Chupando del bote

Ya lo habrán oído: un tipo de 25 años que ni estudia ni trabaja deberá abandonar la casa de sus padres por orden de un juez de Málaga. Y digo yo: ¿qué hace tan mayorcito y viviendo aún con sus padres? ¿Y cómo es que parece lo normal en este país? Como dijo Almodóvar, Spain is different (léase con acento de Madrigalejo). La llaman la generación “ni-ni”: ni estudian ni trabajan, ni quieren trabajar ni quieren formarse, ni viven ni dejan vivir, ni plan ni proyecto, ni con sus padres ni sin sus padres, porque ellos ponen la pasta. Como en la canción de Los Ronaldos, “adiós papá, adiós papá, consíguenos un poco de dinero más, ¡más dinero!”.

Más allá de los problemas de empleo y de acceso a la vivienda, que son indiscutibles, subyace un trasfondo educacional, el de una generación comodona y sin ambiciones, que no valora la libertad ni la independencia si cuesta dinero, una generación desconcertada e inmadura, con padres tan tolerantes que les dejan su sillón hasta los treinta y muchos. De Pirineos para arriba esto no se comprende.

Son más de ochenta mil los “ni-ni” en España, el 1%, de la población, sin distinción de clase (sin contar, por supuesto, con los que buscan trabajo y no lo encuentran, los cuales suman el 30%), y pronto serán muchos más, porque esto es ya un mal social. La ociosidad es caldo de cultivo de muchas lacras, y puede que sea una enfermedad del entendimiento, un apoltronamiento vital, en lo que Pascal Bruckner llamó “cultura de la irresponsabilidad”: tratar de escapar de los propios actos en ese intento de gozar de los beneficios de la libertad sin sufrir ninguno de sus inconvenientes.

La excelencia


En nuestra pintoresca variante de socialismo hispanicus de cuatro siglas, no está bien visto educar la excelencia, sino mantener el rasero más bajo e igual para todos los alumnos. De forma eufemística lo laman “nivelar la igualdad de oportunidades”. Y ciertamente, ese más del 40% de desempleo juvenil nivela en la igualdad. Los socialistas hablan sin sonrojo de mantener unos mínimos de calidad, cuando tenemos una tasa del 30% de fracaso escolar. Ahora, a tenor del Bachillerato de Excelencia para los buenos alumnos madrileños, portavoces socialistas afirman que Esperanza Aguirre profundiza en la segregación. Hay que fastidiarse.

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Debo confesar que mi alma socialdemócrata repudia gran parte de las ideas de la defensora del Tea Party, pero en esta ocasión considero, como el Defensor del Menor de Madrid, que es una iniciativa muy positiva. Y es que la LOGSE ya estableció el bachillerato de la mediocridad, que en no pocos institutos es el bachillerato de artes, adonde van a parar muchos chicos que no saben estudiar pero sí son buenos dibujando mangas y decorando su atuendo gótico, y ansían un camino fácil para la titulación. Y en semejante panorama es hora de que se tienda la mano a los estudiantes con ambición e instinto de superación, antes de que se extingan también –como las lenguas clásicas en el Bachillerato- en esta cultura de los atajos, triquiñuelas y caraduras en que vive inmersa nuestra adolescencia y “adultescencia”.

Basta ya de demagogia, de ensalzar la igualdad de oportunidades cuando tenemos lo que tenemos. Eso es socialismo mal entendido. Necesitamos un pacto por la educación, más inversión, más ideas innovadoras y menos prejuicios.

Ahora bien, esta iniciativa premia a quienes cumplen sobradamente con los estándares académicos, pero ¿qué sucede con los alumnos sobredotados o de altas capacidades que no son brillantes porque el entorno académico no acompaña, sino que más bien los hunde? Estos no forman parte del plan de la señora Aguirre.

Osos en Alaska

A propósito del relanzamiento de la “ley Sinde”, bienaventurada sea, gracias a este PP de elecciones que ahora va de buen rollo y nosotros pactamos, después de haber puesto palos bajo todas las ruedas, acuerdos y pactos desde que perdió las elecciones, comenta el escritor Agustín Fernández Mallo algo que me ha gustado: “A veces los llamados creadores somos como un oso de Alaska al que se le derrite el hielo bajo los pies y grita. Nosotros gritamos, pero eso no va a evitar que el hielo siga derritiéndose.” Y es muy cierto que el hielo se derrite bajo nuestros pies, y no sólo en Alaska, aunque no lo veamos y caminemos tan panchos, con los auriculares puestos o pendientes del móvil.

