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John Adams, revolucionario en Bilbao

2012 mayo 1

John Adams, uno de los padres fundadores y segundo presidente de los Estados Unidos, tiene una estatua en Bilbao. Es un monumento modesto, un busto sobre un pedestal situado a un lado del palacio de la Diputación, al que se acercan los paseantes curiosos y los turistas para ver quién puede ser ese señor dieciochesco con casaca, puñetas y peluca a juego. El homenaje se debe a que, al poco tiempo de declararse la independencia de su nación, Adams pasó por Bilbao camino de Burdeos. La visita fue breve, pero el hombre tuvo tiempo para escribir una amable descripción del país y del paisanaje (no así de su forma de gobierno, por cierto).

El hecho es que su estatua se ha convertido en uno de los monumentos más reivindicativos que conozco. Su altura escasa hace que pueda ser ‘complementada’ fácilmente con pancartas colgantes, carteles, octavillas y pegatinas más o menos subversivas. Ignoro quién fue el primero, pero a algún manifestante debió ocurrírsele que podía sumar al viejo John a sus reivindicaciones y le puso el primer adhesivo político.

Así que casi desde su inauguración, no hay movilización o protesta a la que el histórico revolucionario no se haya sumado. El Adams bilbaíno se ha mostrado solidario con los trabajadores del metro en huelga -supongo que ante el disgusto de los gestores de este medio de transporte- y ha apoyado las reivindicaciones de los conductores de autobús; también se ha opuesto a la apertura de comercios en días festivos y ha censurado la reforma laboral desde diferentes sindicatos de izquierda, sobre todo UGT y CC OO, aunque no le ha hecho ascos a la CNT, cuyo logo ha lucido con orgullo en un par de ocasiones, sin olvidar tampoco el punto de vista nacionalista, pues también ha adornado su casaca con pegatinas de ELA y LAB.

Sin duda por fidelidad a las inquietudes sociales de las que hizo gala en vida, nuestro John Adams ha celebrado el Día de la Mujer, ha condenado la violencia de género, ha defendido las ayudas a los países en desarrollo, ha censurado el racismo, ha afeado al actual Gobierno los recortes en sanidad, educación e I+D, ha sido un Anonymous perfectamente identificado y se ha solidarizado con quienes padecen diversas enfermedades. En las elecciones que le ha tocado vivir desde su llegada a la Gran Vía bilbaina se ha mostrado algo indeciso pero desde luego no indiferente, porque ha exhibido pegatinas y ha repartido propaganda de prácticamente todos los partidos en liza, lo que podemos interpretar como una defensa apasionada de la democracia, muy comprensible en él. No podía ser de otro modo y hoy, 1 de mayo, John Adams se ha apuntado a la manifestación y -como se puede ver en la foto- ya a primera hora de la mañana llevaba en el brazo derecho un buen taco de octavillas de EB-Izquierda Unida y una pegatina de UGT.

Lo de nuestro John Adams protestón va camino de convertirse en una de esas imparables costumbres urbanas que surgen espontáneamente en torno a los monumentos -como las monedas en las fuentes o los candados de amor en los puentes- que tanto desconciertan a nuestras autoridades. Pero qué quieren, es lo que ocurre cuando uno mete a un revolucionario en casa, que siempre acaba sublevándose.

Vidocq, sus memorias

2012 marzo 13
por Julio Arrieta

“Bien mirado, se me propuso elegir: o el matrimonio o la guillotina. Entre dos males se escoge el menor”. Obviamente el joven Eugène-François Vidocq, presionado por una novia que fingió un embarazo para forzar el “desposorio”, prefirió pasar por el altar a subir al cadalso y así pudo escribir esta frase y todas las demás que componen ‘Mis memorias’, editadas ahora en español por Libros del Silencio en la traducción de David Cauquil, que también escribe el posfacio. Vidocq, mal soldado, desertor, duelista, seductor de señoras nada resistentes a ser seducidas, contrabandista, putero, presidiario, prófugo, corsario, bandido e infiltrado de la Policía de París debajo de los más bajos fondos, acabó siendo el primer jefe de la Sûrete Nationale, fundador de la primera agencia de detectives de la historia, Le bureau des renseignements, y creador de las técnicas de investigación policiales modernas. Vidocq (1775-1857) fue una celebridad en vida, lo que le llevó a publicar sus memorias en diversas versiones, porque en realidad se las escribieron varios negros o, como se decía entonces y precisa Cauquil, unos “tintoreros” con los que acabó peleándose hasta que pudo fijar su biografía tal como nos llega ahora.

