada con el mundo. Igual ahora lo estoy menos, no lo sé…”. Ese cabreo ha llevado a la hija del llorado Elías Querejeta a aceptar la vicepresidencia de la Academia del Cine. “Había que arrimar el hombro”.

  -”Felices 140″ es deudora de una crisis que todavía no ha acabado.
-Quería hablar de gente corriente de cuarenta años, a los que las cosas les van mejor o peor. Ninguno tiene una necesidad acuciante.

  -Todos pensamos que con más dinero seremos más felices.
-Sí. Ansiamos la comodidad que te da el dinero de no preocuparte por sacarte las castañas del fuego. Ahora, ¿cuál es el precio que estamos dispuestos a pagar por ello?

  -Vuelve a su gran tema, la familia, según usted un sitio terrible.
-Sobre todo si hay dinero por medio. Parece mentira la cantidad de familias que se destruyen por las herencias. Yo, como soy hija única, no he sufrido esos problemas, pero los he vivido de cerca.

  -La esperanza la deposita en el chaval protagonista, el único íntegro de todos.
-Me gustaba la idea de que el más pequeño y el que menos control tiene sobre la situación es el que posee la mirada más limpia sobre el horror que está contemplando. Tengo un hijo de veinte años y creo que a esa edad todavía no tienen la cabeza tan contaminada.

  -¿Confía en las nuevas generaciones?
-Siempre. Si no, con mi chaval haciendo segundo de Políticas sería para tirarse de los pelos. De momento es muy difícil que mi hijo encuentre otra manera de vivir que no sea en la casa familiar. No sé si volverán los momentos de bienestar que hemos vivido, pero quiero pensar que la lógica y el sentido común prevalecerán. Las nuevas generaciones podrán estar en el mercado de trabajo de manera habitual y no como excepción.

  -¿Cree que saldremos mejores de esta crisis?
- Si salimos… Hará falta tiempo para superar este trauma que ha destruido tejido empresarial en mi sector y ha dejado unos sueldos muy pequeños. Será necesario mucho tiempo para poder quitarnos de encima esta sensación de precariedad constante y de no saber hacia dónde tiras. Hace veinticinco años yo quería hacer una película y podía. No una película de la hostia, pero tenía varias maneras de financiarla. Ahora no sé cuándo volveré a hacer la siguiente.

  -¿Antes vivían en el cine español por encima de sus posibilidades? ¿Había alegría a la hora de subvencionar?
-Nunca he tenido esa sensación. Yo he vivido de mi trabajo desde hace muchos años, no tengo casas de campo ni jet privado. He hecho una vida muy normal, sin grandes lujos, pero sin grandes angustias. Sin el temor actual de no saber si podrás seguir trabajando en tu oficio.

  -Pensaba que cada dos años iba a poder rodar un largometraje.
-O cada tres. Y haciendo por medio documentales, series… De hecho me siento muy afortunada de haberme podido reenganchar a la tele.

  -¿Ha visto dramas a su alrededor?
-Sí. Trasiego de préstamos entre compañeros. Hay gente que lo ha pasado francamente mal.

  -Mario Camus dice que ya no tiene ganas de buscar financiación para un filme, porque ese proceso es más complicado que rodarlo. “Éramos como pordioseros y lo seguimos siendo”, se queja.
-Antes éramos menos pordioseros. Mario Camus, Víctor Erice y directores de generaciones anteriores no pueden dirigir. Hacer una película hoy es un lujo. Y eso no tiene ningún sentido desde el punto de vista industrial ni cultural.

  -La semana que viene empieza el Festival de Cine Español de Málaga, lleno de películas “low cost”.
-Hace dos años ya ocurrió, cuando ganamos con “15 años y un día”. Fue el año de “La herida”, “Stockholm”… Esa tendencia de cine con muy poco presupuesto ya está instaurada desde hace tiempo. “Felices 140″ es uno de mis proyectos más pequeños, solo tuvimos seis semanas de rodaje.