El mundo se encamina de forma imparable por una senda que entra en conflicto con la cultura y con el mercado de la cultura. Y aquí estamos los osos atemorizados al ver cómo nuestro suelo se cuartea y diluye en el mar de la insignificancia y banalidad, de la superproducción y el consumo desenfrenado, donde ya no importa quién hace qué o para quién, si lo pueden disfrutar los usuarios.

El mundo también avanza hacia el calentamiento global y la desaparición de los casquetes polares, un mundo donde los osos ya no tendrán donde caminar ni donde saltar, porque las aguas que ellos consideraban su ecosistema se han convertido en aguas internacionales, veda abierta para la libre caza y descarga, pasto de la piratería, donde lo que prima es Magaupload o Topwebonada, y los derechos que importan son los de quienes se benefician de copias ilegales. Lo que ahora nos parece la modernidad, ese andar todo el día pegados a alguna pantalla y bajando contenidos compulsivamente, tal vez a los hombres del mañana les parecerá simple burricie. Quién sabe cómo acabaremos los autores, los que crecimos con el culto al cine y la literatura, los que veneramos el libro y todavía buscamos salas en VOS, pero no me auguro nada bueno. De todas formas, celebro que por fin los políticos se hayan puesto de acuerdo para frenar la piratería en Internet y devolver a los creadores los derechos intelectuales que les pertenecen legítimamente.

Sinde ha salido muy desgastada de este proceso. Es una mujer valiente, una figura de primera categoría en un partido completamente sobrepasado por los acontecimientos y sin capacidad de recuperar a buena parte de su electorado. Por una vez hemos visto a una representante política hacer cultura, algo que no ocurría creo yo desde la gran Pilar Miró.



Mi encuentro con Vargas Llosa

La entrevista más difícil que me ha tocado conducir en mi vida fue a Vargas Llosa, el pasado julio, ante unas cuatrocientas personas, pues este hombre llena aforos allá donde se presenta. Era el cierre de un congreso literario titulado “Cinco autores con Mario”, en el que compartí mesa con Armas Marcelo, Caballero Bonald, Fernando Iwasaki y otros autores.

La preparé a conciencia porque me intimidaba la talla intelectual y la celebridad de este gigante de la literatura. Releí sus obras y me engolfé en su biografía. ¿Qué podía preguntarle yo que no fuera una repetición de otras entrevistas? ¿Cómo desvelar alguna faceta del autor o la persona, desconocida para el público? ¿Cómo arrancarle un buen titular a este maestro de la diplomacia y la discreción?

Salí airoso del lance tras dos horas de un intenso coloquio, en el que tuve ante mí a un sabio ilustrado, a un impecable gentleman que en su currículo, además del Nobel de Literatura y otros galardones, tiene la fama de no hablar jamás mal de un escritor, amigo o enemigo, ni de hombre de cultura, sino sólo de dirigentes comprometidos con la injusticia y la deslealtad.

También encontré a un hombre de pensamiento político muy moderado, más de centro que de derecha, partidario del matrimonio gay, del aborto libre y de una España más abierta, menos necionalista, más plural y centralizada. En definitiva, Llosa no es en absoluto un conservador ni un “neoliberal” contrariamente a lo que muchos creen.

Ante todo es un hombre sencillo, muy accesible, fácil de trato, de escrupulosa amabilidad y de ideas luminosas. Sabio por cultura y por virtud; sabio de mente y de espíritu. La cultura de verdad nos transforma. Estamos de enhorabuena, por uno de nuestros autores más queridos y leídos en nuestra lengua.

Insultos misóginos

De vuelta de unas largas vacaciones en una aldea perdida en la montaña, en contacto con la naturaleza cual Edith Holden, regreso al mundanal ruido urbanita y compro la prensa para ver qué se cocina por estos lares, y no tardo en dar con una de esas columnas de opinión que te revuelven las tripas.

