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Canción de la semana: ‘Fuel To The Fire’

2017 diciembre 3

dream-machine

 

Warm Soda, la anterior banda de Matthew Melton, habría merecido mucha más atención de la que recibió, porque sencillamente creó una de las mejores colecciones de canciones de este siglo. Es cierto que estaban lastrados por una ostentosa monotonía, y también por su preferencia un tanto testaruda por una producción tirando a cacharrera, pero sus melodías de power pop relucían hasta dejar en evidencia a muchos ortodoxos del estilo. Aquí tuvieron una canción de la semana y salieron mencionados unas cuantas veces, pero les tenía que haber dado mucha más cancha, porque cada vez que me sale un tema suyo en el reproductor lo experimento como una pequeña bendición.

Ahora Melton, que en la foto es el tipo bigotudo y larguirucho como un poste, tiene nuevo grupo, Dream Machine. Lo encabeza junto a su esposa, Doris, que es… bueno, ya se imaginan quién es en la imagen. No se puede decir que hayan empezado su recorrido con muy buen pie: de lo que más se ha hablado es de que su sello, Castle Face, los echó después de sus “feas opiniones” en una entrevista. ¿Qué dijeron? Bueno, sonaron un poco duros y un tanto fachorros, pero a mí me parece que tampoco era para tanto, La bocazas fue fundamentalmente Doris, que procede de Bosnia y apoyó la mano dura contra los inmigrantes ilegales (en la línea de Trump, podríamos decir) y también criticó a las “horribles bandas feministas” que solo se justifican por su ideología: “La mentalidad del espacio seguro las ha hecho débiles. Ni siquiera saben tocar sus instrumentos. Harán canciones sobre ser ‘asaltadas sexualmente’ o sobre lo ’empoderadores’ que son los abortos o alguna mierda así y eso es de retrasadas: si lo hiciesen hombres, los crucificarían”. Más allá de controversias, la cuestión es que la pareja se ha mudado a Ámsterdam y acaba de editar el estupendo segundo álbum del grupo, que ha cambiado el power pop de Warm Soda por otro rollo igualmente obsesivo, esta vez centrado en el rock setentero de corazón psicodélico, también con una producción que no acaba de sonar convencional. Yo diría que este Fuel For The Fire, la última del disco, es como una canción ochentera de un grupo de los setenta (¿Fleetwood Mac, quizá?) que alguien ha grabado en casete de la radio. De hecho, yo estaba convencido de que se trataba de una versión, pero parece que no, y me encanta.

 

elcorreo.com

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