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Canción de la semana: 'La patrulla Águila'

2017 julio 22
por Carlos Benito

La verdad es que, solo con el nombre, Los Esmiz ya me tenían medio ganado. Ya saben que smith significa herrero; pues bien, Los Esmiz es el proyecto de los hermanos Tomás y Santi Herrero, que definen lo suyo como “electrónica aleatoria acelerada”. Según cuentan, su álbum Mar Mayor se grabó este mismo mes “en un apartamento de La Manga del Mar Menor”, buscando inspiración en el peculiar cosmos veraniego de la zona. El resultado son seis exploraciones mayormente instrumentales de extensión muy variada, entre las que llama la atención de manera inevitable nuestra canción de la semana.

Y aquí es donde llego a territorio peliagudo, porque no sé muy bien cómo describir La patrulla Águila. Digamos que es la exposición poética de un suceso imaginario. O la visión alucinada de una posibilidad macabra. O una postal apocalíptica enviada desde Murcia. El caso es que este recitado cargado de ecos y de humor negrísimo, sobre unas bases de engañosa melancolía, me tiene un poco obsesionado desde la primera vez que lo escuché. ¿Preparados para despegar?

 

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Nihil obstat party

2017 julio 20
por Carlos Benito

Lectores señores, ¿no les ha pasado nunca estar en un bar, escuchar una canción y sentir la pulsión repentina de comportarse como cabrones machistas? ¿Ah, no? La verdad es que a mí tampoco, ni a nadie que yo conozca, pero leo que Emakunde ha remitido a los Ayuntamientos vascos una lista de canciones «no sexistas» para que suenen en las fiestas populares y fomentar así las «relaciones igualitarias y libres entre los jóvenes». Lo cierto es que casi estoy a favor, porque en la selección hay muchas más canciones de mi agrado que en el repertorio habitual de las txosnas: ahí están Antony And The Johnsons (aunque no veo yo For Today I Am A Boy muy festiva), Gossip, L-Kan, Neneh Cherry, Nina Simone, Fugazi, Le Tigre (en la foto) y hasta los Smiths, con Accept Yourself, no con Some Girls Are Bigger Than Others.

Supongo que la idea es una reconversión en positivo de las tradicionales listas de temas censurados, un salto bienintencionado de la proscripción a la prescripción, pero no me convence nada eso de que una institución decida lo que debe sonar para que la fiesta sea correcta. Más que nada, porque una proporción elevadísima de la música no tiene absolutamente nada de sexista, de manera que se puede ser respetuoso con la igualdad sin necesidad de pinchar algunos sermones que veo por ahí. Y, desde luego, no creo que esta banda sonora vaya a mitigar en absoluto esas actitudes machistas y esas agresiones sexuales que todos (o la mayoría) deseamos combatir. De todas formas, les embuto aquí la selección por si quieren ajustar sus escuchas a la ortodoxia, que acepta incluso el Me gusta ser una zorra de las Vulpess.

 

Canción de la semana: ‘I Feel Like A Record That’s Scratched’

2017 julio 13

 

Francis Macdonald, el señor de la derecha de la foto, es conocido sobre todo en su calidad de batería de Teenage Fanclub, aunque también ha compuesto bandas sonoras e interesantes piezas de inspiración clásica. Harry Pye, el señor del centro de la foto, es un artista plástico y agitador cultural al que le gusta destacar en su biografía que, en 2007, quedó el primero en un concurso de retratos de Tony Blair organizado por el Daily Mirror. Ahora que veo su obra, me explico un poco más tanta insistencia. Y, en fin, la escultura de caballo de la izquierda de la foto no pinta mucho en el asunto, pero sí sirve para subrayar que Francis y Harry no acaban de tomarse las cosas del todo en serio, o tal vez se las tomen tan en serio que no les queda más que reírse.

Los dos colegas editaron la semana pasada un álbum en colaboración que combina primorosas canciones de pop artesano con pasajes de spoken word. Nuestra selección de hoy, Me siento como un disco rayado, es la primera del lote, con unas guitarras que remiten a New Order y una letra de cansancio y decepción, de edad y fracaso: «He estado bebiendo demasiado y he estado pensando demasiado», insiste uno de los versos. Así lo explica Harry Pye: «Creo que la mayoría de la gente que conozco se siente parte del tiempo como una mercancía estropeada. La copia del Sgt Pepper’s de mi padre está rayada en With A Little Help From My Friends, justo donde Ringo canta ‘necesito alguien a quien amar’». Pero no teman, que el resultado no invita a cortarse las venas, sino que más bien da ganas de sonreír, sobre todo si se acompaña del vídeo que ha confeccionado el propio Pye junto a su colaborador Gordon Beswick: el vetusto metraje de su época de estudiante se combina con máscaras de Wham!, citas varias y mensajes como «no nos aburras y pasa ya al estribillo».