Y es que circulan no pocos misóginos por las páginas de nuestros periódicos nacionales, que no tienen inconveniente en ceder su espacio de opinión a los agitadores radicales de verbo bilioso. De todos ellos, los peores son los que denigran a las mujeres con el argumento de su físico, para defender, por ejemplo, sus convicciones políticas. Misóginos resentidos por su torpeza con el sexo opuesto, por su incompetencia emocional. Ganas dan de preguntarle: ¿quién fue la que te hizo así?

Buen ejemplo lo tenemos en cierto escritor ganador del Planeta (cuando era muy joven) y comentarista de un programa de Intereconomía, (por si alguien no sabe aún de quién hablo) quien, en uno de sus últimos artículos califica a Trinidad Jiménez de “ajamonada” además de aludir sarcásticamente al potencial erótico de las “señoras jamonas”, porque este señor, además de presumir del catolicismo más conservador, utiliza con frecuencia expresiones rijosas como “echar un polvo” a una jamona, en sus columnas de prensa. Autor que, por cierto, no es ningún ejemplo de delgadez que digamos.

No entiendo qué ventajas le aporta a un escritor hacerse con un nicho de opinión si es para hacer gala de su falta de estilo y su torpeza mental. ¿Cómo podemos acercarnos sin prejuicios a sus novelas en el caso de que sean verdaderas obras literarias? En mi caso, que leí con placer las primeras que publicó, lo he arrumbado al foso de los proscritos, por la arrogancia con la que se conduce y sobre todo por su manifiesta misoginia, con el beneplácito de la redacción de su periódico. Cierto que a un novelista deberíamos juzgarlo sólo por sus novelas, no por su vida ni por su ideología; no obstante algunos logran ser tan aborrecibles que ellos mismos espantan a sus lectores.

¿Quieres mejorar tu inteligencia?

Solemos quejarnos de nuestra mala memoria, pero todavía no he escuchado a una sola persona quejarse de su mala inteligencia. Y eso que un 20 % de la población anda escaso de ella, es decir, se encuentra al Este de la campana de Gauss. La naturaleza no reparte equitativamente, eso está claro, y cuando la naturaleza no da, el hombre se lo atribuye, y es que la inteligencia está tan vinculada al estatus social que se ha convertido en una cualidad muy preciada. Y donde hay demanda, surge la oferta.

Desde los años 80 se han venido comercializando fórmulas para potenciar la inteligencia, ya sea en programas de entrenamiento o a través de las píldoras llamadas “potenciadores cognitivos” o o ‘smart drugs’. Sobre éstas últimas, de vez en cuando nos llegan noticias de nuevos fármacos de “última generación” (calificativo que nunca falta, aunque pronto sean sustituidas por una nueva última generación). Antaño eran los psicoestimulantes, derivados de las anfetaminas, como los llamados ampakinas, u otros más conocidos por sus nombres comerciales: Aderall, Ritalín, Rubifén… En los últimos años se ha puest de moda en Estados Unidos el Modafinil (Provigil). Este “potenciador cognitivo” lo consumen lo mismo los ejecutivos que los estudiantes. Desarrollado inicialmente para tratar la narcolepsia, se vende con el marchamo de “clínicamente testado” para mejorar el rendimiento cognitivo. No se lo crean. La realidad es que ningún medicamento es capaz por sí solo de crear conexiones neuronales entre distintas regiones cerebrales, sino tan sólo producir una activación artificial, un estado de alerta cerebral que nos haga procesar más deprisa durante el tiempo en que duran los efectos, porque producen un aumento de los niveles de dos neurotransmisores esenciales para la concentración y la memoria: la dopamina y la noradrenalina. No obstante, sus efectos supuestamente beneficiosos de concentración duran tan sólo unas horas y no dejan cambios en nuestra arquitectura cerebral. Es más que dudoso que ningún medicamento que se sintetice en un laboratorio llegue a crear por sí solo patrones o redes neuronales que normalmente no se producen. Es más, muchos de estos medicamentos tienen peligrosos efectos, se consumen de forma irresponsable y representan un peligro para esos consumidores incautos o crédulos que creen que no pierden nada con probar.

