Repaso mi último comentario, en el que confesaba mi necesidasd de una lectura más frívola. Leído el libro objeto de comentario, me desdigo. Efectivamente, no es una lectura frívola. Eso sí, mucho más relajada, distendida y ligera que la de los dos libros precedentes.
Abrimos las páginas del diario que durante aproximadamente medio año lleva una mujer y en el que, a modo de terapia, vuelca sus vivencias y angustias. En primer lugar he de señalar que no me suele gustar este formato de diario, menos aún cuando éste se nos presenta, más que como un testigo, como un desahogo en momentos de desazón. Y sobre todo cuando no es sino un falso diario, pues a través de sus páginas conocemos lo sentimientos y motivaciones íntimas no sólo de la autora, sino del resto de personajes implicados, cuando estos únicamente deberían quedar retratados por su palabras y hechos en interacción con la autora, la visión o presunción que ella tiene de sus actos. En suma. La técnica del diario es tan socorrida como peligrosa. Y en mi humilde opinióm Sue Kaufman no la ha empleado correctamente.
En ningún momento quiero insinuar que la historia es artificiosa (más allá de ese punto de impostación que el diario trae consigo) o no esté bien resuelta. Antes bien, la lectura es fácil y nos permite asomarnos a los entresijos de la vida de esta peculiar “ama de casa desquiciada”, una mujer atrapada en un mundo que no le gusta y al que en su fuero interno siente no pertenecer, pero del que no tiene ni fuerzas para salir ni intención de escapar. Atrapada igualmente por una vida social, la de la clase media – alta neoyorquina, con sus fiestas brillantes y su indisimulada hipocresía, su servidumbres y su destellos, su etiqueta y sus usos sociales. Y atrapada en un matrimonio tan puertas afuera como vacío. Tina siente que en algún momento su vida ha dejado de pertenecerle y desespera de encontrar el camino de vuelta hacia sus viejos sueños, sus juveniles aspiraciones. Y como resultado de todas estas fracturas aparece la angustia, la neurosis, la depresión.
No faltará quién piense “¡quién tuviera sus problemas!”, los de una acomodada ama de casa, con servicio a tiempo casi completo, con una casa enorme en un buen barrio, con un marido rico que no le causa excesivos problemas, con dos hijas sanas y brillantes y una ajetreada vida social. En esta vida aparentemente perfecta hay una mujer angustiada, y el lujoso celofán en el que su angustia va envuelta no debe hacernos menospreciar la magnitud de su insatisfacción.
Es en esa descripción que Tina hce de sus neurosis, fobias y depresiones donde radica el principal acierto del libro. Tina aplica sobre sí misma y sus circunstancias una mirada poco complaciente, entre sarcástica e irónica, con una frialdad y lucidez que inmediatamente consigue que me meta en su pellejo y empatice de forma casi inmediata. Porque me ha parecido sorprendente que un retrato de un escenario muy determinado, Nueva York 1967, pueda traspasar sin peligro de localismo las fronteras del espacio y el tiempo, y la pesadillas de Tina Balser puedan ser las de muchas mujeres de su clase y condición hoy y en cuaquier gran ciudad occidental. Incluso las mías.
Resumiríamos este libro, esta vez sí buscando un toque frívolo, como “la ricas también lloran”. El hecho de que sus lágrimas caigan sobre seda no implica menos amargura que si cayeran sobre basto algodón.