El libro es una delicia. Por supuesto, también incluye el tipo de historias que interesan en este Gabinete. Por ejemplo, veo aquí que Vidocq se las vio con unos tales Olímpicos, sociedad secreta de folletín consagrada a sus conspiraciones y “compuesta exclusivamente por aspirantes o portaestandartes de la marina”, en cuyos ritos fue iniciado nuestro hombre por el conde de L***, infiltrado en el grupo por orden de Fouché pero que, al parecer, jugaba a tres bandas: “Poseía el más alto grado de la masonería”, circunstancia que utilizó para conseguir contactos y meterse en líos. La historia es un poco confusa, no como las anécdotas de golferío, que abundan en estas memorias para deleite del lector chismoso. Vean por ejemplo el paso nada esotérico de prófugo a corsario de Vidocq: acaba de escaparse -otra vez- cuando están a punto de meterlo en un coche de condenados. Viaja escondido en un carruaje hasta Boulogne, donde pasa unos días sin saber qué hacer hasta que se topa con un antiguo compañero de armas, Dufailli, “un vividor muy conocido entre los cantineros y las chicas del lugar” enriquecido a base de robar a los ingleses. Deciden celebrar el encuentro por todo lo alto, con una cena descomunal servida por una tal Jeanette, chica “jovial y de buen ver” que “poseía unos buenos ‘pescantes’”. Tras la cena la borrachera de Dufailli “es tal que no se aguanta en pie”, a pesar de lo cual “quiere entrar a ‘refrescarse’ en cada bodega por la que pasamos”. Hay un primer intento fallido de ir de putas, en concreto a casa de Madeleine la Picarda, “más conocida como Señora Cuarenta Mil Hombres”. Pero el estado de Dufailli es tal que doña 40.000 no los admite. La pareja opta por acudir a otro lupanar administrado por una madama menos tiquismiquis, “la señora Thomas”. Dufailli decide encamarse con la más veterana de la casa. No así Vidocq, que escoge a Pauline, “apenas quince años, tez plomiza, mirada impúdica, lenguaje grosero, voz ronca y envuelta en el típico hedor de las meretrices de carretera”. Si han leído ‘El perfume’ seguro que pueden hacerse una idea.

Concluidas las faenas, cerrado el negocio y mientras todos duermen, “se arma un gran alboroto”. Es un grupo de marineros borrachos que golpean la puerta porque quieren “ver a las ‘señoritas’”. Vidocq salta de la cama dispuesto a defender el honor y los horarios de la casa y pronto se le unen la señora Thomas, Therèse -la veterana- y Pauline. “Una lluvia de orinales, mesitas de noche, sillas y utensilios de cocina empieza a caer sobre los marineros”. Llega la policía y la cosa pinta mal para Vidocq, huido de la justicia, por lo que se las apaña para improvisar la fuga con la clásica cuerda de sábanas anudadas descolgada por una ventana. Huye acompañado por las ‘señoritas’ y Dufailli, cuyo proceso de reanimación no se detalla pero que asombrosamente está en condiciones de llegar hasta el albergue nada recomendable de un tal Boutrois, que organiza una nueva juerga “en la que corre el vino de Burdeos” y que es interrumpida por un segundo grupo de marineros encabezados por el capitán corsario Paulet… ¡que acaban de llevarse tres millones en un atraco! Los marineros reconocen a Dufailli, Dufailli reconoce a los marineros y a su capitán, del que es amigo, y da inicio otra fiesta más (!!!!) “con grandes cantidades de vinos exquisitos y licores carísimos”. En un estado de ebriedad sobrehumano Dufailli tiene la idea de recomendar a Vidocq que se una a la tripulación Paulet: “Serías un excelente ‘pescador de salmonetes’ (asesino de ingleses)”. El capitán se muestra encantado. Vidocq no se lo piensa: “En mi situación no tengo mejor alternativa”. “Desde ese instante Paulet me considerará como uno de sus corsarios. Al día siguiente me presenta al armador Choisnard y me entrega un adelanto de mi sueldo”.