Otra fórmula comercial de vertiente completamente distinta son los libros con el título “Potencie su inteligencia” o “Mejore su Cociente Intelectual”. La mayoría se basan en series de tests: series lógicas, numéricas, matrices… Se vendieron bien en los 80 y 90, sobre todo entre jóvenes que querían entrenarse en “psicotécnicos” para superar pruebas de selección de personal. Sin embargo, han ido cayendo en desuso y actualmente venimos asistiendo a un auge espectacular en el mercado de programas de entrenamiento mental en formato digital, conocidos por su nombre comercial como Brain Training.

Todos vimos a la bellísima Nicole Kidman en el spot, esmerándose con la consola para pasar de un cerebro de sesenta años a uno de veinticuatro años. Con gran despliegue publicitario tanto el Brain Training del R. Kawashima como el Big Brain Academy aseguran rejuvenecer nuestro cerebro y aumentar su potencial cognitivo. Es importante advertir al consumidor qué clase de ventajas cognitivas deparan este software de entretenimiento: ¡ninguna! No importa el tiempo que se le dedique al día y durante cuántos días; se ha comprobado que nada de esto potencia la capacidad intelectual medida en test estandarizados, como el WAIS o el K-ABC, con posterioridad a la práctica habitual en estos juegos en los sujetos investigados. La farsa de estos productos -que sólo proporcionan entretenimiento, como quien hace crucigramas- ha sido desvelada en diversos estudios controlados que han llevado a cabo los departamentos de Psicología de universidades como la IUFM de Alsacia y la Universidad de Rennes 2. Entre estudiosos serios de la inteligencia, estos productos están completamente desacreditados.

¿Hay, entonces, algún método para aumentar la inteligencia? La respuesta es sencilla: ninguno, de momento, si el sujeto ha superado la adolescencia. Podemos fortalecer la inteligencia mediante una adecuada estimulación a niños y adolescentes, especialmente a través de programas pedagógicos organizados en corpus sistematicos para trabajar diversas esferas cognitivas, como el “Proyecto de Inteligencia Harvard” y el “Programa de Enriquecimiento Instrumental de Feuerstein”. Asimismo, la práctica del ajedrez, el bilingüismo (entendido como inmersión idiomática o dominio de dos lenguas) y la lectura asidua también aumentan la inteligencia de los niños y los preparan para ser más competentes en la vida adulta. Esto es así gracias a la neuroplasticidad infantil. Escuchar a Mozart no desarrolla la inteligencia, pero sí la sensibilidad musical y estética. El aprendizaje de instrumentos musicales y el solfeo tienen indudables beneficios cognitivos. Pero olvídense de los juegos electrónicos, (incluidos los de estrategia): no harán su mente más ágil, sólo lo harán más diestro en juegos electrónicos.

Como conclusión podemos afirmar que la opción más inteligente si usted desea potenciar su inteligencia es no comprar ni pastillas ni videojuegos, y olvidarse de aumentar su CI, o pensar más bien en cómo estimular la inteligencia de sus hijos, sobrinos, nietos o alumnos pequeños con buenas herramientas didácticas, cariño y atención de calidad. La inteligencia del adulto es una cualidad bastante estable, que puede mermar en la vejez, pero no aumentar. Lo que podemos mejorar, y mucho, es nuestra capacidad de pensar mejor, con más claridad y penetración, con más sentido crítico, con más cultura y profundidad de análisis. Una buena biblioteca y apagar el televisor contribuyen en buena medida a ello.

Gardner y otros genios del escepticismo

Siento una irremediable debilidad por los hombres inteligentes que, desde la independencia crítica y la mente abierta, hacen avanzar la racionalidad. Como el gran maestro Martin Gardner, tristemente fallecido hace unos días. Quiero recomendar ahora su obra, un deleite para quienes disfrutan con la belleza de la lógica sin necesidad de tener conocimientos técnicos ni formación científica. La gozarán con La ciencia: lo bueno, lo malo y lo falso, y también con La nueva era, y desde luego con ¿Tenían ombligo Adán y Eva? En estas piezas maestras saborearán el placer de desmontar fraudes, supersticiones colectivas, falacias. Y si buscan reflexiones de gran calado, acérquense a Los porqués de un escriba filosófico.