 

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Mi Bilbao BBK Live

2017 julio 12

 

 

Han pasado cuatro días y ya parece que estoy hablando de historia antigua, pero yo también quiero hacer el repasillo de rigor (breve, no teman) a mi Bilbao BBK Live. El mío fue un festival un poco atípico, porque tenía que escribir crónicas de ambiente para el periódico y eso me forzaba a pasarme buena parte del día en plan itinerante, picoteando cuartos de hora de concierto. El resultado es que he acabado con más tareas pendientes que cuando empecé, porque ahora quiero ver actuaciones enteras (y, a ser posible, en sala) de los grupos que más me impresionaron en esa versión fragmentaria. Dos son de Bilbao. Por un lado están Vulk, que hacen un post-punk anguloso que parece británico y añejo. El vocalista lo tiene todo: la voz y la dicción, que a mí me hacían pensar en Peter Murphy, y también la actitud, que me remitía a Joy Division. Sería una sugestión provocada por la música, pero hasta me dio la impresión de que el tío se parecía a Ian Curtis de nariz para arriba. Vulk tienen aún caliente su álbum de debut y suenan así de bien…

 

 

Los otros bilbaínos son Empty Files, que abrieron la jornada del viernes con un conciertazo en toda regla, una amalgama de electrónica, rock industrial y post rock que consiguió que las cinco de la tarde parecieran las dos de una madrugada muy oscura. Ya me los habían recomendado por su actuación en el Villa, pero no había podido verles hasta ahora y he comprobado que mis asesores se quedaban cortos: su sonido habría encajado a la perfección en una parte más noble del cartel. Miren, acaban de editar una versión de Warm Leatherette, el pionero himno industrioso de The Normal.

 

 

Y los terceros son Cabbage, de Manchester. Los había escuchado muy poquito en disco, dentro de esa cata de emergencia que uno se organiza justo antes de los festivales, pero las grabaciones se quedan muy lejos de su sonido en directo, un post punk gamberro con una liberadora tendencia a lo caótico y lo discordante. No sé a quién se le ocurrió que su concierto coincidiese con el de Vulk, cuando se trataba de dos grupos evidentemente afines dentro de su obvia diferencia: en fin, al menos mi nomadismo festivalero me sirvió para disfrutar un rato de cada uno.

 

 

De lo que pude ver completo, destacaría tres conciertos. Los Bengala se impusieron a las circunstancias (y a las alubias del Arandia de Julen, todavía en el gaznate) y se las arreglaron para montar, en un escenario grande y a primera hora de la tarde, un fiestón similar al que disfrutamos en su momento en La Nube de Santutxu. Tiene mucho mérito adaptarse a entornos tan distintos siendo solamente dos. Depeche Mode volvieron a demostrar que lo suyo es infalible, poderoso, una alianza inapelable entre sus canciones como soles y la maestría escénica de Dave Gahan, aunque a mí me emocionó más el repertorio de su anterior visita, o eso creo recordar. Como viejuno que soy, seguidor de los Depeche Mode de los 80, la primera media hora se me hizo un poco vacía de ganchos. Y, finalmente, estuvieron Blonde Redhead, un veterano trío estadounidense que siempre fue atípico: para empezar, por esa formación tan vistosa compuesta por una japonesa y dos gemelos italianos. En la carpa, con esa clase tan suya, sacaron todo el partido a un estilo muy personal que enlaza el rock alternativo más vanguardista con el krautrock de Can, un ejercicio que contrasta con la vacuidad facilona de algunos protagonistas del escenario grande. También disfruté de Rufus T. Firefly (otros pendientes para sala), de cinco minutos atronadores de Animic y, sí, de Die Antwoord, aunque soy de los que se esperaban todavía más locura.

