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Canción de la semana: ‘Shut Your Bleeding Gob You Git’

2017 octubre 15

mick-troubleA los fans de Television Personalities nunca nos han faltado territorios adyacentes que explorar: Ed Ball, cofundador de la banda junto al líder Daniel Treacy, también puso en marcha grupos como O Level, Teenage Filmstars o The Times, que compartían el mismo pop vulnerable y un poco atolondrado y la misma ingenuidad nostálgica. Y, como hace años perdí bastante tiempo escuchando esas ramificaciones (bueno, lo invertí, porque son todas una maravilla), me quedé estupefacto el mes pasado al escuchar el EP de Mick Trouble, a quien su sello presenta como una figura perdida y olvidada de aquella escena, un “lost punk troubadour” que estuvo a punto de ganar el premio gordo pero se extravió por el camino y acabó mudándose a Los Ángeles. Las cuatro canciones del disco son estupendas y remiten inevitablemente a los primeros Television Personalities, con aquel encanto inmune a los defectos de afinación o sincronización. Qué diablos, las supuestas carencias conseguían que sus canciones sonasen todavía más prodigiosas.

Detallaba el sello, Emotional Response, que el máster del EP se había encontrado debajo de una lata de galletas en el sótano de Mick Trouble, y con esa floritura novelesca ya permitía imaginar que todo era en realidad un fake muy bien hecho. Detrás de Trouble se esconde un artista contemporáneo, el estadounidense Jed Smith, que emprendió el proyecto de grabar una serie de “clásicos perdidos” con un sonido capaz de confundir a cualquiera. Desde luego, en las cuatro canciones de este disco lo ha bordado: podía haber elegido cualquiera, pero me quedo con este Shut Your Bleeding Gob You Git (algo así como, ejem, Cierra la maldita boca, idiota o Cierra tu puta bocaza, gilipollas), la más larga del lote y también la cara A del test pressing (falsísimo, claro) que apareció en Discogs.

Qué buena ocasión, por cierto, para escuchar un rato a O Level, Teenage Filmstars y The Times.

 

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Canción de la semana: ‘Memory Of Time’

2017 octubre 6

jane-antonia-cornishTal como están los ánimos, no sería mala idea que el país entero se prestase a escuchar atentamente nuestra canción de la semana, para ver si así baja un poco la tensión y dejamos de fastidiarnos las vidas. Aunque, en fin, me imagino que también habrá algunos a los que esta música tan sosegada y espaciosa los ponga de mal humor, rabiando por soltar sandeces y bilis en la primera red social que pillen. Allá ellos: Memory Of Time es el corte que abre Into Silence, el nuevo álbum de la chica de la foto, Jane Antonia Cornish, y a mí me está sirviendo de refugio en estas semanas de encabronamiento general.

Jane Antonia creció en Inglaterra, vive en Nueva York y cuenta con un prestigioso currículum en el terreno de las bandas sonoras: escribió, por ejemplo, la de Luciérnagas en el jardín, orquestó la de Kung Fu Panda y fue la primera mujer galardonada con un premio BAFTA de composición musical, por su trabajo en 5 chicos & esto. En Into Silence, la más reciente de sus piezas al margen del cine y la televisión, cultiva una estética austera, serena y discreta, muy próxima al silencio que aparece en el título, que más que romperse queda reforzado por las sutiles armonías y líneas melódicas: se trata de una composición para violín, cuatro chelos, piano y electrónica, reconfigurados en distintas formaciones a lo largo de los seis cortes. En Memory Of Time, por ejemplo, toman parte el violín de Anna Elashvili y el cuarteto de chelos, que crea una especie de plataforma (repetitiva y entiendo que transformada electrónicamente) para que el instrumento solista alce el vuelo desde allí. También podría haberles colgado el segundo corte, que cuenta con un bonito vídeo de ballet, pero mi propósito secreto es que empiecen por el primer tema y acaben escuchando el disco entero. Y se relajen todos, cagontó.

