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La estrella negra de Bilbao

2017 marzo 10
por Carlos Benito

 

Me ha entristecido mucho el desalojo de Izar Beltz, el ateneo libertario del barrio de Irala. No conozco los detalles, esos entresijos que deciden el futuro de todo local ocupado, pero aun así he experimentado el cierre como una pérdida cultural y también personal, ya que el ateneo se había convertido en uno de los lugares más entrañables de mi geografía sentimental bilbaína. Y eso que les aseguro que no soy de frecuentar gaztetxes y similares, por dos razones: por un lado, muchos de ellos hacen gala de una ideología avasalladora y cerril que hace que me sienta excluido, como un visitante indeseado y desagradable; por otro, suele ocurrir que sus propuestas culturales me parezcan conservadoras, vulgares y, en dos palabras, mortalmente aburridas. Pues bien, las veces que he ido a Izar Beltz (creo que han sido cuatro, tampoco se piensen que formo parte de la familia) he experimentado las sensaciones contrarias: la gente del ateneo siempre me pareció acogedora e inclusiva (vale, en eso a lo mejor influye que sintonizo doscientas mil veces más con el anarquismo que con el nacionalismo) y su agenda cultural solía estar bien abastecida de citas estimulantes (ya saben que esto suele ir de música, así que me refiero a los conciertos que presencié y a algunos que me perdí). Guardo con mimo en la memoria la actuación de los catalanes †††, el segundo paso por el ateneo de los valencianos Antiguo Régimen y también el desparrame demente de quince minutos de los rusos Eaglehaslanded.

No voy a lanzarme a contraponer aquí la cultura desde arriba, promovida por las instituciones, y la cultura desde abajo, que brota de la gente, porque eso conduce a menudo a la conclusión falaz de que son incompatibles. Me parece estupendo y casi increíble que la Alhóndiga organice conciertos de gente como Corcobado, pero creo que lugares dinámicos y autogestionados como Izar Beltz también son necesarios o, por lo menos, convenientes, si es que queremos una cultura vital y con capacidad de sorpresa. Vale, sí, al final no voy a poder evitar el tópico: cada vez tengo cerca de casa más bares de cartón piedra donde tomarme unas tapas globalizadas, pero ya han caído dos de los locales donde he visto conciertos más interesantes en los últimos años, Izar Beltz y el Sentinel de Erandio.

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