  -¿Se ve haciendo “crowdfunding”? ¿Recolectando dinero por internet?
-No. Quizá para otro tipo de experimentos, pero para una película no. Me veo un poco mayor. Concibo la producción de otra manera, dentro de un tejido industrial donde cobre todo el mundo. Lo que no quiere decir que no confíe en que el audiovisual se vaya a ver en internet. Netflix vende al mundo entero sus series porque son muy buenas. Esa es la tele que a mí me gustaría ver y que pasa por la compra de productos que sabes que te van a gustar.

  -¿Por qué ha dedicado “Felices 140″ a su madre?
-Porque se la debía. Ya le dediqué la anterior a mi padre. Pobrecilla, vaya una película que le ha caído…

  -Es su primera película sin su padre vivo. ¿Cómo se ha sentido?
-Rara. Me acuerdo un día estando con Maribel en el set, que me pilló mirando el mar… Es que echo mucho de menos a mi padre, le dije. Siempre ha sido un referente. No sé qué hubiera pensado de esta película, creo que le hubiera molado. Me hubiera dicho que es demasiado brutal.

  -No va a volver a haber productores como Elías Querejeta.
-No sé si por el talento, ahí no me meto, que me pilla demasiado cerca. Pero es que no existen las condiciones en las que Elías hizo su mejor cine. Tuvo otras dificultades: de orden político, con la censura… Antes de morirse, mi padre decía que ni en su peor pesadilla hubiera imaginado que las cosas iban a ser así. Y falleció en 2013. Si se lo cuentan años atrás no se lo hubiera creído. Vio morir el tipo de producción que le permitió ser uno de los productores más importantes de Europa.

  -¿Sabe que su padre imponía mucho en las entrevistas? ¿Era fácil trabajar con él?
-Mucho. Era extraordinariamente listo y muy generoso. Entendía que el director era el que llevaba las riendas de la película. No trabajaba por imposición, sino por conversación. Discutíamos mucho a gritos, porque la confianza es un asco, pero era profundamente respetuoso con mi trabajo de directora. Nunca tuve miedo a la comparación de autorías, a que me dijeran “esto es así porque está Elías detrás”. Imagínate al comienzo de mi carrera… No hay que tener miedo a reconocer coautorías del guion, lo que es de tontos es rodearte de tontos. Sí, discutí mucho con él, pero siempre desde el respeto profesional.

  -¿Estaba orgulloso de que su hija fuera directora?
-Cuando terminé Historia le hubiera gustado que trabajara con él en la productora, tenía esa fantasía. Y le dije que donde hay patrón no manda marinero. No tenía sitio a su derecha ni a su izquierda, tenía que buscar mi propia parcela. Y qué mejor manera que ser directora. Elías podía llevarse el gato al agua porque era listo, si no le interesaba la película la dejaba en un cajón. No se andaba con chiquitas.

  -¿Cómo le han logrado convencer para ser vicepresidenta de la Academia?
-Eso digo yo… Fui académica bastante tarde. Y hace años ya me llamaron. Confieso que me daba pereza, pero teniendo en cuenta cuál es la situación actual, hay que arrimar el hombro. Hay cosas que se pueden hacer desde la Academia. Somos un órgano políticamente independiente con 1.200 socios. No me puedo negar por vagancia ni porque tenga cosas mejor que hacer.

  -Sabe que el vicepresidente es el que más trabaja, ¿no?
-Ja, ja. Tengo la esperanza de que el presidente curre también. Antonio (Resines) está demostrando que es un presidente con un poder mediático muy interesante. Va a trabajar muy seriamente.

  -Primera reunión con Wert. ¿Cuál sería su prioridad número uno?
-La bajada del IVA cultural. Y más después de haberle escuchado a Rajoy decir que dependerá de la recaudación del cine español. ¿Perdón? Si gravas las entradas con un 21% no es fácil hacer taquilla, porque la gente no tiene dinero para ir al cine todas las semanas. Rajoy sostiene que hay productos culturales al 4%, como los libros. Ya. Y el porno. Es una tomadura de pelo. En las próximas elecciones, gane quien gane, pediría que demostrara una clara voluntad política de arreglar este sector desde distintos ministerios.

