Las ayudas públicas a la producción se han reducido a la mitad en un año. Con suerte, en 2013 se estrenarán una decena de películas, dos de ellas en euskera.
Álex de la Iglesia, Enrique Urbizu, Pablo Berger, Julio Medem, Imanol Uribe… Los directores vascos se sitúan en la élite del cine español. Buena parte de ellos irrumpieron en los años 90 poniendo patas arriba una cinematografía anquilosada. Los mejores técnicos también proceden de un país que, a diferencia de Madrid y Barcelona, carece de un centro de formación de prestigio. El cine vasco exporta talentos, pero este año a duras penas producirá diez títulos entre largometrajes de ficción, documentales y dibujos animados. Con suerte habrá dos películas en euskera.
«El nivel industrial es tan precario que no sé si se puede hablar de cine vasco como tal», reflexiona Carlos Juárez, presidente de la Asociación de Productores Vascos, que engloba a una treintena de empresas. «El cine y la cultura por extensión siempre son la hermanita pobre del reparto presupuestario, solo nos quedan las migajas», lamenta Joxe Portela, a cargo de IBAIA, la otra asociación que agrupa a 42 productoras. Pocos y mal avenidos. La existencia de dos asociaciones en una comunidad tan pequeña puede llevar a engaño. Solo una decena de productoras posee la capacidad financiera necesaria para rodar un título que llegue a los cines.
El Gobierno vasco aprobaba esta semana las subvenciones destinadas a crear películas de ficción y de animación, documentales y cortometrajes: 1,5 millones de euros. Por contraste, el Ejecutivo de Urkullu destinará 3,2 millones al Museo Guggenheim Bilbao y 2,3 a los programas de las federaciones deportivas. Es la mitad del dinero disponible hace un año, cuando a los casi dos millones del Gobierno vasco había que sumar el millón que el Ministerio de Cultura destinaba a las películas rodadas en euskera, dentro de la partida de apoyo a las lenguas cooficiales. Los recortes en Madrid también hacen daño en Euskadi.
Para colmo, este año no saldrán las ayudas a la financiación que Lakua concedía a los productores que, con un contrato de una televisión bajo el brazo, disponían así de mejores condiciones que en los bancos privados. Porque una película se sustenta en dos patas: la ayuda pública y la participación de una televisión como productora o con las preventas para emitirla después. «Sin ETB no habría largometrajes en euskera, así de claro», certifica Jon Garaño, que este fin de semana termina de rodar su segundo filme, codirigido con José Mari Goenaga, “Loreak errepidean”.
Garaño y Goenaga recogen los frutos de su ópera prima, “80 egunean”. Aquella historia que abordaba con sensibilidad el romance entre una amama de caserío de 70 años y una profesora de música a punto de jubilarse recorrió más de cien festivales internacionales, tuvo más espectadores en Francia que en España (22.000 entradas en nuestro país) y se vendió a toda Europa. “Loreak errepidean” ha costado 1,5 millones -el presupuesto medio de un filme en Euskadi- y como novedad cuenta con la aportación de Euskaltel, que al igual que los otros operadores televisivos -Telecinco, Antena 3- está obligado por ley a invertir en cine.
«Todos conocemos compañeros que lo están pasando mal, los técnicos son los que más sufren el parón», observa Garaño. El autor del -quizá- único largo en euskera que se estrene el próximo año habla de «mini industria» y acota el cine vasco al producido en Euskadi, aunque el director no lo sea y se ruede en otra parte. En su opinión, las películas de Enrique Urbizu y Álex de la Iglesia no lo son. «Si quieres rodar una producción de más de dos millones tienes que irte fuera». La racanería de las instituciones, opina Garaño, es un reflejo del sentir general. «Para la gente, el cine cada vez es menos importante».
José Luis Rebordinos, director del Festival de San Sebastián, aventura que este año «será más complicada» la búsqueda de títulos para la sección Zinemira, dedicada al cine patrio: «Todos los años hemos tenido títulos suficientes, pero ahora se está produciendo menos. Para mí, cine vasco es aquel que producen las empresas de la comunidad, da igual su lengua y que se rueden en otro lugar. Es una industria modesta pero estable. Hay empresas que producen una película al año o cada dos años. Otras tardan más, pero poco a poco van teniendo un catálogo interesante».
Para Rebordinos, las subvenciones no deben constituir el único apoyo. «Es necesaria una legislación suficiente en materia de incentivos fiscales. Y EITB tiene un papel clave». Que los mejores cineastas acaben abandonando Euskadi «no es un drama». «El mundo es pequeño y nosotros también. Tenemos que salir al exterior y, en contrapartida, conseguir que los productores no vascos se interesen por nuestros proyectos».
Nadie es profeta en su tierra, pero algunos casos claman al cielo. Víctor Erice, nuestro cineasta de culto en el mundo, «nunca» ha recibido una propuesta de una institución vasca. Pablo Berger, el triunfador de los últimos Goya, ha pedido subvenciones al Gobierno vasco tanto para “Torremolinos 73″ como “Blancanieves”: «Y no me las han dado».
Hubo una época en los 80 en que se pudo soñar con la existencia de una industria estable. Los tiempos de “La muerte de Mikel”, que llegó a hacer 1,2 millones de espectadores. El cine de aquella época tiene una constante: «La búsqueda de una identidad propia, de una marca para mostrar el hecho diferencial vasco», en definición de la profesora Casilda de Miguel. En los 90 se crea la sociedad pública Euskal Media, que asumía la coproducción de los filmes y la adquisición de los derechos de los proyectos que decidía avalar. «La época dorada del cine vasco va del 85 al 95», concreta Javier Rebollo, que todavía mantiene abierta la productora más antigua del País Vasco -«y quizá de España»-, Lan Zinema.
Rebollo y Juan Ortuoste fundaron Lan Zinema en 1973. Justo cuando Imanol Uribe rodaba “La fuga de Segovia”, ellos mostraron Bilbao como jamás se había visto en “7 calles”. «Nuestras películas viajaban a festivales y los técnicos eran muy apreciados. Éramos los mejores embajadores de lo vasco», recuerda Rebo llo, que estos días monta su sexto largometraje, “Triku-balsa” (El vals del erizo). El autor de “Marujas asesinas” (300.000 espectadores) la ha rodado en euskera, aunque no hable el idioma. «Así tienes más ayudas».
Rebollo ha tenido que volver a sus orígenes, a filmar con técnicas de guerrilla su cinta más barata. «Buscas interiores naturales, tratas de implicar a actores y técnicos… Volvemos a los tiempos de los cortos, a trabajar en cooperativa». Carlos Juárez, portavoz de los productores, echa de menos precisamente más ambición, producciones que den trabajo y dejen dinero, como la catalana “Pa negre”. «Se trata de crear músculo industrial, de fomentar las coproducciones y primar el riesgo. Un chaval que quiera hacer una película de ciencia-ficción en Euskadi lo tiene muy jodido».
Ese chaval del que habla Juárez también lo tendría complicado para formarse. Entrar en la Escuela de Cine de la Comunidad de Madrid es más difícil que hacerlo en la Comercial de Deusto; también hay tortas para matricularse en la ESCAC catalana, de donde han salido talentos como Juan Antonio Bayona (“Lo imposible”). Euskadi carece de un centro de referencia. Ya no es posible estudiar cine en el Centro Sarobe de Urnieta. Solo queda la licenciatura de Comunicación Audiovisual en la UPV y en la Universidad de Mondragón, así como un puñado de academias privadas.
Una vez resuelta la hazaña de rodar llega el problema de dar salida al producto en una comunidad que se está quedando sin cines. Vitoria carece de salas en versión original y los Florida han eliminado las últimas sesiones entre semana, al igual que los Multis bilbaínos. Solo San Sebastián mantiene una cartelera estable de cine independiente. ¿La piratería también hace daño al cine vasco? Que se lo pregunten a Joxe Portela, que en Francia e Inglaterra ha agotado los 20.000 DVD de “Papá, soy una zombi”, de la que es productor ejecutivo. Aquí apenas ha vendido 3.000. Ya ni siquiera funciona la «militancia euskaldun», en palabras de Portela, que incitaba a los aitas a llevar a sus niños al cine para ver dibujos en euskera.
