II CONCURSO LITERARIO ROSETTA
MADRID
Ha llegado septiembre, hemos vuelto de vacaciones y como no hay trabajo, nos hemos puesto a organizar mi recogida del premio del Certamen Rosetta en Madrid.
Ya es día veinticuatro, estoy nerviosa pero muy contenta. Hemos preparado la cámara de video, la de fotos, los mapas y la música.
Por fin, había llegado el gran día. Fue un viaje un poco largo pero divertido.
Al llegar a Madrid, fuimos a comer a un mexicano y comimos muy bien. Teníamos el tiempo justo para cambiarnos, coger el metro y llegar a la Universidad Complutense de Madrid.
Dimos mil vueltas buscando el lugar. ¡Qué sería de nosotros sin la tecnología!. No nos ayudaba ni el calor ni los tacones, pero por fin estábamos allí.
Cuando entramos en el salón de actos, la luz estaba apagada y las butacas llenas de gente. Había muchas personas, muy diferentes y que venían de muchas provincias de España.
De repente, oí mi nombre y tuve que armarme de valor para subir al escenario. Estaba tan nerviosa que no fui capaz de decir ni una sola palabra. Encima ni siquiera podía bajar las escaleras, llevaba las manos llenas con los regalos y el diploma, así que me tuvieron que ayudar.
Además de recibir en el escenario a todos los premiados, vimos varios vídeos y tres actuaciones: una de teatro, una de baile y una cantante de poesías.
A la salida, nos hicimos fotos con el diploma Monica, mi madre, Alberto y yo.
Cuando salimos preguntamos a un señor el camino más corto para ir al metro para no andar tanto. Fue muy amable y nos acompañó hasta la mitad del camino.
En el metro íbamos impacientes por abrir los paquetes y eso fue lo que hicimos nada mas llegar al hotel.
Por cierto, ¡qué hotel! (hasta había en la azotea una piscina con bar).
Fue un día duro, así que después de cenar fuimos a descansar.
Al día siguiente, bajamos a desayunar y nos fuimos a ver Madrid.
Visitamos la puerta del Sol, la Plaza Mayor, el Oso y el Madroño, museos y muchas cosas más.
A mediodía, cogimos el coche y rumbo a casa.
Quiero que sepáis que ha sido una bonita experiencia que jamás olvidaré y que no dejaré de luchar por la poesía y los cuentos que es lo que más me gusta.
No somos diferentes, somos inteligentes
No somos diferentes, tenemos un trabajo
y el apoyo de nuestra gente
Pero nos falta lo más importante:
el apoyo de la gente y de este mundo que nos mira diferente.
A este mundo y a esta gente le pedimos
que no nos mire diferente
y luche con nosotros
frente a frente.