  -¿Tiene esperanza en los nuevos partidos?
-En algunos. Tengo esperanza en que de todo este letargo bestial que hemos vivido surja algo potente y con auténtica voluntad política de cambiar las cosas. Ya no nos vale que en período preelectoral se les dé la cartilla sanitaria a los emigrantes. La historia de la humanidad siempre ha funcionado de la misma manera: cuando la presión es insostenible surgen nuevas cosas. No se van a cortar cabezas, como en la Revolución francesa, pero algo saldrá de la desazón.

El bucólico fin de semana de una jauría de desalmados

“Felices 140″ transcurre como tantas reuniones en la estela de “Reencuentro” y “Los amigos de Peter” durante un fin de semana que servirá de catarsis. Maribel Verdú, la soltera de la familia, cita a los suyos en una bucólica casa rural de Tenerife para celebrar que le han tocado 140 kilos en el Euromillón. Lo que parecía una comedia romántica se agría cuando el dinero descubre lo peor de cada personaje. Pero eso no es todo. El espectador no espera el brutal giro de guion que viene después. Sorprende que la directora de “Héctor” y “15 años y un día” se sumerga en las procelosas aguas de la comedia negrísima.

El séptimo largometraje de Gracia Querejeta cuenta con un reparto eminente -Antonio de la Torre, Marian Álvarez, Nora Navas…- en el que vuelve a brillar Eduard Fernández, el más humano de una jauría de desalmados en la que es fácil reconocerse. “Felices 140″ no se atreve a jugar a fondo la carta del desmelene macabro y contiene una sonrojante escena musical, pero al menos conecta con un estado de ánimo en un país marcado por la crisis y la presencia del dinero en todas las conversaciones. Cruel paradoja de cara a la taquilla: desvelar los derroteros de su trama supone cargarse una película que, en apariencia, parece más “viejuna” de lo que es. Porque ya ni siquiera Maribel Verdú lleva espectadores a las salas.

Crónicas televisivas#11 This is Opera

2015 abril 8
por Oskar Belategui

¿Qué cara pondría Paolo Vasile si le ofrecieran emitir en Telecinco un programa divulgativo sobre la ópera? Veneno para la audiencia, pensarían desde las cadenas privadas, que solo conciben la música en clave de “talent show”, léase “La Voz” y similares. Menos mal que nos queda La 2, que reserva las noches de los domingos para un espacio gozoso que obra el milagro de despojar al “bel canto” de su condición de espectáculo elitista, inasequible y sacralizado.
Cuando uno piensa en acercar la música clásica al vulgo le vienen los recuerdos televisivos en blanco y negro del maestro García Asensio regalando una batuta a niños asustados. O el longevo “Clásicos populares” radiofónico de Fernando Argenta. Los intentos más modernos de popularizarla, como el desaparecido “Pizzicato”, con Ara Malikian entre chavales, no han terminado de calar entre una audiencia quizá no mayoritaria pero sí amplia, que agradece los programas culturales como agua en mayo.

This is Opera” llega a Televisión Española con el bagaje adquirido en la televisión pública catalana, donde “Ópera en vaqueros” sorprendió en los audiómetros y hasta llevó a su presentador, Ramón Gener, a ser caricaturizado en “Polònia”, el espacio satírico que funciona como barómetro de la popularidad en Cataluña. Gener, un barítono devenido comunicador, desmenuza una ópera en cada programa con el objetivo de que sintamos la pasión que embarga a los aficionados en la butaca de un teatro.

El domingo pasado le tocó “La Bohème” y se pateó las calles y buhardillas de Montmartre para averiguar qué quedaba de los bohemios descritos por Henri Murger. “This is Opera” está primorosamente realizado y transmite el amor por la ópera con sentido lúdico. No hay un ápice de pedantería en las explicaciones de Gener, que salta del italiano al francés, del inglés al castellano, canta y toca el piano con maestría. Sería difícil encontrar un presentador con su bagaje y habilidades, aunque todos saldríamos ganando si refrenara su entusiasmo sobreactuado y el tono melifluo a lo José Luis Moreno.

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