Barton Films es la principal distribuidora de las películas de producción vasca. Hace cinco años estrenaba una media de doce títulos al año; este se contentará con la mitad. Tras el documental “El método Arrieta” y dos cintas de dibujos, “Blackie & Kanuto” y “El corazón del roble”, solo tiene un largo en euskera para después del verano, “Amaren eskuak”, de Mireia Gabilondo, basado en la novela de Karmele Jaio. «La subida del IVA nos ha matado. Y la piratería sigue sin solución», enumera José Antonio Fernández, responsable de la distribuidora bilbaína. Y apunta el peso de los cines de Euskadi en la taquilla nacional: apenas el 6% frente al 30% de Cataluña.
La red de quince salas municipales Zineuskadi, auspiciada por el Gobierno vasco y dotada con 800.000 euros, trata de dar salida al cine vasco y europeo. También se subvencionan las traducciones al euskera de filmes comerciales y en 2011 se reservó una partida para la digitalización de salas. «El audiovisual es estratégico para nosotros, un país tiene que tener la capacidad de crear su propio relato y de reflejarse en su cine», sostiene el viceconsejero de Cultura, Joxean Muñoz, a pesar del recorte en las ayudas.
«Trabajamos con el sector pero no hay una fórmula mágica. El contexto de producción en el estado español se ha debilitado. Y a eso se suma el cambio de modelo, Internet, nuevos hábitos sociales, el cierre de salas y el desastre del IVA cultural». Muñoz puede presumir de conocer bien el mundillo: ganó un Goya en 2.000 como director del largo de animación “La isla del Cangrejo”. «Ahora las productoras lo tienen más difícil, antes subsistíamos con encargos como vídeos corporativos y publicidad. Eso también ha caído».
El viceconsejero cree que las ayudas públicas deben subsistir, «pero no se puede depender solo del dinero público». El cine vasco le pide, en boca de Carlos Juárez, «un apoyo decidido para convertirlo en un verdadero negocio y no tirar el dinero por la alcantarilla». «Subsistimos por la vocación, no por el apoyo de las instituciones».
Euskal Hollywood sigue vacío dos años después
Euskadi cuenta con unos estudios nacidos para emular a los Barrandov de Praga o Pinewood en Inglaterra. Por desgracia, llevan camino de parecerse más bien al desastre de la Ciudad de la Luz en Alicante. Un polígono de Oiar tzun acoge los 18.000 metros cuadrados de Zinealdea, un conjunto de cinco estudios -el mayor de 1.820 metros cuadrados y una altura útil de 14 metros- con espacios auxiliares previstos para acoger salas de ensayo, laboratorios, camerinos y oficinas. «El País Vasco tiene que dejar de ir a la zaga en la industria del audiovisual», proclamaba su impulsor, Kike Santiago, al inicio de las obras, hace cinco años. Costaron 24 millones de euros. Llevan dos años vacíos.
El Euskal Hollywood que iba a estar ocupado con rodajes todos los días del año y que formaría a nuestros técnicos y cineastas es hoy un gigantesco hangar que permanece cerrado y sin visos de echar a andar. «La crisis y la falta de apoyo institucional han sido las causas de que Zinemaldea esté parado», afirma Santiago, creador y director del Centro de Artes Escénicas Sarobe de Urnieta, hoy al frente de Zineazpiegiturak, la sociedad que gestiona las instalaciones.
Al Jazeera, en Oiartzun
El polo audiovisual, que se iba a abrir con un mínimo de doce empresas, se ha construido con aportaciones privadas, aunque en su gestación han intervenido la sociedad pública Sprilur, propietaria de los terrenos, y la agencia de desarrollo Oarsoaldea, que integran los ayuntamientos de Oiartzun, Lezo, Pasaia y Rentería. Una segunda fase extendía el presupuesto total a 60 millones y constaba de un hotel, restaurantes y un gran área con gimnasio, spa y guardería.
Zinealdea se presentó en el Festival de San Sebastián de 2010 y a lo largo de su edificación se anunciaron convenios con empresas francesas y belgas. Sus promotores buscan ahora inversores rusos y árabes. Incluso han mantenido conversaciones para que la cadena catarí Al Jazeera emita desde Oiartzun.
(Reportaje publicado en el Diario EL CORREO el 19 de mayo de 2013)
MARIO CASAS ACTOR
“Cuando Michael Radford dijo que se iba pensé que era una broma”
Y las adolescentes malagueñas se volvieron locas. Mario Casas (A Coruña, 1986) obligó a reforzar los servicios de seguridad en el pasado Festival de Málaga para evitar que se reprodujeran los tumultos y altercados de ediciones pasadas. Si hubiese un “star system” español, el protagonista de “3 metros sobre el cielo” reinaría en solitario: es el único actor que parece asegurar el éxito en taquilla.
Sin embargo, Casas ensaya registros más adultos.El protagonista de “La mula”, mejor actor del certamen, encarna a un soldado del bando nacional en las postrimerías de la Guerra Civil, un hombre de pueblo con cerrado acento andaluz que solo trata de salvar a su bestia y empezar una nueva vida con su novia (María Valverde, pareja de Casas en la vida real). El filme ha estado inmerso en polémicas judiciales los últimos tres años desde que el director Michael Radford abandonara el plató cinco días antes de finalizar el rodaje. Su nombre en los créditos figura como “Anónimo”.
- ¿Qué sabía de la Guerra Civil antes del rodaje?
- Lo que te enseñan en la escuela. Somos una familia muy pequeña y me fui muy joven de Galicia. No hemos tratado el tema en casa.
- ¿Y ahora qué sabe?
- Que todas las guerras son iguales y las sufren los de siempre: el pueblo. La gente que no se lo merece es la que paga el pato, como está ocurriendo ahora mismo, que casi no tenemos ni voz ni voto. En la Guerra Civil mucha gente no sabía qué hacía en un bando o en otro, como el protagonista de “La mula”, que está con los nacionales porque es donde supuestamente menos mierda le iba a salpicar.
- Su personaje acaba como héroe franquista pese a no saber muy bien por qué está luchando.
- No lo sabe. Lo único que quiere es asegurar su futuro con una mujer, la tierra y la mula. Lo interesante del personaje es su inocencia, no entiende por qué la gente se mata entre sí. Poco a poco se va volviendo un poquito más sabio y comprende lo cara que es la libertad. Te mueve el hambre, no las ideas. Ahora mismo no hay una guerra, pero la gente intenta sobrevivir.
- Otra peli sobre la Guerra Civil…
- Esta es distinta. Habla de personas, no dice qué bandos son los buenos y los malos.
- ¿Por qué ha tardado tanto en estrenarse?
- Es complicado… Problemas entre productores. Yo no quise enterarme. Michael se fue cuando quedaban cinco días de rodaje. Los actores cargamos la película a la espalda y luchamos por terminarla.
- Que abandone el director un rodaje debe ser aterrador para un actor.
- Cuando dijo que se iba pensé que era una broma, le pregunté si era el día de los Inocentes. El lunes ya había otro director. No he querido saber todo lo que ha venido después, yo solo quería que la película se estrenara porque mis compañeros se lo merecen.
- ¿Usted ha acabado bien con Michael Radford?
- Sí. He hablado un par de veces desde entonces. Tengo más miedo de si le gustará al público que del pasado. Me da pena que Radford no esté en Málaga.
- ¿Un coruñés de dónde saca ese acento jienense?
- Me fui a Andújar a conocer gente. Un chaval de 20 años me pidió una foto, y cuando lo escuché descubrí algo mágico en su manera de hablar. Te doy la foto, le dije, pero tú me lees el guion grabado. Pasé cinco días con la familia. Hoy viene al estreno y escuchará sus frases en la película.
- “Grupo 7″ y “La mula” marcan un antes y un después en su carrera. Ya no podrá decir que solo gana premios cuando vota la gente.