 

Algunos conciertos de octubre

2017 octubre 5

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La verdad es que habría podido hacer la selección completa de siete u ocho conciertos de octubre solo con la programación del Kafe Antzokia. Me cuesta recordar otro mes de su agenda que me resultase tan apetitoso. Pero ya saben que mi norma es seleccionar citas en recintos distintos, porque me parece (quizá erróneamente) que así se potencia la variedad, de modo que, aun con la trampa habitual de considerar el piso de arriba un local diferente, tengo que dejar en el tintero a gigantes como los Swans o Robyn Hitchcock. Snif.

Mother Engine (día 8, La Nube). El trío alemán elevará La Nube por los aires, algo que suena la mar de lógico, con sus instrumentales que conjugan la actitud stoner y la exploración sin prisas del krautrock setentero. Vienen presentando Hangar, un disco de cuatro temas, con los más cortos por encima de los dieciocho minutos, así que conviene avisar de que quizá no sean plato recomendable para los impacientes.

Today Is The Day (día 12, Santana 27). Lo de Santana también tiene tela, con Mayhem y Paradise Lost por allí, pero me ha hecho mucha ilusión reencontrarme con Today Is The Day, banda estadounidense a la que tenía bastante perdida la pista. La gira celebra los veinte años de Temple Of The Morning Star, que es el disco suyo que más escuché en su momento, un artefacto obsesivo y extenuante de lo que podríamos llamar noise rock progresivo. Es una pena que no vengan con ellos Tombs, como estaba anunciado, pero han ocupado su puesto los neoyorquinos Fashion Week.

Luna (día 13, Kafe Antzokia). A lo mejor esta lista acaba quedando un poco nostálgica, porque Luna también nos hacen viajar hacia los mejores 90. Dean Wareham y compañía abrazan a la Velvet menos hosca en sus canciones perezosas, narcotizadas, envolventes, y también son capaces de llevar a su terreno hipnótico a los artistas más variados, desde Guns N’ Roses hasta, hace nada, The Cure. Eso sí, este concierto me ha sumido en cierta preocupación por mi decadencia: un amigo me asegura que yo vi a Luna en directo hace un par de décadas, creo que en el propio Antzoki, pero lo cierto es que no logro acordarme de nada.

The Volcanics (día 15, Nave 9). Los volcánicos australianos se han vuelto unos habituales de los escenarios vascos desde aquella gira de hace tres años en la que, según resumió el amigo Cubillo, ofrecieron «un bolo de leyenda» en el Gora de Vitoria. Lo suyo es rock australianísimo en la línea de Radio Birdman, con los Stooges como núcleo de su ADN. ¡Estupenda manera de empezar un domingo!

Los Espíritus (día 15, Shake!). Y estupenda manera de terminarlo. Los Espíritus vienen de Argentina y practican un blues rock psicodélico que entra muy suavito, como un trago ligero, pero en realidad está aderezado con embriagadores efectos, ecos y electricidades de corte lisérgico, de esos que se llevan el cerebro de viaje astral. También tienen un verso muy adecuado para estos días: «Las armas las carga el diablo / y las urnas si está de humor».

Einstürzende Neubauten (día 27, BEC). Ya, ya sé que el BIME trae la habitual ración de nombres interesantes, que incluso mi idolatrado Jason Lytle andará por allí como parte de BNQT, pero en mi orden de cosas la visita de Einstürzende Neubauten está a otro nivel, trascendente e indispensable. Qué les voy a decir: Blixa Bargeld y compañía están bastante lejos ya de aquellos taraditos que a principios de los 80 se limitaban a aporrear metal y paredes de subterráneo, pero han sabido conservar esa sensación de peligro y extravío consustancial a su música. Son maestros de la tensión y, como puede comprobarse en la foto de arriba, visten muy elegante.