Yeats, el misterio y el secreto

2012 marzo 5
por Julio Arrieta

En ‘From Hell’, su obra maestra, Alan Moore imagina un encuentro que nunca tuvo lugar en el Museo Británico entre el doctor William Gull y el poeta William Butler Yeats. El primero era Jack el destripador, solo por comentar, por si no están al corriente, vaya. Tras mantener una desagradable discusión con uno de los conservadores del museo sobre una momia egipcia de segunda categoría, Gull se acerca al autor irlandés, al que ha reconocido.

-”Disculpe, señor… pero es usted el Sr. William Yeats?
-”¿Sí?
-”Magnífico. Yo soy sir William Gull. Me parece haberle visto antes en compañía del Dr. Westcott. Y ¿Cómo le va al pequeño grupo de Westcott?
-”Si se refiere usted a The Order of The Golden Dawn, debo decirle que es cualquier cosa menos ‘pequeño’, señor.
-”Usted es sólo una astilla que se ha desprendido del tronco de la masonería… y que al no estar alimentada por sus verdades ni anclada por las raíces de su tradición, pronto se marchitará. A las antiguas enseñanzas todavía les queda sangre.
-”Diga lo que quiera, señor. Tiene todo el derecho a permanecer apoltronado en el folclore y los rituales. Por mi parte, me alegra seguir teniendo un espíritu inquisitivo.
-”¡Ja, ja, ja! Pues escuche lo que le digo, Sr. Yeats: sus huesos jamás descansarán en paz. Buenos días, señor.” (‘From Hell’, Alan Moore & Eddie Campbell. Ed. Planeta DeAgostini, 2003).

Al señor Moore esta escena, imposible porque Gull murió meses antes de que Yeats ingresara en la orden de MacGregor Mathers y que no tiene mayor trascendencia para la historia de ‘From Hell’, le sirve para volver a meterse un poco con la pandilla de los saludos curiosos, incluir a William Blake en su historia y enredar con la Golden Dawn, ya saben, la asociación favorita de este Gabinete. En sus apéndices Moore explica que mientras se cometían los asesinatos de Whitechapel Yeats solía visitar el Museo Británico para investigar “la vida y obras de William Blake“, cuando “acababa de ser iniciado en el Isis-Urania Temple” de la Golden Dawn. De hecho, la iniciación había tenido lugar el 7 de marzo de 1890.

La inclinación de Yeats por el ocultismo no dejó de causar cierta estupefacción incómoda entre sus críticos, pero era bastante común entre los poetas. Era por el misterio. Lo explicó Pessoa en una de sus embrolladas defensas del paganismo: “El Cristianismo, como el Budismo, son crímenes contra la humanidad, porque son crímenes contra las leyes divinas. Son la intención, la más sacrílega, de revelar lo irrevelable; de traer hacia lo público lo que, por su naturaleza, por más empujado que sea hacia lo público ya no es lo que es.
“Es como si hubiese una joya o una flor, cuyo color maravilloso sólo pudiese existir en la noche, desapareciendo inmediatamente que se estableciese la luz, con la cual se vería.
“La vulgarización del misterio no se puede hacer, porque, así como el secreto, dicho, deja de ser secreto, pierde su virtud mística de secreto; así, los misterios revelados, no son revelados. Bien lo dijo Tertuliano: revelarlos es destruirlos“. (‘Escritos sobre ocultismo y masonería’, Fernando Pessoa).