- Sigo pensando que la gente es lo más importante, la que te coloca y te quita. Siempre me he mantenido muy al margen del mundillo de los actores, prefiero estar en el campo con mi familia. No tengo muchos amigos en la profesión. Suena a tópico, pero tal como están las cosas lo único importante es trabajar. Los premios no te dan de comer. Yo no puedo luchar contra un José Sacristán o un Antonio de la Torre. Ellos se lo merecen, llevan toda la vida en el cine.
- ¿A partir de ahora va a renunciar a cierto tipo de papeles? Pronto le veremos en “Las brujas de Zugarramurdi”, “Ismael”…
- No. Me siento muy orgulloso de “3 metros sobre el cielo”, “Tengo ganas de ti” y “Mentiras y gordas”. Aunque no lo parezca y se dirijan al público adolescente, han hecho mucho por el cine español y gracias a ellas se han podido rodar más películas. También voy creciendo como persona y me van apeteciendo otras cosas.
- Ha dicho que no a directores de renombre.
- Sí.
- Eso no lo pueden decir muchos actores en este país.
- Hay que seguir el corazón. Yo pongo en el mismo sitio del corazón a directores anónimos y a Álex de la Iglesia.
- Ha sido telefonista y carpintero. ¿Se le caerían los anillos si tuviese que volver a esos oficios?
- No. No tengo ansiedad cuando no trabajo. Vengo de una familia donde mis padres han trabajado toda la vida para mantener a sus cuatro hijos. He mamado el luchar sea como sea. Lo único que quiero es sentirme bien conmigo mismo.
- ¿Sigue viviendo con sus padres?
- Fifty-fifty.
- Le llega para independizarse, ¿no?
- Podría, ja, ja. Vivo en Madrid pero el fin de semana necesito volver a El Escorial, al campo, respirar el aire.
- ¿Le han inculcado tener cabeza con el dinero?
- Siempre. Tengo mucha suerte, pero desde niño me han inculcado que hay que ahorrar para el futuro y hacerme cargo de mi familia. Lo único que pretendo es no decepcionar a la gente.
- ¿Qué es lo más fuerte que le ha pasado con las fans o los paparazzi?
- De todo. Me han seguido temerariamente por la A-6 taponándome la salida por los lados. Pasas miedo. Tuve que llamar a la Policía y me dijeron que tomara la primera salida, parase y volviese a llamarles. No tengo nada que esconder, pero si estoy en la playa, hay amigos míos que no quieren salir, que no son personajes públicos. ¡Y eso que a mí los fotógrafos me tratan bien! En cuanto a los fans, solo puedo darles las gracias por seguir yendo al cine tal como están las cosas.
(Entrevista publicada en el Diario EL CORREO el 27 de abril de 2013).
DANIEL CALPARSORO DIRECTOR
El cineasta donostiarra, que tiene ‘Combustión’ en los cines, reconoce que ya no saca sus vísceras: “Se las saco a los demás”
Daniel Calparsoro reconoce que hasta su mujer (la actriz Patricia Vico, madre de su hijo de seis años) le dice que se ha aburguesado. Aquel “enfant terrible” lleno de ira y de rabia que debutó hace casi 20 años con “Salto al vacío” es hoy un eficiente director de encargo que sigue teniendo mano maestra en las secuencias de acción. Calparsoro, que no competía en un festival desde “A ciegas” (1997), presentó en Málaga “Combustión”, una cinta de carreras de coches ilegales y enredos criminales y amorosos con actores de buen ver e indisimulada vocación taquillera. El filme, ya en los cines, se beneficia del carisma -y cuerpazo- de Adriana Ugarte, Álex González y Alberto Ammann.
- ¿Le han puesto alguna vez una multa por exceso de velocidad?
- Dos. De 50 euros, tampoco iba muy deprisa. Me encantan los coches y la velocidad, pero soy padre de familia, voy con un niño pequeño. Y no hay cosa que me guste menos que alguien haciendo el gamba al volante, porque es una bomba de relojería. Lo creo de verdad, no lo digo por ser políticamente correcto. De hecho, todas las carreras de la película están rodadas en circuitos cerrados.
- ¿Esas carreras ilegales con coches de lujo se celebran en la vida real?
- Por supuesto. Nosotros nos hemos alejado de las carreras oscuras y nos hemos centrado en las de alto standing, donde van más a enseñar el coche que a otra cosa. Las hemos rodado como videojuegos. Corren Lamborghinis, Ferraris… Coches de 700 caballos que el que menos vale medio kilo. Lo contrario del tuning, vamos. Yo no me los puedo pagar, je, je.
- ¿Entiende el coche como símbolo de estatus?
- Yo tengo un amigo al que su padre le dejó 25 millones de pesetas de herencia. Y se compró un Ferrari de segunda mano. Son las prioridades que tengas en la vida. Puedes querer una casa, una familia y pagarle el colegio a tu hijo, o ahorrar tu sueldo de camarero y comprarte un cochazo. Y ese es tu momento. Hay gente que es así. El personaje de Mikel (Álex González) lo deja todo por una chica y es feliz.
- Ha hecho una película dirigida al público joven, que no esconde su vocación comercial.
- “Combustión” es una película para disfrutar, la puede ver gente de 15 a 45 años. Cuando el productor, Paco Ramos, me ofreció el proyecto me llamó la atención el elemento lúdico. Y la historia: ese viaje al lado salvaje de la vida del protagonista. La historia de amor es muy básica pero muy potente: cómo un tío se encoña con una mujer y es capaz de dejar todo lo que tiene -pareja, trabajo- por irse con ella, sin saber si va a durar. De eso va “Combustión”. En un momento en España donde tenemos la sensación de que nos han robado el futuro cuento una historia para disfrutar.
- Visualmente es impecable.
- La fotografía está muy cuidada, la estética invita a la sensualidad y la banda sonora de Carlos Jean es muy emocional. Te dan ganas de irte de copas cuando acaba la película. Y lo más importante: tres actores buenísimos que desprenden luz propia, no dejas de quererles aunque hagan cosas malas. En el personaje de la chica buscaba más ambivalencia, quería una mujer fatal contemporánea que cae en su propia trampa, una Rita Hayworth actual.
- Le siguen gustando las chicas fuertes.
- Me encantan, en la vida y en el cine. Buscaba a una mujer con una carga sensual fortísima, manipuladora pero que al final acaba enamorándose de su víctima. Buscaba la luz. Y que la película fuera española, no americana, que los personajes fueran de aquí y sus pasiones y engaños sonaran latinos.

- La rabia de sus inicios, de “Salto al vacío”, “Pasajes”… ¿Se ha ido atemperando o está presente en las imágenes de “Combustión”?
- Está presente de una manera muy distinta. Entonces era rabia, ahora es fuerza. Tengo 45 años. Mi pareja me dice que estoy completamente aburguesado, y no te voy a decir que no. Estos motores de coche rugen con mucha fuerza, hay una sensación vital, una energía que me la han aportado generosamente los tres protagonistas. La rabia la tienes o no. La vida pasa demasiado rápido, puedes envejecer físicamente, pero el gran drama viene cuando eres un señor de 75 años y por dentro te acuerdas de tu primera novia. Digamos que ya no saco mis vísceras, sino que se las saco a los demás.
- Pasó dos años intentando levantar en Estados Unidos un filme de terror y el “remake” de una película suya, “Ausentes”. ¿Le ha quedado alguna espinita?
- Tengo tantas espinitas… Cuanto más viejo, más espinas tienes, eso también te mantiene joven. Al “remake” dije que no porque no quería volver a hacer la misma película otra vez. Me marearon durante bastante tiempo, Hollywood es lo que tiene. No descarto volver a intentarlo, aunque en España he tenido una racha muy buena. No competía en un festival importante desde Venecia, con “A ciegas”. Estoy nervioso pero contento. Mi ambición es conectar con el público.
- El cine español le agradecería un taquillazo.
- No quiero tener esa responsabilidad. Soy director, nada más.
- ¿Qué le parece el cierre de Alta Films, la distribuidora de cine independiente de Enrique González Macho?
- Si quieres que te diga la verdad, es tan sencillo como que una empresa quiebra, como tantas otras. Por mala gestión o lo que sea. No me parece nada más que eso. El tinte ideológico que se le da al asunto es un poco maniqueo. Me da muchísima pena que cierre, porque traía películas cojonudas, pero espero que haya otra empresa que ocupe su lugar. ¿Te he dejado planchado, no?