The Telescopes (día 31, piso superior del Kafe Antzokia). Otros veteranos, ya lo siento: uno va acumulando demasiadas lealtades a lo largo de su vida. The Telescopes formaban parte de una de mis escenas favoritas de la historia de la música. O quizá, mejor que escena, habría que decir momento: me refiero a aquellos francotiradores entre impetuosos y desganados (The Jesus And Mary Chain, Loop, Spacemen 3, My Bloody Valentine…) que saturaron de distorsión y repetición el rock del Reino Unido (y el irlandés, ya). Últimamente los Telescopes han evolucionado hacia una abstracción casi ambiental, pero espero que no falte la dosis deseable de oscuras reverberaciones. ¡Y es gratis!

Esto no creo que lo toquen, pero me da la gana colgarlo.

 

 

Canción de la semana: ‘Als wär’s das letzte Mal’

2017 septiembre 29
por Carlos Benito

Deutsch Amerikanische Freundschaft (DAF)

 

 

Me he puesto muy contento al comprobar que DAF, la Deutsch Amerikanische Freundschaft, no habían tenido jamás canción de la semana en el blog, porque eso me permite celebrar como se merece la caja Das Ist DAF, una lujosa edición de sus cuatro álbumes más representativos que ha puesto fin a su lamentable ausencia de Spotify y demás canales de la modernidad. DAF, ya lo he dicho un montón de veces, son uno de mis grupos favoritos y también me parecen un caso infrecuente de banda que creó un estilo radicalmente propio: cuando pasaron de quinteto a dúo, hicieron de la necesidad virtud y se sacaron de la manga su intensa combinación de máquinas y sudor, de electrónica y músculo. Sobre las sencillas e insistentes secuencias de su «legendario Korg MS-20» (así lo define Groenland, el sello que edita la caja), la batería de resonantes címbalos de Robert Görl y la voz acuciante del cordobés Gabi Delgado-López abrieron el camino para toda la electronic body music, que en realidad rebajó su fórmula al prescindir del componente corporal. DAF sonaban militarmente sexuales o sexualmente militares, excitantes e inquietantes a la vez, sacando un partido inesperado a la fonética percutiva del alemán.

La caja no incluye el álbum de debut, aquel Ein Produkt der Deutsch-Amerikanischen Freundschaft que venía a ser un caldero de ideas a medio hacer, plasmadas en improvisaciones electrónicas. Sí está el segundo, Die kleinen und die Bösen, en el que todavía son un quinteto que explora distintas posibilidades entre el post-punk y lo industrial. Y, por supuesto, trae su imprescindible trilogía como dúo (Alles ist Gut, Gold und Liebe y Für immer), tan estimulante hoy como hace treinta y cinco años. Mi favorito es Für immer, el disco con el que los descubrí, comprado por 150 pesetas en una tienda de Pamplona, pero he decidido seleccionar este Als wär’s das letzte Mal, una canción de amor obsesiva e hipnótica que está incluida en Alles ist Gut. Ámame como si fuese la última vez…

 

 

Las casetes desenterradas

2017 septiembre 28

Faduumina Hilowle, vocalista somalí

 

Una de las figuras más interesantes en la música de las últimas dos décadas es la del desenterrador de tesoros, esos paleontólogos pacientes que bucean en el pasado en busca de maravillas que quedaron al margen de la corriente principal de la historia y acabaron olvidadas. La manifestación más impresionante de su tarea llega cuando alguno de estos buscadores no solo descubre al mundo la existencia de un artista valioso, sino que desvela la riqueza de un país entero. Sucedió con Éthiopiques, la asombrosa serie discográfica francesa que hizo añicos nuestras ideas preconcebidas sobre Etiopía, al rescatar grabaciones de los 60 y los 70 que proceden de una cultura urbana vibrante y sofisticada.

