“Tan cerca del aire” de Gustavo Martín Garzo (Círculo de Lectores por cortesía del autor)

Dedica este libro su autor a la espléndida Ana María Matute, lo cual es ya, en sí mismo, una declaración de intenciones en toda regla.  Ya desde esta dedicatoria sabemos el terreno en el que vamos a transitar, esa etérea y confusa línea que separa lo real de lo fantástico, la novela del cuento de hadas, lo cotidiano de lo mágico.  Descubrimos personajes mitad hombre mitad pájaro, con comportamientos a caballo entre lo racional y lo irracional.  Y el mérito de Martín Garzo es hacernos verosímiles estos personajes, desde el momento en que es fácil comprender sus reacciones, sus miedos, sus motivaciones y sus inquietudes, no tanto porque creamos en los poderes mágicos de un vestido de plumas o convengamos en la plausibilidad de las metamorfosis  de las que somos testigos.

Porque de algún modo el autor nos está hablando de la irracionalidad del amor, de la imposibilidad de definir y atrapar este sentimiento maravilloso que tiene sentido en su misma vivencia y no necesariamente en ser correspondido, esa sensación que nos eleva y nos desbarata, es acertada esa elección de la conversión en garza de sus sucesivos protagonistas.  Primero la madre de Jonás, esa garza atrapada en un cuerpo de mujer, que amó y fue amada y que se vio obligada a renunciar a su naturaleza sin poder elegir.  Luego Jonás, que se ve condenado a buscar su identidad, sin poder descansar en ninguna de sus naturalezas, atrapado siempre en cuerpos con los que no se corresponden sus deseos, luchando siempre entre la llamada del instinto y la de la razón, pobre criatura al albur de los vientos de la imposible realidad.  Y siempre el amor, la chispa que salta sin que ninguno de los personajes pueda evitarlo, amores contrariados casi siempre, como el amor imposible y doloroso de los padres de Jonás, el amor sin esperanza de doña Paula, el amor sin presente ni futuro de Jonás y Sara.

Aunque la historia puede pecar de ensimismada y en ciertos pasajes de retórica, lo cierto es que trasciende la función narrativa para entrar en los terrenos menos asentados de la poesía, de la lírica.  Me gusta la atmósfera de magia, de encantamiento, de estremecimiento que envuelve a los personales y sus peripecias.  Flota en el ambiente el brillo dorado de los sueños, de lo quimérico, de lo sobrenatural.

Una lectura leve, ligera, que hace que al deslizar los dedos y la mirada por sus páginas tenga la sensación de estar hollando los senderos de leyendas antiguas, de cuentos de la infancia.

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