- No negará que es una pésima noticia.
- Hay otras distribuidoras independientes, no es el fin del mundo. El cine de autor funciona bastante bien, tiene el público más fiel. Y después está la gente mayor. Los jóvenes van a ver cine americano fundamentalmente.
- “A ciegas” abordaba el terrorismo. Si ahora se barajaran películas sobre ETA su nombre saldría como candidato a dirigirlas. ¿Le apetece?
- Lo he pensado mil veces, porque es un tema que me ha tocado muy de cerca. Hay que ser pragmático, al final todo se resume en tener un buen guion. Y es falso eso de que la gran película sobre ETA esté por hacer. Imanol Uribe rodó en su día dos cintas potentísimas, “La fuga de Segovia” y “Días contados”. Como es algo tan cercano, parece que nos cuesta encontrar el ángulo correcto. Claro que tampoco sé si al público le interesaría una película sobre ETA.
(Entrevista publicada en el diario EL CORREO el 22 de abril de 2013).
PABLO BERGER DIRECTOR DE CINE
El triunfador de los últimos Goya, que ha estrenado ‘Blancanieves’ en todo el mundo’, fue homenajeado en el FANT
Ya casi nos hemos olvidado de “Blancanieves”, que barrió en los últimos Goya con diez estatuillas. Sin embargo, su director sigue inmerso en un frenesí promocional por todo el mundo. Estrenada hace cinco semanas en Estados Unidos, la cinta de Pablo Berger lleva recaudados más de 250.000 dólares. «El distribuidor está muy contento». Roger Ebert, el crítico más popular e influyente de Estados Unidos, eligió “Blancanieves” poco antes de morir como una de las películas que más le habían gustado del año. Y la proyectó en su propio festival, el Ebert fest, donde Tilda Swinton bailó y 1.500 espectadores acabaron haciendo la conga ante un alucinado Berger. «Me sentí como una estrella del rock».
El autor de “Torremolinos 73″ regresó a su Bilbao natal para recoger el premio honorífico del FANT en su clausura. Se hubiera quedado todo el fin de semana, pero hoy protagoniza en Madrid el plato fuerte de las Fiestas de San Isidro: una proyección de “Blancanieves” con una orquesta en la Plaza Mayor ante 4.000 personas. Su cuento mudo y en blanco y negro nació con ese propósito, el de ser visto solamente con acompañamiento musical en vivo.
- Uno piensa que el triunfador de los Goya tiene un montón de ofertas sobre la mesa.
- Alguna hay, incluso de Estados Unidos. Cuando ganas los Goya o estrenas allí hay más interés por tu carrera. En mi caso, al ser guionista y director me cuesta aceptar una película de encargo, aunque siempre leo todos los guiones. Suena pedante, pero yo les digo a los americanos que mi precio es un buen guion. Si encuentro uno que lo pueda hacer mío y entra en mi mundo, adelante. Rodar en EE UU no me asusta, viví nueve años y tengo muchos amigos.
- Su anterior filme, “Torremolinos 73″, también funcionó muy bien en América.
- Estoy mal acostumbrado. Siempre he seguido mi intuición y mi corazón a la hora de hacer películas solo para mí. Pero ahora, con la perspectiva de mi corta carrera, veo que se trata de hacer algo diferenciador, cuyo concepto se pueda contar en dos líneas: una pareja que en los 70 hace porno para pagar el alquiler, una Blancanieves torera en blanco y negro… Los espectadores y los críticos americanos buscan algo original. No puedes ir a EE UU con un “thriller” al estilo americano. Tienen un claro interés por la marca cine español. Almodóvar ha hecho mucho por ello, como Amenábar, Rodrigo Cortés, Jaume Balagueró, Álex de la Iglesia…
- ¿En cuántos países se ha estrenado “Blancanieves”?
- Mejor pregunta en cuántos no. En toda Europa, Latinoamérica, Canadá, Australia, Japón… A mí siempre me ha sido más fácil buscar financiación fuera que dentro. No me siento profeta en mi tierra, ni siquiera en el País Vasco: he pedido subvenciones al Gobierno vasco y no me las han dado. En cambio he hecho coproducciones con Francia y Dinamarca. A pesar de la crisis, la industria tiene que seguir en marcha. Yo creo mucho en las coproducciones, sin ellas no hubiese hecho cine. Mi siguiente película también lo será.
- El cierre de Alta Films, la distribuidora de cine independiente de Enrique González Macho, no invita al optimismo.
- Es la peor noticia posible, un mazazo que nos ha dejado a todos noqueados. Enrique González Macho nos representa a todos, es querido y respetado. Reúne la triple faceta de productor, distribuidor y exhibidor, y tiene un talante negociador. Ha hecho todo lo posible para buscar un punto de encuentro, independientemente del color del Gobierno. Del cine español viven muchas familias, no solo los que aparecen al principio de los títulos de crédito. Espero y deseo que haya cambios en la situación, si no, estamos abocados a la desaparición.
- El que tiene que mover ficha ahora es el Gobierno.
- Sí. Se ha dado un gesto curioso. El presidente de la Junta de Extremadura, del PP, va a compensar la subida del IVA cultural con sus presupuestos. Y anima a otras comunidades. Tenemos que darnos cuenta de que la cultura es un artículo de primera necesidad, no un lujo. Y un camino para salir de este agujero. Sin cultura estaríamos todavía en las cavernas.
- Acaba de dirigir un anuncio de telefonía móvil con Mario Casas y Macarena García.
- Mi primer “spot”. En publicidad eres parte de una estructura, pero lo haces con la misma pasión. Solo que para “Blancanieves” tardé ocho años y en un anuncio te llaman dos semanas antes, lo ruedas en un día y ya lo están dando por la tele. Satisfacción inmediata.
- ¿Seguirá dando clases en la New York Film Academy?
- Sí. La traigo a España y las daremos en la Escuela de Cine de la Comunidad de Madrid. A principios de los 90 éramos cuatro profesores en el Tribeca Film Center, y hoy la academia se ha convertido en un imperio. Comparto su filosofía: “learning by doing” (aprender haciendo).
(Entrevista publicada en el diario EL CORREO el 11 de mayo de 2013)
PARK CHAN-WOOK DIRECTOR DE CINE
El reputado cineasta coreano salta a la Meca del Cine con “Stoker”, el filme que inauguró el Festival de Cine Fantástico de Bilbao
Bilbao vivió ests sábado la parafernalia de los “junkets” de cine, las presentaciones de películas que las grandes distribuidoras celebran siempre en Madrid y -cada vez menos- Barcelona. Pocas veces se ha visto una rueda de prensa tan concurrida en la capital vizcaína por una película. Y es que Fox había traído a periodistas de toda España a la “premiere” de “Stoker”, el filme inaugural del FANT. El “talent” (estrella) al que los fans daban pósters para que los firmara era su director, Park Chan-wook.
El cineasta más reputado que ha pisado el certamen bilbaíno en sus 19 años de historia ha dado el salto de Seúl a Hollywood con “Stoker”, un “thriller” maravillosamente rodado, elegante, sutil, perturbador, que se estrena el próximo viernes con Nicole Kidman como reclamo. Que nadie espere la violencia desaforada de la cinta que le puso en el mapa, “Oldboy”, donde el protagonista se zampaba un pulpo vivo mientras los tentáculos se le adherían al rostro y exterminaba a una veintena de esbirros a martillazos en un inolvidable “travelling”.
“Stoker” dibuja un morboso triángulo formado por una viuda (Nicole Kidman) que acaba de sufrir la muerte de su marido en accidente, su reservada hija de 18 años India (Mia Wasikowska) y el atractivo tío de la pequeña (Matthew Goode), que aparece por sorpresa el día del funeral y se queda en la casa para seducir a ambas. Chan-wook no ha hecho concesiones a Hollywood. No estamos ante la típica cinta de suspense con caserón de puertas que crujen y sustos. Si “Vértigo” fue la película que animó al coreano a dedicarse al cine, “Stoker” le ha salido su obra más hitchcockiana.