Pues bien, algo parecido ha ocurrido ahora con Somalia, un país que en los últimos tiempos se ha vuelto sinónimo de desgobierno, violencia y piratería marítima. El sello Ostinato Records ha editado Sweet As Broken Dates, un recopilatorio que tiene algo de milagro. Según explican en la discográfica, el dictador Siad Barre ordenó en 1988 una serie de feroces bombardeos sobre el norte del país, para reprimir el independentismo de lo que hoy se llama Somalilandia, y estableció como un objetivo estratégico las instalaciones de Radio Hargeisa, situadas en la ciudad homónima. Los archivos de la emisora contenían miles de casetes que fueron trasladadas de emergencia a países vecinos, como Yibuti o la propia Etiopía, e incluso fueron enterradas para salvarlas del desastre, en un salto inesperado de la metáfora a la literalidad.

Diez mil de esas cintas están custodiadas ahora por la Red Sea Foundation, de cuya colección salen los quince cortes del disco. Los responsables de Ostinato los presentan como «una ventana al Mogadiscio de los 70 y los 80», y de verdad que el panorama resulta sorprendente: a la riqueza tradicional de la música somalí (un cruce comercial de caminos donde el mundo árabe recibía la influencia persa, india e incluso china) se sumaba el efecto revitalizador del reggae y la música estadounidense. El resultado es un sonido exuberante y embriagador, una especie de soul y funk africano con canciones como este Ninkaan Ogayn que interpreta Faduumina Hilowle (la artista de la foto de arriba, robada del Instagram del sello) acompañada por la Gacaltooyo Band.

 

Canción de la semana: ‘Ancient Mysteries’

2017 septiembre 21

Charles Douglas

Lo lógico sería que yo hubiese escuchado a Charles Douglas en su momento. Más que nada, porque en su álbum Statecraft se ocupa de las guitarras solistas Joey Santiago, el de los Pixies, y eso debería haberme conducido hasta él. Pero no les voy a engañar: no guardo recuerdo de haber tenido ningún contacto contemporáneo con su música. Puedo buscar un poco de disculpa en el hecho de que Douglas es un maldito de los 90, un tipo que parecía rozar un éxito que siempre se le escapaba y que, además, demostraba cierta habilidad en el exigente arte del autosabotaje. Statecraft era su cuarto disco, después de un tercero (grabado con otra colaboradora ilustre, Moe Tucker) que había merecido una carta elogiosa de David Bowie, pero Douglas no se sentía contento con la grabación y se obsesionó un poco con el riesgo de volver a caer en adicciones pasadas, así que directamente se largó del estudio, vendió sus instrumentos, se mudó de ciudad y jamás volvió a hacer música. Eso ocurrió en 2002 y el álbum salió dos años después.

El músico de Seattle se ha reinventado como novelista, con el nombre de Alex McAulay, y se declara contento de “ser desconocido pero seguir vivo”. El caso es que en los últimos años su figura se está viendo reivindicada con cierta fuerza: primero se reeditó aquel disco que tanto gustaba a Bowie, después una recopilación de sus grabaciones anteriores y ahora resurge Statecraft con envoltorio de lujo y diecinueve cortes extra (sí, diecinueve, porque aquellas grabaciones que abandonó a medio terminar eran para un disco doble). Escucho esta canción tan bonita y de letra tan majara (es la historia de una pareja, pero empieza con la chica en el útero) y me pregunto cómo diablos no la conocía de antes. Pero después veo que lleva trece años colgada en Soundcloud y ha acumulado tres reproducciones (de las que dos son mías) y, aunque tiene que tratarse de algún error del contador, me siento un poquillo más indulgente conmigo mismo.

 

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Canción de la semana: ‘The Girl Who Lives On Heaven Hill’

2017 septiembre 17

 

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Estoy teniendo unas semanas bastante liadas y eso me impide atender el blog como es debido, más allá de cumplir con la disciplina de no saltarme la canción de la semana. Ni siquiera he podido despedir con un poco de decencia a una figura como Grant Hart, que falleció el miércoles en Minnesota con solo 56 años. Así que voy a hacer una pequeña cabriola en la rutina habitual y dedicaré la sección a The Girl Who Lives On Heaven Hill, mi canción favorita de Hart y una de mis preferidas de todos los tiempos.