Gardner me ayudó a descubrir el placer de la matemática, a través de sus libros de paradojas y pasatiempos lógicos, algo que no consiguió ninguno de los profesores que tuve en el colegio, a los que condeno directamente a las brumas tenebrosas del Averno. Yo padecí ese aprendizaje matemático desprovisto de sentido, la misma tortura que siguen sufriendo los alumnos de ahora, pues hoy se enseñan las mates prácticamente igual que hace décadas. La Primaria la pasan los niños haciendo cuentas sin cesar, con el método de la repetición machacona. Tampoco en Secundaria les enseñan a pensar, la mayoría de las veces (siempre hay honrosas excepciones, claro está). ¿Resultado? Fracaso escolar y suspenso en Pisa.

Garder nos ha enseñado a pensar a muchas generaciones, a tener una mente abierta, crítica, a amar la ciencia y la razón. Como Carl Sagan y Asimov, sus amigos, fue pionero en la indagación escéptica, algo que se practica muy poco en este país y que incluso tiene mala fama, o fama “ambigua”.

Me comenta mi amigo Luis Alfonso Gámez (quien ha publicado un post en “Magonia” mucho más completo sobre el genio y la figura de Gardner) que nuestro país no ha alumbrado grandes talentos del escepticismo, ni se han escrito buenas obras dignas de ser comparadas con los maestros norteamericanos. Lo que ocurre, creo yo, es que tal vez sí ha habido y hay grandes talentos, pero sus libros no han encontrado buenos canales de distribución ni han gozado de un merecido reconocimiento; ninguna institución los ha prestigiado siquiera en el ámbito académico. Precisamente acabo de terminar de leer un libro de escasísima tirada y fuera de los circuitos comerciales, titulado Expediente Manises, (publicado por la Fundación Anomalía), que para mí es una obra maestra de la investigación escéptica. Es el resultado de varias décadas de trabajo en el caso sin duda más paradigmático y complejo de la ufología española, el llamado caso Manises. Un enigma de temática OVNI que tardó dos décadas en descifrarse. En un próximo post hablaré de este extraordinario libro de Juan Antonio Fernádez Peris, que merece un reconocimiento y una difusión que nunca tuvo. De hecho, mucho más leída ha sido la novela-bodrio Incidente en Manises, del ufólogo de feria J.J. Benítez, quien, en cambio, sí es muy conocido por nuestros lectores, aficionados a las historias de evasión con platillos volantes, sábanas santas y conspiraciones de Turín y Roma. Y así nos va.

Lo dicho, un próximo post sobre El expediente Manises de Peris.

http://es.wikipedia.org/wiki/Incidente_OVNI_de_Manises

Pongámonos a salvo en la Cultura

La cultura es el refugio que nos queda ante la actualidad política, es decir, la intoxicación. Pongámonos a salvo de esta conspiración para mantenernos informados al minuto, en el remolino de mentiras. Ahora que el gobierno hace lo que dijo que jamás haría, ahora que los mercados bursátiles reforman la democracia cuando se dijo que la democracia reformaría los mercados bursátiles, ahora que la pederastia salpica la vida eclesiástica, cuando nos dijeron No cometerás actos impuros, y los banqueros que robaron a manos llenas son los nuevos telepredicadores de medianoche, con el mismo pelo planchado hacia atrás, ahora que por fin ya estamos legitimados para no creer a nadie, ni siquiera a los jueces supremos, ¿por qué perder nuestro valioso tiempo con la actualidad política? Pongámonos a salvo de escándalos y fanfarrias.

Mientras los sindicatos tocan tambores de huelga, y otros ladran desde el pantano exigiendo elecciones anticipadas, y la bancada socialistas se aplaude a sí misma por ser tan responsable y no electoralista, y la Bolsa sube y baja enloquecida, pulso el off y me tiro al sillón con un buen libro. No iré a la huelga, aunque soy funcionario, no compraré el periódico, por si me detienen, no hablaré de política, por si alguien me responde, no haré nada de lo que me digan, no seguiré ninguna consigna, no estaré en los abajofirmantes. Debo ponerme a salvo, velar por mi pellejo. Hay buenas noticias: el videoclub tiene maravillosas películas. ¿Han visto La cinta blanca? ¿Babel? ¿Crash? ¿La última de Clint Eastwood? ¿Si la cosa funciona? No son de actualidad y qué importa. Hablemos de cine, de arte. Saltémonos las páginas interiores de política doméstica (trapos sucios que se quedan en casa). Hablemos de música. Hablemos de la última de Muñoz Molina, o de Richard Ford. Hablemos de la belleza.