«”Vértigo” marcó un momento determinante en mi vida», reconoce el director. «En mis películas no me gusta hacer referencias concretas, guiños, a mis cineasta favoritos. En el caso de Hitchcock, su influencia es natural, porque él representa todo un género. Si hago “thrillers”, no puedo escapar de su sombra». Chan-wook le puso como modelo a Matthew Goode para su inquietante tío Charlie a Anthony Perkins en “Psicosis”. Como ha hecho al adaptar novelas y mangas japoneses, reescribió el guion firmado curiosamente por Wentworth Miller, más conocido por su papel protagonista en “Prison Break”.
Park Chan-wook sigue sin hablar una palabra de inglés (rodó en Estados Unidos con un intérprete personal). Licenciado en Filosofía, excrítico de cine y capaz de ganar el Oso de Oro en Berlín con un corto rodado con un iPhone, el autor de “Soy un cyborg” se mostraba ayer cansado del largo viaje desde Seúl, aunque tenía planificado pasar unos días entre nosotros. Se interesó por las playas, los restaurantes con estrellas Michelín, las bodegas de La Rioja y hasta llevaba anotado un concierto de la Sinfónica de Bilbao.
Su experiencia americana la despachaba con cortesía no exenta de ironía. «Se hacen muchas bromas sobre Hollywood y se pinta a los ejecutivos como seres estúpidos. Yo lo que he conocido en Fox son gente inteligente que ama el cine». A la inevitable pregunta de cómo es trabajar con Nicole Kidman también responde diplomático. «Antes de dirigirla para mí existían dos clases de actores: los que hablan coreano y los que no. Ahora solo distingo entre buenos y malos. Había oído rumores de que Nicole era una estrella arrogante, difícil de tratar. Se sacrificó en el rodaje y jamás estuvo por encima de nadie».
- Su filme se llama “Stoker” pero no salen vampiros. ¿O sí?
- Metafóricamente es una película de vampiros. Por ejemplo, al tío Charlie no le vemos comer en toda la película. Deja el plato intacto, es como si no pudiera comer alimento humano. Y la piel de la chica manchada de sangre remite a la marca de los colmillos.
- La película habla de la maldad innata de algunos seres humanos, que anida en su interior.
- Sí. Esa semilla está puesta, pero no siempre florece. Hay que regarla, debe darle el sol… El personaje de India porta esa semilla, y si no apareciera el tío Charlie a lo mejor nunca estallaba.
- ¿Ha tenido que rebajar la violencia habitual en su cine al trabajar en Hollywood?
- No. Si en “Stoker” hay menos violencia que en mis películas anteriores ha sido por decisión mía. En concreto, en la escena del asesinato de la tía de India en la cabina de teléfono, mi intención inicial era mostrar solo cómo Charlie se quita el cinturón para estrangularla. Y el estudio quería que mostrara todo el estrangulamiento, más violencia. Fox Searchlight me contrató porque le gustaban mis películas anteriores, no querían diluir mis rasgos autorales.

- ¿Ha disfrutado entonces de la misma libertad que en Corea?
- No puedo afirmar que la misma. Al trabajar para un estudio tienes que estar todo el tiempo dando explicaciones, me preguntaban el porqué de todo. Esa es la diferencia con Corea, donde no tengo que estar justificándome todo el tiempo. Claro que la discusión siempre es constructiva, ¿no?
- Siempre se ha negado a rodar “remakes” de sus obras, pero en Estados Unidos se preparan tres: “Oldboy”, “Lady Vengeance” y “Simpathy for Mr. Vengeance”.
- Es obvio que tengo mucha curiosidad. Espero que sean diferentes a mis películas… Sobre todo “Oldboy”, que está a punto de estrenarse. Estoy deseando saber cómo la ha interpretado Spike Lee.
- ¿Cómo se vive en su país la amenaza bélica de sus vecinos del norte?
- Los coreanos no nos preocupamos mucho por las fanfarronadas de Corea del Norte. Si usted fuera coreano le pasaría lo mismo, la vida sigue igual. Las amenazas han sido continuas a lo largo de los años, nada ha cambiado. ¿Provocar una guerra? ¡Bah!
- En Occidente nos divierte mucho Kim Jong-un…
- A nosotros también, je, je. Es la tercera generación de la familia Kim. Y cada vez son más graciosos.
- Empezó como crítico de cine. ¿Era muy duro?
- Mi caso es especial. Hay críticos que después se convierten en directores, como Truffaut. Yo empecé como director, pero no me podía ganar el pan. Y lo completaba escribiendo críticas. No era muy cruel. No quería poner mal a los productores y distribuidores que después podrían llevar mis películas, ser mis futuros inversores. Si no me gustaba la película, no escribía sobre ella. Solo hablaba de lo que me gustaba.
- ¿Y el cine de Hollywood qué le parecía?
- Lo importante de una película no es que sea o no “mainstream”. Puse muy bien el “Batman” de Tim Burton y “Robocop” de Paul Verhoeven.
- A usted no le gusta recargar la simbología de sus filmes para evitar interpretaciones pretenciosas.
- Cuando ruedo me esfuerzo porque la película tenga una simbología, ofrezca metáforas. Pero no me gusta hablar de esos significados, explicarlos. Yo espero que cada espectador la interprete a su manera. Y aunque no haya entendido esa simbología, no tiene por qué pensar que no ha entendido la película.
“Siempre recomiendo dudar de los personajes”
Hollywood cada vez mira más a Asia y menos a Europa. “Iron Man 3″ ha amasado en un solo día 21 millones de dólares batiendo todos los récords. No es de extrañar que el cine americano lance las redes a los realizadores orientales más prestigiosos, como Wong Kar-wai, Jee-woon Kim y Park Chan-wook, que firmó en su día la película más taquillera del cine coreano, “Joint Security Area”. La venganza ha sido hasta la fecha el “leit motiv” de su obra, a la que dedicó la trilogía compuesta por “Sympathy for Mr. Vengeance”, “Oldboy” y “Lady Vengeance”. De las tres prepara el cine americano sus respectivos “remakes”.
«El público suele confiar en los personajes, identificarse con sus comportamientos y con lo que dicen. Yo siempre recomiendo dudar de los personajes», alecciona el cineasta coreano, que sigue fiel a su poderoso estilo visual. El autor de “Soy un cyborg” parece rodar con tiralíneas, atento a cada elemento de la puesta en escena. Su reflexión sobre la importancia del sonido en “Stoker” es toda una lección de cine. «Yo suelo decir que lo visual pertenece a la conciencia y lo sonoro al inconsciente. Los espectadores puede comentar “¡qué bonita fotografía!”. A mí me interesa más ese sonido de fondo de dos personas calladas en una habitación…».
Un cuento gótico de iniciación al sexo y la muerte
Solo los títulos de crédito de “Stoker” poseen más capacidad de sugerencia que el 99% del cine de terror que exporta Holly wood. La elegancia con la que rueda Park Chan-wook está a años luz del efectismo de la mayoría de realizadores del género, ajenos a la atmósfera que el coreano logra imprimir a este cuento gótico.
Los ecos de “Alicia en el país de las maravillas”, “La sombra de una duda” y hasta “Psicosis” reverberan en las imágenes de una historia de iniciación al sexo y la muerte. “Stoker” se rodó en los bosques de Nash ville, pero la ambientación apuesta por la atemporalidad: el escalofriante tío Charlie viste tan elegante como el Cary Grant de “Encadenados”…
La familia como transmisora de la enfermedad moral, la herencia del mal que anida en nuestro interior esperando que alguien la germine, y el salto a la edad adulta como ceremonia de sangre son algunos de los múltiples temas que trata un manierista ejercicio de suspense que saca provecho de sus intérpretes. Por cierto, todos extranjeros en Estados Unidos, como el realizador.
Nicole Kidman deambula por la cinta sin guardar demasiado luto con ese rostro como de cera que se le ha quedado tras demasiadas inyec ciones de bótox. Todo el peso interpretativo recae en Mia Wasikowska, la Alicia de Tim Burton, capaz de reflejar el paso de la incertidumbre y fragilidad de la adolescencia a la fortaleza de la perversidad.