El propio Yeats resumió que sin magia, sin lo oculto, su poesía no existiría. Y por supuesto está la importancia del ritual. Los ritos son símbolos en acción y su potencial mágico se ve reforzado por el secreto que, desde el punto de vista iniciático, “es indispensable“. “La sorpresa constituye un elemento esencial durante una iniciación. Quien sabe lo que le va a ocurrir no se sorprende y entonces la ceremonia no cumple su cometido” (‘La Masonería y el camino hacia el centro’, Daniel M. Echevarría. Ed. Kier, 2011). Yeats se tomó la Golden Dawn realmente en serio, reclutó a varios de sus miembros más conocidos, como Florence Farr, y cuanto todo se hundió, permaneció fiel al sector más serio -por describirlo de algún modo-, o si se prefiere, entre los opositores de MacGregor Mathers, junto a Arthur Edward Waite, del que más adelante se separaría para formar parte de los fundadores de Stella Matutina (la orden hermética inglesa, aclaro, no la respetabilísima logia masónica regular gipuzkoana). En uno de sus tratados sobre el tarot, ‘Claves del tarot Raider-Waite’, Waite escribió: “La patología del poeta dice que ‘el astrónomo que no es creyente está loco’; la patología de los hombres sencillos consiste en decir que el genio está loco; y entre esos extremos, que se erigen en diez mil excesos análogos, la razón soberana tiene que tomar parte como moderadora y hacer lo que pueda. No creo que exista una patología de las dedicaciones ocultas, aunque no hay duda de sus extravagancias, por lo que no es difícil ser agradecido con el que actúa como moderador entre ellas“. Y éste es el incrédulo. O, si se descuidan, el más listo.

Excelente, excelente, pero ¿a qué hora sirven el té?” (MacGregor Mathers).

3 aniversarios

2012 marzo 1

Leo en mi agenda brujeril que hoy, 1 de marzo, se celebran tres aniversarios interesantes. El 1 de marzo de 1692 comenzaban las vistas preliminares de los juicios de las brujas de Salem, un caso de histeria colectiva que acabó con 21 personas condenadas a muerte y ejecutadas por brujería; el 1 de marzo de 1888, hace 124 años (1+2+4= 7), nacía la Hermetic Order of The Golden Dawn, fundada por William Robert Woodman, William Wynn Westcott y Samuel Liddell MacGregor Mathers; y el 1 de marzo de 1975 se formó el Covenant of The Godess, una organización wiccana impulsada por el poeta Aidan Kelly.

Por supuesto, hay una conexión. Bueno, no la hay, pero se inventa, que en estas cosas de brujas y teurgias siempre funciona y encaja a la pulgada. Un aguafiestas como Richard Dawkins o Luis Alfonso Gámez resumiría la historia diciendo que en Salem no hubo brujas, solo ignorancia, puritanismo, fanatismo religioso y superstición, una mezcla explosiva en la que según algunos una intoxicación actuó como detonante. Da igual porque los ocultistas contemporáneos han reivindicado la memoria de las pobres víctimas y han visto en ellas a sus mártires. Buena parte del bagaje esotérico de estos ocultistas fue recogido, moldeado, reciclado o directamente creado y transmitido por la Golden Dawn, conventículo asombroso creado por tres francmasones aburridos que además eran rosacruces. De los tres fundadores el más estupendo era Samuel Liddell MacGregor Mathers -al que vemos en la foto de aquí al lado ataviado de lo suyo-, perfilado por sus muchísimos detractores y por los escépticos como un pícaro pelafustán, la clase de tipo que se llevaría las cucharillas de plata después de tomar el té sin perder las formas y un gran especialista en sablazos (y no hablo de esgrima). Los escépticos, siempre tan materialistas, han llegado a la conclusión de que la Golden Dawn era un montaje de MacGregor Mathers y los otros dos para vivir del cuento, engordar la agenda, quizá la cartera y -dejan caer los más maliciosos- echar algún polvo, que para eso se admitían señoras modernas y un punto descocadas. Algo más debía de haber porque la lista de miembros incluye a personajes como Yeats, Algernon Blackwood, ¡Bram Stoker!, Pamela Colman Smith, Aleister Crowley y Arthur Machen, entre otros. Aquello acabó como el rosario de la aurora (dorada) con todo tipo de escisiones, peleas e intercambio de conjuros y maldiciones de esas que te meten un poltergeist en casa, con lo molesto que es. De nuevo los escépticos simplifican y desde su miope racionalismo dan a entender algo así como que MacGregor Mathers se fue con la caja diciendo que iba a despachar con Los Superiores Desconocidos y que volvía en breve -o algo por el estilo-, mientras los tontos se quedaron con los papeles emborronados con abracadabras y rituales raros.