Políticamente incorrectos

No sé por qué nos hemos de preocupar tanto por ser políticamente correctos cuando los políticos son tan incorrectos. En el Congreso andan siempre a la gresca, hay una campaña de desprestigio a la Justicia, el patio está revuelto, Falange incluida, y al Supremo no paran de salirle enemistades manifiestas. Y lo último es que el gobierno de Cataluña declara incompetentes a los magistrados del Constitucional. ¿Es políticamente correcto que un político, cuya única magistratura reconocida es la oratoria, arremeta contra los más altos magistrados de la nación, por no considerar su “nación”?

“Si tuvieses al justo de enemigo sería la justicia mi enemiga”, escribió Martínez Mesanza. Un importante sector de la sociedad enviaría este mensaje al Supremo. Ahora bien, ¿quién declara justo al justo si el más alto Tribunal duda de su inocencia? Porque el justo no encuentra consuelo en saberse justo si la Justicia, a la que ha dedicado su vida, le inhabilita.

Y mientras los políticos no dan precisamente ejemplo de civismo, nos vienen sermoneando sobre asuntos de igualdad y lenguaje no sexista. Así, el ministerio de Igualdad, con la que está cayendo en la economía, desaconseja los relatos clásicos de Hans Christian Andersen, los hermanos Grimm o Charles Perrault porque, según dice, están llenos de estereotipos sexistas y sitúan a las mujeres y a las niñas en una situación pasiva en la que el protagonista, generalmente masculino, tiene que realizar diversas actividades para salvarla. Pues nada, todos a la hoguera, señora ministra de Decoración.

Si los políticos no saben unirse por una vez y pactar soluciones, si ya lo del talante suena a mofa, si la política se ha vuelto el arte del enredo y la demagogia, si los gobernantes autonómicos presionan a los jueces, o directamente los desprestigian, si la política carece de corrección, no sé de qué rayos hablamos cuando hablamos de lo políticamente correcto.

Que tenga por seguro la ministra de Igualdad que a mis hijos leen a Perrault y Andersen, pero no les dejo ver las broncas parlamentarias por televisión.

neurociencia de la lectura

Jamás imaginé que dos de mis pasiones, la literatura y las neurociencias, por este orden, pudieran fundirse alguna vez. Me ha emocionado saber que algunos neurocientíficos norteamericanos están escaneando los cerebros de lectores de diversos textos, a ver qué complejos procesos cognitivos se desencadenan, qué zonas del cerebro se activan, para comprender, en esencia, qué significa leer desde el punto de vista cognitivo y neuronal. Y es probable que de los procesos cognitivos del neocórtex acaben llegando a un lugar insospechado: los centros del placer. Del conocimiento acabaremos en el disfrute.

Hace tiempo que se sabe que la lectura provoca una auténtica tormenta neuronal, que es una descarga de alto voltaje para estimular múltiples funciones de nuestro intelecto, tanto más cuanto mayor complejidad lingüística presenta el texto, pues no es lo mismo Dan Brown que Faulkner. Y precisamente lo que tratan de averiguar estos neurólogos es si el paisaje cerebral que se obtiene tras meter la cabeza de un lector de Harry Potter en un escáner es el mismo que si metemos la cabeza de un lector que lee a Henry James o Muñoz Molina, autores de altísima calidad literaria. ¿Llegaremos a entender mejor el significado de la excelencia literaria de la mano de las neurociencias? Ya se habla incluso de neurocrítica literaria.

Si, como parece -pero aún necesita una demostración consistente- la gran literatura consume mayor cableado neuronal y compromete más zonas de nuestra mente, estaremos ante la esperada evidencia científica de que no es lo mismo soplar que hacer botellas, que lo que nos hace crecer por dentro no es la literatura de consumo y evasión. Y también podremos darle la razón a ciertos lectores que escogen ciertos superventas porque sólo quieren descansar y evadirse. Tal vez los futuros best sellers se vendan con la garantía de bajo consumo mental, garantía de placer y descanso. Para la creación de nuevas conexiones neuronales, dirigirse a la sección de clásicos.

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