(Entrevista publicada en el diario EL CORREO el 4 de mayo de 2013).
GORAN PASKALJEVIC DIRECTOR
El director serbio indaga en la memoria de su país en ‘Al nacer el día’, filme visto en la Seminci y en el Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián
Goran Paskaljevic es, junto a Ingmar Bergman, el único ganador de tres Espigas de Oro en la Seminci. Su filmografía indaga en la memoria de la extinta Yugoslavia y se interroga sobre la identidad de un pueblo que, según el director, «todavía está en guerra». Vista en el último Festival de Valladolid, “Al nacer el día” descubre la existencia de un campo de concentración en Belgrado, creado por la Gestapo en la II Guerra Mundial para exterminar a judíos y gitanos serbios. Un profesor de música que, desde el presente, descubre sus orígenes hebreos es nuestro guía en una cinta seleccionada por Serbia para los Oscar, que inauguró el undécimo Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián. El filme lo estrenará Wanda este año.
- Ha rodado “Al nacer el día” para que las autoridades serbias hagan un memorial en el campo de concentración.
- Sí. Se lo debemos a las víctimas. Y yo no soy judío. En Belgrado había 30.000 judíos antes de la guerra; después quedaron 2.000. Nunca entendí por qué no se hizo nada durante el régimen de Tito, pero, claro, no les interesaban las víctimas civiles, solo había monumentos de los partisanos y de Tito. El campo sigue en el corazón de Belgrado completamente abandonado. Ningún Gobierno ha querido hacer allí un centro de la memoria. Es el único escenario del Holocausto en Europa no señalado.
- Lamenta que los jóvenes de su país no quieren saber lo que pasó.
- El problema es que tenemos malos recuerdos. Durante la guerra, Belgrado se proclamó territorio croata porque Croacia se alió con los alemanes, pero fue la policía serbia colaboracionista la que envió a toda la gente al campo. Evidentemente, no quieren que se hable de eso. Antes de estrenarse la película ya me criticaban acusándome de falsear la Historia y de ser antiserbio. Tienen miedo, porque siempre hay una razón por la que queremos olvidar. Como yo olvidé a mi primera mujer, ja, ja.
- Establece un paralelismo con la situación actual de los gitanos.
- En toda Europa se les trata como a ciudadanos de tercera. En Serbia se suele decir: “Los gitanos me han robado algo”. Es como si solo robaran ellos. Yo rodé películas sobre los gitanos antes de Emir Kusturica. Exploré su problemática, por qué no han sido aceptados en la sociedad. Cuando nace un niño gitano, nace en la miseria, no habla bien serbio porque no es su lengua materna y va al colegio sucio. Piensan de él que es tonto. No se hace un esfuerzo por integrarlos en la sociedad. Les tratan como a los judíos en la Alemania nazi.
- Y con la crisis económica el conflicto se agudiza.
- La mayor parte de los gitanos en Serbia, como no necesitaban visado, se iban a Alemania y Austria a solicitar asilo. Ahora los alemanes han dicho que van a imponer visados porque hay demasiada gente solicitándolo. Es un círculo vicioso. Ellos no son culpables de nada.
- La memoria es una obsesión en su obra.
- Sin memoria no tendremos futuro. Los jóvenes no tienen tiempo para recordar el pasado, y en Serbia si olvidamos el pasado no tendremos un futuro real. Además, con la crisis llegan los nacionalismos. Cuando los Gobiernos no tienen nada que ofrecer a la gente, echan la culpa a otros. Es más fácil manipular a las masas con este populismo, decir que nosotros somos mejores que vosotros. Para mí, el nacionalismo es el final del pensamiento. Yo amo a mi país, pero no soy nacionalista en el sentido de que solo ame a mi país y a mi padre. Si eres nacionalista es muy fácil ir un poco más allá y caer en el nazismo. Con “Honeymoons” quise hacer la primera coproducción albano-serbia. Primero sufrimos la desconfianza, y al final, tras trabajar como una familia, nos separamos con lágrimas en los ojos.
- En “Al nacer el día” hay una defensa de la cultura y el arte, de la música como salvación.
- Sí. La película comienza con uno de los cánticos corales más hermosos de la liturgia ortodoxa y concluye con un poema sinfónico. La música es un lenguaje universal, no hace falta tener el mismo idioma ni la misma cultura. Yo todos mis momentos difíciles los supero escuchando a Mozart a oscuras. Ahora recortan la cultura en Serbia, y yo les recuerdo que la identidad de un pueblo se reconoce a través de ella. Dentro de veinte años nadie se acordará de Berlusconi, pero sí de Leonardo da Vinci. Los políticos piensan que el mundo terminará con ellos.
- Nosotros conocemos su país por sus películas o por la de Kusturica.
- Kusturica es más onírico, su mundo es menos real. Quizá por eso mi país me dice a menudo que soy un traidor, ja, ja. Yo no me meto en la política directamente, pero apoyo el movimiento democrático proeuropeo. Serbia está divida entre el tradicionalismo, que no quiere a Europa, y el resto. Pertenecemos a Europa culturalmente, aunque el periodo comunista nos alejó.
- ¿Por qué sostiene que Serbia está todavía en guerra?
- Corrijo: suele estar en guerra. Olvidamos una y entramos en otra. Con Kosovo no sabemos qué va a ocurrir. Es un peso que nos tira de los pies hacia abajo.
- ¿Usted vive en París, no?
- Ahora vivo más en Belgrado, pero tengo un piso en París porque mi mujer es francesa. Cuando ella se deprime y dice que quiere comer queso volvemos, ja, ja.
- Dice que echa de menos más emoción en el cine.
- No hablo de sentimentalismo, sino de emoción pura. No la veo en las películas actuales, es como si tuviéra mos verguenza de demostrar que tenemos sentimientos. Y no hay que temer llorar, ni en la vida ni en el ci ne. Cuando yo tenía 16 años y descu brí el Neorrealismo en la Cinemateca de Belgrado era feliz viendo las lágrimas de la gente al encenderse las luces. Por eso me dediqué al cine.
PERSONAL
- Nació en Belgrado en 1947. Estudió en la Escuela de Cine de Praga. El auge del sentimiento nacionalista en Yugoslavia le obligó a abandonar el país en 1992. Vive entre París y Belgrado.
- Ha ganado 3 Espigas de Oro en la Seminci, honor que comparte con Ingmar Bergman.
- Filmografía selecta: “La otra América”, “El polvorín”, “Sueño de una noche de invierno”, “Optimistas”, “Honeymoons”.
ÁLEX DE LA IGLESIA DIRECTOR
El realizador bilbaíno, homenajeado en el Festival de Málaga, ultima ‘Las brujas de Zugarramurdi’
Las habrá visto mil veces, pero cuando Álex de la Iglesia enseña las primeras escenas de “Las brujas de Zugarramurdi” en la sala de montaje se ríe como si las descubriera por primera vez. «Es una película muy complicada, los diez minutos del comienzo me han llevado tres meses de montaje», aclara. Su undécimo largometraje arranca con dos pobres diablos poniendo patas arriba la Puerta del Sol. Mario Casas, disfrazado de soldadito de “Toy Story”, y Hugo Silva, en taparrabos y pintado de plata, roban en una tienda de Compro Oro 25.000 anillos de boda, un cargamento de mal fario que les perseguirá hasta la cueva navarra de las brujas por excelencia: Zugarramurdi. (Crónica del rodaje aquí).
«Es una comedia frenética de un grupo de tipos que huyen no tanto de un atraco, sino de una situación emocional imposible. Ellos no lo saben, pero la causa de sus problemas son ellos mismos», describe el realizador bilbaíno, que ha recibido el Premio Retrospectiva en el Festival de Cine Español de Málaga. “Las brujas de Zugarramurdi” se estrenará en septiembre tras su probable paso por el Zinemaldia. «Eso sí, fuera de competición».
- Homenajes, retrospectivas, libros sobre su obra… ¿Se ha convertido en un director respetable?
