“1Q84″ de Haruki Murakami (Tusquets)

A veces el destino, o sin tantas pretensiones, la coincidencia, es caprichoso, y pareciera esta no ser tal. Termino “Lágrimas en la lluvia”, con ecos de “1984”, la utopía orwelliana, y mi siguiente libro es “1Q84”, que no trata de ocultar el homenaje. La casualidad quiere también que las últimas líneas de “1Q84” coincidan con un fin de semana en Toledo, subiendo y bajando cuestas imperiales y llenándoseme los ojos de esas figuras y colores desquiciados de los cuadros de El Greco, tan aterradoramente espirituales y tan descarnadamente humanos. Reproduzco aún cada detalle de “El entierro del conde Orgaz”, y sus dos planos superpuestos. ¿Cuál es el real? ¿Cuál la ficción? ¿Cuál de los dos mundos se impone al otro, cuál es el que está supeditado?

Este juego de planos también aparece en “1Q84”. Avanzamos por las vidas de dos personajes, Aomame y Tengo en el Tokio de 1984. Dos líneas paralelas, dos historias sin nexos aparentes. En un momento dado, empiezan a aparecer en cada una de esas crónicas pequeñas interconexiones que nos permiten suponer que estos dos personajes tienen más relación entre sí de la que ellos mismos son conscientes. También surgen en cada uno de los desarrollos paralelos nimias irregularidades en la lógica espacio temporal. Aomame y Tengo reparan en estas alteraciones sin ser plenamente conocedores de la magnitud y alcance de sus apreciaciones: se limitan a constatarlas y a etiquetarlas como pertenecientes a un mundo paralelo al de1984, 1Q84. Paulatinamente, las vidas de ambos personajes, que hasta ahora nos parecían tener entidad y sentido por sí mismas, se nos antojan simples cascarones de nuez en una corriente impetuosa a punto de desplomarse en una catarata: un plano superior en el que la vida y vicisitudes de estos dos personajes se nos antojan no ser tan autónomas, sini que se revelan supeditadas, en mutua simbiosis, a otra trama que las envuelve y las engulle. Entre estos dos planos de la historia, el superior, el de la Little People, y el inferior, 1984, se nos desvelen pequeñas escaleras, sutiles puertas comunicantes en forma de juego literario, la novela dentro de la novela: “La crisálida del aire”, cuyo hallazgo y reescritura, un argumento en principio secundario, es el desencadenante de una historia cuyo desenlace aún está por descubrir, pues no conviene olvidar que tenemos en nuestras manos los libros uno y dos de una trilogía. Quiero suponer que la parte que aún falta se centrará más en la trama fantástica, en la Little People. Su historia, existencia, modo de vida y de comunicación, interconexiones con los humanos, relación con las sectas y religiones,… quedan esbozados en estas dos primeras partes. Aún sin comprender en exceso el mecanismo que les hace funcionar, las pinceladas definitorias, los trazos esquemáticos con los que Murakami nos centra la acción, me son suficientes para entender las claves que relacionan a los personajes del plano real entre sí. Es curiosa la evolución en nuestra mirada sobre estos dos personajes, Tengo y Aomame. En principio les observamos como protagonistas, y poco a poco vamos comprendiendo qe la historia no se centrará en ellos a pesar de ser los principales, a la postre no serán sino marionetas de un artificio más complicado.

Este hecho no impide que Tengo y Aomame no tengan vida propia, resortes que les definen como absolutamente reales y originales. Ambos son seres dolientes, solitarios, estoicos, personas qe se miran a sí mismas sin piedad y no les gusta lo que ven, aunque este conformes con lo que han conseguido llegar a ser. Comparten su extrañamiento buscado de su familia, su niñez de marginación. Perdido todo colchón emocional, construyen relaciones extrañas y no excesivamente satisfactorias con los demás. Es reveladora su relación con el sexo opuesto, que oscila entre la faceta de depredadora sexual de Aomame y la relación reglada y sin exigencias de Tengo con su “novia mayor” casada. Son dos personajes marínales por propia decisión: Aomame consiente en convertirse en asesina a sueldo y Tengo se acomoda en un puesto inferior al que le correspondería por sus estudios y aptitudes matemáticas, no se rebela ante la petición de trabajar como negro para una editorial mientras trata de hacerse un hueco como escritor.

Tengo y Aomame son la llave de toda la historia de estas dos primeras entregas, e intuyo que en las posteriores, a pesar de la desaparición de Aomame y su transmutación posterior. Ellos dos soportan la acción en el plano inferior de esta historia.

Vuelvo de nuevo con este libro a rememorar la placentera sensación que me hizo amar la lectura cuando era niña: descubrir con gozo y con sorpresa los entresijos de una historia fascinante, contada a buen ritmo, con una información dosificada, con vueltas de tuerca insospechadas, con detalles envolventes y pinceladas mágicas que hacen abstraerse de la realidad. Otra vez vuelvo a esperar con ansia el momento de entregarme a los abrazos de las páginas de un libro abultado. Agradezco la incursión de un genio como Murakami en el nos siempre apreciado género de la literatura fantástica y su recurso a viejo truco de las dislocaciones de espacio y tiempo, a la coexistencia de mundos paralelos ocultos el uno para el otro.

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