Y aquí cerramos el ‘círculo’, y no el escéptico precisamente, porque resulta que Aidan Kelly, antes de cofundar el Covenant of the Goddess… había formado en 1968 la New Reformed Orthodox Order of the Golden Dawn, en realidad una agrupación wiccana a la que le pusieron ese nombre como una especie de broma iniciática, que sigue en activo y que, como no podía ser menos, reivindica la memoria de las brujas de Salem.

Sir Arthur y la carga de la prueba

2012 febrero 10
por Julio Arrieta

De todos los argumentos esgrimidos por Sir Arthur Conan Doyle para defender la existencia de las hadas hay uno que me parece irrebatible: fueron vistas por damas y caballeros británicos. Dado que, por espíritu de nobleza, ni ellas ni ellos pueden mentir, se ha de concluir que las hadas existen. Fin del debate.

Agenda oculta

2012 enero 18
por Julio Arrieta

Como necesitaba una agenda he ido a comprar una a la tienda tarotista del Casco Viejo (¿dónde si no?). Solo tenían la ‘Agenda 2012 de las brujas’, que “se ha diseñado especialmente para brujas, paganos y magos”. Como no soy ninguna de las tres cosas he estado por mandársela a Alan Moore, que sí es las tres, pero he decidido quedármela tras comprobar que todos los días del año están en su sitio y sobre todo porque es muy útil para “planificar celebraciones sabáticas, prácticas de magia, rituales de plenilunio e incluso tus visitas al dentista”.

Esto es una prueba…

2011 diciembre 7
por Julio Arrieta

…que no demuestra nada.

Hoy es San Canuto

2011 enero 19
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por Julio Arrieta

Hoy, 19 de enero, se celebra la festividad de San Canuto, rey y mártir de Dinamarca, una efeméride que suele ser aprovechada por colectivos impíos para entregarse a los nocivos placeres del cannabis. Otro signo de los tiempos, que tan notable personaje sólo sea recordado para dar pie al ludibrio y la rechifla estupefaciente.

En esta casa somos devotos de San Canuto, estupendísimo personaje nórdico que encajaría a la perfección en una historieta del Príncipe Valiente. Knud -¿a que así suena menos gracioso?-, nacido en 1042 o por ahí, fue uno de los numerosos hijos ilegítimos de Sven II Estridsson. A la muerte de este tuvo que marchar al exilio mientras su hermano Harald subía al trono. Pero no duró mucho. En 1080 Canuto IV sucedía a Harald. Fue un rey duro y para lo que es el siglo XI bastante ‘moderno’. A ver si me entienden: rodaron cabezas en abundancia, procuró atar en corto a la nobleza, luchó contra piratas con nombre de personaje de ‘El Señor de los Anillos’ como Eigil de Bornhold, convirtió Livonia y Curlandia al cristianismo y estableció una política de mutuo apoyo con la Iglesia, a la que favoreció con numerosas donaciones, lo que entonces y allí significaba una garantía de estabilidad. Se casó con Adela, hija de Roberto de Flandes, y tuvo un hijo -Karl- y dos hijas gemelas, Cecilia e Ingrid. No fue un rey popular, todo hay que decirlo.

Dinamarca se le quedó pequeña y planeó apoderarse de Inglaterra con la excusa de que era sobrino nieto de Canuto el Grande, rey de aquel país además de Dinamarca y Noruega. Montó una flota para la ocasión que no llegó a zarpar. Por motivos que no están nada claros, y a ver quién los aclara a estas alturas, una muy medieval revuelta campesina formada sospechosamente por partidarios de su hermano Olaf acabó con él en 1086 de una forma también muy medieval: atravesado por una lanza en el altar de la iglesia en la que se había refugiado con algunos seguidores y su hermano Benedicto. La canonización fue por la vía semi rápida y Canuto fue elevado a los altares por Pascual II el 19 de abril de 1101 por iniciativa de Erik III de Dinamarca. Está enterrado en la catedral de San Canuto, obviamente construida en su honor.

¿A que fue todo un personaje?

Hala, ya pueden ir ustedes a celebrar San Canuto como lo estimen oportuno.