 

 

Termino el repasillo (que, caramba, al final no ha sido tan breve) con unas consideraciones extramusicales. La organización me pareció impecable, aunque desapruebo lo de los dos euros y medio por unos vasos retornables que al final nadie sabe dónde retornar. El gentío, que habitualmente me abruma, me pareció menos molesto que otras veces, quizá porque mi experiencia festivalera fue fundamentalmente de tarde, cuando toca a más espacio per cápita y hay menos espectadores sin interés por la música. De hecho, en mi encomienda de charlar con asistentes me topé con un montón de personas encantadoras, como los vitorianos coloristas de la foto de arriba (retratados en el camping por el compañero Ignacio Pérez), los tres fans de Dellafuente de Torrevieja («llevas una camiseta de puta madre», me dijeron, y era de los Buzzcocks), el inglés Barry (70 años y de festi: resultó que también habíamos coincidido en el mismo concierto de Kraftwerk) o la también vitoriana María, seguidora entusiasmada de The Killers.
Y, aunque no tenga nada que ver, durante una de las bajadas por las escaleras de Altamira tuve una de esas epifanías que se experimentan a veces al escuchar música con auriculares, especialmente de noche, cuando alguna de las canciones de la reproducción aleatoria parece encajar mágicamente con el entorno. Fue con esta composición de Moondog, que me sirve además para recordarles que hay muchísima música maravillosa más allá de los grandes eventos.

 

Canción de la semana: ‘Another Thing’

2017 julio 5
por Carlos Benito

 

 

Hay discos especialmente nutritivos, que contienen alimento suficiente para las carreras enteras de unos cuantos grupos. Para mí, el primero de Wire, Pink Flag, es un ejemplo evidente: el grupo británico embutió un montón de ideas novedosas en canciones apresuradas y brevísimas, concentrados de creatividad que casi se podrían interpretar como un derroche de la inspiración. Supongo que por eso (bueno, por eso y por el simple hecho de que Pink Flag es uno de mis cinco o diez discos favoritos) me parece bien que haya bandas que sigan explorando esa senda, abandonada por Wire a la primera de cambio: su segundo ábum, igualmente apasionante, ya no tenía mucho que ver con las erupciones de energía del primero.

Esta introducción viene a cuenta porque soy incapaz de escuchar al trío neoyorquino B Boys sin acordarme de Pink Flag, el disco que demuestra que la frontera estilística y temporal entre el punk y el post punk está muy lejos de ser nítida. La forma de abordar las canciones, la entonación de algunos versos (sobre todo, cuando se hace cargo del micrófono uno de sus dos vocalistas), la sensación general de urgencia, la guitarra que parece sobrecargarse de electricidad, la sensación de que las canciones vienen repletas de ángulos y aristas, los finales abruptos… Como muy bien dicen por ahí, hasta el diseño de la portada de su álbum de debut, Dada, remite de alguna manera a Wire, aunque en este caso el modelo sería su tercer disco. Y, aun así, B Boys no suenan miméticos, sino que simplemente encuadran sus composiciones en estas coordenadas que otros no saben aprovechar, donde también caben otras influencias reconocidas como las de Gang Of Four (cómo no), The Clean o Minor Threat. He escogido Another Thing, la segunda del disco, pero la verdad es que podría haber optado por cualquier otra: escuchen el álbum entero, que es una gozada y solo dura media horita. Como Pink Flag, je, je…

 

Algunos conciertos de julio

2017 julio 4

 

 

Julio siempre me ha parecido un mes un poco amenazador, con todas esas fiestas populares en las que parecen tocar, año tras año, los mismos grupos. He de reconocer que, esta vez, me ha costado confeccionar la tradicional selección de conciertos, pero aquí tienen seis: dependiendo de sus inclinaciones personales, también pueden añadir el Txapel Reggae de Armintza (día 15), el Getxo & Blues (del 13 al 15) o el Musikaire de Elorrio, que a lo largo del mes trae propuestas chulas, como los guineanos Ba Cissoko.

Here Comes The Kraken y Parazit (día 4, Mungirock). Recala en Mungia esta gira de durotes mexicanos que están recorriendo el viejo continente bajo el lema Los mariachis en Europa. Pero no se esperen corridos ni trajes de charro. Here Comes The Kraken, de Aguascalientes, practican un deathcore bruto y más o menos ajustado a la convención, mientras que Parazit, de Guadalajara, son los raros del lote, con un rollo progresivo y explorador que ellos describen como «una mezcla de King Crimson con unos Primus renovados». Completan el cartel los bilbaínos Crowd y el DJ mexicano Sonido Matón.

Bilbao BBK Live (días 6, 7 y 8, Kobetamendi). A mí los festivales del tamaño del BBK Live me abruman y suelen arrastrarme al desánimo: demasiada gente y, lo que es peor, demasiada gente con la que no me identifico en absoluto. Pero está claro que uno siempre puede confeccionarse un cartel que sería la gloria en otras circunstancias. Este año regresan Depeche Mode, uno de los grupos que marcaron mi adolescencia, y subirá al escenario un monumento como Brian Wilson. Más allá de eso, me las he arreglado para que los grupos que más me apetecen en cada jornada (Idles, Los Punsetes y Die Antwoord) toquen pasada la una y media de la madrugada.