- Nadie se lo cree. Yo lo interpreto como cariño, no me lo tomo en serio. Y me da una sensación muy peligrosa de que esto se acaba… Siento que acabo de empezar, que estoy probando cosas. El otro día me paré a contemplar mi habitación, infestada de tebeos y muñecos. Llevo una camiseta de la Marvel. No me he parado a pensar que tengo 47 años. Si la madurez es un órgano me lo han extirpado. Y creo que es absolutamente necesario que sea así para hacer cine. En este trabajo necesitas un nivel de ensimismamiento y una inmadurez consciente, aunque ya no cuele. Sé que tengo un problema.
- ¿La gente que admira también es así? Hace poco nos dejaba Jesús Franco, que hizo del cine su modo de vida.
- Jess Franco no decía a los actores que estaba rodando dos películas a la vez. “Poneros estos trajes de romanos y corred hacia allí…”. Es necesario jugar a eso, vampirizar ese tipo de ilusión en otros para estar rodeado de gente que tenga ese mismo espíritu. Cuando yo veo a mi alrededor a alguien que dice “vamos a pensar esto”, lo echo. No consiento la madurez a mi alrededor, porque me detiene. La inmadurez es la conclusión lógica de mi trabajo y de mi manera de ver la vida.
- ¿Y qué opinan sus hijas al respecto?
- Mientras tengan donde comer y puedan ir al colegio creo que lo hago bien como padre.
- Jess Franco, Bigas Luna, Mariví Bilbao, Sancho Gracia, Sara Montiel…
- Espero que no sea una cuestión de francotiradores… A partir de los 45 años, el sitio que más visitas es el tanatorio. Llevo sufriendo la pérdida de amigos y de compañeros de profesión, siento vértigo. Perdemos el nexo con una generación anterior de grandes directores y con esos actores de reparto que eran lo más sólido de la profesión.
- ¿Cree en las brujas?
- Por supuesto. Esas cosas se han hecho y se siguen haciendo. Una lástima que no esté más extendido.
- Cuando estudiaba Filosofía en Deusto, buceaba en la Biblioteca Loyola en los textos de Aita Barandiaran y Julio Caro Baroja.
- Todo eso aparece como un clima subyacente, pero no hay ninguna intención de hacer una película realista. Me gustan los testimonios de las brujas de Logroño, que raspaban la piel de los sapos para extraer el jugo y lo metían en tarros con beleño y amanita muscaria. Después se lo aplicaban en los sobacos y en las nalgas. Ese es el verdadero origen de la escoba.
- ¿A quién quemamos hoy en las hogueras?
- Espero que a nadie. Ahora más bien se da una especie de corrección política que nos asfixia. Si hay hogueras son mediáticas, porque la gente lo pide. Tenemos la televisión y las redes sociales que nos merecemos. Cuanta más información, más cuida do hay que tener con lo que se dice.
- ¿Y eso de la tele que nos merecemos?
- Sí. Podrían dar más películas, pero al parecer la audiencia no lo permite. “Splash” tiene más tirón que una de Peckimpah. Nos apetece ver a gente conocida haciendo el ridículo en traje de baño, con el pequeño morbo de ver si se rompen la columna. En las redes sociales también hay de todo: gente muy buena con ganas de hacer cosas y trolls, que llaman más la atención.
- Usted se ha relajado mucho en Twitter.
- Si ahora no tuiteo tanto como antes es solo por falta de tiempo. Yo me expongo tal y como soy en cada película, es como si saliera desnudo y contara mi vida. Sabéis quién soy, qué pienso, cuáles son mis limitaciones. Entonces, ¿a mí qué más me da decir algo en Twitter? Cuando lo descubres te enganchas y conoces a un montón de gente. Dentro de unos años, nadie vivirá sin Twitter. Ahora nos estamos adaptando, como cuando entró la televisión en casa. Un shock.
- ¿Ha palpado en los escenarios navarros algo sobrenatural?
- Sobrenatural ha sido lo bien que nos han acogido en Zugarramurdi, acostumbrado a rodar en Madrid, donde a las tres tomas la gente se te echa al cuello. “¿Qué estáis haciendo, subvencionados? ¡Todos fuera!”. Teníamos a señoras que cogían un autobús a las seis de la mañana en Pamplona, pasaban cuatro horas maquillándose y después corrían descosidas por un prado detrás de Mario Casas. Catorce tomas. Alguna pedía volver al día siguiente, aunque fuera sin cobrar.
- Vive junto a la Puerta del Sol. ¿Por qué le atrae tanto esa zona de Madrid?
- Es como mi estudio, lo más frenético y demencial culturalmente de Madrid. Visualmente es el espacio más poderoso: Sol, Gran Vía, Montera… Porque a mí me parece atractivo Boris Karloff, no Alan Ladd. No me veo rodando en Serrano…
- Las mujeres en su cine suelen sufrir. ¿Esta vez también?
- El tema central de la peli es la manera que tenemos de enfrentarnos a las mujeres. Reflejo la torpeza absoluta del hombre para mantener una relación normal con una mujer. Ellas tienen el poder. Hay momentos claramente feministas, en los que yo estoy a favor de las brujas.
- ¿Y qué tal con Carmen Maura?
- Es una bruja, je, je. Como Terele Pávez y Carolina Bang. Para que las mujeres sean encantadoras ya tenemos a Sandra Bullock. Prefiero contar qué pasa si ellas van a por ti.
- ¿Cada vez es más complicado estrenar una película y llegar al público?
- No quiero ser apocalíptico, pero el cine en sí mismo está siendo amenazado por un montón de condicionantes que lo empujan a la desaparición. En Italia la industria prácticamente ha desaparecido: Cinecittà, donde se rodaban cientos de películas, la proyección del cine italiano en el mundo… Aquí llevamos el mismo camino. En un momento determinado hubo una serie de poderes concretos -léase la televisión- que consideraron que si algún tipo de audiovisual debía hacerse era para la pequeña pantalla. Lo mismo pasó en Italia. La gente no se ha dado cuenta de que hay unas razones políticas y sociales que lo han provocado.
- En España las televisiones son las principales productoras de cine. Por obligación legal, eso sí.
- Convencer a las televisiones fue una labor que tímidamente hicimos cuando estuve al frente de la Academia, hacerles ver que son grandes productores de cine, no gente que invierte. Telecinco ha estado en los Oscar gracias a una película, no por una serie de televisión o por un programa de tertulia de la tarde. Gracias a su inversión este país ha tenido sus mayores éxitos, son los mejores productores. Sin las televisiones no se puede hacer cine en España. Sería muy bueno que lo entendieran así, no verlas como un enemigo, sino como un aliado.
- No sé qué opinaría Paolo Vasile al respecto…
- Estoy convencido de que estaría de acuerdo. Paolo es un gran amante del cine, además le viene de familia.
- Pero Vasile siempre dice que si no le obligara la ley, no invertiría en cine.
- Pero sigue produciendo. Porque le gusta. Estoy convencido de que Telecinco está muy orgullosa de sus películas, de que Paolo se enorgullece más de “Lo imposible” que de los programas de la tarde. Es una persona muy inteligente y muy culta.
- ¿Qué opina del “crowdfunding”, financiar un filme a través de pequeñas aportaciones colectivas en Internet?
- La respuesta requiere un nivel de sinceridad que no tengo, no puedo responder porque voy a tener problemas. Es un problema de poderes, hay gente a la que no le interesa que la industria cambie porque pierden su liderazgo. Imagínate que consigues levantar una película complejísima en dos años con el micromecenazgo, sería la demostración de que el sistema funciona. Woody Allen podría financiarse una película en un día si hiciera “crowdfunding”, en vez de convencer a Ayuntamientos por todo el mundo para conseguir dinero (dentro de poco rodará, no sé, “Barakaldo mon amour”). Pero hay mucha gente que no quiere que eso ocurra, porque desaparecerían los intermediarios.
- O sea, que no lo descarta en un futuro.
- Lo descarto, porque tengo mucho miedo a las represalias.
- ¿Cómo contempla esta España que se despierta cada día con malas noticias?