‘El Necronomicón’ de oferta

2011 enero 17
por Julio Arrieta


Ahí lo tienen, en un escaparate y a un precio de crisis. El libro cuya sola contemplación produce la locura instantánea, o directamente la muerte entre horribles espasmos, ofrecido sin pudor entre merchandising de ‘Pesadilla antes de Navidad’, anillos estilo Dani Filth y mantelería protogótica. En nuestro mundo de hoy todo se compra y se vende, hasta los libros como este, que no existen. Los falsarios del ‘Necronomicón ‘ de baratillo que aquí vemos no parecen haberse tomado muchas molestias, a juzgar por lo mínimo del volumen. Creo que a Howard no le habría hecho gracia. O quizá sí, que tenía un humor muy raro. Pero reconozcan que este librillo tan escaso, tan… chiquitín, tan poquita cosa al lado de ese puñal de templario de opereta, no da mucho miedo. Me soplan que el montaje se ha elaborado a partir de textos mesopotámicos traducidos de esa manera y trapicheados sin piedad. Algo así como “cambiamos a Tiamat por Shub Niggurath y no se va a notar mucho”. Que si se nota tampoco va a pasar nada, oigan, que no van a llamar los acólitos de la una o de la otra para quejarse, los unos porque crían gusana desde hace milenios y los otros porque no existen. ¡O eso espero!

Qué jeta, la de estos editores.

O qué risa.

Y la de incautos que habrán picado.

De hecho… eh… creo que voy a comprarlo mañana.

Los Reyes Magos existen

2011 enero 5
por Julio Arrieta

Los Reyes Magos existen y lo sé porque los he visto. No me importa lo que digan lospadres ni los escépticos, siempre tan aguafiestas. Tengo pruebas. Extraordinarias, claro. Por ejemplo, conservo la caja de un proyector de cine de juguete que me regalaron cuando yo debía de tener unos 5 años y que lleva la dedicatoria y la firma de Melchor, escritas con una caligrafía que imitaba con una perfección asombrosa la de mi aitita. Recuerdo haber visto a los Tres Reyes caminando entre una alternancia inefable de tinieblas y opalescencias por el pasillo de la casa de amama, desde la puerta hacia el salón, cuyo acceso estaba vedado a los niños de la familia hasta el mediodía del día 6. También recuerdo haber escuchado sus trasteos y susurros, los roces de paquetes y pasos sigilosos, risas contenidas de complicidad.

Aunque los Tres Reyes Magos visitaban la casa de amama, mi favorito era Melchor. ¿Por qué? Supongo que porque Baltasar se parecía a los extras de las películas de Tarzán y Gaspar, a cuya reivindicación se consagran ahora varios grupos de Facebook, se quedó convertido para siempre en el Rey de enmedio, sin una personalidad demasiado definida, el pobre. Melchor es el que más se parece al rey de los cuentos, lo que es como decir que Melchor es el Rey.

Hay un largo y estupendo camino en la construcción de los Reyes Magos a partir de los anónimos sabios mencionados por el Evangelio de Mateo. Como reyes fueron coronados para cuadrar el relato con las profecías de Isaías y dado que los regalos eran tres -oro para un rey, incienso para un dios, mirra par un hombre-, autoridades como Orígenes o San León Magno dedujeron que debían de ser tres los oferentes, porque en caso de ser cuatro uno iría por ahí con las manos en los bolsillos y quedaría muy mal ante la Sagrada Familia y en caso de ser dos uno iría cargado de más. Por no mencionar las tradiciones que aumentan su número a doce, lo que debe de ser muy interesante a la hora de organizar una cabalgata cuando se dispone de un presupuesto ajustado. Además el número tres es perfecto: tres eran las partes del mundo conocido -Europa, Asia y África- y tres las edades del hombre, juventud, madurez y ancianidad. Por eso Baltasar es un mozo, Gaspar es un señor de edad mediana y Melchor es de una vejez de dios nórdico. Porque algo de Wothan hay en nuestro buen rey Melchor, al que imagino en el trono de una fortaleza con algo de Asgard, en el fondo de un bosque helado tan inabarcable y antiguo como la vida.

Feliz fiesta de la Epifanía.