Kumbia Queers (día 13, Campa de Basarrate). Qué sorpresa me he llevado al saber que este quinteto argentino (en la foto de arriba) viene a las fiestas del barrio. Las Kumbia Queers son mujeres de pasado rockero y punkarra que hace unos años decidieron sacarle todo el jugo a la cumbia, antes de que se instaurase la actual moda global: lo mismo versionan el Lovesong de los Cure (miren, hablamos de ello hace siete años) que se marcan una de La Polla. Venga, todos a Santutxu.

Egun Ilunak Fest (días 13, 14 y 15, Etxegabe, Shake! y Satélite T). En mi pequeño mundo, este es el evento del mes, un minifesti repartido en tres jornadas y tres sedes que se centra en los rincones oscuros de la electrónica y el post-punk. El jueves 13 habrá DJs en el Etxegabe de Bilbao la Vieja; el viernes 14 será la jornada postpunk, con los británicos Artefact y los Ectoplasmas de Erandio en el Shake!, y el sábado 15 llegará la traca final en el Satélite con Mármol (Bilbao), Endora y sus Vicios (Barcelona) y los que más ilusión me hacen, los valencianos catalanes ECM, que plantean una reivindicación lúdica de la electronic body music con una clara impronta de DAF. Y los amigos de DAF son mis amigos. Miren, ya los tuvimos por el blog.

Golden Dawn Arkestra (día 26, Kafe Antzokia). Lo de arkestra ya les habrá sugerido que este multitudinario colectivo texano es depositario de la herencia cósmica y un poco majara de Sun Ra. Con sus túnicas relucientes y sus máscaras, prometen una experiencia inmersiva que traslada al espectador a un plano superior de conciencia, o algo así. No sé si llegarán a tanto, pero sí que hacen música muy sugerente y parecen la mar de entretenidos. Miren qué superpóster de gira.

Mundaka Fest (días 28 y 29, Santa Katalina). El cartel de este año del Mundaka Fest no me vuelve loco, pero este es uno de esos casos en los que el entorno ya vale por medio festival. Mando Diao, Ocean Colour Scene, los Allah-Las, Lee Fields o Julián Maeso serán un placer en el recinto peninsular.

Les dejo con ECM y El alucinante viaje al Sistema Bakalao. ¡Electrónica, cuerpo, música!

 

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Canción de la semana: ‘Jonny Guitar Calling Gosta Berlin’

2017 junio 23

 

Sí, nuestros protagonistas de esta semana, Snapped Ankles, tienen la costumbre de vestirse de extrañas criaturas de los bosques, como humanoides vegetales salidos de alguna antigua mitología. También se entretienen fabricando sintetizadores de troncos, un bricolaje que consiste en incorporar osciladores a cachos de madera, aporrearlos y pasar el ruido por pedales de distorsión, o algo así. Incluso bromean diciendo que este año han recibido el premio a los mejores setos, concedido por alguna revista de jardinería. Pero su música está muy lejos del primitivismo que se podría esperar, ni siquiera tiene nada que ver con el folk pagano tan propio de este solsticio: en realidad, nuestros frondosos londinenses son gente sofisticada e intelectual que mezcla krautrock y post-punk y suele inspirarse en el cine.

Esta canción, adelanto de un EP que sale la semana que viene, es buena muestra de esa obsesión cinematográfica. El título hibrida Johnny Guitar con La leyenda de Gosta Berling, vieja peli de Greta Garbo (no me pregunten por qué escriben mal los dos nombres propios en el título), pero en realidad el tema está inspirado en Week-end, una comedia muy negra de Jean-Luc Godard en la que aparece una comuna de hippies revolucionarios y caníbales. «Jonny Guitar viene a ser nuestra carta de amor a Godard -han explicado en una entrevista-. Es una canción de viaje por carretera, con ese ritmo motórico. Un viaje por carretera hacia el Armagedón».

 

Canción de la semana: ‘Breaker Of Silence’

2017 junio 16
por Carlos Benito

 

 

No tengo muy claro si Völur son un grupo de metal o no, aunque supongo que tampoco importa mucho. En cualquier caso, se trataría de un grupo de metal atípico, por su formación (violín, bajo y batería), por su historia (la violinista y el bajista se conocieron cuando estudiaban jazz y estrecharon la relación mientras ejercían de banda de acompañamiento para un cantautor) y por el tipo de música que suelen citar en las entrevistas: de Nusrat Fateh Ali Khan a Schoenberg, pasando por John y Alicia Coltrane o The Band. Lo suyo se sitúa entre el folk progresivo, el doom y el black metal más melancólico, con temas largos y mayormente instrumentales en los que el violín asume ese protagonismo acaparado tantas veces por la guitarra eléctrica.