También su trayectoria posterior al frente de Nova Mob y en solitario es interesante, pero Hart aparece en las historias del rock, sobre todo, como parte de Hüsker Dü, trío estadounidense que reconfiguró el hardcore de sus inicios como un rock intenso y cargado de electricidad y sentimiento. Hart (en el centro de la foto) era el batería, pero también se repartía las tareas vocales y compositivas con Bob Mould, el miembro más conocido del grupo, y se da la circunstancia de que entre sus canciones, menos numerosas que las de Mould, figuran algunos de los momentos más logrados de su discografía. Es el caso de The Girl Who Lives On Heaven Hill, que está incluida en New Day Rising (su álbum de 1985, el que más me gusta de los suyos) y que, sobre esa guitarra de Mould que suena como veinte, bosqueja una historia de amor entre perdedores: la mujer que vive en una cabaña y tiene siempre una botella sobre la mesa para el narrador, que sube a visitarla. “Tiene una habitación grande que está siempre desordenada, / zapatos desgastados y un vestido desgastado, / una sonrisa desgastada que seguirá usando algún tiempo más / y un desgastado felpudo de bienvenida junto a la puerta”. Yo entendí durante mucho tiempo que la chica vivía en un lugar llamado la Colina del Cielo, pero resulta que Heaven Hill es una marca de bourbon, de modo que el título y el primer verso pueden interpretarse como que la chica en cuestión se alimenta solo de eso. Siempre me sorprende con qué feroz emoción la canta Hart.

 

Canción de la semana: ‘Basic Cable’

2017 septiembre 8
por Carlos Benito

 

Dead Heavens

 

La canción de la semana es una de esas tareas que me obligan a trabajar un poquito en vacaciones, porque escucho algún tema que me gusta y, claro, lo archivo mentalmente (bueno, en realidad lo añado a una lista de Spotify) para traerlo por esta sección. Esta vez, he acabado con tres candidatos claros: uno que podríamos definir como blues rock psicodélico, otro que tira hacia el post punk salvaje y un tercero de sedante neoclasicismo. Una mano inocente y limpia ha extraído una bolita de papel y, zas, ha tocado la primera.

Así que aquí tienen a Dead Heavens, unos neoyorquinos que canalizan a grupos como Cream, Black Sabbath o The Jimi Hendrix Experience pero vienen de universos bastante alejados de ese estilo. El líder del cuarteto es el vocalista y guitarrista Walter Schreifels, que allá por finales de los 80 tocaba y componía en los históricos jarcoretas Gorilla Biscuits (bueno, veo que sigue en ello, porque todavía existen), mientras que el guitarrista Paul Kostabi fue miembro fundador de White Zombie. Según aseguran, este nuevo proyecto surgió de una obsesión compartida por el primer álbum de Cream y el tercero de My Bloody Valentine (sí, sí, el tercero), aunque esto último no logro apreciarlo en su música, rock setentero con la cabeza muy volada. A mí me gustan mucho los bamboleos y borbotones de sus guitarras, pero creo que la clave de mi enganche ha sido esa voz casi femenina que canta sin esfuerzo aparente.

 

Algunos conciertos de septiembre

2017 septiembre 7

El grupo Proyecto Solaz, de Almería, estará en el Villa de Bilbao

 

 

Ya está, se acabaron las vacaciones, aunque algunas partes de mi organismo todavía no se han dado por enteradas. El cerebro, por ejemplo. Aun así, le he obligado a currar un poquito para buscar una selección de ocho conciertos en ocho recintos distintos. Caramba, me salen dos en Sopela, y perfectamente habrían podido ser tres.

