Fútbol en la frontera.

Silbar un himno es, en principio, una falta de respeto. Pero el respeto se pudo ver que sí estaba anoche en el campo cuando el imbécil que tiró la lata fue señalado por todos, al momento, porque agredió a un rival. Sucede que silbar el himno de España es para muchos silbar a un estado que no respetó a ellos ni a sus mayores y no les deja decidir, por tal o por cual motivo. Entonces, silbar el himno se perfila como la única forma de protesta masiva. Me da lástima por el rey, como persona, pero seguro que él sabe mejor que nadie lo que representa.

En cuanto a que estos equipos jueguen o no las competiciones españolas, verdadera obsesión de los que se dicen atacados por el nacionalismo, no debería tener más consecuencias políticas que las del Mónaco en la liga francesa o que los Raptors en la NBA. Entiendo que suena simple, quizás demasiado. Pero a día de hoy, que se compran y venden plazas, equipos o pasaportes, jugar aquí o allá es sólo un asunto de competitividad.

Muchas opiniones, en estos foros, sobre todo en los diarios deportivos, salen vomitadas de cada ordenador, sospecho, sin pasar por el ejercicio mental de ponerse en el lugar de aquellos a quienes se impuso una bandera y con ella toda su carga (hace uno o cuarenta años, no me importa, ellos tendrán razones para mantener sus posiciones). Por desgracia, muy pocos de los que no han nacido en la periferia de España e incluso una buena parte de los que sí, se ponen en los pies de los nacionalistas. Por eso, los que sí lo hacen, valen kilates. Muchos prefieren sólo comprender lo suyo, no sea que les entre un ataque de tolerancia y comprensión hacia el nacionalismo. Y no sea que, entonces, voten y se separen.

Y lo siento si alguien me tiene la pluma cargada de tinta y me cree independentista, porque no lo soy. A estas alturas, prefiero unir que separar. Pero como, para bien o para mal, soy parte de la democracia, seré del país que quiera mi mayoría. Y no seré de ninguna manera de quien impida ver lo que la gente quiere ser a causa de su propia cerrazón. Saben qué, que cada vez me pongo de un lado, donde mi sentido común me lleve. Aunque censuras como la de TVE me han llevado a cuarenta años atrás. Y yo, cuarenta años atrás, hubiera silbado el himno.

Como ya estoy harto de hablar de gripe, y lo de hoy está en las gradas de Mestalla, también me quiero sumar. La única forma de vincularlo con México es decir que aquí no sólo han quitado el himno: han quitado el audio y nos hemos tragado el partido sin comentaristas, ni españoles ni mexicanos. Así que no nos hemos enterado ni de la misa la media.

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