- Saldremos de esto convirtiendo los problemas en virtud. Esta película ha sido dificilísima de levantar, pero yo soy un privilegiado, no tengo nada de qué quejarme, hay otros sectores de la sociedad infinitamente más afectados. Vamos a intentar hacer que las cosas jueguen a nuestro favor. Siempre pienso en el Neorrealismo, en la comedia de los 50. Otra cosa es que a mí no me guste en mis películas tratar un problema en concreto. Si se muere alguien de tu familia, procuras hablar de otra cosa para que, de alguna manera, se le olvide con cariño.
Zombis y cortes de pelo borrokas
«Gloria Swanson pero en borroka». Así define Álex de la Iglesia el personaje de Carmen Maura en “Las brujas de Zugarramurdi”, la reina del aquelarre. La acompañan otras dos generaciones de hechiceras en la familia: Terele Pávez y Carolina Bang, con un corte de pelo que tampoco desentonaría en un gaztetxe. El rodaje en la impresionante cueva de Zugarramurdi, con cientos de figurantes “zombificados”, ya alertaba sobre el despiporre de una comedia que lo tiene todo para ser el taquillazo del cine español en el último trimestre. Empezando por sus patéticos héroes, Hugo Silva y Mario Casas, este último dejando atrás la etiqueta de galán de una vez por todas.
(Entrevista publicada en EL CORREO y el resto de diarios de Vocento el 20 de abril de 2013)
MIKE NEWELL DIRECTOR
El director de ‘Harry Potter’ y ‘Cuatro bodas y un funeral’ adapta en ‘Grandes esperanzas’ el clásico de Charles Dickens
El año pasado se conmemoró el 200 aniversario del nacimiento de Charles Dickens. No podía faltar una nueva adaptación de “Grandes esperanzas”, desde este miércoles en los cines. Mike Newell filma con respeto hacia el clásico las peripecias de Pip (Jeremy Irvine) y el siniestro Magwitch (Ralph Fiennes) y muestra el Londres de principios del XIX como un lodazal donde la lucha de clases dejaba un reguero de víctimas. A sus 70 años, el autor de “Cuatro bodas y un funeral”, “Harry Potter y el cáliz de fuego” y la maravillosa “Donnie Brasco” demostró en el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla su energía y buen humor.
- ¿En dónde reside la vigencia de las obras de Dickens?
- Dickens es un autor contemporáneo. Él creía que el mundo en el que vivía era injusto y cruel. Sus historias siempre presentan a un individuo que trata de luchar contra esa opresión. Hay mucho optimismo en sus novelas, no es deprimente como Dostoievski ni tiene miedo a la sociedad de su tiempo. En el fondo, Dickens sabe que lo que sienten las personas es más poderoso que todas las presiones en su contra. Además, era muy bueno en lo que hacía, el mejor. ¿Sabe que siempre escribía de pie? Trabajó durante 58 años hasta que murió exhausto. Nadie brilló como él desde los 20 años. Fue un titán. Estaba tan en contra de las cosas que no dejaba al nadie al margen, todos tenían voz en sus novelas, y por eso los ingleses sabemos que habla para todos nosotros. Dickens en cambio odiaba América porque allí no le pagaban los derechos de autor.
- Charles Dickens se rebeló contra la sociedad de su tiempo, pero no ha pasado a la posteridad como un contestatario.
- Cierto. Le invitaron en tres ocasiones a conocer a la reina y las tres dijo que no. Era muy cristiano, pero más crítico que rebelde. Hay grandes narradores que son también políticos, como George Orwell. Dickens no era nada político, porque lo que le preocupaban eran las diferencias entre las personas. Veía la maquinaria que regía el Imperio británico fuera de control. El niño al que enviaban al reformatorio no tenía ninguna posibilidad de defenderse, no había justicia para él. Eso era lo que le sublevaba a Dickens.
- “Grandes esperanzas” demuestra que el ascenso social no trae necesariamente la felicidad. Si hubiéramos aprendido esa lección quizá no estaríamos en esta crisis.
- Por supuesto. El protagonista pisa a la gente a la que debería cuidar para medrar, con la excusa de que quiere conquistar a la chica. Y enseguida se adapta a la vida de caballero londinense. Cuando paseas en la actualidad por Londres te encuentras con manifestaciones de todo tipo: contra los recortes del Gobierno, los bancos… Cuando llegan a la City, al centro financiero, los ejecutivos se asoman a las ventanas y agitan billetes de cincuenta libras. Yo lo he visto. A los de arriba les importa un bledo qué les ocurre a los de abajo. Mienten y defraudan porque todo vale para llegar a la meta. No hemos avanzado nada desde los tiempos de Dickens. Vivimos una nueva era victoriana. No sé muy bien qué sucede en su país pero me lo puedo imaginar. En el mío vamos a toda pastilla, pero hacia atrás. En aquella sociedad victoriana también se pasaban el tiempo esperando la revolución, viendo hasta qué punto iban a aguantar. Hay tanto descontento que se da la misma mezcla volátil que en los libros de Dickens.
- Londres sigue atrayendo a la gente.
- Sí. ¿Conoce ese cuadro de Goya? “Saturno devorando a sus hijos”. Eso es Londres. Generaciones y generaciones piensan que pueden destruir Londres, y la ciudad les destruye a ellos. Siempre ha sido así. Londres es demasiado grande y cruel.
- ¿Cómo se contempla a sí mismo en la industria del cine: un autor, un artesano?
- Lo que hace a un director es tener promesa y propósito. Nadie puede acertar siempre, hasta Michael Haneke se equivoca alguna vez. Hay cineastas que esperan a que todos los elementos sean los deseados: el guion, los actores… Después estamos los demás, que queremos contar historias desesperadamente. De niño, mi padre me escribía cuentos. Trabajaba en la construcción pero tenía ese hobby. Y estaba loco por el teatro, al igual que mi madre. Estaba claro que yo me iba a dedicar a esto, pero no lo supe hasta los veintitantos años. Me siento incompleto si no tengo una historia que contar.
- Fue el primer director británico en firmar una película de la saga Harry Potter, que se ha convertido en un icono del país.
- Fui feliz en el rodaje pese a la dureza de una superproducción así. Me gustaba mucho el libro, aunque Warner quería sacar dos películas de él porque así doblarían las ganancias. Yo me negué. El actor protagonista, Daniel Radcliffe, me preguntó cómo iba a ser la película. Y lo le contesté que como “Con la muerte en los talones”, donde Cary Grant no tiene ni idea de qué le va a ocurrir en cada momento. Harry tampoco sabe por qué le persigue Voldemort para hacerse con tres gotas de su sangre.
- Mi película suya favorita es “Donnie Brasco”.
- Y la mía. Me encantó trabajar con Al Pacino y sobre todo con los auténticos gángsters que encontré en Queens, se portaron maravillosamente. No había referencias a “El padrino” ni a los mafiosos de Scorsese. Uno de los gángsters me reconoció que en la realidad todos intentaban actuar como Michael Corleone -fríos, racionales-, cuando en realidad eran como su hermano Sonny.
- El cine ha hecho mucho daño a la mafia…
- Sí. Al había sido Michael Corleone, y ahora tenía que ser un don nadie que no sabe nada de los de arriba. Fue alucinante ver cómo construyó su personaje, cómo elegía la ropa. Le dimos a elegir cientos de gafas de sol, y enseguida supo cuáles le daban ese lado grotesco y cómico a personaje.
- Usted ha dirigido episodios de “Las aventuras del joven Indiana Jones”. ¿Qué le parece que Disney haya comprado Lucasfilms?
- Espero que George haya recibido un buen cheque… En serio, creo que le podían haber pagado más de los 3.100 millones de euros que cobró. George es muy buen tipo, le tengo mucho cariño. El único motivo por el que se hizo la serie del joven Indiana Jones fue para que sirviera como campo de pruebas de los gráficos por ordenador. Cuando me llamó para rodarla yo estaba en números rojos. Me ofrecieron 23.000 euros y no pregunté nada. Rodaba y el material quedaba en manos de George, que lo montaba en su casa. Ahora que tiene casi setenta años quizá le apetezca descansar, aunque le vi hace poco y conserva toda su energía.
(Entrevista publicada en EL CORREO el 25 de marzo de 2013).




