Völur son canadienses pero están un poco obsesionados por la historia europea y, muy particularmente, por la mitología pagana: su nombre se basa en las völvas, sacerdotisas y videntes de las antiguas religiones noruegas; su disco de debut invocaba a varias figuras femeninas de los mitos germánicos y su segundo álbum, que se abre con estos quince minutos de Breaker Of Silence, está inspirado en las sagas islandesas. Ah, se me olvidaba decir que tanto el bajista como el batería tocan en dos bandas más conocidas que esta: el primero en Blood Ceremony y el segundo, en Do Make Say Think. Hagamos todos los cuernos de Gene Simmons y vamos a entrar con Völur en un bosque oscuro.

 

El diablillo Simmons

2017 junio 15
por Carlos Benito

 

 

Gene Simmons quiere patentar el signo de los cuernos, ese gesto de plegar los dedos anular y corazón y extender el meñique y el índice con el que tratamos de remedar la cabeza bien armada de Satán. Yo últimamente lo hago más que nunca, porque a mi hija de 6 años le encanta, y espero que las aspiraciones del bajista de Kiss no se interpongan en mi concepto de una paternidad correcta. El caso es que, por alguna razón, el lengualarga Simmons está plenamente convencido de que el gesto lo inventó él, por mucho que nadie parezca concederle mucho crédito. LA City Beat hizo una pequeña encuesta allá por 2004 con resultados que no dejaban muy bien paradas sus pretensiones. «Él es tan maaaaaaalo», se choteó Lemmy, mientras los metallicos Ulrich y Hetfield atribuían la creación de los cuernos de marras a Ronnie James Dio, quizá la figura del metal a la que más se suelen vincular.

Pero, por supuesto, mucho antes ya había gente que extendía los dos deditos. Es más, ya había gente en el rock que extendía los dos deditos con un claro propósito oscurantista. Jinx Dawson, la cantante de la banda de psicodelia oculta Coven, compartía ayer la foto que encabeza este post y argumentaba: «Yo hacía el signo de los cuernos cuando Coven empezamos en 1967. El signo se veía en nuestro primer álbum, editado en 1969, y en los de 1971, 1974 y 2013. Nunca lo registré porque era para que lo hiciesen todos». Y añade: «Gene ni siquiera hace el signo correctamente. Lo que hace él es el signo de amor en el lenguaje de sordos». Lo dice porque Simmons estira también el pulgar, tal como se puede apreciar en los dibujos que acompañan su solicitud. Yo creo que la oficina de patentes acabará sacándole un dedo, pero, como creo que ese signo no está registrado, ya podemos ir sacándoselo también nosotros.

 

Canción de la semana: ‘Com/Broke’

2017 junio 9

 

 

Dion Lunadon es un neozelandés conocido, sobre todo, en su calidad de bajista de los neoyorquinos A Place To Bury Strangers, uno de los grupos que mejor representan en nuestros días la eterna alianza de rock y ruido. Con eso quiero decir que tienden a lo ensordecedor, porque a la alianza de marras solo le veo sentido cuando uno sube el volumen a diez y utiliza la distorsión como una máquina de crear monstruos. Pues bien, A Place To Bury Strangers hicieron un alto en su constante girar, pero el bajista no supo controlar la inercia y tuvo que buscarse algún quehacer de circunstancias: de aquel parón de sus compañeros surgieron los temas de su primer álbum en solitario, que también se llama Dion Lunadon y se edita hoy mismo, aunque lleva un montón de meses colgado en internet. De hecho, nuestro Com/Broke ya salió en sencillo a principios del año pasado, hace tanto tiempo que ni siquiera sé si se puede llamar adelanto.

Dice Dion que escribió este nuevo repertorio en una especie de «impulso neurótico», y desde luego algo de esa neurosis se ha transmitido al material, que combina el talante estruendoso de su banda madre con una orientación más garajera, de rock and roll enloquecido. Nuestro hombre, que también tocó en los neozelandeses The D4, se niega a dulcificarse con la edad, y precisamente de eso va Com/Broke: «La mayoría de la gente se suaviza, pero yo no quiero eso. Yo quiero crear música que sea todavía más fea y más real».

 

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