A mis espaldas, en la fila de Migración:
Hombre: Hola, yo te conozco, no hemos hablado pero yo te he visto muchas veces aquí. Uno viene y empieza a toparse con los de siempre, ya los conoce, siempre somos los mismos los que estamos en la fila y aunque no hayas hablado nunca con ellos ya sabes quiénes son y qué les trae por aquí.
Mujer: Eh… hola, sí.
Hombre: Yo ya te había visto a ti muchas veces. Es que uno luego ya los va uno conociendo, y a los que atienden también. A mí José Luis me cae muy bien, pero siempre te pide documentos de más, no te deja ir una.
Mujer: Exacto, exacto…
Hombre: Mira, a ella la rebatió y no le dio el trámite.
Mujer: Es que no fue positiva.
Hombre: Sí, todo depende de la cara, te miran y según te vean, hay que ir confiado y no pedir demasiado, positivo, sonriente, si no, no te la van a hacer fácil. A mí una vez, me esperé toda la fila, me mandaron a otra y en unos segundos me llamaron. Pero mira, luego se quejan los extranjeros de que les miran todo con lupa, ya ves, a todos, según cómo vayas.
Mujer: Ajá…
Todo sigue igual, sólo faltan tres minutos menos. El hombre sin cara ha jugado su baza pero creo que ha saturado a la mujer sin cara. La conversación se diluye entre las voces de la fila creciente.