Is Bliss (día 7, La Triangu). Al trío de Portsmouth, a tiro de ferry de Bilbao, lo definen por ahí como «shoegaze psicodélico», aunque a mí me parece que tiene bastante más de lo segundo que de lo primero. Sus canciones envueltas en neblina oriental pueden agradar a nostálgicos de los 60 más lisérgicos, a fans de los Stone Roses o, en fin, prácticamente a cualquiera, porque suenan tan amigables como prometedores.

Maria Arnal y Marcel Bagés (día 9, Kafe Antzokia). A lo mejor soy un poco pesado con el dúo catalán, pero su cancionero entre la tradición oral y la vanguardia me parece una de las propuestas más motivantes de los últimos tiempos. Presentan su espléndido álbum de debut, 45 cerebros y 1 corazón.

Ötzi (día 13, Sarean). Ötzi son un trío californiano que ofrecerá en Sarean el primer bolo europeo de su historia. Su primer álbum, recién editado, los sitúa en el inabarcable colectivo de herederos de Siouxsie: tengo la impresión de que el legado oscuro de los Banshees sirve a menudo para apañar terribles medianías, pero no parece el caso de Ötzi, que tienen canciones muy bonitas y a veces incluso se pasean con solvencia hacia los paisajes de los Cure. Telonean Mötorastola.

Villa de Bilbao (a partir del día 14, Bilborock). Ya tenemos aquí otra edición del Villa, que hace, esperen que mire, el número 29. ¡Veintinueve! La primera semana habrá dos conciertos del apartado pop-rock, los días 14 y 15 (los de la foto de arriba son los almerienses Proyecto Solaz, que ofician en esta segunda fecha) y para el metal habrá que esperar al 22. Aquí tienen el calendario en pdf. De nada.

Las Señoritas Estrechas (día 23, Nave 9 La Nube). Las Señoritas Estrechas se llaman Dani, Diego y Ángel, para situarnos un poco, y se definen muy acertadamente como «una banda de pop disfrazada de punk». Lo suyo es punk ramoniano de la vertiente menos agresiva, con estribillos como «conviértete en una obesa conmigo» y adscrito a la cofradía de Airbag, F.A.N.T.A. o Waldorf Histeria. De hecho, acabo de ver que compartieron un concierto con estos dos últimos, en lo que viene a ser el equivalente musical a una sobredosis.

Los TexManiacs (día 29, Plaza Estación de Las Arenas). El Festival de Folk de Getxo gana incluso al Villa, porque va por su edición 33. ¡Treinta y tres! Habrá flamenco, klezmer, chaabi, música celta, fado y un montón de cosas más, pero me quedo con la banda de Max Baca, cuate de Flaco Jiménez que insufla rock and roll a la tradición texana. Su música es muy apropiada para beber, quizá demasiado. Quizá demasiado apropiada para beber demasiado, podríamos decir.

Tav Falco’s Panther Burns (día 30, Satélite T). El espigado Gustavo Antonio Falco, que ya ha cruzado la frontera de los 70, es una leyenda del underground que revisa la tradición americana en plan decadente y cabaretero. Su trayectoria irregular y extraña enlaza el blues de Memphis con el Nueva York de la no wave y la Europa portuaria.

Mars Red Sky (día 30, Plaza del Ayuntamiento de Sopela). Vamos a acabar como empezamos, en Sopela y con sonidos de cierta vocación psicodélica. El trío bordelés (cómo me gusta ese gentilicio), que tira por la facción stoner del viaje mental, encabeza el cartel del festival gratuito Inkestas, un festín de productos potentes que se completa con Adrift, Rise To Fall, Late To Scream, Knives, Wreck Totem, Conteiner, Song Of Anhubis y Baltzak.

Vamos con Ötzi y sus Charms.

 

Cerrado por vacaciones

2017 agosto 9
por Carlos Benito

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